12.7.18

PATRONATO

En las bases del concurso que regulan la elección del nuevo director del centro museo Artium de Álava, podemos leer que el órgano sobre el que recae la decisión de seleccionar al nuevo director es el propio patronato de Artium. Un patronato en el que no hay representación de la sociedad civil ni, tampoco, de expertos del mundo del arte. Recordemos que dicho organismo está compuesto únicamente por agentes tanto públicos como privados que financian económicamente nuestro museo. En este concurso, el patronato podrá contar con la consulta de expertos, sí, pero éstos no tendrán capacidad resolutiva. Haciendo caso omiso, por lo tanto del “Código de Buenas Práctica en museos y centros de arte contemporáneo”. Documento redactado hace una década por el Ministerio de Cultura. Documento en el que participaron numerosos agentes del sector artístico de nuestro país. Hoy en día, la mayoría de nuestros museos se rigen por este código deontológico, encabezados por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Este código recomienda la existencia de representación de la sociedad civil y de los sectores profesionales del arte en los patronatos museísticos.


Recordemos que Artium no surge como consecuencia de reclamación promotora alguna de determinado grupo político o equipo de gobierno. Recordemos que los impulsores fueron los setecientos miembros de AMBA, la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes que desde su creación en el año 1992 reclamaron –y con éxito– un nuevo museo de carácter público que permitiera mostrar dignamente el importante fondo de arte contemporáneo con el que contaba nuestra provincia y que, en buena parte, se encontraba almacenado en nuestro museo provincial. El actual director de Artium, el Castillejo, fue el miembro número uno de dicha asociación. Por entonces, pilotaba la sala Amarica. Un espacio dedicado a producir exposiciones temporales de arte contemporáneo con especial apoyo a la creación local. Cuando Artium finalmente se inaugura en el año 2001, bajo un formato gestor de Fundación, Castillejo es nombrado por la Diputación el custodio de nuestra colección pública, bajo la figura de Conservador del museo. Cuestión ésta cardinal, ya que el patrimonio que alberga este museo, aun siendo un museo que cuenta con un patronato mixto (público y privado) es un capital cultural que nos pertenece a todos los alaveses. Por lo tanto es de rigor que en dicho patronato esté representada la sociedad civil y los sectores profesionales del arte, pues aunque estos no aportan financiación económica más allá de los impuestos que pagan y con los que se adquirió la Colección, si han aportado –y aportarían- su activismo, conocimiento y desinterés.

Los museos son contenedores y salvaguardas de un bien común, que es nuestro patrimonio cultural. Por lo tanto no puede ser gestionado sólo por el estamento político y las empresas privadas, como es el caso de nuestro museo. Esperemos que esta realidad cambie: queremos buenas prácticas en Artium.

27.6.18

BANDERAS


Este jueves, el espacio cultural y alternativo, Zas Espazioa, pone en marcha una actividad dirigida hacia los más peques: un taller de creación de banderas. Pero el objetivo de esta iniciativa no es el de incitar a los chavales a que reproduzcan las banderas de tal o cual nación, localidad, institución, incluso organización, sino el de idear un abanico de banderas mundiales. Crear, por lo tanto, la bandera de la Tierra. Una actividad enmarcada y conectada con la exposición colectiva que ahora mismo podemos visitar en este centro cultural ubicado en el Casco Viejo de nuestra ciudad y que lleva por título “Abanderadxs”. Exposición que recoge el trabajo de veinticinco artistas relacionados con nuestra ciudad y que arroja una mirada reflexiva y crítica sobre el universo “banderístico”.
Nos consta que actualmente todos los países están representados por su correspondiente bandera. Piezas rectangulares de tela que encierran en su geometrismo colorístico una gran carga simbólica pues sirven como colectivo signo de identidad de los ciudadanos que conviven en un mismo territorio. Pero también se constituyen como emblemas diferenciadores. La bandera es, por lo tanto, incluyente y excluyente al mismo tiempo. Señala un “nosotros”, un “vosotros” y un “ellos”. También es un instrumento para canalizar, reforzar, ciertos sentimientos, llamémosle, patrióticos. En ese sentido, existe todo un mundo ceremonial alrededor de estos trozos de tela que funcionan como contenedores de simbolismo. Por ejemplo, la jura de bandera en España. Un solemne acto que permite a los soldados – y también a los civiles, si lo desean- comprometerse públicamente con todo lo que representa España. Si el acto es civil, el representante del ejército pronunciará las siguientes palabras: "¡Españoles! ¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, con lealtad al Rey y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?". Una frase a la que los ciudadanos deberán contestar: "¡Sí, lo hacemos!". Tras tomar juramento, éstos se acercarán a la bandera española para besarla. En otros países existen ritos similares. En Estados Unidos, verbigracia, los ciudadanos recitan: “Juro lealtad a la bandera de los Estados Unidos de América y a la República a la que representa, una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos”. Este Juramento se suele pronunciar, al unísono, en actos públicos y en las aulas de los colegios públicos como ritual matutino.

¿Y si la ciudadanía realizara esa jura de bandera ante la bandera de la Tierra? Una bandera, utópica, una inexistente bandera que sólo existe en la imaginación de algunos. A lo largo de nuestra historia reciente, desde diversos ámbitos –la mayoría vinculados con el arte- se han proyectado, dibujado, diversas banderas terráqueas. Ojalá algún día éstas pasen del terreno de la ficción al de la realidad.

23.6.18

EL REY


¿Por qué el ajedrez es el rey de los juegos? ¿Qué tiene el ajedrez de peculiar? ¿Por qué es considerado también deporte, cultura y lenguaje? Quizá su atractivo resida en el hecho de que el ajedrez se nos presenta como una gran obra colectiva pergeñada a lo largo de los siglos. Durante ese extenso periodo, millones de hombres y mujeres de diferente ámbito social, cultural, sentir político y religioso han ido aportando modificaciones a este juego, puliéndolo, mejorándolo. Una sola persona, o un grupo reducido de personas, no hubieran podido crear algo que parece ser el fruto de la evolución cultural del ser humano. El origen del ajedrez, por lo tanto, es difuso. Se cree que nace en el norte de la India, extendiéndose por China y Persia para finalmente extenderse hasta Europa. El ajedrez trazó, por lo tanto, un puente entre oriente y occidente. Lo sorpresivo es que su atractivo original sigue intacto a los ojos de las nuevas generaciones dado el inmenso número actual de personas que lo practican.
El ajedrez fue declarado por la UNESCO como patrimonio cultural intangible de la humanidad. Incluso la ONU lleva tiempo insistiendo para que se considere el acceso de todos los niños de los cincos continentes a la práctica del ajedrez como un derecho fundamental. En 1999 el Comité Olímpico Internacional (COI) lo reconoce como deporte, aunque algunos países -el Reino Unido, por ejemplo- no lo admiten como tal. La realidad es que actualmente más de seis cientos millones de personas practican ajedrez. En España, el número de federados en las filas de este deporte solo son superados por otros dos: atletismo y fútbol.
Aunque el ajedrez se encuadra dentro del Plan Nacional de Estudios en Rusia desde hace muchos lustros, en Europa se asumieron sus posibilidades educativas hace bien poco. Y así la mayoría de las comunidades en nuestro país están introduciendo paulatinamente el ajedrez en nuestras aulas. ¿Cuáles son los beneficios de la práctica del ajedrez? Ayudar al desarrollo de una extensa serie de valores y habilidades: autoestima, creatividad, confianza, atención, concentración, reflexión, aceptación de errores, memoria, empatía, toma de decisiones, pensamiento crítico, resolución de problemas, capacidad de análisis y estrategia.
¿Por qué el ajedrez es considerado un deporte? El ajedrez nos hace entrenar el órgano más importante en nuestro cuerpo: el cerebro. Y para estar en buena condición mental es preciso contar con un buen estado físico. También para practicar ajedrez es necesaria una alta capacidad de concentración mantenida en el tiempo. En los torneos profesionales se establece un límite máximo de seis horas por partida. Los ajedrecistas se enfrentan, por lo tanto, a altos niveles de estrés. La tensión que surge durante el juego acarrea al jugador un incremento en el ritmo del pulso y de la respiración. Por ello el equipo del jugador cuenta con preparador físico. Como en cualquier otro deporte.

17.6.18

ESCUELA PÚBLICA


La Escuela de Arte y Superior de Diseño con sede en nuestra ciudad es el único centro público que aborda esas especialidades en el marco de nuestra Comunidad Autónoma. Hablamos de un centro educativo público que cuenta con una amplia trayectoria comprobable. Impartiendo, además, unos estudios plenamente consolidados. Actualmente sus aulas recogen a doscientos cincuenta alumnos matriculados en Estudios Superiores: ciento cincuenta en Diseño de Interiores  y cien en Diseño Gráfico. Este año se titulará la cuarta promoción de Diseñadores de Interiores y Diseñadores Gráficos. Una titulación equivalente a la de Grado universitario. Además, nuestra vitoriana escuela, cuenta con ochenta alumnos provenientes de Ciclos Formativos Superiores: cuarenta en Fotografía y otros tantos en Ilustración.

Dicho esto, sorprende enterarse por la prensa de que en Bilbao se abre un centro similar al nuestro, pero de carácter privado, apoyado por el Gobierno Vasco y el Ayuntamiento de su ciudad. Nos parece muy grave que una institución pública como el Consistorio bilbaíno ceda el edificio para acoger este centro -renovado con medios del Gobierno Vasco- y esté dispuesto, además, a invertir medio millón de euros para adecuarlo. Pero ahí no acaba el despropósito:  la empresa que abre el centro, Kunsthal, estaba adscrita a la Escuela vitoriana y ahora la abandona –después de labrarse algo de curriculum- para abrir ese nuevo centro. La cuestión es que Kunsthal, además de ser una empresa privada, no cuenta con estudios consolidados, pues ni siquiera se ha titulado su primera promoción y no podemos predecir si se integrarán -y en qué porcentaje- en el mercado laboral. El hecho de que hace 3 años ni siquiera impartían estudios superiores, es, cuando menos, inquietante.

