airotiv

Airotiv es el título de esta sección. Suena a ruso: Airotiv... Al pronunciarla parece una palabra extraña, pero sencillamente es el resultado de leer Vitoria en sentido inverso. Es decir: Vitoria reflejada en un espejo. Airotiv es el título de una columna de crítica cultural escrita por Iñaki Larrimbe. Se publica semanalmente en el periódico local de su ciudad: Vitoria.

9.5.08

IQUITOS

En marzo estuve en Iquitos. Ciudad peruana decadente, plagada de “Indianas Johns” de pacotilla, aborígenes risueños y neo hippies colgados de la ayahuasca. Iquitos es una ciudad bañada por el Amazonas. Más allá se extiende la selva como gran mar vegetal. Si te dijeran que esa pobre ciudad es la última ciudad del mundo, te lo creerías, pues sólo es posible llegar a ella en barco o en avión. No hay carreteras. La gente se traslada en ruidosos motocarros. Y en el centro de Iquitos han construido hace poco una plaza. Con su fuente de luz, su farolas de diseño y sus bancos minimilistas. A la noche los amazónicos se sientan sobre éstos y contemplan durante horas los juegos de luces, el agua de la fuente... Y hablo de Iquitos porque Vitoria me la recuerda estos días: la nueva plaza de la Virgen Blanca está en boca de todos. Nuestro ayuntamiento ha sido el artífice de este fenómeno. Porque el debate surgió desde la propia institución. Hasta hace cuatro o cinco años nadie se preguntaba si el monumento de la Batalla de Vitoria era bonito o feo. O si la plaza de estilo victoriano era fea o no. Y ahora tememos Plaza nueva con monumento viejo. Y sales a la calle y unos opinan una cosa, otros otra bien distinta... ¿Te gusta cómo ha quedado la Plaza?, preguntas. Y las respuestas son múltiples. Podrían servir a un psicólogo para elaborar un test de personalidad. Provincianos, tradicionalistas, modernillos, pasotas, excépticos… todos nos retratamos con las respuestas.
¿Y a mí que me parece la plaza? Yo siempre he pensado que nuestros responsables políticos quieren quitar ese monumento para convertir la plaza en un páramo pelado donde poder colocar perpetuamente una carpa enorme. Esperen que se lleven el monumento y verán si tengo razón o no. Quieren la plaza pelada para poder realizar sus exposiciones, sus ferias, sus campañas de autobombo. Sin que nadie tenga más remedio que chocarse con ellas. Porque no hay otra forma de hacer uso de esa plaza. Ha quedado tan desnuda que si llueve te calas, y si sale el sol te achicharras. Los que sí saldrán beneficiados son los bares y las cafeterías instaladas en la Plaza. Y los distribuidores de sombrillas. Yo la prefiero como era antes: fea. Me pasó en su día con Ramoncín: tenía una nariz fachosa, se operó y le pusieron una de catálogo. Perdió toda su gracia. La antigua plaza podría ser fea, sí, pero tenía carácter. Ahora tenemos una plaza que no gusta ni disgusta. No es “ni chicha ni limoná” Es tan sosa como una institución pública. Porque el Ayuntamiento han hecho algo homologable, “moderniqui”, de catálogo de Ikea. Es una pena. Que la institución diseñe es peligroso. Cualquier artista habría proyectado algo más imaginativo. Esta plaza se quedará desfasada en tres o cuatro años. Pero entonces pondrán nuevas farolas y nuevos bancos. No deja de ser curioso que la Plaza se convierta en un catálogo de mobiliario urbano. Una plaza a la moda, actualizable cada nueva temporada.

