17.5.12

CUMPLEAÑOS INFELIZ

Artium cumple diez años. Todo un logro. Para una persona el hecho de cumplir diez primaveras no tiene mucho mérito, pero para un museo de arte contemporáneo, tal como está hoy en día el mundo de la cultura, poder soplar diez velas no es asunto baladí.

Un museo de arte contemporáneo envejece mucho más rápido que un individuo, es obvio. Y así, de la misma forma que podemos calcular -en términos humanos- que un año de la vida de un gato equivale a cinco años de la de un “homo sapiens”, podríamos llegar a preguntarnos: ¿a cuántos años humanos equivale la vida de Artium? ¿Treinta, cuarenta…? Especulemos un poco con esta hipótesis. Fantaseemos sobre la edad real de Artium. Divaguemos. Verbigracia: un síntoma constatable de que una persona envejece es que ésta, poco a poco, va perdiendo amigos por el camino. Algunos por enfermedad, otros por accidente, unos cuantos por el propio proceso de envejecimiento. Y así, al cumplir –por ejemplo- ochenta años más de la mitad de nuestros camaradas habrán fallecido ya. Pero vayamos avanzando, vayamos cumpliendo años: si sobrepasamos la edad de noventa años puede que nos quedemos con cero amigos. Entendiendo como amigos a todos aquellos a los que tomándolos como a nuestros iguales elegimos en su día –y nos eligieron- para mantener una estrecha relación personal. Compañeros de esta aventura que es la vida, resumiendo. Ahí entra en juego la simpatía, el respeto, la afinidad personal… Pues bien: Artium ha perdido muchos “amigos” por el camino. El año pasado “fallecieron por homicidio” el “Proyecto Amarika” y Krea. Y Montehermoso… está hospitalizado tras sufrir un “atropello”, convaleciente, con un ochenta por ciento de reducción en su presupuesto.

Podríamos decir, por lo tanto, que Artium actualmente puede tener como noventa primaveras humanas. Es decir: un año de Artium puede equivaler, más o menos, a nueve de nuestros años.

Artium cumple años. Diez velas en su tarta que acaba de soplar. ¿Pero a qué amigos va a invitar para compartir tan singular momento? Desde luego no podrá compartir el pastel cumpleañero con sus amigos, pues estos –reiteramos- los ha perdido por el camino. Y no es culpa suya, no. Sino de todos aquellos que no se han preocupado por la salud de la cultura de nuestra ciudad. Nuestros responsables políticos no han estado a la altura de las circunstancias. Los “padres de la cultura” quisieron tener familia numerosa, amamantar y criar a unos cuantos hijos, pero ahora sólo queda vivo el hermano mayor. A los otros los han ahogado en un río cual cachorros de gatos desdeñados. Y, ahora, desaparecida Amarika y Krea más con un Montehermoso moribundo, sólo queda vivo el primogénito. Una única infraestructura cultural en Álava relevante y con visos de poder cumplir más añitos. ¿Es motivo este de celebración? No lo creo. Más bien es motivo para ponerse a llorar. A llorar por todos aquellos “amigos” que hemos visto fallecer en estos últimos meses.

25 AÑOS

La revista de comic de humor TMEO –que, dicho sea de paso, tiene su sede en nuestra ciudad- cumple el mes que viene veinticinco añitos. Para celebrar este aniversario, el colectivo que pergeña dicha publicación, está preparando en estos momentos un número especial de cien páginas. Un número en el que colaboran, a modo de homenaje, la flor y nata del cómic del humor vasco y español.

Que una editorial dedicada a la historieta sobreviva 25 años sin ningún tipo de ayuda institucional, con un sistema de gestión asambleario, y tirando fundamentalmente de una furgoneta y de un carrito de la compra para su distribución, es todo un logro.

¿Y qué se puede decir del TMEO que no sea haya dicho ya? Difícil tarea.

Recapitulemos: TMEO es una revista de historietas de periodicidad bimestral. Se fundó en Pamplona en 1987 para pocos años después trasladar su sede a Vitoria. Desde sus comienzos la editorial TMEO se ha caracterizado por su espíritu rebelde que lo aleja de lo “políticamente correcto”. El estilo del TMEO se puede resumir en cuatro palabras: humor hiriente y economía gráfica. Un estilo inconformista que da el contrapunto a la visión de la realidad aportada por los medios tradicionales. Y así sus páginas han ofrecido a los lectores algunas de las reflexiones más nihilistas y cínicas paridas en el País Vasco. Reflexiones que refrescan un entorno cultural comprimido por la dictadura de ese pensamiento único que promueven los “mass media”.

El conjunto de circunstancias sociales y humanas que posibilitó el germen y rápido asentamiento del sello TMEO es insólito, pues es específico de un lugar y de un momento determinado: el País Vasco en los agitados años ochenta. Y su supervivencia hasta este momento se debe a que, ya desde su primer número, la revista empleó con decisión dos recursos que posibilitaron una independencia monetaria e ideológica. Recursos que hoy en día utiliza cualquier fanzine que se precie: una distribución alternativa (en modestos pero abundantes puntos de venta: bares y librerías) y una publicidad económica (bares y pequeños comercios). El nombre de la revista proviene de un juego de palabras con la clásica revista de historietas española TBO y el verbo "mear" (en el logotipo de la revista se ilustra esta misma idea). TMEO sigue rompiendo esquemas. Sus agudas y ácidas páginas han arrancado carcajadas, y también reflexiones, a un público entregado abierto de miras, no necesariamente lector de cómics, labrándose un camino no exento de polémicas.

Fundado para reunir, en un principio, a un variado grupo de dibujantes cultivados en los prolíficos años 80 tiene actualmente como meta editorial servir de plataforma a autores que no tienen espacio en sellos profesionales por razones de toda índole.

Teniendo en cuenta que los beneficios nunca han alcanzado para pagar a los colaboradores por su trabajo, el TMEO es un fanzine, pero tiene una difusión y un peso social mayor que muchas revistas. ¡Feliz cumpleaños, TMEO!



1.5.12

"GASTO FILIA"


El vitoriano restaurante Zaldiarán ha acogido estos días la XIII edición del Congreso Nacional de la Cocina de Autor. Un congreso por el que han pasado las más grandes estrellas internacionales del arte culinario. El presupuesto para la cita del Zaldiaran se ha reducido en esta edición en un 35%. Pese a sufrir este importante tijeretazo, la actividad se ha llevado cerca de 350.000 euros de nuestras arcas públicas. Un dinero destinado, según declaran el colectivo vitoriano “Cocina de guerrilla”, a “que las grandes referencias de la cocina mundial visiten nuestra ciudad y así puedan dar a probar sus últimas creaciones a nuestros gobernantes y gente de bien que tienen el privilegio de ser invitados o de poder pagar las módicas tarifas (…). El Congreso impulsado por el Zaldiaran resulta inalcanzable para cualquier vitoriano. Cada cubierto cuesta 180 euros, y sólo los políticos e invitados pueden disfrutar de las últimas creaciones”. Y hay que añadir que el Congreso de este año es más elitista que nunca, pues se ha eliminado –la culpa será de “la tijera”- la “jornada popular”, que otros años tenía lugar en la calle pudiéndose así ser disfrutada por la ciudadanía.
Y partiendo de esta reflexión crítica sobre el evento culinario que ha tenido lugar en el Zaldiaran, esta semana se ha desarrollado en Vitoria “Gastrofilia”, unas jornadas gastronómicas alternativas promovidas por jóvenes restauradores alaveses, entre los que no han podido faltar el propio colectivo “Cocina de guerrilla”. Los organizadores de “Gastrofilia” han buscado la participación de la ciudadanía y el intercambio de experiencias y de conocimientos entre asistentes y cocineros, sin abandonar la  teórica y la práctica gastronómica. Todo ello sin ayuda de las instituciones públicas. Entre otras actividades, se han desarrollado un proyecto de horticultura comunitaria, un taller de cocina solar y una charla denominada “Creatividad en la merienda”.
Desde “Gastrofilia” explican también en que el apoyo a la presente edición del Congreso Nacional de la Cocina de Autor con 350.000 euros choca con otras medidas que se han tomado desde el Consistorio, como la suspensión de los cursos de Alimentación y Salud. Unos cursos por los que pasaban docenas de vitorianos y que fueron eliminados sin muchas explicaciones.
El mensaje de “Gastrofilia” es claro: la alimentación es algo más que un negocio. Es un arte. Un arte popular, cercano, que tiene que estar al alcance de todos y no sólo de unos pocos privilegiados. Están hablando, por tanto, desde la gastronomía, de promover una cultura activa; con la innovación, participación,  sostenibilidad como ingredientes fundamentales.
Y los privilegiados comensales que pudieron pagar los 180 euros que costó el festín de arte culinario en el Zaldiaran alargaron el ágape hasta las seis y media de la tarde. La comilona se cerró con los aplausos de los asistentes. Yo, en cambio, aplaudo a todos aquellos que han participado en “Gastrofilia”.