En definitiva: se está apostando desde lo público por un centro privado que aún no cuenta con alumnos graduados y que tiene muy pocos estudiantes matriculados cuando existe una escuela pública con sede en nuestra ciudad que lucha desde hace años por conseguir un espacio más amplio para poder crecer y ampliar su oferta formativa con otras Especialidades de Artes Plásticas y Diseño. Una escuela que estaría no sólo dispuesta, sino encantada de poder abrir una sede en Bilbao, como ha declarado en ocasiones su equipo directivo. Cataluña, por ejemplo, cuenta con una escuela similar a la nuestra, de carácter público, que tiene siete sedes. La falta de transparencia y el secretismo en todo este proceso –proceso que va a ocasionar un gran daño a nuestra escuela pues tendrá un centro cercano que competirá con ella- es de juzgado de guardia.

Una vez más estamos viendo cómo se apuesta desde lo público por apoyar la escuela de carácter privado en detrimento de lo público. Recordemos que España se sitúa entre los países de Europa con menos escuela pública y más concertada: el 68% de los alumnos escolarizados en España acude a un centro público, mientras que la media en Europa es del 81%.




12.6.18

GALERÍAS

La semana pasada se inauguraba una nueva galería de arte en Gasteiz: Talka galería. Un espacio gestionado por Gorka Basterretxea, hijo del reconocido artista vasco Nestor Basterretxea. Una galería que no sólo se nos presenta como “nueva”, sino también como “única”. Pues en nuestra ciudad, sorpresivamente, no contábamos con un equipamiento dedicado a la venta de arte contemporáneo desde la bajada de persiana de la galería Trayecto hace un par de años. En resumen y simplificando, una galería de arte es un establecimiento privado que, además de exhibir, difundir, promocionar, los trabajos de ciertos artistas, se dedica a su venta. Cuestión ésta, obviamente, esencial para la subsistencia del propio sector pues permite que los creadores puedan vivir gracias a la comercialización de sus obras. Podríamos pensar que éstos podrían dar salida comercial a sus trabajos directamente, sin la mediación de las galerías, y no nos equivocaríamos. Pero los creadores necesitan -como todos a la hora de abordar cualquier actividad en nuestra sociedad- la triada “saber, poder y querer”. Podríamos pensar también que ya existen espacios públicos de exhibición del trabajo de los artistas, como puedan ser los museos, centros culturales o salas expositivas. Pero, obviamente, en ellas no es posible realizar actividad comercial alguna. Y así, el apoyo desde las administraciones públicas a los artistas se realiza fundamentalmente ofertando becas y ayudas destinadas a la producción y difusión de sus trabajos. También en ocasiones se subvenciona a las galerías de arte para que puedan acudir a las diversas ferias que tienen lugar dentro y fuera de nuestras fronteras. Ferias que se constituyen en encuentros del sector galerístico abiertos al público. En ellas las galerías exponen el trabajo de los artistas con los que trabajan.

Ayer mismo, en el espacio cultural Zas Espazioa, el artista y galerista Fernando Illana, persona que pilotó durante casi tres décadas la ya desaparecida galería con sede en nuestra ciudad -la galería Trayecto, galería que fue referencial no sólo en nuestra ciudad sino más allá de sus altos muros conceptuales- nos explicaba su experiencia al frente de dicho espacio.
Según declaraban los organizadores: “Desde Zas Kultur nos interesaba crear un espacio de reflexión y debate sobre el ámbito del mercado del arte y más específicamente, sobre los contextos galerísticos. Y nos interesa especialmente porque es ésta una temática que nunca había atravesado la puerta de nuestro espacio cultural.”

Gasteiz nunca ha sido un territorio que haya sentido excesivo interés por el mercado del arte. Los espacios dedicados a la venta de arte contemporáneo han sido escasos. Y algunos de ellos, como la desaparecida galería Trayecto, no lo han tenido nada fácil a la hora de desarrollar su actividad. Es por eso que es interesante poner en marcha iniciativas que abran el debate sobre esta problemática, como la que ayer se dio cita en Zas Espazioa.

8.6.18

URBANISMO



La activista Jane Jacobs (1906-2006), es una de las grandes referencias del pensamiento urbanístico. Es decir: de cómo planificamos los núcleos urbanos. Su libro “Muerte y vida de las grandes ciudades americanas” está considerado como uno de los trabajos más críticos e incisivos sobre el ordenamiento urbano. Y a pesar del medio siglo transcurrido desde que la autodidacta urbanista firmó este escrito, éste sigue de plena actualidad pues, en resumen, lo que predica es que la planificación urbana se base en el desarrollo de los barrios por y para sus vecinos. Pero Jane no solo era una teórica del urbanismo sino que dedicó toda su vida a detener los macroproyectos que trataban de modificar algunos de los espacios más representativos de las ciudades en las que vivió: Nueva York y Toronto. Y en ocasiones lo consiguió.
Jane argumentaba que el mejor conocedor de un barrio es el vecino que lo habita. Por lo que para solucionar los problemas urbanísticos de un lugar, lo más idóneo es contar con su participación. Defendía, por lo tanto, un modelo humano de la ciudad construido por la propia ciudadanía, anteponiendo las personas a los vehículos. Reivindicaba, abreviando, las calles como espacio público de convivencia y encuentro. Con el fin de ver los aciertos y errores de las ciudades, Jane alentaba a los ciudadanos a recorrer las calles en grupo, observándolas con visión crítica para que propusieran mejoras.
Un año después de su muerte, en 2007, algunos seguidores en homenaje a esta urbanista pusieron en marcha los “Paseos de Jane”, que arrancaron como actividad cultural en Toronto, aunque al poco se expandieron por infinidad de ciudades, entre ellas algunas vecinas nuestras como Bilbao (Barrio de Bilbao la vieja) o Donostia (Barrio de Amara). Vitoria también se sumó hace un par de años a esta iniciativa por obra del Servicio para la Convivencia y la Diversidad de nuestro Consistorio programando una exploración del distrito de Zabalgana. La arquitecta Isabela Velázquez, experta en urbanismo sostenible, fue guía de dicho paseo. Tras esta primera edición, el barrio de Coronación fue el escenario el pasado año de otro “paseo de Jane”. Y para 2018 se está pensando en acoger la experiencia en Zaramaga. Sería interesante trasladar esta experiencia a eso barrios precipitadamente construidos en nuestra ciudad, como es el caso de Salburua. Barrio con poco más de una década de vida con graves problemas constructivos y un acusado cierre de comercios. Con una parte del anillo verde que lo abraza al Este pero que contrasta abruptamente con él. Como sucede también en Zabalgana.
Una ciudad que presume – y con razón- de estar rodeada de un continuo natural articulado por diversos enclaves de alto valor ecológico y paisajístico debería haber cuidado también el perímetro urbanístico que mira hacia aquel. Quizá sea buen momento para pensar en reparar errores mejorando el urbanismo de estos barrios desde ámbitos como puedan ser el arte y el paisajismo.

22.5.18

SOCIÓMETRO


En ocasiones hemos hablado del escaso interés que muestra nuestra gobernanza hacia dos ámbitos fundamentales para el desarrollo óptimo de sociedades e individuos como son la educación y la cultura. Desde el ámbito educativo, por ejemplo, vemos como las materias más relacionadas con las Humanidades y las Artes van desapareciendo de las aulas de enseñanza. Y así, el último atropello que el Gobierno ha llevado a cabo con las Humanidades es fulminar, a partir del nuevo curso, la asignatura de Literatura Universal: deja de ser optativa en segundo de Bachillerato. Y desde el ámbito cultural, una vez pasada –según nos cuentan los que nos gobiernan- la crisis económica, nuestro “músculo cultural” se ha visto gravemente mermado y no parece haber demasiado interés por costearle unas sesiones de rehabilitación. En resumen, el mensaje implícito que nos lanza nuestro Gobierno es el siguiente: “aprende rápido para integrarte en el mercado laboral, produce y no pienses”
Podríamos pensar que es la propia ciudadanía la que pasa de la cultura y que nuestras Administraciones tomando nota de ello responden en consecuencia intentando complacerla como un padre que malcría a su hijo atendiendo sus caprichos. Pues va a ser que no. Si leemos el último sociómetro del Gobierno Vasco -centrado en recabar las opiniones de los vascos en relación a la cultura- publicado este mismo mes podemos constatar como una amplia mayoría de la ciudadanía declara que la cultura es un tema prioritario para ella (el 57 % del total de los entrevistados) y que cree que se debería apoyar en mayor medida (64 %). También se patentiza que los ciudadanos relacionan sobre todo y primero la cultural con el conocimiento y el aprendizaje de cosas nuevas (51 %) y, en segundo término, con el disfrute (36 %). Además, y ahí se transmite un mensaje claro a nuestra gobernanza, la mitad de la población (57 %) considera que las políticas culturales deberían tener una prioridad alta entre las políticas del Gobierno y otro 35 % opinan que deberían tener una prioridad media. Tan sólo el 3 % opina que la prioridad de la cultura debería ser baja. Además, seis de cada diez personas opinan que las Administraciones Públicas deberían apoyar la cultura en mayor medida que en la actualidad (64 %), dos de cada diez que en la misma medida (21 %) y tan sólo uno de cada diez opina que se debería apoyar menos que en la actualidad (9 %). La opinión más extendida es la de quienes creen que los recursos destinados a la cultura se deberían emplear, sobre todo, para hacer que la oferta cultural sea más asequible (43 %), a continuación quienes creen que los recursos se deberían emplear para apoyar a las y los creadores (28 %) y conservar el patrimonio (22 %). Finalmente, en torno a ocho de cada diez opinan que invertir en cultura favorece mucho o bastante la convivencia (84 %), la calidad de vida (84 %) y, en tercer lugar, economía (81 %). Esperemos que los próximo que nos gobiernen tomen nota de todo ello.