25.4.08

ÁNGEL CAÍDO

“De este mundo no podemos caernos”, decía Grabbe en su obra trágica Hannibal. Pero algunos caen. No los sujetos en sí, sino las ideas que tenemos sobre ellos. Y el otro día alguien cayó: un profesor de la Facultad de Bellas Artes. Con él, crítico e historiador, descubrí hace más de veinte años la vanguardia artística. Me abrió la puerta de un mundo nuevo. Era un dómine, y lo sigue siendo, culto, inteligente, intuitivo, amante del arte. Y el otro día coincidimos en Vitoria junto con un amigo mutuo, un joven artista, después de una charla sobre arte que había impartido aquel. Y lo que yo pensaba que se iba a convertir en una tertulia agradable, inteligente y de interés se convirtió en un juego ingrato. Porque el profesor no hablaba, hablaba la botella vacía que tenía delante. Uno nota cuando alguien habla tanteándote cual ciego de Lazarillo de Tormes para buscar un punto sensible en tu cabeza donde atizarte con el cántaro de vino. Primero arremetió largo y tendido contra el cómic, después contra mi trabajo, para acabar incidiendo en mi relación con otro creador. Yo mantuve el tipo. Por respeto a mi antiguo profesor. Y porque con una persona ebria que quiere buscarte las vueltas poco puedes hacer. O le sigues el juego embroncándote con él o “te haces el orejas”. Mientras escuchaba su perorata de alcohólico me acordaba de un ensayo del filósofo Antonio Marina: “La inteligencia fracasada”. En esa obra habla de cómo la inteligencia de una persona puede fracasar cuando elige un fin equivocado. Y yo, en esos momentos tenía un vivo ejemplo en frente: un profesor inteligente arremetiendo con su saber cual ariete contra mí, o contra cualquiera que se le pusiera por delante. Porque a la media hora de ver que no conseguía ninguna reacción por mi parte se revolvió como un perro rabioso contra nuestro amigo mutuo. Inteligencia fracasada porque el fin último de toda persona es encontrar la felicidad. Obvio. Pero cuando ves que alguien se provoca sufrimiento a sí mismo y a los demás, sin ninguna utilidad, gratuitamente, entonces te das cuenta que tienes en frente a un “inteligente estúpido”.
Todos sabemos que la vida resulta a veces pesada, y ante esa angustia existencial que a todos nos oprime ya señalaba Freud que hay satisfacciones sustitutivas que la reducen (“no se puede prescindir de las muletas”, dijo Theodor Fontane). Para Freud una de ellas es el arte, por su positivo efecto que ejerce en el creador y en el espectador. Y así debe ser: la cultura, el arte, deben servir como herramienta que nos permita vivir a todos más y mejor. Y un profesor de arte debería saberlo. Debería saber que en arte es más importante la “actitud” que la “aptitud”. “La belleza está en el trato” dijo una vez el poeta. ¿Para qué sirve la cultura si se usa como arma contra los demás y contra uno mismo?
“Por lo demás, siempre mueren los otros…”, decía el epitafio de Duchamp. “Siempre caen los otros”, pensará alguno.