23.4.12

TATTOOS

El arte del tatuaje –si es que podemos hablar de “arte” para referirnos a esta técnica de decoración corporal- vive uno de sus momentos más álgidos: dicen que más de un tercio de los jóvenes estadounidenses menores de treinta años lleva un tatuaje. Pero aunque actualmente los “tattoos” están en boga, éstos han acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales. Prueba de ello es que en un glaciar de los Alpes apareció la momia de un cazador neolítico de 5.200 años de edad que llevaba espalda y rodillas tatuadas. La cultura del tatuaje fue recuperada e introducida de nuevo en occidente por los exploradores ingleses a su regreso de Tahiti allá en 1771, popularizándose especialmente entre los marineros. Después, este medio de expresión permaneció en letargo por muchos lustros hasta que renació con el movimiento hippie en los sesenta; abandonando, eso sí, los motivos marineros para centrarse en diseños más en consonancia con esta época de revolución cultural y social de la juventud.

¿Por qué nos tatuamos? ¿Por qué decoramos nuestra piel con algo que va acompañarnos toda la vida? Moda, rebeldía, extravagancia… necesidad de comunicar algo, de identificarse o de pertenecer a un grupo determinado… Puede haber muchas razones por las que una persona desee decorar su cuerpo con algo indeleble. Pero muchos se preguntan: ¿es el tatuaje un arte en sí, una cultura… o sólo es un producto de consumo? Obviamente esta respuesta dependerá de lo que entendamos por arte. Pues en primer lugar hay que señalar que un medio, o un soporte, no define lo que es arte y lo que no. Y así, de la misma manera que no todo lo que se pinta sobre una tela puede ser considerado como producto artístico, no todo lo que se pinta en nuestra piel – en ese lienzo íntimo nuestro- puede entrar en esa categoría. Ni todo lo que está dibujado o pintado sobre un soporte es, per se, arte. Cuando hablamos de arte, hablamos de ideas, de reflejar nuestra realidad -muchas veces de manera crítica- incluso de crear reflexión en la sociedad. ¿Se consiguen algo de esto con el tatuaje? En la mayoría de las ocasiones, no. Porque tampoco es su finalidad. En nuestras vidas realizamos muchas labores que pueden confundirse con el arte por el medio utilizado: dibujar, pintar, sacar fotos… Pero es la intención con la que se realizan éstas la que le otorgan el carácter de arte. Si no hay una intención de comunicar algo de enjundia, si nos interesa más la forma que el contenido, estaríamos hablando de artesanía, de diseño, de decoración, de moda…

En cualquier caso esa atracción que algunos tienen por grabar en su cuerpo algo que perdure para siempre, es muy similar a la necesidad que muchos artistas tienen por realizar una obra que les sobreviva en el tiempo. Pero la reciente proliferación de lugares en los que se empieza a ofrecer el servicio de borrado de tatuajes nos hace constatar que permanece en nosotros siempre es… el cambio.

18.4.12

El Guernica

Este año se celebra el septuagésimo quinto aniversario del bombardeo de Gernika, pues fue en 1937 cuando los aviones alemanes e italianos arrojaron sus bombas sobre la localidad vasca. Poco después, Picasso creó una obra estremecedora sobre el trágico suceso que tras 44 años de exilio, viajando de país en país, recaló finalmente en Madrid. En 1981 “el Guernica” quedó expuesto en el Casón del Buen Retiro. Finalmente, en 1992, el cuadro volvió a moverse para ser trasladado al Museo Reina Sofía, lugar donde permanece hasta el momento. Y desde hace décadas el PNV ha venido reclamando al Gobierno Central que “el Guernica” se pueda ver en el País Vasco. Cuando se construyó el Guggenheim las instituciones vascas reiteraron los contactos políticos para que Aznar procurase la presencia del Guernica en la inauguración del Museo en 1997. Incluso el arquitecto Frank Gehry había diseñado una sala dedicada exclusivamente a la obra. Pero el Ministerio de Cultura una vez más rechazó la cesión poniendo sobre la mesa los informes desfavorables sobre el traslado realizados por los departamentos de conservación del Reina Sofía. Varios años después, incluso el préstamo del cuadro se solicitó oficialmente de manos del Parlamento vasco con la aprobación de todos los partidos políticos, pero el Gobierno español volvió a denegar su cesión temporal. Y hace escasos días el presidente del Gobierno ha respondido en el Senado a una pregunta del PNV y ha explicado que la situación del cuadro es muy delicada y que, por tanto, éste no puede viajar a Gernika para poder formar parte de la celebración del aniversario del bombardeo.

Pero “el Guernica” se movió no hace mucho: para remodelar la sala en la que se exhibía realizó un corto recorrido de veinte metros dentro de la planta que lo albergaba. Y para evitar que la obra pudiera sufrir con las mejoras de la sala, se desmontó el cuadro y se traslado a la sala contigua. De esa manera se pudo mantenerlo en las condiciones de humedad y temperatura óptimas. El cuadro se movió estirado, sin enrollarlo, tal como se hizo en su día para su traslado desde Nueva York en 1981.

El PNV siempre ha aducido que en pleno siglo XXI las razones técnicas no son insalvables y que las causas para que el Gobierno Central no quiera ceder “”El Guernica” son políticas.

En cualquier caso, estos días podemos ver en Artium “El Guernica”, pues ocho grandes lienzos realizados por el artista guipuzcoano Amondarain muestran el proceso de creación de la obra de Picasso. La exposición está diseñada para mostrar cronológicamente desde el primer boceto de la obra hasta su representación final. A escala casi natural. Y así, desde el arte, se ha conseguido lograr lo que no se conseguido en décadas desde la política: que “El Guernica” -o más bien lo más importante: su esencia, su espíritu, su sentido- pueda ser expuesto en el País Vasco. Pues el valor de una obra no estriba en su presencia física, sino en su poder simbólico.

9.4.12

HUMOR

Esta semana ha fallecido con 93 años, el dibujante de humor –y gran fumador, dicho sea de paso- Mingote, uno de los decanos del humor gráfico en este país. En 1967, “Prensa Española” creó un premio que lleva el nombre de este autor para reconocer los trabajos de humor y periodismo gráfico realizados en España. Tras una larga trayectoria el artista fue nombrado miembro de la Real Academia y pasó a ocupar el sillón "r" en 1988. De esa manera Mingote se convirtió en el primer humorista gráfico en formar parte de dicha institución. Mingote era un artista de reconocida sensibilidad de derechas, todo hay que decirlo, publicando en el periódico ABC desde 1953, pero antes también luchó contra la censura desde las páginas de “La Codorniz “durante siete años. Esta revista, fue, sin duda alguna, el semanario de humor gráfico de más repercusión y fama del siglo XX en España. En sus buenos tiempos llegó a vender 80.000 números semanales. “La Codorniz” demostró en muchas ocasiones su perspicacia para hacer equilibrismos con la censura del régimen franquista rozando muchas veces el límite de lo permitido. Por ejemplo: una conocida burla de la revista a las altas esferas de dicho régimen tuvo lugar cuando el nieto de Franco se cambió el orden de sus apellidos para poner en primer lugar el heredado por su abuelo. A raíz de eso, en el número de esa semana, La Codorniz cambió su cabecera por “Codorniz la (nosotros también tenemos derecho)”, mofándose así del nieto de Franco. Y una anécdota relativa Antonio Mingote: éste añadió a la expresión "Reserva espiritual de Occidente", muy usada por Franco, la coletilla "con tapón y rellenable" en uno de sus chistes que publicó en la revista. Por aquella burla el dibujante fue citado a juicio acusado nada más y nada menos de ultraje a la nación, pero al final al autor no le sucedió absolutamente nada porque, según declaró él después, "el juez era un hombre razonable".