13.5.18

MURALES


Nuestra ciudad ha apostado por llenar – o rellenar- nuestras calles de murales. Ya hemos hablado de este asunto en más de una ocasión. Pero en resumen, nos encontramos con trabajos de escasa calidad cultural, artística. Más orientados a adornar paredes degradas de nuestro entorno urbano. O pensados para ofertar un itinerario amable y digerible a los turistas que nos visitan. Siempre teñidos de pensamientos políticamente correctos. Es decir, como la preocupación de quienes subvencionan este tipo de trabajos no es únicamente cultural, se busca que las intervenciones, al menos, sirvan para algo. Cuestión ésta muy preocupante. No se apuesta directamente por el arte. Sólo si es útil. Sólo si tiene un componente extra cultural. Y así estos trabajos se presentan como murales tramposamente colaborativos, participativos. Como si la participación, per se, fuera un elemento siempre positivo. Es obvio que en algunos ámbitos no: se puede perpetrar, por ejemplo, un crimen, un asesinato en colectivo. Como cuando una turba lincha a alguien físicamente o haciendo uso ahora de las redes sociales. Algo similar sucede en el ámbito cultural: ¿podemos criticar, por ejemplo, una obra como “El Quijote” alegando que no se realizó colectivamente? Sería absurdo. Algo similar está sucediendo en nuestra ciudad. Y así vemos como los murales con más calidad nos los encontramos ahora mismo en Errekaleor: dos potentes murales del italiano Blu nos hacen vibrar cuando visitamos este barrio. Realizados sin ningún tipo de apoyo institucional. Y en solitario. También el artista valenciano Escif ha pergeñado un mural en uno de los edificios del barrio. Arte con firma, individual, y curiosamente y precisamente por ello, con más carga crítica, reflexiva, que los que emperifollan ahora mismo nuestra ciudad.

¿Pero realmente es individual el trabajo de estos dos artistas? ¿Por qué han elegido este contexto? ¿Acaso no han residido en Errekaleor varias semanas conviviendo con los vecinos de este barrio ocupado? ¿No han servido de altavoz de su sentir y su pensar? Precisamente todo artista que se precie es aquel que enfoca su obra a reflejar el latir de nuestra sociedad. El buen arte, por lo tanto, siempre es social. En el arte colectivo mal entendido, en cambio, las responsabilidades se diluyen. El “asesinato” no es cometido por una mano en concreto. De la misma manera que en un fusilamiento militar, sólo uno de los soldados dispara con fuego real y el resto con balas de fogueo, en una obra erróneamente participada sucede algo similar: hay que poner a un artista al frente del grupo de voluntarios. Es decir: uno crea y el resto rellenan. Y después el artista dirá que “el disparo del crimen” no ha sido el suyo. “Entre todas la mataron y ella sola se murió”, dice el dicho.

Es mucho más “útil” buscar una manera participada de gestionar la cultura, en la que los agentes culturales locales tengan cabida y no llevar la participación al terreno técnico de la propia creación.

RESTRINCIÓN

Ayer una amplia embajada de agentes culturales y hosteleros de nuestra ciudad se reunían en la Plaza Nueva para quejarse públicamente de una actuación municipal reciente que les perjudica directamente: las restricciones aplicadas al desarrollo de actuaciones musicales y eventos culturales o sociales en bares y pubs de nuestra ciudad. La polémica cuestión es que nuestro Ayuntamiento ha adoptado la decisión de aplicar rígidamente la normativa autonómica que regula la realización de actividades culturales en los establecimientos que no sean salas de conciertos. Y así el Consistorio exige ahora que los eventos deben ser comunicados con diez días de antelación, no pueden tener una duración de más de dos horas, tienen que concluir antes de las 22:00 horas y como máximo los hosteleros podrán programar dos saraos al mes.
El pasado año 67 grupos musicales realizaron conciertos en algunos de los locales ahora afectados. SI la profusa actividad se acota como exige ahora nuestro ayuntamiento, es obvio que el daño causado a nuestro tejido cultural emergente va a ser significativo. Por otra parte, los hosteleros también verán reducir su clientela. También el ciudadano que gusta de asistir a estas manifestaciones culturales se verá afectado. Y, finalmente, el visitante foráneo que pernocta en nuestra ciudad bostezará durante las noches gasteiztarras más de lo que lo hace hoy en día. ¿A qué razones responde, por lo tanto, esta controvertida actuación municipal? Pues las normativas tienen que ajustarse para responder a las problemáticas de la ciudadanía y no ésta última someterse a unas leyes que no le benefician.
Los saraos que tienen lugar en bares y pubs no son competencia desleal para las salas de conciertos. Pues hay que tener en cuenta que los hosteleros que ahora se manifiestan no cobran entrada a su clientela por el disfrutar del espectáculo ofertado. Cuestión está relevante: como el caché del artista lo costea el hostelero de su bolsillo y éste no tiene capacidad de hacer un gran desembolso, habitualmente aquel suele ser un creador cercano, no excesivamente reconocido y, en la mayoría de las ocasiones, joven  o emergente. Las salas de espectáculos, en cambio, gracias a que cobran entrada pueden programar a artistas foráneos o con un caché más elevado. Por otra parte los locales ahora afectados cumplen con las normativas relativas a aforo e insonorización, por lo que no ocasionan molestia para el vecindario. ¿Cuál es la razón, por lo tanto, de esas restricciones? Conociendo a los dueños de salas de espectáculos locales favorables a que las tascas acojan espectáculos de pequeño formato podemos descartar que éstas provengan de sus quejas. Sobre que sean respuesta a las reclamaciones de posibles asociaciones de vecinos perjudicados por posibles ruidos nocturnos, ahí ya tenemos más dudas. Pero si se tratara de esto último la respuesta pasa por resolver técnicamente las posibles incomodidades de los vecinos revisándolas caso por caso.

DIRECTOR


No es habitual que alguien renuncie a un alto puesto de dirección que sería el sueño de una mayoría. Pero hace unos días dimitió por motivos personales – ¿el sueño convertido en pesadilla?- el licenciado en Bellas Artes y director de Artium, Daniel Castillejo. En los diversos espacios que le han dedicado los medios hemos podido enterarnos de que está agotado, pues tanto él como su museo, Artium de Álava, han sufrido en sus carnes los duros efectos de la crisis económica iniciada en 2008 -con sus anejos recortes presupuestarios- y de que una vez pasada ésta la negativa de las diversas instituciones que conforman el Patronato de Artium de recuperar el presupuesto pre crisis ha sido la razón fundamental esgrimida públicamente de tirar la toalla.
El Patronato de la Fundación Artium en breve hará pública las bases del concurso público que regulan la elección y contratación de un nuevo director, o directora, de Artium. Un buen momento éste, por lo tanto, para reflexionar sobre el futuro de nuestro museo. Y para ello sería interesante realizar primero un análisis de las agridulces declaraciones del, en octubre de este año, ex director de Artium. Leer entre líneas. ¿Por qué apunta Castillejo que Artium está “herido” pero es recuperable? ¿Por qué hablaba de “sentimiento de fracaso”?. Declaraba Castillejo también que el museo no había conseguido conectar plenamente con su contexto. Hablaba también de las continuas tensiones con las instituciones que conforman el Patronato del museo.
Quizá sería interesante valorar un cambio de modelo, de funcionamiento para nuestro museo pues, obviamente, cuando el motor de una maquinaria no responde a unos fines y objetivos quizá la solución no estriba en sustituir una pieza gastada por otra nueva, sino buscar otro tipo de maquinaria. Es decir: repensar el modelo. Artium funciona de una manera jerárquica en la que el gran peso de la gestión recae sobre los hombros de la figura del director. Por otra parte el Patronato de la fundación está compuesta por representantes de las instituciones y de diversas empresas privadas pero no hay cabida en él para representantes del mundo de la cultura local ni para los propios y potenciales usuarios: la ciudadanía. Hay que recordar que Castillejo ponía sobre la mesa “las buenas prácticas en museos” recogidas en un documento elaborado en 2007 por el Ministerio de Cultura como una de las razones para abandonar su cargo. Y en dicho documento se recomienda que en los órganos de gestión de los museos estén presentes los expertos de la sociedad civil –artistas, mediadores…- como manera de conectar los primeros con los segundos.
¿Existen otros modelos en los que poder basarnos distintos al nuestro? En nuestra comunidad vecina, Navarra, el Centro de Arte Contemporáneo Huarte no existe la figura de director sino la de equipo directivo: es pilotado por un colectivo de cuatro mujeres que han reorientado el centro hacia la conexión con la ciudadanía y su comunidad de artistas locales.


12.5.18

CRISTO

El otro día leíamos en los medios que el pintor y escultor Antonio López realizará para la Catedral Nueva una estatua cristiana. O sacra, como se suele tildar en los últimos tiempos al arte religioso. Conviene puntualizar que el arte sacro sirve como medio de adoración de lo divino pertenezca a la religión que pertenezca. Existe, por lo tanto, un arte sacro musulmán, tibetano, etc. Por consiguiente en este caso sería más de rigor, pues la obra de este artista se va a ubicar en un templo cristiano, hablar de la realización de una estatua cristiana. Que servirá para que los fieles puedan orar ante ella. Indiscutiblemente, la obra debería de ser costeada por la Iglesia. Otra cuestión totalmente distinta sería si la obra fuera adquirida por un museo público. En ese caso, obviamente, ya no podríamos hablar de “arte sacro” sino de una obra con temática religiosa destinada a una contemplación ajena al culto.
Pero leíamos también que el encargo al artista va a ser sufragado -en parte- con dinero público. Que tanto el Gobierno Vasco, como nuestro Ayuntamiento y la Diputación iban a costear buena parte del pago al artista. Hay que recordar que vivimos en una sociedad laica pues el marco constitucional vigente expresa la aconfesionalidad del Estado. No es legítimo, por lo tanto, que una institución pública costee una obra ubicada en un templo.
Explicaba nuestro máximo representante político local que el encargo al artista es una buena inversión para Álava. Explicación un tanto perversa para todo aquel que se considere verdaderamente cristiano. Recordemos la escena evangélica en la que Jesucristo expulsa a los mercadores del Templo (Mateo 21, 12-13). Realizar una obra destinada al culto, que representa una imagen divina para intentar atraer turistas culturales que generen dividendos para Álava, es un plan un tanto ignominioso para todo creyente. Y para el no creyente, la inversión de dinero público en un símbolo cristiano no es de recibo.
Antonio López es un artista popular. Su estilo realista, amable, atrae a la gente. No tanto a la crítica ni a los amantes del arte contemporáneo. Por otra parte es un artista acrítico: nunca se ha posicionado política ni socialmente a favor ni en contra de nada ni de nadie. Quizá por ello la Casa Real le encargó un retrato de la Familia, también Real, y la Iglesia también gusta de su trabajo. Algunos dirán que un artista no tiene por qué posicionarse. En cambio otros admiran a los creadores que sí, que han intentado de alguna manera mejorar el mundo denunciando, o documentando, lo que creen que no funciona. Recordemos, por ejemplo –por nombrar a alguien que pintaba figurativo como hoy Antonio López- a Goya retratando los horrores de la guerra. Goya se sirve de su arte para construir un manifiesto contra toda guerra: critica las atrocidades cometidas por el ejército francés contra el pueblo español, pero también los crímenes de los guerrilleros y de la ciudadanía desatada.