23.4.08

NOVELA GRÁFICA

El Club de Lectura de Artium ha dejado provisionalmente de lado las novelas para fijar su atención, por primera vez, en “la novela gráfica”. La idea de ese club mola: primero se recomienda la lectura de una novela, después la gente se la lee en su casa, y finalmente se reúne en Artium junto a un moderador para su puesta en común. Y esta vez me ha tocado a mí ejercer de maestro de ceremonias. Se me ocurrió recomendar la lectura del cómic “Contrato con Dios” de Wil Eisner. Y fui al Museo para diseccionar ante el público esa obra. Me esperaba un grupo numeroso de personas. Curioso. Porque cuando alguna vez alguien me han llamado para hablar sobre cómic, el público siempre ha brillado por su ausencia. Pero, en esta ocasión no. Lo primero que dije (siempre con mi tacto y mi buen tino habitual) es que eso de la “novela gráfica” no existía. De la misma forma que no existe la “novela filmada” o la “novela pintada” o la “novela dramatizada” Existe el cómic. Aunque cuando éramos unos nenes a los cómics les llamábamos “chistes”. Después crecimos y los apodábamos “tebeos”. En los ochenta cuando empezamos a leer material más trascendente importamos el término anglosajón “cómic”. En los noventa empezamos a utilizar un término castellano “historieta”. Y ahora parece ser que al cómic de autor hay que llamarle “novela gráfica”. Muchos nombres para vestir a un mismo santo.
Los editores del sector han puesto tapas duras a los cómics, han seleccionado las obras más enjundiosas, e intentan distribuir ese material por librerías y grandes superficies comerciales dedicadas al libro. Y les llaman “novelas gráficas”. Un eufemismo. Síntoma de algo: no existe un ente en este país, llámese “Academia del cómic”, que establezca criterios y ordene el caos del medio. Aunque estamos viviendo un nuevo boom de la historieta. Con la instauración del Premio Nacional de Cómic muchas miradas, antes escépticas, que provienen de esa cultura, llámese oficial o “alta”, convergen hacia un nuevo punto de atención: el cómic. Pero la calidad de una obra no puede medirse por la calidad del papel en el que está impresa. Ni por su grosor. Ni por sus tapas duras. Y uno, hace unos días, pudo ver un reportaje televisivo en el que salía un pretendido experto afirmando con vehemencia sobre la obra “Contrato con Dios”: “esto no es cómic, es novela gráfica”. Se confunde, por lo tanto, el continente con el contenido.
Hubo una lejana época en la que sólo, o casi, existía un cómic de evasión, sin sustancia. Destinado muchas veces a un público infantil o juvenil. Pero desde hace décadas el cómic es un medio legítimo de expresión. ¿Qué me dicen de la obra “Maus” de Spiegelman, por ejemplo? Recibió uno de los prestigiosos
Premios Pulitzer en 1992, una beca de la Fundación Guggenheim y dio lugar a una exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Y podría enumeras cientos de obras similares… que pocos hemos leído. Quizá ahora que son “novelas gráficas” esta triste realidad cambie

22.4.08

"REPTÁNGULO"

"El rectángulo áureo se divide en un cuadrado, cuyo lado es el menor de los del rectángulo y otro rectángulo áureo. Hay un orden establecido", me dice Gerardo mientras conduce. Yo no le contesto, pero me siento bien escuchándole. Porque pensar que existe un orden allá fuera me reconforta aquí dentro. O más bien: pensar que alguien piensa que ese orden existe, aunque sea dentro de un rectángulo, me reconforta. Y le escucho hablar de rectángulos, mientras mentalmente doy vueltas al vocablo “rectángulo”, girándolo, dividiéndolo en sílabas, buscando su orden interno. Escucho a Gerardo, sí, pero en un segundo plano mental sigo jugando con el concepto “rectángulo”. Hasta que empieza a sonarme así: “rep-tán-gu-lo” Entonces me parece ver a Gerardo “reptar”, caminar, por los ángulos de esa figura geométrica, pacífica, callada, inmutable, ordenada. Reptando por sus cuatro ángulos, recorriéndolos, perdiéndose en ellos, intentando trasladar la quietud de éstos a sus obras. Que son un camino intermedio. Porque lo que realmente le interesa a Gerardo es trasladar esa quietud, ese orden, a su realidad y a la nuestra.
Gerardo es un constructor. Pero no “de edificios”. Es constructor a secas. En estado puro. Mientras el mundo que nos rodea acaba por superarnos y nos desborda, él confía en el orden de un rectángulo. Un rectángulo desde el que construir. Porque construir es una forma de asir una parte –una pequeña parte- del mundo, en un vano afán por controlarlo en su globalidad. Construimos porque somos capaces de dominar la materia. O dominamos la materia porque somos capaces de construir.
Y hoy se inaugura en Zuloa Espacio la exposición “El orden debajo de la herida” de Gerardo Armesto. Y Gerardo conduce a mi lado. Estamos llevando las obras al local dónde serán expuestas. Obras en principio pictóricas. Y digo “en principio” porque ellas la pintura acabó perdiéndose por el camino. En ellas la estructura geométrica, los rectángulos acaban por dominar a la pintura. Y al final los “reptángulos” toman volumen, reptan por los planos, como su autor, y se convierten en objetos escultóricos.
Gerardo Armesto comenzó en su juventud la carrera de arquitectura y la abandonó al poco por la de Bellas Artes. Desde 1981 comparte la cátedra de dibujo del Instituto Los Herrán en Vitoria. Labor que siempre ha simultaneado con su dedicación a la práctica audiovisual y a la plástica. De sus trabajos en vídeo y en cine hay que destacar las obras “La elección del soporte” (1981), “Disfraces para un cubo II” (1985) y “Concierto para una escalera” (1984) En 1990 abandona este trabajo relacionado con la imagen en movimiento. Aunque labor en ese campo dio sus frutos: está presente en algunas videotecas y filmotecas nacionales (Circulo de Bellas Artes de Madrid, Filmoteca Vasca, Filmoteca Española y Centro de Arte Reina Sofía. Y ahora su último proyecto puede ser visto en Zuloa.