Hoy, el «Premio Mingote» es uno de los premios nacionales más prestigiosos en ese ámbito, reconociendo la labor de humoristas, ilustradores y fotógrafos que insertan sus obras en los periódicos nacionales. Periodistas que retratan la realidad en la prensa utilizando imágenes. Pero artistas, al fin al cabo, ya que no sólo reflejan la realidad, sino que opinan sobre ella muchas veces de una manera crítica.

Y aunque que el humor gráfico es hoy en día uno de los géneros periodísticos más maltratados, la realidad es otra, pues la mayoría de los lectores de cualquier periódico del mundo pasan raudos sus páginas buscando aquel chiste que sepa reflejar con humor e ironía la noticia destacada del día. Pues el humor nos sirve a todos como una válvula interna de seguridad, permitiéndonos liberar tensiones, olvidar las preocupaciones, relajarnos un poco y, en definitiva, olvidarnos de todo. Y si éste humor se combina con arte e inteligencia, el producto resultante es un bálsamo eficaz para sobrellevar mejor nuestro día a día.

31.3.12

DECEPCIÓN

Hace unos meses la diputada de Cultura alavesa echaba el cerrojo al proyecto de gestión compartida llamado “Proyecto Amarika”. Un proyecto cogestionado por artistas de nuestro entorno que llenó de contenidos durante varios años tres salas provinciales: exposiciones, actividades... Un proyecto que hacía especial hincapié en la participación, en el apoyo al arte emergente y local. Un proyecto que fue valorado por el Observatorio Vasco de la Cultura como modélico. Y en su día la diputada defendía esta decisión de suspensión del Proyecto Amarika declarando: “Creo, sinceramente, que podemos hacer la gestión de las salas forales desde dentro. Además, Amarika iba muy encaminado en una determinada dirección y pienso que se pueden hacer más cosas (…) Ahora llego a un departamento que cuenta con 110 funcionarios (…) Lo que queremos es buscar a los tres espacios una vertiente diferente, ni mejor ni peor de lo que se ha hecho hasta ahora. Es darles otro aire distinto. Hay técnicos en la Diputación que han estado con poca actividad y eso les ha generado mucha decepción, aunque pueden hacer este trabajo.” Pues bien, después de tres meses de parón el miércoles por fin se programó algo en la Sala Amárica: una exposición de un fotógrafo que tendrá una duración de… ¡seis meses! No quiero hablar en esta columna de la calidad de la muestra, que la tiene, sino del sinsentido de que una exposición permanezca abierta durante ese largo periodo de tiempo existiendo un raudal de artistas, colectivos que no tienen espacios para mostrar sus trabajos. No me hace falta consultar las hemerotecas para afirmar que ésta va a ser la exposición más larga de un artista de la historia de la ciudad. Las razones económicas no cuelan para mantener una exposición abierta durante medio año. Tenemos modelos cercanos de espacios de arte que funcionan sin presupuesto: Espacio Zuloa, por ejemplo. Pone en marcha una exposición cada dos meses sin contar con ningún tipo de apoyo económico. Un espacio gestionado altruistamente por la Asamblea Amarika. El mismo colectivo que programa hace apenas tres meses en la sala Amárica. En Zuloa estos días, verbigracia, podemos visitar la exposición “El invierno del dibujante”, del Premio Nacional de Cómic, Paco Roca.

No, no es necesario contar con grandes presupuestos para llenar los espacios culturales de contenidos, sino de gente ilusionada dispuesta a trabajar, a buscarse la vida en tiempos de crisis, a conseguir recursos externos, a tirar de la imaginación… ¿Dónde están esos 110 funcionarios de la Diputación “decepcionados”, trabajadores de la cultura, que dijeron que tenían ganas de hacer su trabajo pero que alegaban que habían estado arrinconados por la Asamblea Amarika? Una exposición que dura seis meses… Bien, si esta va a ser la tónica, el “aire distinto” que anunciaba la diputada que cierren el departamento de Cultura de la Diputación y que el dinero que nos ahorremos se invierta en abonar el tejido cultural de la provincia.

24.3.12

EL INVIERNO DEL DIBUJANTE

“El invierno del dibujante” es el título de una novela gráfica pergeñada por el premio nacional de cómic Paco Roca. Pero también es algo más, pues desde hoy viernes 23 de marzo hasta el 23 de mayo podemos visitar en Zuloa la exposición que lleva el título de esta interesante obra historietística. La muestra consta de veinticuatro paneles explicativos narrados por el autor, con once páginas originales del álbum recopilando también año y medio de documentación y material complementario que el autor utilizó para la creación de “El invierno del dibujante” (2010).

Pero aparte del interés de poder contemplar el proceso de creación de la obra (no deja de ser una especie de “making off”) la exposición nos desvela también parte de los contenidos, del espíritu del libro: la historia de unos dibujantes que se rebelan contra la empresa en la que trabajan. La historia de cinco creadores que allá en la España franquista de los años cincuenta, hartos de que no se reconozca su trabajo, deciden independizarse de la poderosa editorial para la que dibujan (la editorial Bruguera; la que alumbró personajes como Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Doña Filo y sus hermanas, Capitán Trueno…), con el propósito de fundar su propia revista: “Tío Vivo”. Y de cómo Bruguera utiliza su posición de poder, sus influencias, en el mercado del tebeo, para, primero, hundirles económicamente y, para al poco, volverles a contratar poniendo de nuevo en marcha la revista “Tio Vivo”, pero esta vez bajo el sello Bruguera. Curiosamente la Editorial Bruguera había sido una empresa familiar –con marcada sensibilidad de izquierdas- que se había atrevido a acoger en la postguerra española a muchos de los que habían sido perseguidos por el régimen franquista; pero ahora, convertida en un gran monopolio editorial -dedicado al cómic y al libro, fundamentalmente- estaba abandonando sus ideales iniciales para convertirse en una especie de Saturno devorando a sus hijos.

El libro, por tanto y en el fondo, no deja de hablarnos del difícil papel del creador que se haya supeditado siempre a la aplastante lógica del un mercado que cada vez constriñe más su labor. Y de cómo la rebelión del artista, la disidencia, acaba asumida por éste. Cualquier crítica, la independencia creativa, ideológica, la libertad del creador, queda absorbida por la dictadura de las estructuras económicas relacionadas con la cultura. Una empresa dedicada a la cultura, se debe más el mundo del comercio que al de la cultura, esa es la realidad. Y el creador tiene que comer, tiene que vivir, tiene que pagar sus facturas.

En la muestra podemos ver algunas viñetas de los cinco dibujantes “rebeldes” así como algunos ejemplares de la revista “Tío Vivo".

“El invierno del dibujante”, ha obtenido el premio de Diario Avisos de Tenerife, el premio al mejor guión y mejor obra española del Salón del cómic de Barcelona y mejor obra y mejor guión en Expocómic.

19.3.12

JURADO

Vivimos en el mundo de la información, pero nunca hemos estado tan desinformados. Hablamos de cosas que no hemos vivido, asumimos verdades que son sólo rumores, tópicos.