BAROJA Y HUGO

"Sé que nunca tendré el Nobel, pero también es cierto que gano más dinero que otros escritores", dijo exultante en una ocasión Ken Follett, escritor al que nuestra ciudad le erigió una estatua por utilizar el valioso material proporcionado gratuitamente por la Fundación Santa María para escribir su “best seller” “Un mundo sin fin”. Sobre la escultura, la crítica de arte Rosa Olivares declaraba en un diario local: “Dedicar una escultura a un escritor de 'best seller' mediocre, un cuentista sin ningún interés, que no es premio Nobel y que lo único que hace bien es vender muchos libros me parece de muy mal gusto. Y es un insulto a la ciudad que esté situada enfrente de una catedral que vosotros consideráis una joya de la arquitectura. ” Más allá de la estatua en cuestión, quedaba claro que nuestra ciudad quería agradecer al popular novelista el haber puesto sus ojos en nuestra ciudad, en su catedral, y, sobre todo, en la valiosa documentación sobre la restauración de ésta. Aunque, si lo pensamos bien, no había nada que agradecerle. Es más: él estaba en deuda con la ciudad por haber recibido una documentación que convirtió en un producto que le aportó sus millones de euros.  Algunos dirán lo de siempre: que Follet “puso a nuestra ciudad en el mapa”. La respuesta a ese tópico la encontramos en el larguísimo artículo de la Wikipedia dedicado a la novela: el autor no menciona a nuestra ciudad, ni la catedral, ni a la valiosa documentación recibida, ni una sola vez.
A Víctor Hugo, uno de los más importantes escritores franceses, en cambio, nadie le ha homenajeado en nuestra ciudad. Y eso que en su novela "Notre Dame de Paris", publicada en 1831, cita a Gasteiz: “nuestros lectores que han tenido la dicha de ver una ciudad gótica entera, completa, homogénea, como quedan todavía algunas, Nuremberg en Baviera, Vitoria en España (…)” Y también en su libro versificado "Mon enfance. Nouvelles odes" escribe: “España me mostraba sus conventos, sus fortalezas; / Burgos, su catedral con góticas agujas; / Irún, sus techos de madera; Vitoria, sus torres".
A Pío Baroja, el gran escritor vasco de la llamada generación del 98, tampoco le hemos brindado homenaje alguno. Y eso que una buena parte de su novela “El cura de Monleón” trascurre en sus calles. En ella describe los rincones de Gasteiz. Y así, por ejemplo, escribe: “La Florida se mostraba como un jardín muy bello y muy apacible, con sus grandes árboles, con sus estanques y sus cisnes. Y también tenían sus encantos el paseo de la Senda, el Prado y el Camino del Mineral. (…) le gustaba recorrer las calles del pueblo antiguo, del Campillo; miraba los palacios y las viejas casonas de la calle de la Cuchillería, de la Pintorería, de la Correría, de la plaza del Mentirón y la del Machete.”
No se trata de levantar dos nuevas estatuas en nuestra ciudad, una a Hugo y otra a Baroja, sino de reconocer que tanto uno como otro merecen más atención por parte de nuestra ciudad que el homenajeado Follet.

LIBERTAD

Ya hemos hablado en estas líneas -y en más de una ocasión, lo reconocemos-  de la irreverente revista de cómic de humor llamada TMEO. Pero la susodicha se merece por méritos propios que de vez en cuando perseveremos en la reiteración. Pues TMEO es una publicación con sede en nuestra ciudad que este año cumple la friolera de 31 años de andadura. Una revista sin director, asamblearia. “Sin censura ni corrector”, como anunciaban en las portadas de sus primeros números. TMEO es, por lo tanto, una “rara avis”, una publicación singular, única, en el panorama del cómic estatal. Es la revista de tebeos con más solera del Estado. Y, además, máxima abanderada de la libertad de expresión en estos duros tiempos que corren para este derecho humano fundamental. Un derecho, recordemos, nacido en tiempos de la ilustración que fue pilar de la revolución francesa y que por el que, para defenderlo en su día, se luchó y se murió. Un derecho que, hoy, entre una ciudadanía molesta por cualquier comentario que les roce la piel -y que ejercita su mobbing contra cualquiera que se exprese libremente a través de las redes sociales- más un Estado que aplasta cualquier posible disidencia están, a dúo, ahora mismo hiriendo de muerte a la libertad de expresión. Pero todavía quedan pequeñas islas, como TMEO, que contra viento y marea navegan, más bien surfean, en este mar del pensamiento político y socialmente correcto en el que nos estamos ahogando. Deberíamos ser conscientes de que cada vez que lapidamos en las redes a alguien que ha opinado algo que nos ha molestado, estamos menoscabando el derecho de libre expresión, que no deja de ser nuestra abstracta propiedad. Por lo tanto, herimos así a algo nuestro o, lo que es lo mismo, nos herimos a nosotros mismos.  A nuestra propia autonomía para poder decir lo que queramos. Limitar a los demás, nos limita, en resumen.
Dejemos, por lo tanto, de tener ya la piel tan fina. Si algo nos molesta, “ajo y agua”, como dice el dicho. De verdad: nadie se muere por sentirse molesto por una opinión. No nos ocasiona ningún perjuicio. La molestia es como un dolor de pies cuando te calzas zapatos nuevos: el dolor se acaba yendo al quitártelos.
Pero al grano, que es gerundio. ¿Cómo ha conseguido el TMEO ser abanderado de la libertad de expresión? De una manera muy sencilla: no queriendo ser un negocio. Los medios de comunicación viven, sobre todo, de la publicidad. Y, por lo tanto, se deben a la publicidad. En el TMEO no se anuncian ni la banca, ni partidos políticos, grandes empresas… Sólo pequeños anunciantes: bares y comercios, principalmente. Algunos llevan 31 años anunciándose. Por otra parte, el TMEO tiene un público fiel. No muy numeroso, pero fiel. Que pagan cuatro euros cada dos meses por comprar la publicación. Con el dinero recaudado la revista puede pagar la imprenta y los gastos de distribución. Pero no a los dibujantes que son los “dueños” de la revista. Ese es el precio de la libertad.


PROCESIONES ATEAS

En todas las culturas nos encontramos con las procesiones como manifestaciones simbólicas públicas conectadas con algún rito. Las procesiones paganas eran muy populares y concurridas en la antigüedad. En Atenas, se celebraban hasta cinco anuales. Pero, sin duda,  una de las procesiones más famosas de la historia era el “triunfo romano”. En ella se fundían cierta simbología religiosa, buenas dosis de propaganda política e intensos ritos con los cuales el pueblo entraba en catarsis. Cuando un magistrado romano obtenía una gran victoria militar, se celebraba dicha procesión. Pero también los romanos organizaban alocadas procesiones en las que los participantes se disfrazaban con máscaras para encarnar a los genios de la Tierra o la fecundidad. Algunas de éstas fueron prohibidas por el Senado Romano, como sucedió con las Bacanales, pero la ciudadanía romana siguió celebrándolas casi hasta el fin del Imperio Romano.
Como siempre ante lo pagano, la Iglesia Católica actuó con astucia y en vez de eliminar las procesiones lo que hizo fue apropiárselas, reconvirtiéndolas en un instrumento de difusión de su doctrina. La idea era convertir las calles de las ciudades en iglesias. En la Semana Santa, además, se da un propósito penitencial: los penitentes procesionan para purgar públicamente sus pecados. En la procesión del Cristo Negro de Portobelo (Panamá), por ejemplo, los penitentes se arrastran de rodillas -que acaban ensangrentadas- mientras sus seres queridos vierten ardiente cera de velas sobre ellos. Y aquí abro un pequeño paréntesis: algo así deberíamos importar por estos lares para dar la oportunidad a los 1.378 políticos imputados por corrupción en nuestro país de limpiar sus pecados. Como el partido que nos gobierna es muy del gusto de las procesiones católicas, quizá esta idea no caiga en saco roto. Un partido que ha prohibido año tras año a asociaciones de ateos que celebren en Madrid procesión atea alguna. La delegación del Gobierno de Madrid siempre alega lo mismo: “este acto, en esas fechas y lugares, supone "una real y no potencial vulneración del orden público, con peligro real para la integridad física de las personas o de bienes públicos o privados". Queda claro que entienden que los ateos no son de fiar y que la van a liar. En cambio a los católicos se les presupone civismo y tolerancia.
En Gasteiz se organizaron varias procesiones ateas en clave de humor. En ninguna ciudad española se había visto algo similar. La primera tuvo lugar en 1984: tras una asamblea de Hala Bedi, medio centenar de asistentes hicieron cruces de madera invertidas y carteles con el lema “Yo soy ateo y poteo”. Un año después la polémica llegó con un cartel en el que la virgen aparecía practicando una felación a Cristo Crucificado. En 1987 la procesión fue prohibida por la Delegación del Gobierno. Pero estas manifestaciones ateas se sucedieron hasta finales de los 80. En alguna ocasión se llegó a sacar en procesión a San Mangarrán.