17.4.08

DESCONEXIÓN

El otro día fui a Bilbao. En bus. Llegué en tan sólo cuarenta y cinco minutos. Había quedado ahí con Mery Cuesta. Mery es una comisaria de arte bilbaína que vive en Barcelona. Como los asuntos de trabajo deben dosificarse para hacerse más llevaderos, conversamos también sobre otros temas. Hablamos, por ejemplo, de la desconexión cultural existente entre Bilbao, Donostia y Gasteiz. Tres ciudades pegadas, casi conformando una única urbe. Hablamos de que atravesar Bilbao en coche cuesta más tiempo que desplazarse de Bilbao a Vitoria. Y, que en Gasteiz, ir de Salburua hasta Lakua, empieza a ser similar, en cuestión de inversión de tiempo y gasolina, a moverse hasta Bilbao. Pero, sorpresivamente, parecen existir murallas invisibles que nos impiden a unos y a otros -vitorianos, bilbaínos y donostiarras-, hacer vida en común. Cada capital vasca tiene su propio ecosistema. Sin vasos comunicantes entre ellas. Bebemos la misma agua, compartimos embalses, pero con la cultura no pasa lo mismo. Bilbao, Donostia y Gasteiz compiten entre sí en ofertas culturales. Es una lástima. Supone un perjuicio para todos.
Y en Vitoria deseamos un auditorio cuando a cuarenta y cinco minutos en bus tenemos el del Palacio Euskalduna. En 2007 acogió 323 representaciones: 76 eran conciertos de orquestas y coros, 65 conciertos y recitales de música clásica, 29 representaciones de ópera, 13 de ballet y danza, 3 de zarzuela, 99 espectáculos teatrales, y 38 conciertos y recitales de varios tipos. Buena oferta ¿no? Vitoria nunca podrá ofrecer tal cantidad de eventos musicales. Porque Bilbao nos triplica en habitantes y, por lo tanto, en recursos. Pero… ¿por qué no podemos disfrutar de lo que Bilbao oferta? Quizá somos tan provincianos que pensamos que las infraestructuras que están a menos de una hora de nuestro domicilio no tienen nada que ver con nosotros. Deberíamos de reflexionar sobre una realidad: somos incapaces de ir a un teatro o a un auditorio si no lo tenemos en frente de nuestra casa. Si esto es así tendremos que pensar que realmente el teatro o la música no son tan importantes en nuestras vidas. Porque si miles de ciudadanos alaveses fueran semanalmente al auditorio bilbaíno o donostiarra… entonces sí que sería razonable exigir la construcción de uno en Vitoria. O mejor aún: deberíamos de reclamar que nuestras instituciones dispusieran autobuses gratuitos para poder asistir a esos eventos foráneos. Y estamos proyectando un auditorio con un aforo de 1.500 localidades, cuando en Zaragoza, por ejemplo, cuentan con un auditorio de 2.000 asientos, siendo una ciudad tres veces más grande que la nuestra. El ayuntamiento zaragozano desembolsa tres millones de euros anuales para mantener esa infraestructura. Y eso que llena su aforo siempre. ¿Cuánto supondrá mantener un auditorio en Vitoria? En el caso de que se llenen las butacas, tres millones anuales. Pero si eso no es así… entonces el coste puede dispararse.