Por ejemplo: una persona conocida me manda un mail pidiéndome que vote, por favor, a través de internet, a una foto suya presentada a un concurso. Le digo que ya lo siento, pero que no creo en los jurados populares, pues al final las personas que consiguen más votos hacia sus trabajos es porque tienen más amigos. Gana, por tanto, la persona con más colegas, pero no la que ha presentado la mejor obra. Le explico que tendría que ver el resto de los trabajos presentados en la web que sólo en el caso de que el suyo me parezca el mejor, lo votaría. Ella me contesta, que ese problema también se da en los jurados de expertos, pues éstos también votan muchas veces a sus amigos. Entonces le cuento que personalmente habré ejercido de jurado en más de una docena de veces y que el sistema empleado suele ser el siguiente: vemos todas las obras presentadas –que a veces son cientos-; puntuamos, como en un examen, de uno a diez; y, finalmente, se eligen las más votadas. Un proceso que puede durar cuatro, cinco horas. Esto es algo que un jurado popular no hace: ver todos los trabajos y valorarlos imparcialmente. Otro ejemplo: una persona anónima me manda un mail diciéndome que llevo toda la vida viviendo del cuento de las subvenciones, pues acabo de editar un libro titulado “Éste no es otro aburrido catálogo de arte” sufragado por el Gobierno Vasco con 8.000 euros. Y me molesto en contestarle. Le digo que he tenido que pagar 3.000 a la imprenta, 2.500 euros a los traductores (los contenidos van en inglés y en castellano), 1.000 euros en total a los cinco colaboradores que han escrito los textos, 300 euros a una persona que me ha realizado una corrección de estilo y 1.200 euros al diseñador gráfico. Todas esas facturas tengo que presentarlas ante el Gobierno Vasco para que finalmente me ingresen el dinero. No puedo facturarte a mí mismo. Son facturas externas. Así son las subvenciones que reciben los artistas: te cubren los gastos. Realmente los beneficiarios últimos de estas ayudas son los gremios que se mueven alrededor de los creadores. Otra cuestión es que luego tú vendas el libro, la obra, el proyecto… Pero de una edición de 600 libros de arte -como es mi caso,- si lo vendes a través de una distribuidora, ésta se lleva el cincuenta por ciento del PVP. Y vender más de 200 libros de algo así, es complicado. Al final lo comido por lo servido: a nada que mandes 50 libros por correo postal a amigos y conocidos, te has merendado el posible beneficio.

Pero una vez más la cuestión es la siguiente: ¿doy más crédito a esto que acabo de leer ahora mismo escrito por el señor Larrimbe u opto por fiarme de esas personas que nunca han ejercido de jurados, que nunca han justificado una subvención, pero que nos reafirman en nuestra idea de que todo está podrido?

4.3.12

EL TRABAJO

Estos días tenemos la ocasión de poder sumergirnos por partida doble en el trabajo de un artista con una intensa y larga trayectoria: Nestor Sanmiguel. Y es doble, porque, por una parte, Nestor expone en Montehermoso y, por otra, a cuatrocientos metros de este centro cultural, en la galería Trayecto.

No suelo hablar mucho de exposiciones, ni de artistas, en este espacio. Un espacio que suelo dedicar más a la crítica cultural. Pero el minucioso y obsesivo trabajo pictórico de Nestor me interesa, me emociona, me obnubila, me hace reflexionar, desde hace muchos años. No me gusta hablar de “oficio”, ni de “trabajo bien hecho”, a la hora de valorar una obra de arte. Pues la cantidad de trabajo, de tiempo, que uno invierte en elaborar algo no le da, per se, ninguna validez a ese algo. Tampoco el grado de dificultad que contiene una obra nos sirve de baremo a la hora de valorarla, pues el artista no es un equilibrista, un acróbata. Y así una obra de arte no tiene más interés por haber sido realizada por su autor utilizando sus pies o su boca en vez de sus manos. Pero en el caso de Nestor, trabajo y dificultad aportan sentido a lo que hace, dice. Pues el autor nos está hablando de conceptos como tiempo, trabajo, cultura, información. Y así, el artista es capaz de escribir a mano con una minúscula plantilla largos fragmentos de textos literarios sobre lienzos de gran formato. Y sobre esa capa inicial, superpone dibujos, fotografías. Y sobre otra capa crea una tabla, una plantilla geométrica sobre la que va tachando diversas celdas anulando porciones de información de la capa inferior. Después viene, quizá, otra capa de barniz. La obra se compone por tanto de transparencias, de veladuras, de capas, desvelándose así todo su proceso. Cientos, quizá miles, de horas de meticuloso trabajo que están ahí bien presentes: somos conscientes de lo laborioso de ese trabajo pues todos en algún momento de nuestra vida hemos escrito a mano largos textos, o todos hemos realizado tachones, cuadrículas, etc. sobre cuartillas de papel. Lo que hace Nestor, alguna vez lo hemos hecho nosotros. Pero, desde luego, nunca, jamás, llevado a ese extremo. Por esa razón al contemplar las pinturas de Nestor éstas nos producen una sensación de mareo, de vértigo. Y nos hacen plantearnos el porqué de todo ello. El porqué de tanto esfuerzo, de tanta labor. ¿Por qué una persona dedica horas, días, semanas, meses a realizar esas obras? Son pinturas cargadas de tiempo que deberían ser generadas con la ayuda de una máquina, pues eres consciente de que las máquinas harían ese trabajo de otra manera, más rápida, más perfecta. Y tienes que asumilar que detrás de esas obras no hay máquinas, sino una persona que asume ese laborioso y mecánico trabajo. Las pinturas, por otra parte, están muy ligadas a la tradición pictórica y la literatura. Están cargadas de referencias que tenemos que ir descubriendo. Casi decodificándolas. Están cargadas de sorpresas.

27.2.12

PIEL DE GALLINA

Estos días merece la pena acudir a Artium para visitar una exposición que nos pondrá la piel de gallina, pero no por el frío del recinto –que frío ya tenemos bastante en la calle- sino por la emoción suscitada al recorrerla. Hablamos de “Piel de gallina”, una muestra antológica de la artista Regina José Galindo (Guatemala, 1974) y comisariada por Blanca de la Torre. El título hace referencia a la propia piel, a lo matérico, pues la obra de esta artista se centra en el trabajo con el cuerpo, con su propio cuerpo. Y así, Regina, es una de las máximas representantes del perfomance de nuestros días, de ese arte que gira no sobre un objeto en sí, sino sobre una acción o una actuación generada por el artista. El arte se presenta, por tanto, ante una audiencia, pero sin querer constituirse en una obra de teatro cimentada en una narrativa lineal. Y así en Artium la artista realizó hace unos días, durante la inauguración de la muestra, una performance inédita basada en el propio título de la muestra. Regina permaneció durante toda la inauguración en el interior de un refrigerador mortuorio mientras el público asistente podía abrir la cámara en cualquier momento para contemplar el proceso de transformación de la piel de la artista provocado por el propio frío de la cámara. Esta acción fue documentada en vídeo y ahora mismo puede visionarse como una pieza más de la exposición.
Regina pone con su obra voz, sonido e imagen a esas mujeres guatemaltecas, maltratadas, ninguneadas, sometidas desde hace más de cuatro décadas por las estructuras patriarcales de Gauetemala. Mujeres que son las máximas víctimas de la violencia política y social de este país. En múltiples ocasiones esa crueldad, esa violencia, hacia las mujeres ha sido la base del trabajo de Regina. Verbigracia: en una performance de la década de los noventa del pasado siglo, la artista se hizo arrojar completamente desnuda y en el interior de una bolsa de plástico en un vertedero de basura, como del cadáver de cualquier mujer asesinada se tratara. En otra ocasión, para realizar la obra “Limpieza social”, Regina recibió un baño a presión con una manguera, método utilizado para calmar manifestaciones o bien, para bañar a los recién ingresados a prisión. En la obra “¿Quién puede borrar las huellas?” la artista caminó descalza desde las Cortes hasta el Palacio Nacional de Guatemala, dejando un recorrido de huellas realizadas con sangre humana, en memoria de las víctimas del conflicto armado en Guatemala.

En Regina la puesta en escena del sufrimiento de las mujeres guatemaltecas, y por extensión de muchas mujeres del mundo, no se basa en la simulación: no es teatro, no es cine, no es ficción. La artista se somete a sufrimientos que son reales, ciertos y no simplemente interpretados.