TETRAPACK


Ayer se inauguraba en la sala Amárica la novena edición de Tetrapack. Tetrapack no es solo una exposición fotográfica. Tetrapack es el resultado del certamen de fotografía y video digital Gazte Klik Klak puesto en marcha el precedente año. Con Tetrapack se busca impulsar la creación artística joven relacionada con la imagen desplegándola en espacios expositivos relevantes de nuestra ciudad.
En Amárica podemos contemplar estos días las sugerentes propuestas de los autores y autoras que han sido seleccionados para esta nueva edición: Mikel Arranz, Irene Santiago , Mikel Romero, Adriana Fariñas & Ibai Cobo. Esperemos que estos nuevos valores cuenten con más futuros respaldos para poder desarrollar su trabajo. Pues no es fácil dedicarse al arte en estos duros tiempos que corren para el arte y la cultura. Crear es como escalar: se necesitan buenos anclajes en la roca para llegar a la cima. Y alguien los tiene que colocar ahí. Tetrapack quiere ser ese primer anclaje.
No es la primera vez que esta iniciativa orquestada por el Servicio de Juventud de nuestro ayuntamiento se tiende en un espacio que no es municipal, sino provincial. Pues su primera edición se desplegó en la actualmente desaparecida sala expositiva de la Casa Cultura. Recordemos que, por entonces, la extinta asamblea de artistas Amarika se encargaba de la gestión de las tres salas expositivas provinciales: sala Amarika, Archivo Provincial y Casa de la Cultura. Podríamos afirmar, por lo tanto, que ayer Tetapack regresaba de algún modo a su hogar, eso sí, sin la asamblea de artistas que la bautizó. Aunque algunos miembros de este evaporado colectivo, ahora aglutinados en el espacio alternativo Zas Kultur, han estado dando forma a Tetrapack estos últimos años. Porque esta iniciativa no es un certamen al uso. No hay premios económicos. Se convoca un certamen cuyo “premio” consiste en, primero, una exposición colectiva de nuevos talentos (Gazte Klik Klak) y, finalmente, la selección de cuatro de ellos para que produzcan una muestra más ambiciosa en una sala que reúna las condiciones óptimas para mostrar su trabajo. Durante ese proceso, los artistas cuentan con la tutoría de creadores más veteranos. Para esta edición se han encargado de este tarea la artista Nerea Lekuona y el fotógrafo Jon Goroste, Fotógrafo, además, que fue uno de los ganadores en una de las anteriores ediciones de este dispositivo.
Ya hemos dicho en ocasiones que últimamente el apoyo al arte joven nuestro territorio es una labor que se está realizando casi exclusivamente desde el servicio de Juventud de nuestro Ayuntamiento. Cuando, es evidente, debería ser también responsabilidad de los departamentos de Cultura con competencias en nuestro territorio. En ese sentido es de agradecer que Tetrapack se desarrolle ahora en una sala gestionada por el Departamento de Euskera, Cultura y Deportes de nuestra Diputación.
Apoyar la cultura de base no es asunto baladí. Abonarla entre todos, es cardinal para una sociedad avanzada.

POSVERDAD

La palabra del año: posverdad. El neologismo nace a raíz de una editorial publicada en The Economist que hablaba, por entonces, del futuro presidente americano en estos términos: "Donald Trump es el máximo exponente de la política 'posverdad', (...) una confianza en afirmaciones que se 'sienten verdad' pero no se apoyan en la realidad”. La posverdad, resumiendo, es una mentira aceptada como verdad. Y si Trump obtuvo la presidencia tirando de ese recurso, ¿por qué no recurrirían ahí él todos y cada uno de los estamentos políticos del mundo? ¿Quizá por escrúpulos? Pues, obviamente, no es legítimo engañar a la ciudadanía para conseguir parcelas de poder o para perpetuarse en ellas..
Estos días hemos podido leer en la prensa local como la diputada de cultura defendía a bombo y platillo sus presuntas actuaciones realizadas bajo el paraguas del Plan Estratégico de Cultura. Un nuevo instrumento que empezó a tomar forma al comienzo de la actual legislatura y que, a un año de que ésta finalice, ha sido -y es- puro humo. Un plan pensado para reactivar, resetear, una maltrecha cultura local que, a fecha de hoy, sigue en el mismo estado en el que se hallaba antes de la puesta en marcha de dicho plan. Pues después de tres años de “vender” Plan Estratégico, ¿cuáles han sido los resultados? Se nos decía que íbamos a asistir a “un antes y un después” de nuestra Cultura después de implementarse dicho Plan. Pero los resultados, los hechos, son desesperanzadores. Hemos visto actuaciones, algunas, que antes se realizaban fuera del Plan ahora integradas en él. Desvestir a un santo para vestir a otro. De las 24 acciones proyectadas para el pasado año, ninguna se ha ejecutado, como ya recordamos hace unas semanas desde este mismo espacio.
La diputada y su “posverdad” ocupando  las páginas de los diarios: que están en ello, que piensan mucho en la cultura local… Incluso presentaba ante la opinión pública el diseño de un nuevo logotipo para el Plan. Nuevo envoltorio para empaquetar… la nada. Como una caja de regalo sin regalo. La Diputada comentaba que el próximo equipo de gobierno ya se encargará de asumir el relevo para desarrollar aún más la tan importante herramienta creada. Que lo substancial no es la batería de actuaciones, sino la propia herramienta en sí. Queda claro que la diputada escurre el bulto para pasarle la patata caliente al próximo equipo de gobierno.
La política cultural de nuestra diputación está quedando día a día más clara. Quieren que los artistas tiren los pinceles y se pongan a hacer algo de provecho. Es decir, algo que dé dinero: programar videojuegos, por ejemplo. Y así nuestro territorio acogerá este verano el primer campus mundial de ciertos videojuegos. Seis equipos internacionales, integrados por un máximo de tres personas, desarrollarán en el Museo Artium proyectos top durante un periodo de tres meses. Todo ello costeado por el Departamento vasco de Cultura, La Diputación foral de Álava y del Ayuntamiento de Vitoria. Y fuera del Plan.

POSCENSURA

Sin luz, nuestro sentido visual deja de tener, valga la redundancia, sentido: la luz visible produce nuestra visión. Por lo tanto las artes visuales necesitan de la luz también para existir: nadie puede crear una obra escultórica, pictórica… sin luz. La luz, por ejemplo, es la razón de ser de la fotografía. Pues la fotografía no es más que la huella de la luz reflejada por los objetos. Pero la importancia de la luz no sólo se limita a su aportación como fundamental ingrediente del proceso artístico: el espectador necesita de la luz para poder contemplar una obra. Por consiguiente las obras deben ser iluminadas. Y la elección de cómo éstas lo son puede condicionar su modo de contemplación. Para bien o para mal. En principio, se debe iluminar una obra para que ésta se aprecie tal como el artista la proyectó. De no ser así, estamos cambiando su lectura. Estamos alterando la obra.
Estos últimos años estamos viendo cómo edificios, e incluso espacios, históricos son iluminados de una manera efectista buscando así atraer la mirada saturada del turista. Le gritamos así “mira esto”. En nuestra ciudad, por ejemplo, tenemos el ejemplo de dos singulares Monumentos Históricos-Artísticos violentados por luz multicolor. Por una parte “El paseo de los Arquillos”, obra del arquitecto vitoriano Justo Antonio de Olaguibel, que se constituye como singular paseo de soportales y balcones representando un conjunto neoclásico destacado. O más recientemente iluminada de verde gama, “la Casa del Cordón”. El mejor ejemplo de edificio Gótico Civil de nuestra ciudad. Casa construida por el adinerado mercader y judío converso Pedro Sánchez de Bilbao sobre los restos de la Torre de los Gaona. Dicen que construyó la puerta de entrada sumamente baja para que los nobles tuvieran que inclinarse ante él al entrar en su casa. Si vivieran ahora, se golpearían con ella en sus cabezas hipnotizados por la luz discotequera que baña el edificio.
En serio: cuando se trata de iluminar un edificio histórico, la solución más atinada no se haya en manos deun diseñador de iluminación: se necesita de un equipo multidisciplinar conformado por conservadores, arquitectos, ingenieros, historiadores y técnicos de espacios históricos, entre otros expertos. También se debería reconocer la autoría de los diseñadores de iluminación cuando se trata del patrimonio histórico. Un proyecto de iluminación necesita también un nombre y apellido. Necesitamos responsables visuales con los que se pueda dialogar cuando el resultado de su trabajo desvirtúa una obra arquitectónica singular. Hay que recordar que el patrimonio histórico no es propiedad del gobierno de turno sino de la ciudanía en pleno del territorio en la que este se haya. Por otra parte, hay que tener muy presente que los proyectos de iluminación no pueden respondan a las presiones de la industria del turismo cultural. Los proyectos de iluminación del patrimonio histórico se deberían considerar dentro del ámbito de la conservación de arte.

SOBRA LUZ

Sin luz, nuestro sentido visual deja de tener, valga la redundancia, sentido: la luz visible produce nuestra visión. Por lo tanto las artes visuales necesitan de la luz también para existir: nadie puede crear una obra escultórica, pictórica… sin luz. La luz, por ejemplo, es la razón de ser de la fotografía. Pues la fotografía no es más que la huella de la luz reflejada por los objetos. Pero la importancia de la luz no sólo se limita a su aportación como fundamental ingrediente del proceso artístico: el espectador necesita de la luz para poder contemplar una obra. Por consiguiente las obras deben ser iluminadas. Y la elección de cómo éstas lo son puede condicionar su modo de contemplación. Para bien o para mal. En principio, se debe iluminar una obra para que ésta se aprecie tal como el artista la proyectó. De no ser así, estamos cambiando su lectura. Estamos alterando la obra.
Estos últimos años estamos viendo cómo edificios, e incluso espacios, históricos son iluminados de una manera efectista buscando así atraer la mirada saturada del turista. Le gritamos así “mira esto”. En nuestra ciudad, por ejemplo, tenemos el ejemplo de dos singulares Monumentos Históricos-Artísticos violentados por luz multicolor. Por una parte “El paseo de los Arquillos”, obra del arquitecto vitoriano Justo Antonio de Olaguibel, que se constituye como singular paseo de soportales y balcones representando un conjunto neoclásico destacado. O más recientemente iluminada de verde gama, “la Casa del Cordón”. El mejor ejemplo de edificio Gótico Civil de nuestra ciudad. Casa construida por el adinerado mercader y judío converso Pedro Sánchez de Bilbao sobre los restos de la Torre de los Gaona. Dicen que construyó la puerta de entrada sumamente baja para que los nobles tuvieran que inclinarse ante él al entrar en su casa. Si vivieran ahora, se golpearían con ella en sus cabezas hipnotizados por la luz discotequera que baña el edificio.
En serio: cuando se trata de iluminar un edificio histórico, la solución más atinada no se haya en manos de un diseñador de iluminación: se necesita de un equipo multidisciplinar conformado por conservadores, arquitectos, ingenieros, historiadores y técnicos de espacios históricos, entre otros expertos. También se debería reconocer la autoría de los diseñadores de iluminación cuando se trata del patrimonio histórico. Un proyecto de iluminación necesita también un nombre y apellido. Necesitamos responsables visuales con los que se pueda dialogar cuando el resultado de su trabajo desvirtúa una obra arquitectónica singular. Hay que recordar que el patrimonio histórico no es propiedad del gobierno de turno sino de la ciudanía en pleno del territorio en la que este se haya. Por otra parte, hay que tener muy presente que los proyectos de iluminación no pueden respondan a las presiones de la industria del turismo cultural. Los proyectos de iluminación del patrimonio histórico se deberían considerar dentro del ámbito de la conservación de arte.