16.4.08

MATERIA PRIMA

El arte nos incita a salir de nuestras casas, porque se experimenta con más intensidad en vivo y en directo. Y es así como la música, el cine, las artes plásticas parecen multiplicar su misterioso efecto al ser disfrutados en espacios concebidos especialmente para ellos. Espacios en los que compartimos esa experiencia con otras personas: en los cines, en las salas de exposiciones y conciertos… El arte se convierte así en un acontecimiento presencial y colectivo en la era del acontecimiento virtual y privado.
Y estos días podemos escaparnos a ARTIUM, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo, para contemplar las últimas obras de arte adquiridas por dicha institución en estos últimos tres años. Desde su apertura en 2002, la colección ha incrementado sus fondos propios en un setenta por ciento. Ya son casi tres mil piezas las que el Museo alberga en su seno. Y de vez en cuando nos enseñan unas cuantas reunidas, agrupadas, bajo un título expositivo. Pero en esta ocasión no. En esta ocasión Artium nos presenta una muestra de sus compras sin articularlas, sin relacionarlas entre sí. Las han comprado y las han situado en varias salas sin más. Sin intermediarios -ya sean comisarios, críticos de arte o técnicos institucionales- elaborando un tema que sirva de excusa para colgar tal o cual cuadro, o para situar tal o cual escultura. De la misma forma que un cocinero bautiza un plato en el que podemos ver diversos ingredientes unificados por una presentación genial y una salsa imaginativa, en los centros de arte y museos últimamente gustan de actuar de forma similar. Pero esta vez en Artium, en “Ultimas adquisiciones” podemos ver “los ingredientes” en estado puro. La obra de los artistas se muestra tal cual. Como fue concebida en su propio estudio. Y eso es interesante. Porque estábamos ya tan acostumbrados a “degustar” obras de arte tan “cocinadas (algunas incluso “recalentadas”) que volver a rencontrarnos con el sabor original de su materia prima puede ser toda una experiencia.
Y de entre todos los “ingredientes” mostrados en Artium sobresale uno. Por su fuerte aroma. Por su carácter interactivo y popular. Lleva por título El museo de la calle, y es obra del sevillano Federico Guzmán. Se trata de un proyecto iniciado a finales de los noventa en Bogotá, donde el artista vivió un tiempo. Un proyecto artístico que se nos muestra como mercadillo atiborrado de objetos de la más diversa índole. Desde juguetes, trofeos, discos, libros de segunda mano, herramientas, utensilios del hogar, objetos decorativos, cuadros, posters,... Y este improvisado “rastro” funciona mediante el sistema de trueque: el espectador puede llevarse cualquier objeto expuesto siempre que, a cambio, deje otro en su lugar. El museo de la calle ha estado así en permanente mutación desde que se mostrara por vez primera en la capital colombiana en 1999 en otra muestra colectiva. No deja, por lo tanto, de ser una creación colectiva. Como todo arte, en el fondo.