ANONIMATO

Hace un par de semanas hablaba de una acción que tuvo lugar en nuestra ciudad y que me pareció digna de encomio: a través de una esquela se invitó a la ciudadanía a asistir al funeral de nuestra vida cultural. El acto se escenificó hace unos días en la Plaza de la Virgen Blanca. “Los recortes presupuestarios del Excelentísimo Ayuntamiento para el presente año dejan al tejido sociocultural muerto”, rezaba la esquela. Esquela que iba firmada por “La ardilla ilustrada”, un colectivo independiente de ciudadanos preocupados por el futuro del tejido educativo y socio-cultural de Vitoria-Gasteiz. La actividad me moló tanto que la difundí en diversas redes sociales, a través del correo electrónico... Pero, en mi escrito de hace un par de semanas, entre otras cuestiones, puse en entredicho al hecho de que dicho grupo optara por el anonimato para realizar sus acciones, entendiendo que me parecía más una estrategia para evitar represarías por parte de las instituciones que una medida adoptada para, como dicen ell@s, anular los protagonismos que puedan surgir en el seno de dicho colectivo. Y no me extendí mucho más al respecto. Y ahora me extiendo un poco más sobre ello ya que me han llegado mensajes de miembros de dicho colectivo un poco subidos de tono: el anonimato no impide que los protagonismos pueden surgir en el interior de un movimiento, estimadas ardillas. Y esos protagonismos internos pueden ser más peligrosos que los que se dirigen hacia fuera pues se muestran opacos hacia el exterior. No hay transparencia. Entendiendo, eso sí, que muchas veces esto sucede no porque esas personas se peleen por dicho protagonismo, sino porque quizá por su experiencia, trabajo, energía, ego o "labia" adquieren un poder simbólico mayor ante el resto de los miembros de un grupo. Por otra parte, los protagonismos “hacia fuera” pueden solucionarse buscando una rotación de portavoces. No hace falta el anonimato para anularlos. En fin, lo hemos visto con el fenómeno 15M. Nadie se ha puesto máscaras ahí. ¿Qué el movimiento “anonimus” en internet es anónimo? Sí, pero es que estamos hablando de hackers, de gente que está actuando al margen de la ley. No creo que “la ardilla…” quiera operar en esa dirección. ¿Y por qué creo que este colectivo tiene miedo a las represarías? Porque no soy ingenuo y todos sabemos que todo el mundo que se dedica a la cultura –o se mueve en sus aledaños- trabaja puntual o regularmente para las instituciones. Y para acabar: en columnas mías anteriores ya hablo de que los recortes en el ámbito cultural me parecen totalmente arbitrarios, poco meditados, medidos... Pero creo que los tijeretazos no son sólo responsabilidad de las instituciones, sino de todos los agentes que participan en nuestro ecosistema cultural. Porque no manifiestan públicamente –y dando la cara- su disconformidad con lo que está pasando. Eso es lo que quería apuntar hace un par de semanas. En cualquier caso, más vale cien ardillas en mano

13.2.12

FUNERALES CULTURALES

La ardilla ilustrada” se autodefine como "un colectivo independiente de ciudadanos preocupados por el futuro del tejido educativo y socio-cultural de Vitoria-Gasteiz". Y “La ardilla…” ha emplazado a la ciudadanía –a través de una esquela que se ha difundido por doquier- a asistir al funeral de nuestra vida cultural. La cita es este domingo a la una del mediodía en la Plaza de la Virgen Blanca. “Los recortes presupuestarios del Excelentísimo Ayuntamiento para el presente año dejan al tejido sociocultural muerto”, reza la esquela.

¿Cómo hemos llegado a esta paupérrima situación?, sería la pregunta que tod@s nos deberíamos formular. Apunto una razón fundamental: los políticos pulsan a la ciudadanía antes de tomar sus decisiones, así que si resuelven dar hachazos a los presupuestos sociales y culturales será porque a la ciudanía en general esos recortes le importan un carajo. Por tanto, las subvenciones al “Baskonia” y al “Alavés”, ni tocar; pero a la cultura, la educación, el arte, el teatro, la música… guillotina. Conclusión: el ciudadano no quiere ser culto, ni educado para serlo.

Por otra parte es significativo el hecho de que un sector de los agentes culturales de nuestro territorio decidan ahora aglutinarse en colectivo anónimo. “Para evitar protagonismos”, dicen. Para evitar represarías, diría yo, pues algunos del colectivo, obviamente, trabajan con las instituciones. Y aquí hay un problema: el anonimato puede ser un recurso legítimo para la protesta (de manera similar al fenómeno 15M), pero cuando hay que ir a negociar, a “hacer política”, ¿se acude con antifaz? Si se quiere transformar la realidad, no se puede ser anónimo. Todo esto refleja otro paradigma: las personas que trabajan en la cultura –dentro y fuera de las instituciones-, tienen miedo a hacer públicas, a firmar sus opiniones. Reconozcámoslo: si hemos tocado “fondo cultural” es porque en esta ciudad nadie con legitimidad en el ámbito cultural ha dicho gran cosa sobre la debacle que estamos viviendo: se cierra el “Proyecto Amárica”, “Krea”, la editorial Bassarai, el grupo de teatro “Kunka, Montehermoso recibe un hachazo, Gauekoak también… Obviamente el sector capacitado para generar opinión y sensibilizar a la ciudanía sobre lo que está pasando trabaja en buena medida dentro de la propia institución. No va a opinar. Eso ha conseguido la institución: desactivar la voz crítica de una buena parte del mundo de la cultura tirando de contratos laborales. ¿Pero, y los que están fuera de ella? Éstos se tiran piedras unos a otros peleándose por sus alubias o anteponiendo sus egos a la propia cultura. Pues cuándo un político va a decidir antes pulsa a la ciudadanía, como he apuntado antes, pero también pregunta a los gerifaltes de la cultura. Y si todos esos proyectos que he enumerado antes han desaparecido es porque, en parte, a algunos de ellos no les molaba “Amarika”, ni “Krea”, etc. No los han defendido. Esa es la realidad. Y así estamos, de funeral.

7.2.12

UN TRABAJO

“Trabajo”, para mí, es sinónimo de “actividad”. Es importante ese matiz, pues tendemos a pensar que “trabajo” es esa especie de condena diaria y obligatoria que se nos impone desde siempre y que nos permite ganarnos el pan. Y nos olvidamos de que existe otra manera de realizar un trabajo. Hay trabajos que muchas veces no nos generan beneficios económicos pero sí, quizá, riqueza social, cultural, humana... Trabajos que van desapareciendo de nuestro mundo, obviamente. Y el arte es un trabajo de este tipo. Pues aunque a veces produzca dinero si no lo hace no por ello deja de ser arte. Incluso si el artista no vende, o malvende, no cierra el “negocio”. Queda claro que el arte es un trabajo un poco raro. Personalmente lo que me interesa de él es que me permite poner en marcha actividades que no serían posibles desde otros ámbitos. Ciertas locuras, quizá. O ciertos experimentos, que no me aportan dinero, pero si alguna satisfacción difícil de medir. En ese sentido entiendo que ciertas labores sociales tienen mucho que ver con el arte. Pues se escapan, también, de esa idea de “trabajo” como actividad que te reporta sólo una fuente de ingresos.

Un ejemplo de “trabajo”: el 23 de abril de 2010 llegué en barca a la aldea de Tamshiyacu; lugar situado a orillas del río Amazonas. Para llegar ahí previamente te subes a una destartalada barca de motor que sale de Iquitos (Perú). Sale cuando se completa el cupo de pasajeros. Media docena, es lo habitual. En cualquier caso, nunca he tenido que esperar más de veinte minutos. Por otra parte, siempre te queda el recurso de pagar más y que te lleven en solitario o con menos pasajeros. Estaríamos hablando en este caso concreto de soltar, como mucho, quince euros.

En una hora larga, la barca atracó en el pequeño y lodoso puerto de la aldea. Cargado con un móvil y una impresora portátil me interné un poco en el pueblo y me senté en una destartalada silla al lado de un pequeño almacén –también vivienda y tienda- situado al lado del pequeño y lodoso puerto.

En estos lugares todo esto muy simple, sencillo. Los primeros que se me acercaron con curiosidad, manchados del barro del lugar –pues las calles no están asfaltadas-, fueron los niños. Les fui haciendo fotos con la cámara de mi teléfono. Las fui imprimiendo y regalando. De repente yo era un turista ”implicado” que regalaba recuerdos en vez de llevárselos.