11.5.18

QUINCOCES

El Antiguo Depósito de Aguas  fue levantado en 1885 sobre la cima de la colina de Gasteiz con la finalidad de proveerla de agua. Dos años atrás nuestra villa había conseguido la concesión de un manantial conocido como la Cueva del Agua situado en las faldas del Gorbea. Desde ahí se construyó una red que irrumpía en Vitoria por Portal de Arriaga, desfilaba por la Catedral Vieja y moría en la plaza de Montehermoso, donde se conectaba con la red existente en aquel entonces. Un año después, para almacenar las aguas, se puso en funcionamiento el Depósito. En aquellos tiempos podía acopiar líquido elemento como para abastecer durante una docena de días a los 20.000 habitantes de la villa. En 1986 el Depósito quedó obsoleto y dejó de funcionar. Ya en 1994 el arquitecto Roberto Ercilla adoptó inteligentemente su interior para que funcionara como singular sala de exposiciones comunicada subterráneamente con el palacio de Montehermoso.
El Depósito consta de siete bóvedas sostenidas por seis hileras de arcos de medio punto perpendiculares a dichas bóvedas y apoyados sobre columnas de piedra. Es sorprendente que el espacio interior construido es atrayente, misterioso, con reminiscencias de templo gótico, a pesar de que lo único que se necesitaba era construir un mero lugar de almacenamiento de agua. Es un tesoro arquitectónico oculto pues desde el exterior del edificio nada permite imaginar lo que éste encierra. Y así, desde 1998 el Depósito de Aguas está reconocido como Conjunto Monumental de Euskadi.
El Depósito de Aguas sorprende a todo visitante que se acerque por primera vez a contemplar las exposiciones desplegadas en su interior. Quizá no se fije en lo expuesto, pero se quedará impresionado por el espacio. Pues las exposiciones “de circuito”, de carácter ortodoxo, que ahí se muestran desperdician el lugar: si de lo que se trata es de mostrar obras ya realizadas, cualquier espacio neutro cumple mejor con esa función. Como es el caso de las salas blancas disponibles en Montehermoso o Artium. El Depósito de Aguas tiene sentido como espacio expositivo si las exposiciones se producen específicamente para lugar. Pero para ese menester hace falta disponer de un presupuesto digno, premisa que desde hace años no se da.
Aún y todo, hay artistas que aceptan el reto de producir una exposición para esta basílica pagana auto explotándose y tirando de su talento. Estos días, por ejemplo, podemos visitar la muestra Transmutación 11-Abisal Spaces de Anabel Quincoces. Una instalación construida específicamente para el Depósito de Aguas compuesta, fundamentalmente, por creaciones volumétricas realizas en vidrio que proyectan desde su interior abstracciones multicolores en las paredes del recinto. También podemos contemplar una proyección video gráfica sobre una de las escaleras del lugar que simula el agua descendiendo por ellas. Quincoces vuelve a inundar el depósito. Muestra sensorial de añoranzas subacuáticas. Una golosina para los sentidos.

MAL PLAN


La cultura en nuestro territorio vive desde el inicio de la crisis económica, como hemos reiterado hasta la saciedad, tan malos momentos que nuestra Diputación, en el año 2015, se propuso la tarea de elaborar el primer Plan Estratégico de Cultura de Álava. Objetivo que presentó ante la ciudadanía como su tarea prioritaria. En junio de 2017 se aprobó por todos los grupos políticos el documento redactado.
Estamos ahora en 2018 y poco -o nada- se ha ejecutado del Plan a pesar del reconocimiento  por parte de la Diputación de la paupérrima situación de nuestro ecosistema cultural. De las 24 acciones proyectadas para el pasado año, ninguna se ha consumado. En el Plan se habla, por ejemplo, de la creación de una mesa de coordinación de dicho Plan que tendría varias funciones: su seguimiento, promover la  colaboración activa del sector –quizá “codecisión” como reclamaba Mahaia que, como sabemos, es un colectivo que aglutina a 300 agentes culturales- y también la función de llegar a acuerdos en materia cultural. Esta herramienta debería haberse puesto en marcha desde el minuto uno de la aprobación del Plan Estratégico. Pero han pasado siete meses y nadie conoce su existencia. Nadie. El sector cultural de nuestra provincia ya se ha percatado de ello y así en una revista de arte que podemos encontrar desde hace semanas en diversos espacios de nuestra ciudad podemos leer: “Mahaia expresó su  convicción de que la Mesa de Seguimiento del Plan debería ponerse en funcionamiento desde el inicio de la aplicación del mismo.”
Parece ser que tampoco 2018 va a ser el año del despegue cultural de Álava: nuestra Diputación siguen considerando la cultura como un adorno y no como un ámbito que aporta al PIB de este país más que la agricultura, la pesca o el sector energético. Y a pesar también de que en el documento del propio Plan se asume que la cultura es un pilar fundamental para el desarrollo de cualquier comunidad avanzada. Y, sobre todo, también a pesar de que en el documento del Plan se afirma que la Cultura en Álava ha cronificado su crisis. Textualmente leemos en dicho documento: “en Álava nuestros servicios públicos se han visto mermados en su capacidad de actuación y gran parte de las iniciativas privadas, mercantiles o no, han estado abocadas a la precariedad cuando no a la desaparición o insignificancia”. Pero paradójicamente, los presupuestos sólo reflejan una inversión de 158.000 € para la implementación del Plan. Cifras completamente insuficientes para llevar a cabo 34 acciones de un Plan que, queda claro pues los hechos hablan, nuestra Diputación no tiene demasiado interés en llevarlo a cabo. Ese plan es papel mojado.
Mientras tanto el desaliento cunde en Mahaia, que ha visto como a pesar de sus esfuerzos por constituirse en interlocutor antes las instituciones, éstas en vez de aprovechar la oportunidad de tener un valioso cómplice para sacar a nuestra cultura del pozo en el que se encuentra, le han cerrado la puerta.


LABERINTO


Anualmente la fundación Contemporánea elabora un informe con los hitos culturales del año anterior. No deja de ser algo similar a “los cuarenta principales” trasladados al terreno de las artes. Un ranking de las ciudades y comunidades ordenado según el monto e impacto de ofertas en esta materia. A través de un cuestionario que se envía a casi un millar de especialistas y expertos, se quiere evaluar el latido cultural de los diversos territorios  del  Estado. Y así, según este estudio, el Museo Artium encabeza, junto con el Guggenheim, el latido más fuerte en Euskadi el pasado 2017. Más allá de creerse a raja tabla este informe -que toma en consideración también la evolución de los presupuestos anuales de las instituciones culturales y la huella de la cultura en los medios de comunicación-, sí que es de rigor reconocer que el trabajo de Artium no cae en saco roto más allá de los altos muros de nuestra ciudad. A pesar de los importantes recortes que ha sufrido desde su apertura, contra viento y marea muchas de las propuestas del buque insignia de la cultura alavesa sorprenden por su riesgo y rigor, sin dejarse arrastrar por los fuertes vientos de frivolidad que como un cáncer están minando los ecosistemas culturales de gran parte del mundo.
Y así, estos días, podemos visitar la neurálgica propuesta del artista vitoriano Francisco Ruiz de Infante y de la coreógrafa asturiana Olga Mesa titulada "Carmen // Shakespeare. Presagios del deseo”. Los dos creadores empezaron a trabajar codo a codo en 2006 en Estrasburgo, en el contexto de un taller creativo. De aquel encuentro nació este montaje intencionadamente laberíntico –como las neblinas y desórdenes del estremecimiento amoroso– conformado por las diversas instalaciones y videoinstalaciones que inundan más de 1.500 metros cuadrados de Artium. Un trabajo que se nos  presenta como una especie de obra de arte total, incitando al espectador a sumergirse en un estado de desasosiego permanente mientras deambula por la inmensa instalación. Un diálogo y una confrontación entre dos artistas –un hombre y una mujer- que surgen a partir de los dos personajes –también hombre y mujer- reflejados en su título: Carmen y Shakespeare. La muestra nos presenta, en resumen, la pasión contenida en la ópera Carmen de Bizet entrelazándose con los sonetos de amor de Shakespeare.
La inquietante exposición no deja de ser un viaje iniciático pues los diversos espacios, imágenes, textos, proyecciones, instrumentos, sonidos, objetos… nos obligan a deslizarnos por las  tripas de un “laberinto de cacharrerías” preguntándonos que está sucediendo ahí.
Si el amor tiene mucho de locura, la experiencia que vamos a vivir en Artium adentrándonos en esta mestiza muestra parece el fruto de la locura también. Locura que, como el amor, no debe asustarnos, pues que no deja de ser una ruptura de nuestros límites, un exilio de nuestra normalidad cotidiana.