6.4.08

NEXT

En Montehermoso se presentó el otro día una nueva iniciativa: Next. Se trata de un ciclo expositivo fruto de la colaboración entre el Centro vitoriano y la Facultad de Bellas Artes de la UPV. Con el encomiable objetivo de visibilizar obras de artistas locales y emergentes. Dos nuevos espacios (no muy amplios) posibilitan que los creadores puedan mostrar varias obras de gran formato. Espacios cercanos a la cafetería, facilitando así que algunos curiosos, amantes del café, puedan contemplar las creaciones de estos jóvenes. En esta ocasión de dos mujeres artistas. Un apunte: no se ha aplicado ahora, por lo tanto, la paridad de sexos. Paridad que pregonaba instaurar en el Centro su director cuando tomó las riendas de este equipamiento hace ya un año. Esperemos que a lo largo del ciclo las/los artistas lleguen a ser pares. No sea que los hombres artistas comiencen a quejarse de trato discriminativo por parte de este Centro Cultural. Centro que se mantiene con el dinero de contribuyentes de ambos sexos y de múltiples géneros. En cualquier caso, y ya en serio, es ésta una buena ocasión para acercarse a Montehermoso y tomar un refresco mientras se contempla las obras de Miriam Isasi y Jesica Martínez. De la primera artista podemos decir que algunos ya conocíamos su trabajo. Miriam expuso en Zuloa hace tres años. Dentro de la programación de este espacio que lleva nueve años intentando visibilizar proyectos de artistas locales y emergentes. En ese sentido Zuloa en 2004 realizó un ciclo expositivo con estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de la UPV. “15x15” se llamaba. A lo largo de tres meses quince estudiantes dieron forma a cuatro exposiciones colectivas. Porque en las universidades de Bellas Artes se enseña a producir arte, pero no a producir exposiciones. Y, hoy por hoy, los artistas más que idear obras aisladas podríamos afirmar que generan exposiciones. Muestras en las que las obras tienen que articularse entre sí instalándose en el espacio expositivo teniendo en cuenta las características de éste. En ese aspecto los estudiantes del ciclo “15x15” aprendieron muchísimo: Zuloa es un espacio problemático: mala iluminación, paredes de piedra y suelo rojizo que interfieren con las obras… por no hablar de la escasez de recursos de este espacio alternativo y privado. Todo un reto. Pero para aprender a exponer lo mejor es “entrenarse” resolviendo dificultades. Y he sacado a colación el ciclo “15x15” porque creo que de iniciativas pasadas (aunque provengan del mundo alternativo) tendrían que ser tenidas en cuenta. Para mejorarlas. En ese aspecto creo que “Next” puede ir mucho más allá. Porque ceder un espacio a un debutante para que muestre su obra (aunque se trate de un “buen rincón” en un centro cultural consolidado) con la pretensión de difundir su trabajo, es, cuanto menos, insuficiente. Insuficiente para el artista. Para el centro no, porque le sale barato colgarse la medalla de “promotor” de lo local, de lo emergente.

21.3.08

MÁS METROS

Me cruzo en la calle con uno. “Estarás contento “, me dice “¿Por?”, pregunto. “Se abre de nuevo la Sala Amárica”, contesta. Y continúa hablando, más ilusionado que yo, mientras mi cabeza se va. Se va al pasado. Justo cinco años y dos meses. Al momento en el que creamos una Plataforma para impedir el cierre de esa sala expositiva. Con el respaldo de miles de firmas fuimos a Juntas Generales para poner sobre su mesa la única Iniciativa Normativa Popular que se ha presentado en la historia de Álava. Para poco sirvió. Ni siquiera llegaron a tramitarla. La sala se cerró. Un, por entonces, diputado de Cultura nos dijo: “En Artium tenéis muchos más metros cuadrados… id para allá”. Y los fantasmas del pasado regresan ahora. En su tiempo les avisamos: Artium no podía suplir Amárica. Porque Artium no es un equipamiento de Diputación. Es un ente semipúblico, o semiprivado, dirigido por un patronato. En el que Diputación está bien presente, eso sí. Pero no es suyo. Y en estos momentos se dan cuenta de que necesitan Amárica. A unos cuantos no nos reconforta decir: “teníamos razón”. Más bien cruzamos ahora los dedos esperando que no estén apropiándose de una reclamación legítima (la de Plataforma Amárica) para reabrir un equipamiento sin ningún proyecto que lo respalde.

En Cultura hay que sumar, no restar. Y ahora parece ser que toca sumar lo restado. Es fácil destruir, pero complejo construir. Abrir un espacio está chupado. Lo peliagudo es elaborar un proyecto eficaz para que esa infraestructura tenga un sentido. Pero parece ser que en esta ciudad todo el mundo cree que con disponer de un espacio guay y equipado ya está todo hecho. Pues no. Llamar a un arquitecto para que le levante un nuevo edificio es lo más sencillo. Lo complejo es elaborar un buen proyecto. En el que se tiene que contar con los agentes locales. Y no me refiero a una llamada de teléfono, o a una reunión precipitada, sino a un grupo de personas aportando, trabajando. Finalmente hay que conseguir el equipo humano que lo lleve a buen puerto. Porque una infraestructura funciona si las personas que están al frente son válidas. Pero en nuestro territorio nunca se trabaja así y por eso la mayoría de las veces fracasamos. No aprendemos la lección.