En cuarenta minutos me encontré dentro de una casa. Entendieron el juego y querían que estuviera más cómodo. Me invitaron a comer: pollo con arroz. Charlamos mientras yo continuaba haciendo fotos de los chavales que se acercaban. Todo se desarrolló entre risas. Al cabo de un rato, la batería de la impresora se agotó. Y el proyecto, “el trabajo”, con ella.

Antes de despedirme de los lugareños una niña de diez años me dijo: “Si te gusta este sitio te puedes construir una casa y quedarte a vivir. Aquí al lado venden madera muy barata”.


6.2.12

NO FUTURE

Después de la desaparición del Proyecto Amarika y de Krea, Montehermoso ve reducido su presupuesto en un sesenta por ciento y Gauekoak –ese programa nocturno y juvenil de ocio y cultura- en un ochenta. Y todo esto sucede mientras nuestro Ayuntamiento se empecina en aportar por otras actividades que rayan la frivolidad más absoluta. Por ejemplo: el caso del Festival de televisión que incluso hasta incrementado su presupuesto. Más dinero público para pagar a los famosos de las teles privadas buenas comidas y buenos hoteles. Parece ser que nuestro ayuntamiento no distingue entre un evento celebrativo o un proyecto con base social gestionado por jóvenes. Para ellos la cultura es toda igual: mero espectáculo.

En época de crisis, hay que saber dónde se aplican los recortes. El buen criterio tiene que guiar las tijeras. Gauekoak es un proyecto gestionado por nuestros jóvenes. Más de veinticinco colectivos participan en su organización. A través de un equipo de trabajo que está a pie de calle se visita a los jóvenes en sus lugares de reunión. Se observa qué están haciendo, cuáles son sus intereses más positivos. Y se les apoya para que se organicen, para que pongan en marcha esas actividades que a ellos les resulta complicado desarrollar en solitario. Y los chavales saben que no están tratando con la institución, sino con gente que se dirige a ellos de tú a tú. Gauekoak es, por tanto, una herramienta útil. Si unos jóvenes que empiezan, por ejemplo, en el mundo de la música, quieren tocar por primera vez en un centro Cívico, Gauekoak le despeja y allana el camino. Para que no se pierda entre trámites burocráticos. Y recibe a cualquier colectivo que quiera presentar sus propuestas en un local alejado de la institución, moderno, actual… Por eso este año el Plan Nacional de Drogas ha ingresado en nuestras arcas municipales 110.000 euros. Vitoria, ahora mismo, es la ciudad del Estado que más dinero ha recibido de este Plan. Por el programa “Gauekoak”. Pero el Ayuntamiento, sin previo aviso, decidió el mes pasado recortar un ochenta y tantos por ciento su aportación a Gauekoak. Esta decisión ha sido como un torpedo disparado a la línea de flotación de la Federación de Asociaciones Gauekoak. Hace escasos días su Junta Directiva dimitió e incluso la Federación estuvo a punto de disolverse. ¿Qué pasará el año que viene con esa aportación del Plan Nacional de Drogas? Posiblemente mengue de manera drástica. Con lo que el ahorro de este año se convertirá el año que viene en una reducción de ingresos. Y es que antes de tirar de tijera hay que estudiar qué ayudas que vienen de fuera del Ayuntamiento están vinculadas a ciertos proyectos.

Con un paro en crecimiento, nuestros jóvenes pueden elegir entre desesperarse y adoptar posturas negativas o avanzar hacia las positivas. Y para eso necesitamos a Gauekoak. Pero el mensaje que lanza el Ayuntamiento a los jóvenes ahora es: “No future”. Y con ese mensaje, volverá el “punk a las calles.

1.2.12

AVENTURAS ARTÍSTICAS


A lo largo de mi vida he realizado muchos proyectos creativos. Yo les llamo “aventuras artísticas”. Me gustaría relatar alguna de ellas. Comienzo: hubo una época en la que realizaba obras con disparos de bala. Gracias a un amigo que trabajaba en una fábrica de armas vitoriana. Era uno de los jefazos de la empresa y me permitía el acceso a su polígono de tiro. Fue allá por 1995. Pero nunca conseguí cumplir un sueño: que una sala, museo o galería, me dejase hacer un cuadro de esos con disparos pero en vivo y en directo. Delante del público. Y eso que contaba con la previa colaboración de la policía nacional. Pues un día pasando por la puerta de comisaría me animé a entrar para pedirles su ayuda. Expliqué el proyecto al policía que estaba en la entrada. Sorpresivamente no me mandó a paseo: me hizo repetir la propuesta a largo de diversas estancias de la jefatura. Y en una hora estaba ya hablando con el comisario de policía. Y le moló la idea de enviar a unos policías a disparar sobre cuadros. Entendía la belleza de las marcas de los disparos sobre ciertos materiales. Eso sí, me dijo que antes de nada iba a mirar si yo tenía antecedentes penales. Ahí quedo la cosa. Pero, paradójicamente, fue el mundo del arte el que no me permitió efectuar disparos en una sala expositiva. Ellos no entendieron el proyecto, pero la “pasma” sí.
Otra aventura: en 1998, con el artista Esteban Torres, creé un perfume con olor a gasolina. Realizamos como cien de ellos. Los recipientes eran una especie de cilindros que vendían en “los chinos” para cocer huevos en el microondas. Hicimos unas pegatinas, compramos unos cuentagotas…  No sé cómo conseguimos cincuenta mil pesetas para poner en marcha este experimento. La mayoría de los perfumes se los vendimos trabajadores de gasolineras. Los tuvimos expuestos en una galería de arte alternativa de Vitoria: espacio Trasforma.
Pero el laboratorio que fabricaba la esencia nos dijo que el perfume, al contener gasolina, no se podía comercializar: no iba a pasar por el control sanitario de rigor. Así que no pudimos dar el “gran salto” y forrarnos vendiendo perfumes a todos los “gasolineros” del mundo mundial.
Y la última aventura que reseño: con la pastelería Goya realicé otro de mis sueños: confeccionar en caramelo copias a tamaño natural de mi cabeza. Tuve que hacerme un molde de mi sesera en silicona. Realizamos varias piezas en diferentes sabores y colores. Una de ellas se la regalé -después de exponerla en una galería- a la hija de unos amigos. Sus padres le dijeron que no era para comer. La niña la tuvo durante semanas como adorno en su habitación. Pero un día mi cabeza amaneció con la nariz comida. La criatura no pudo resistir la tentación. Eso fue en 1995. También llegué a confeccionar mi cabeza en chocolate. Fue expuesta en la sala Amárica de Vitoria.
Y sigo intentando vivir “aventuras”. Intentando sorteando las desventuras que ahogan hoy en día el mundo de la cultura.