ARTE POLÍTICO

Existe, créanlo, un tipo de arte preocupado por las problemáticas sociales, culturales, económicas… que nos sitian por doquier aunque no queramos verlas. Un arte interesado por promover la toma de conciencia sobre situaciones de injusticia, desigualdad, autoritarismo, manipulación, censura… que sufre nuestra sociedad. Muchos artistas actualmente intentan incitarnos a reflexionar sobre todas estas arduas cuestiones. Con sus obras nos apuntan con el dedo hacia aquellas. Aunque hay que partir de una palmaria realidad: a la ciudadanía en general el arte actual se la trae al pairo. Con lo que buena parte de este arte “político” es rehén del reducido mundo del arte: museos, galerías, ferias, revistas especializadas… Así que cualquier propuesta lanzada por un artista comprometido, por muy radical que ésta sea, apenas tiene repercusión más allá de los muros del propio sistema del arte. A no ser que ese proyecto catalogado como “arte político” sea censurado, denunciado…  produciéndose un escándalo que sea recogido y amplificado por los grandes medios de comunicación siempre ávidos de captar audiencias. Por otra parte, el arte político no suele ser amable, con lo que, exceptuando el pergeñado por ciertos artistas consolidados, la posibilidad de poder vivir realizándolo se vuelve espinosa tarea: si es difícil vivir del mercadeo de un arte decorativo, podemos imaginarnos lo que supone intentar sobrevivir realizando obras que nos recuerdan continuamente lo “feo” que es nuestro mundo. Pero habitualmente los artistas políticos viven de otras cosas.
Ayer se inauguraba en Zas una muestra –un escaparate- del histórico colectivo “Democracia”. Colectivo abierto capitoneado por los madrileños Iván López y Pablo España. “Para nosotros democracia es una palabra que ha dejado de tener un significante profundo; en realidad, es un significante vacío que se puede llenar con cualquier cosa, cualquier cosa se puede justificar en el nombre de la democracia hoy en día. Nos tendríamos que preguntar hasta qué punto lo que se nos vende como democracia es una democracia real. En ese sentido vimos que podíamos usar ‘democracia’ casi como un slogan por la pérdida de sentido de la palabra”, declara Pablo España. Y prosigue: “el trabajo de Democracia se centra siempre en cuestiones de carácter político-social, buscando plantear unas determinadas cuestiones de manera crítica, hacer algunas preguntas”.
Este colectivo gusta de realizar obras, intervenciones en espacios públicos, a pie de calle, procurando así llegar al gran público. También se toma en serio el mundo editorial, dirigiendo la revista Nolens Volens - editada por el Área de Arte y Diseño de la Facultad de Artes y Comunicación de la Universidad Europea de Madrid-. Así mismo realizan trabajos video gráficos, son muy activos en “la nube” con el blog de arte y política “Contraindicaciones”. Tocan muchos palos para llegar a muchos sitios. Y lo consiguen.


ARRÁZOLA

El nuevo año ya ha arrancado y con él los espacios culturales se sacuden el polvo de las actividades del pasado año para presentarnos, este mes de enero, la punta de un nuevo iceberg que otearemos al completo a lo largo de 2018. Un iceberg que, dicho sea de paso, navega en las frías aguas culturales de nuestra Siberia-Gasteiz. Desde la gestoría pública, pocos cambios: la cultura les importa un carajo. Como ya hemos escrito hasta la saciedad, pocos votos les reporta. Es más: quizá resten votos si se midieran ante una ciudadanía culta. Así que lo atrayente se mueve en el terreno de lo privado, en la docena larga de espacios cernacos independientes. Obviamente en un contexto cultural en el que prima la precariedad y la explotación, los creadores han decidido -desde el inicio de la crisis económica- auto explotarse: si hay que trabajar para otros bajo condiciones laborales paupérrimas mejor hacerlo para uno mismo: no se deja de ser pobre pero se te queda menos cara de tonto. Y la crisis económica vocea nuestra gobernanza que ya pasó, pero en cultura los presupuestos siguen siendo “críticos”. Aunque ahora todo lo que tiene que ver con el ocio, espectáculo, escapismo y frivolité se empaqueta bajoel sello “cultura”.
Ayer se inauguraba -en el local de la calle Correría Zas Espazioa- una muestra de la artista gasteiztarra Txaro Arrázola. Una creadora que, fundamentalmente, se desenvuelve desde sus inicios profesionales en el medio pictórico. La creadora nos presenta “Aguamaniles”, una serie de trabajos que nos invita a reflexionar sobre el papel de la mujer en la sociedad actual. Pues Arrázola trabaja – o milita- en el arte desde una óptica feminista siendo además, valga la redundancia, militante, de “Plataforma A”, un colectivo cuyo objetivo es visibilizar y normalizar el trabajo de las artistas en el sistema del arte. Si nos acercamos a Zas, podemos contemplar obras de gran formato en las que, por ejemplo, aparecen torsos de mujeres bordados con hilo sobre los tradicionales lienzos utilizados habitualmente en el ámbito pictórico. Tela y costura para reivindicar el trabajo ancestral de las mujeres. Trabajo que siempre ha estado desprovisto de reconocimiento social y ha sido históricamente “adscrito al ámbito de lo femenino, lo privado y lo lento”, como declara la autora. Técnicas manuales que no han sido nunca avaladas por el “sello arte” y que por esa razón chocan claramente con los legitimados trabajos que surgen del medio pictórico.
No se ha logrado aún que la historia del arte oficial, a pesar de las aportaciones de las historiadoras de sensibilidad feminista, modifique sus páginas incorporando el trabajo de creadoras relevantes. Como escribía Rimbaud: "cuando se rompa con la infinita servidumbre de la mujer, cuando viva por sí misma y para sí misma... ¡ella también será poeta! ¿Serán sus ideas diferentes de las nuestras? Encontrará cosas extrañas, insondables, repulsivas, deliciosas; las cogeremos, las entenderemos..."

10.5.18

FALSO ARTE

Los defensores de la Tauromaquia argumentan que es un arte. Incluso algunos toreros rizando el rizo proclaman que es “el arte de las artes”. Los críticos a esta tesis objetan que el arte es representación y no realidad. Es ficción. A todos nos puede gustar, por ejemplo, ver una película bélica, porque sabemos que nadie en verdad muere en ella. Pero sería éticamente errado ir a un campo de batalla para disfrutar con la contemplación de una carnicería humana. Si en el “arte del toreo” el toro no sufriese, si no muriera, si el toro fuera un actor representando un papel, sólo entonces podríamos decir que la Tauromaquia es un arte. La Tauromaquia es un rito disfrazado de arte, una actividad pública en la que un animal acaba siendo sacrificado a través de una ceremonia. Pero más allá de la muerte de un mamífero –todos los días mueren millones para alimentarnos- lo inmoral es el hecho de que los espectadores disfruten con un espectáculo en el que se mata a un ser vivo.
Los amigos de la Tauromaquia argumentan que éste forma parte del Patrimonio Cultural de nuestro país. Y así es desde 2013. Dicho año, PP y UPN (Unión del Pueblo Navarro) sumaron mayoría en el senado para conseguir que así fuera. Con los votos en contra de los grupos de izquierdas, nacionalistas vascos y catalanes. Una vez más, el Partido Socialista volvió a abstenerse sobre este tema. El deseo del partido popular sigue siendo, a día de hoy, lograr que la UNESCO declare a la Tauromaquia Patrimonio de la Humanidad. Los anti taurinos arguyen que esto nunca va a suceder, pues este “arte” no goza de la aceptación ni genera orgullo en la mayoría de los ciudadanos de los territorios en los que se lleva a cabo. Hecho claramente manifestado a través de su prohibición en Cataluña y las Islas Canarias. También los resultados de las numerosas encuestas que se han realizado en España muestran el rechazo o desinterés del 67,2% de sus habitantes hacia la Tauromaquia.
Los fans de este falso arte argumentan que la “fiesta de los toros” genera dividendos. Que genera riqueza. Que da de comer a muchas familias. Obviamente también el tráfico de drogas o la prostitución –por poner varios ejemplos- crean riqueza, pero a nadie se le ocurre usar esta evidencia en defensa de estas actividades.
Dicen que la Tauromaquia es una tradición. Una tradición milenaria. Pero las tradiciones pasadas no pueden encadenar al presente. Si una tradición no representa ya el sentir de una sociedad, o se actualiza o debe desaparecer. Los avances sociales, culturales, se basan en romper con tradiciones obsoletas.
Se ha confirmado estos día que Gasteiz tampoco tendrá toros en La Blanca 2018. Pero no por decisión propia, sino porque nuestra ciudad no ha recibido ninguna propuesta para la feria taurina de este año. No ha llegado ninguna oferta  las oficinas municipales. Nuestro Ayuntamiento debería posicionarse claramente respecto a la Tauromaquia. Y que nuestra ciudad se declare anti taurina.

REYES

Mañana es día de Reyes. Así que muchos infantes se agitarán esta noche en sus camas esperando a que el milagro anual tenga lugar: dentro de sus zapatos encontrarán los consabidos regalos. O, si no se han portado bien durante el año recientemente acabado, quizá carbón. Aunque, ¿quién juzga la conducta de un niño en este caso? ¿Quizá sus padres? Por lo que sabemos, no hay comunicación entre padres y Reyes Magos. Son los niños los que escriben su carta a Melchor, Gaspar y Baltasar pidiendo tal o cual obsequio. Pero claro, dentro de este milagro anual la capacidad que tienen los Reyes para evaluar el proceder de los chavales parece estar incluida. Y los niños no tienen un abogado defensor  que abogue por ellos si aquellos les traen carbón. Por otra parte, nos consta, los Reyes no siempre regalan lo que los chavales anotan en sus cartas. Hay un límite. Aunque tampoco sabemos cuál es ese límite ni en qué consiste ni si ese límite es igual para todos los niños. ¿Y si un chiquillo pide a los Reyes Magos que se acaben las guerras en el mundo? ¿O la pobreza? Obviamente este tipo de presentes de naturaleza transformadora de la realidad parece que no son posibles. Los Reyes Magos, por lo que sabemos, sólo pueden regalar “cosas”. Sólo pueden traer a los chavales objetos materiales.
No quiero con todo esto que apunto acabar con la ilusión de los más “peques”. Pero la reflexión y el espíritu crítico son valores intrínsecos a la cultura y al arte. Y esta sección, es un espacio de crítica y opinión cultural. Por lo tanto, animamos desde aquí a la chavalería a que sean críticos hasta con los Reyes Magos. O igual ya lo son. Ya que el único canal de comunicación que existe entre estos tres personajes de oriente y la chavalería es el medio postal, tal vez en los cientos de miles de misivas enviadas se plantee a los Reyes cuestiones de carácter transformador que desconocemos.  Seguro que todos los años hay toneladas de cartas escritas a Melchor, Gaspar y Baltasar originales, creativas, fantásticas… cuyos deseos expresados en ellas se quedan incumplidos.
El cartero Real me ha pasado unos fragmentos de algunas de ellas para que las utilice en esta columna para ilustrarla. Eso sí, respetando el anonimato de los escribientes. Pongo el ejemplo de un niño que, parece ser, usa internet a diario y este medio le ha embrutecido más que educado. Les escribe: "Queridos Relles Magos: Más os vale traerme lo que quiero u os pego una paliza y subo el vídeo a YouTube. Con cariño, David de diez años". Otra niña, Indara, de siete años, parece en cambio valorar mucho la cultura, pues finaliza su carta escribiendo  “y a mí no traedme nada, aunque también me gustaría ir a un colegio y aprender, yo lo que quiero y deseo es ver a mi gente riendo".
Y finalizamos esta columna animando a los niños del mundo a que se manifiesten públicamente para intentar convencer a los Reyes Magos de que incluyan mejoras en su funcionamiento. Quizá así el mundo cambie año tras año a golpe de milagro.

PACTO

Último “Airotiv” del año. Debería de ser un “Airotiv” cargado de espíritu navideño. Es decir: positivista, plagado de fe y esperanza. Pero va a ser que no. Es más bien pesimista. O como se suele decir últimamente para dejar a la altura del barro a toda opinión lanzada por un “optimista informado”, se trata de un “Airotiv” distópico.  Similar al futuro que nos descubre  el “espíritu de la navidades futuras” de Dickens. Pero al contrario que en “Cuento de navidad”, la avaricia no se enmienda. No ha redención final. Vence el egoísmo.
Leemos por doquier que este 2018 es el año en el que dejamos atrás esa profunda crisis en la que nos sumergimos hace ya una década, pero la realidad es que la ventana del panorama que se abre ante nosotros nos ofrece un paisaje desolador. Desolador para una gran mayoría de la ciudadanía. En especial, para las nuevas generaciones. Los datos, ahí están. Para cualquiera que quiera buscarlos en internet. Aunque en internet,  la mayoría busca evasión y no dosis jarros de agua fría de realidad. Pero, en resumen, “el fantasma de las navidades futuras” –de un futuro inmediato- nos muestra a los jóvenes abocados a aceptar trabajos que no les permiten vivir ya con dignidad. Y a ser educados y a recibir una cultura evasiva, programada para que se escapen de esa dura realidad. El Estado, por lo tanto, les procura un trabajo mal pagado y múltiples distracciones para que se olviden de su paupérrima situación. En cualquier tienda ya tienes una pantalla gigante de plasma a bajo coste y un montón de telebasura gratuita. También puedes apuntarte a un gimnasio para muscularte por el precio de tres gin-tonics. Y comprar para enfundar el “musculamen” ropa de saldo producida en países en los que no se respetan los derechos humanos. ¿Quién puede extrañarse que con ese caldo “cultural” no surjan monstruos juveniles como los de “la manada”? Mientras tanto, las grandes fortunas crecen. Y los partidos políticos al mando, trabajando para ellas. Curiosamente con el apoyo de la mayoría de la ciudadanía. Una ciudadanía que paulatinamente es alejada de la cultura y de la educación por los partidos al mando. La ecuación funciona. Se retroalimenta.
Antaño decían que la revolución o será cultural o no será. Así que parece ser que no será. La cultura sigue el contorno de la economía. Y ésta lo tiene claro: se apoya a “los de arriba” a costa de “los de abajo”. En el País Vasco, PNV y PSE han buscado como socio presupuestario a PP. La razón fundamental del pacto ha sido apoyar una reforma fiscal que rebaja los impuestos de las grandes empresas. Menos recaudación, por lo tanto, para invertir en cultura, medio ambiente, sanidad, educación, bienestar social… “Poderoso caballero es don dinero”, esa es la cultura que tenemos. Desde luego, no es la que necesitamos. Ojalá surja una nueva “tribu urbana” que apueste por la cultura. Porque el conocimiento, ahí está. Sigue estando al alcance de todos si no nos dejamos “distraer” a tiempo completo.



LIBREPENSADORES

Decíamos en su día que la ácrata revista de cómic de humor, TMEO, cumplía -este 2017 que se va ahora- treinta tacos. Con sede en Gasteiz, esta “rara avis” de las publicaciones impresas, ha festejado su larga onomástica durante este año de manera. En julio pasado, se juntaron un tropel de sus colaboradores procedentes de las más diversas ciudades del País Vasco y del Estado. Y lo hicieron para zamparse un cordero regado por unos buenos vinos. Ocasión que aprovecharon para, horas antes de la comilona, compartir diversas anécdotas con el público asistente a la jugosa charla que ofrecieron en la librería Zuloa. A la tarde, para hacer la digestión dibujando como todo buen historietista que se precie como tal, en el espacio cultural Zas, realizaron un cómic en vivo y en directo sobre las paredes de dicho local. Actividad que fue amenizado con música en directo y acompañada también de un taller de “chapas” realizadas con fragmentos de páginas de la publicación. Un par de meses después, en octubre y también en Zas, uno de los dibujantes de TMEO más veterano, Simónides, nos ofreció todo un repertorio de sus ilustraciones, cuadros, catálogos, libros…  Material que desplegó sobre las paredes del espacio. Ya en noviembre, TMEO viajó al Salón de Cómic de Getxo. Una cita ineludible para cualquier fan del noveno arte. Ahí desde su stand vendieron algo de su “mercancía”: 143 números de la revista TMEO y cerca de 50 álbumes publicados. Además de todo esto, obviamente, han editado y distribuido sus números habituales.
Y así, esta publicación pergeñada en colectivo, sin jefes, acaba de sacar a la calle su último número de este año. Como es habitual, una vez más se mofan de todo y de todos. Patentizando que los historietistas que alimentan regularmente los contenidos del TMEO han encontrado en esa publicación la libertad que no han hallado en ningún otro medio. Pues si  TMEO fuera una revista digital, continuamente le lloverían denuncias, quejas, de cualquier colectivo o individuo que se considerara ofendido. Y si fuera una revista comercial, de enorme tirada y grandiosa distribución, le sucedería otro tanto. Ya hemos visto el caso de la revista El Jueves, por ejemplo.
TMEO sobrevive gracias a las personas que lo compran. Personas que son capaces de pagar cuatro euros por adquirir un producto libre, sin autocensuras. Porque todos pertenecemos a una o a varias categorías sociales, culturales, biológicas, políticas contra las que TMEO arremete. En ese sentido el comprador de TMEO también es una persona libre como la propia revista. ¿Cuándo desaparecerá TMEO? Cuando las personas librepensadoras dejen de existir. Puede parecernos imposible que esta funesta circunstancia distópica se dé algún día, pero al paso que vamos, no podemos afirmar lo contrario. Nunca hemos vivido en un mundo tan compartimentado en cuanto a pensamiento se refiere: sólo vemos, oímos y leemos lo que refuerza nuestras ideas. El TMEO es un antídoto contra esa epidemia.


PLANTARSE

Hace unos días una mujer americana puso en marcha una intensa campaña ciudadana para solicitar que se retirara un cuadro expuesto en el Museo Metropolitan de New York. Recogió 9.000 firmas de sus convecinos apoyando su protesta. La obra de arte en cuestión -un cuadro de título “Teresa soñando” que data de 1938 pintado por el afamado pintor Balthus - muestra a una preadolescente reposando en una silla del salón de su casa, con los ojos cerrados, como descansando, con una pierna apoyada sobre dicha silla, dejando entrever sus bragas pues lleva una falda. A sus pies, un gato está comiendo. Una escena normal y corriente. La adolescente no es consciente de que enseña su ropa interior. Pero, claro, en la escena ella está sola. No hay nadie que pueda verla. Aunque fuera del cuadro, está el público que interpreta la escena de múltiples modos. Para la crítica especializada el cuadro es una obra sugestiva, que nos traslada a nuestra época adolescente. Pero la vecina de New York aduce: “El Museo está, tal vez sin intención, respaldando el voyerismo y la cosificación de los niños”. “Consideraré esta petición un éxito si incluyen un pequeño mensaje diciendo que el cuadro puede ser ofensivo”, explicaba en diversas redes sociales la moralista ciudadana. Pero el museo se ha negado a retirar la obra amparándose en la libertad creativa de los artistas. También rechaza añadir ningún mensaje acompañando a “Teresa soñando”. Porque, ¿qué mensaje se  podría adjuntar a la pintura? ¿No tengan pensamientos libidinosos con una menor de edad? Una vez más vemos como un parte de la sociedad confunde la realidad con la ficción intentando, además, esterilizar el pensamiento de sus semejantes. ¿Tan difícil es entender que una obra de arte es completada por la persona que la mira? Parece ser que piensan que el artista, en este caso u en otros, está lanzando un mensaje claro y unívoco hacia los espectadores. Y que ese mensaje es inmoral. Como decía Sócrates: "Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia." Y en este caso, se patentiza la ignorancia de las 9.000 personas que han apoyado con su firma la retirada de un cuadro que ellos consideran ofensivo. No saben leer imágenes. Desconocen que, a todos los niveles, la lectura de imágenes exige que el espectador se involucre ayudando a completar el “texto visual”. Y así todo lector de imágenes es, en cierta medida, coautor del texto visual que lee. Con lo que, podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que las 9.000 personas han sido inducidas a ver libidinosidad en ese cuadro por la mujer que puso en marcha la campaña.
Es preocupante la idiotización de la sociedad. Fomentada por los poderes. Saben que una sociedad estúpida es manipulable.  Por eso promueven el entretenimiento vacuo. Y “la caja tonta” es su principal instrumento para modelar las conciencias de la ciudadanía. Están consiguiendo que la gente no entienda ya lo que es una obra de arte. Preocupante.