27.1.12

SUBVENCIÓN


Nunca entenderé porqué subvencionar a los artistas –que son los que ponen en marcha toda la maquinaria cultural- está tan mal visto socialmente. ¡Cómo si el dinero público hiciera aguas por las subvenciones que se dan a los artistas! Cuando cualquier agricultor, empresario, banquero… recibe más subvenciones en su vida que un artista. Pero claro, para muchos parece ser que subvencionar a los creadores es como tirar el dinero por el retrete. No se dan cuenta de la obvia realidad: los museos se sostienen gracias a los creadores. Os más bien: a sus obras. Pues si no hubiera arte, no habría museos. Ni directores, cuidadores de salas, servicios de limpieza, fotógrafos, diseñadores de catálogos. Ni turistas culturales…  Ni los hoteles, taxistas, restaurantes engordarían sus cuentas. En definitiva: los artistas son la base de esa pirámide que supone un 5% por ciento del PIB de nuestro país. Pero, en este país, más del ochenta por ciento de ellos no llegan a cobrar el salario mínimo interprofesional. ¿Y a qué se debe esto? A muchas razones. Pero la principal es que el ciudadano, las empresas, no gastan dinero en arte. Y ese déficit lo ha venido cubriendo la institución. Pero, claro, cuando un museo te compra una obra, esa obra la podrá enseñar durante años, décadas…  Y, obviamente, el artista ahí ya no recibe ni un solo euro más. A los músicos –bueno, más bien a los intermediarios de la música- se les paga cada vez que una canción suena en un lugar público, pero cada vez que una obra es expuesta en un nuevo lugar, el artista no cobra por ello. Por eso comprar arte suele ser una buena inversión: no tiene grandes costes de mantenimiento y con los años su valor económico sube. Por otra parte, cuando un museo adquiere un trabajo suyo, es complicado, casi imposible que le compre otro. ¿Para qué? Si ya le tienen en su colección. Para acabar: vender arte, hoy en día, es muy difícil. Para el ciudadano de a pie no es una prioridad. Y para la gente de dinero… esos prefieren cambiar de coche cada tres meses. Así que al artista no le quedan muchas posibilidades: mendigar ayudas o dedicarse a otra cosa que no sea el arte pero que tenga algo que ver con ello (enseñanza, diseño, publicidad...).
Con esto no quiero decir que defienda la “cultura de la subvención”. Obviamente se tendrían que buscar otras fórmulas más eficaces para estimular la creación y para que el creador pueda vivir de su trabajo, pero para muchas instituciones la forma más sencilla de cumplir con ese apoyo hacia el mundo de la cultura es hacer cuentas y ver que dinerillo sobra para destinarlo a concursos y subvenciones. Queda claro que esta no es la mejor manera para mejorar, incentivar, fortalecer la cultura, pero sí la más socorrida y cómoda para la mayoría de las instituciones. Hasta ahora. Porque ahora no hay dinero. Así las desde el ámbito cultural público deberían de currárselo un poco. Pensar en otras opciones. O nos vamos a quedar sin artistas, sin obras, sin cultura…

FILANTROPÍA



El Ministerio de Cultura de España que se creó en la Legislatura Constituyente en julio de 1977 ha desaparecido. Cosa que ya ocurrió entre 1996 y 2004 bajo los gobiernos de José María Aznar. Pero el nuevo ministro de Educación, Cultura y Deportes ha querido despejar las "suspicacias y recelos" respecto a la combinación del departamento de Cultura con el de Educación afirmando que "la cartera de Cultura no ha desaparecido". Por otra parte ha señalado que una de sus prioridades es una nueva regulación de la Ley de Mecenazgo. Esperemos que así sea, porque llevamos décadas esperando una ley de mecenazgo eficaz. Francia, por ejemplo, dedica el 1,1% del presupuesto estatal a la cultura porque la considera una cuestión de Estado. Desde 2003, además, entró en vigor una ley de mecenazgo que ha permitido modular una red de agentes privados -a cambio de beneficios fiscales- por todo el país que refuerzan el proyecto de fomento y protección de la cultura del Gobierno francés. Pero claro, no se puede tirar siempre de la zanahoria de la desgravación para implicar a individuos y empresas en el mecenazgo. En los países anglosajones existe una mentalidad que por estos lares no abunda: la persona que gana dinero siente una necesidad de devolver a la sociedad parte de lo que la sociedad le ha ayudado a generar. Filantropía, esa es la base de todo mecenazgo. Pues se considera como tal a todas aquellas aportaciones de dinero, bienes o servicios que realiza una empresa o un particular de forma altruista. Pese a que suelen confundirse, hay una diferencia muy clara entre el mecenazgo y el patrocinio. En el patrocinio la empresa asocia su imagen de marca o sus productos a un fin, sea éste cultural, científico o social. Por ejemplo: costeo una exposición pero aparece mi sello bien grande en todo el material impreso. Pues bien: en este país mecenazgo y patrocinio tienen el mismo trato fiscal. Cuestión que habría que resolver de manera urgente. En ese sentido nuestra ley de mecenazgo tendría que se similar a la de los países europeos que están primera línea en cuestiones de filantropía privada.
Pero el filántropo no nace, se hace.  A través de la educación, de la cultura. Pues muchas veces no es cuestión de “tener”, sino de “querer” y “saber”.
Y todos podemos ser mecenas a través de sistemas como el “crowdfunding”. El término crowdfunding (de crowd, multitud y funding, financiación) designa la financiación de un proyecto, a menudo de tipo cultural, mediante micropagos realizados por particulares que deciden apoyar la iniciativa para hacer posible su realización. En 2009, por ejemplo, nace la web Kickstarter, una plataforma web que reúne diversos proyectos creativos que cualquier usuario puede apoyar a cambio de recompensas no dinerarias. En diciembre de 2010 nacen en España Lanzanos7 y Verkami plataformas que adaptan el modelo de Kickstarter y lo ponen a disposición de los creadores de este país. 2012 puede ser un buen año para aprender a ser mecenas. 

27.12.11

ARTE DE SOBREMESA



Le oía el otro día a un amigo indicar algo que comparto: la pintura parece haberse escapado de los lienzos para refugiarse en los fogones, pues el cocinero compone sus platos de una manera similar a como antes lo hacía –o lo sigue haciendo- un pintor experimental. Esta fenómeno sólo lo podíamos apreciar hasta hace unos pocos años en contados restaurantes dedicados a la cocina avanzada, de laboratorio. Pero ahora mismo ya son legión los restaurantes en los que los cocineros parecen estar innovando sobre el plato jugando con los ingredientes como si fuesen pintura. Y así, de la misma manera que el pintor de vanguardia experimentaba antes con diversos materiales, enredando con ellos para conseguir diversos efectos, texturas, desde hace unos años con la irrupción de la gastronomía molecular –Ferrán Adriá y discípulos- sucede algo similar. Pues esta cocina juega con las propiedades de los alimentos al someterlos a procesos que los hacen manifestar sus propiedades tornándose en espumas, emulsiones, geles u otras estructuras que pueden ser infinitas, dado que en ella se está continuamente innovando. Y así uno ve en el plato efectos visuales, composiciones, que le recuerdan, por ejemplo, al expresionismo abstracto americano de los años cincuenta. Con la diferencia de que ahora degustamos esas pinturas servidas sobre platos. Platos muchas veces cuadrados, rectangulares. Ya no circulares. Con lo que la semejanza con “la pintura sobre lienzo” se acrecienta.
Y el pasado sábado, de manos de un grupo de cocineros llamados “cocina de guerrilla” tuvo lugar una curiosa comida en la sala Amárica: cincuenta personas comieron sobre lienzos. El menú estaba pensado para que lo que se iba sirviendo dejara rastros de color sobre los platos-lienzos. Los comensales, la mayoría artistas, fueron más allá y utilizaron diversos materiales que tenían sobre la mesa: servilletas, bebidas, cucharas, pan… Finalmente, una vez acabada la comida, los resultados fueron llevados a Zuloa donde pueden ser visitados hasta el día 9 de enero. Pero aún hay más: esta comida fue la última actividad de la Asamblea Amarika en la sala Amárica. Pues, como ya se sabe, la diputación ha retirado a este colectivo abierto de ciudadano la confianza depositada hace años que le permitía gestionar a este la programación de varios espacios provinciales. Han sido cuatro años de actividades, exposiciones, demostrando que se puede participar de una manera directa, económica y eficaz con las instituciones si éstas así lo desean.  
Y con este gesto, con esta comida, la Asamblea quería transmitir a la ciudadanía lo siguiente: el colectivo de artistas ya no está en Amárica pero seguirá trabajando en Zuloa. Y no sólo eso: de la misma manera que una comida se recicla, muta, de manera natural en un cuadro gracias al poder de la creatividad, la asamblea se reinventará, se transformará en lo que haga falta para seguir trabajando por la cultura y el arte próximo. 

22.12.11

SOS


El mundo de la cultura se viene abajo. Ayer mismo, por ejemplo, recibía un mail de un grupo de teatro -con sede en Vitoria- que bajaba la persiana. Obviamente la gente no paga ya por ir al teatro. Y las instituciones públicas menguan su oferta cultural. Constatándose que éstas no han hecho bien su trabajo durante años de bonanza. Pues han acostumbrado al público a acceder a la cultura de una manera gratuita. O casi. Sin pasar por taquilla. Se ha promocionado la cultura de lo “gratis”. Desde luego, no han conseguido inculcar en la sociedad un gusto, amor, por la cultura. Y, sobre todo, por la cultura próxima, cercana. Más bien lo que han promovido es el acceso gratuito al espectáculo. A los fuegos artificiales. Así que el público entiende que ahora la fiesta se ha acabado. “Estamos en crisis y no quiero acudir a fiestas de pago”, piensan.
Y ahora sin apoyo público -ni privado porque nadie lo ha incentivado- vemos como ese sustrato cultural del que estábamos en el “primer mundo” tan orgullosos desaparece bajo nuestros pies. Y las miles de personas en este país que reciben un salario público por su trabajo en este ámbito, ¿qué hacen? Parece ser que lo único que les preocupa son los recortes presupuestarios que sufren sus departamentos, museos. Pero “la tijera” por ahora, sólo se abate sobre las actividades que programan, en primer lugar. Y, después, sobre todas esas empresas externas que trabajan para ellos: fotógrafos, diseñadores, montadores de exposiciones… La consigna es clara: “hacer más con menos”. Lo que supone rebajar las honorarios de las personas con las que dichas infraestructuras trabajan: artistas, fundamentalmente. Y así la crisis se está cebando sobre esos trabajadores de la cultura que no ocupan despacho en una institución pública. Obviamente los recortes deberían dividirse proporcionalmente. Se deberían de adelgazar los salarios de los altos y medios cargos de la cultura pública. Se debería así intentar hacer sostenible el ecosistema cultural. ¿Cuál es el salario de un director de museo? ¿Cuatro mil, cinco mil euros al mes? ¿Y de un subdirector? ¿Y del jefe de departamento de prensa? ¿Y de el de marketing? ¿Y del responsable de didáctica? ¿Y del director de la biblioteca del museo? ¿Y el director económico? Los trabajadores públicos de la cultura deberían solidarizarse con ese mundo de la cultura externo al ámbito institucional. Pues últimamente me llegan mails de bajadas de persianas de empresas, asociaciones culturales, grupos de teatro, danza… pero no me llegan mails de restructuraciones de plantillas institucionales. ¿Por qué no trabajan para reclamar públicamente una ley de mecenazgo eficaz que anime a empresas, ciudadanos a invertir dinero en cultura?  Sin una buena ley -ya que desde lo público no parece que se haga nada- estamos, hablando en plata, bien jodidos. Hay que apostar por reanimar el mecenazgo privado. Un mecenazgo que se fue debilitando según iba ocupando el público su lugar en épocas de bonanza.

16.12.11

MASA VISCOSA


“La Pepa”, la primera constitución española, cumple ya en 2012 doscientos años. Y con motivo de esta onomástica dieciocho creadores -bajo la flexible batuta del comisario Jorge Díez y la ágil coordinación de Mónica Castellano- están realizando diversas intervenciones de carácter temporal en centros de arte de diecisiete ciudades. ¿El propósito de todo ello? Revisitar, traer al presente, la filosofía de dicha constitución. Una constitución que en su día destilaba un espíritu libertario, avanzado, ilusionante para la ciudadanía de aquella España del siglo XIX. Un espíritu que, en estos tiempos que corren –más bien galopan- de crisis cultural, ideológica, política sería interesante recuperar, rescatar, de alguna manera. Aunque sea desde el arte y no desde la política. Pero ahí quedan el gesto y el esfuerzo.
Por otra parte es de agradecer que los artistas elegidos para dar forma a esta iniciativa sean todos ellos creadores vinculados con nuestro contexto, nuestro país, nuestra realidad, nuestra historia. Y se agradece porque no es algo muy habitual por estos lares. Pues parece ser que la mayoría de los centros de arte y museos, españoles, necesitan legitimarse así mismos teniendo que demostrar continuamente –supongo que a las instituciones que les financian- que pueden acceder a una agenda internacional. Que contactos con la escena mundial, en definitiva. Pues bien: aquí tenemos un proyecto que de manera natural y necesaria –pues se habla de la historia de nuestro país- integra sin ningún tipo de complejos a un grupo amplio de creadores cercanos. Un aplauso, por tanto, para los organizadores.
Y uno de los espacios que acogen esta iniciativa es nuestro museo Artium., alojando un trabajo del artista cántabro Juan López. Un artista que habitualmente explora las posibilidades estéticas de la cultura urbana, jugando con los espacios callejeros, vinculando videoproyecciones e instalaciones y diseñando complejas construcciones icónicas. En su trabajo podemos ver un profundo interés por poner en contacto directo el lenguaje de la calle con el del ámbito institucional. Difícil, pero posible. Y continuando con los trabajos muralistas que viene realizando en los últimos años en los que dibujando con cinta aislante y vinilo intenta modificar nuestra percepción de un espacio, de un paisaje concreto, el artista utiliza en esta ocasión la palabra “Constitución” para mutarla en “Instinto cuco” y estamparla en la fachada del edificio de Artium donde se ubican las oficinas y la biblioteca. Y así de las ventanas circulares de la parte superior del edificio en cuestión podemos ver estos días como escurre una inquietante masa de color y de apariencia viscosa que baña las letras que componen “instinto cuco”. Un guiño a todos esos personajes “cucos” de la política profesional que todos conocemos. Esperemos, por tanto que, como nos quiere hacer ver el autor cántabro, esa masa viscosa se los lleve lejos de nuestras instituciones. 

15.12.11

COMPROMISO LOCAL


Hasta hace un par de décadas -como mucho- la decoración de los despachos de abogados, médicos, arquitectos… arrojaba muchas pistas sobre el nivel profesional de los susodichos. Si estos exhibían obras de calidad, esa circunstancia era un subjetivo pero relevante indicativo del buen nivel de los profesionales en cuestión. El arte, por tanto, funcionaba como tarjeta de presentación del especialista culto, instruido. Un profesional no sólo ducho en lo suyo, sino también comprometido con la cultura. Un arte que era, además, producto de los artistas locales del momento. Gran matiz este: no sólo el profesional liberal apreciaba el arte sino que, además, apostaba por la creación cercana. Pues médicos, abogados, arquitectos, era muchas veces conscientes de que estaban realizando una necesaria labor de mecenazgo. Entendían que adquiriendo obra local estaban abonando la cultura de su entorno. Es más: muchas veces entre profesionales y artistas se creaban vínculos de amistad y complicidad.
Por otra parte, también las cafeterías, bares, hoteles, empresas, bancos, negocios que se preciasen ser amantes del arte compraban obra a los artistas locales.
No sé muy bien en qué momento todo esto cambió. Quizá con el fenómeno de la globalización y de la espectacularización de la cultura. De repente el arte de interés ya no era el local, sino el internacional. Y sólo unos pocos artistas de proyección universal empezaron a formar parte de las grandes colecciones públicas y privadas que también querían ser internacionales. Pero claro, los costes eran otros. Coleccionar obra de estas estrellas del arte rea algo al alcance de muy pocos. El profesional liberal  no se podía permitir comprar una obra de un reconocido artista extranjero. Por otra parte, este ya no era un potencial amigo, sino un siempre lejano desconocido. La conexión entre ambos mundos se rompió. En paralelo, el arte local empezó a perder prestigio. Obviamente el coleccionismo público cometió un gran error alimentando esa dinámica mundialista. Dinámica que se mantiene hoy en día. Y así cuando uno viaja por los museos de arte contemporáneo del mundo los nombres de un grupo reducido de artistas se repiten hasta la saciedad. ¿A qué se debe esto? ¿Quizá al hecho de que estos equipamientos se destinar a atender a unos turistas culturales de gustos globales? ¿Quizá porque los propios museos tienen que legitimarse a sí mismos demostrando que tienen contacto con el arte internacional del momento?
Y  nuestra Diputación declara ahora que el año que viene no se va a comprar arte. Bueno, bien poco afecta esto al paupérrimo escenario de la creación local. Obviamente no son tiempos para derrochar dinero en obras caras ni espectáculos. Pero si ya ni para comprar arte o programar distracciones sirven lo mejor es que bajen la persiana. Y ese gasto nos ahorramos. O que hagan algo por la cultura local. Que para eso no hace falta invertir millones.