Y ahora los fantasmas regresan... para decirnos que se cierra la programación –el proyecto expositivo- de la sala de la Casa de la Cultura, pero que, en cambio, se abre la sala Amárica. En su tiempo se cerraba la Sala Amárica porque se abría Artium. Quince años llevaba la Casa de la Cultura programando exposiciones sobre el medio fotográfico. Y le dan carpetazo. Pero dicen que abren la Sala Amárica. Sin ningún proyecto. Es la historia de esta ciudad: abrir espacios sin tener antes un proyecto contrastado por los agentes de la ciudad. Así que a los fotógrafos les dirán ahora lo mismo que a nosotros en su tiempo nos dijo el Diputado de turno: “Id para Amárica, que hay más metros…”

12.3.08

SIN CASA

En cultura, aquí, caminamos cual cangrejos. En vez de andar, desandamos. En vez de construir, destruimos. Y mira que llegué a dudar… “Será cosa mía”, llegué a pensar. Porque me he visto incapaz de escribir en este diario dos columnas seguidas de buen rollo ¡Qué más me gustaría a mí que lanzar cohetes por lo bien que nos va culturalmente en esta ciudad! Ciento y pico columnas ya. Y entre ellas no más de diez optimistas. Me siento sobrepasado por la cantidad de asuntos malogrados, o mal llevados, que veo a mi alrededor cada vez que salgo a la calle y sobre los que creo que debo de escribir. Se me acumulan los temas. Porque uno se entera de repente –por poner un ejemplo- que esa estatua del Celedón puesta en la balconada de San Miguel se pagó en su día con dinero del 2%. Ya saben: ese 2 % de los gastos de las obras municipales en materia de urbanismo que, se supone, tienen que ir destinadas a compra de arte. Un dinero, mucho dinero, que nadie se ha preocupado de recaudar, según confirmó el otro día nuestra concejala. Y uno se entera de que en diez años la única inversión que ha salido de ese 2% ha sido esa: un Celedón. Así que un servidor se lleva las manos a la cabeza y se echa a temblar… Y es que, después de que esa noticia llegara a mis oídos, ya no sé si es mejor que no se gasten un euro más del 2%. Porque si van a comprar más estatuas similares con un dinero que se podría destinar a dar meneo al triste panorama cultural nuestro, lo mejor es, señoras y señores del ayuntamiento, quemar ese dinero la noche de San Juan. Dejen las calles vacías de estatuas, por favor. Y coloquen esas figuritas, si tanto les molan -pero en pequeño formato claro- encima de sus televisores. O adornen de enanitos los jardines de su casa de campo. Porque, digan lo que digan, ni la estatua de Ken Follet, ni la del Celedón, ni otras similares, acabarán nunca en un museo. Son trabajos alimenticios para el artista, lo sabemos todos. El arte es algo más que un bulto de bronce de corte realista situado en la calle para hacer el chiste de que simula un viandante. Ese chiste lo podemos ver por doquier. Ya no tiene gracia. Está más gastado que un tebeo. Sacarse una foto al lado de un torero, o de un Woody Allen, de bronce no es ingenioso ni original. Es una horterada.
A lo que iba al comenzar esta columna… Últimamente se me está quitando el complejo de cascarrabias: las voces críticas en esta ciudad empiezan a ser legión. Eso sí: totalmente desestructuradas, a su bola. Pero ahí están. Ayer, por ejemplo, me llegó un mensaje por correo electrónico. Comenzaba así: “Ante el cierre del programa de exposiciones fotográficas de la casa de Cultura de Vitoria-Gasteiz y la falta de explicaciones de la institución gestora, la Diputación Foral de Álava, los abajo firmantes, fotógrafos, críticos, comisarios, historiadores y especialistas en el mundo de la fotografía, quieren hacer constar…” De este asunto hablaremos la semana que viene.

10.3.08

3 DE MARZO

Ayer se inauguró en la sala de Fundación Caja Vital la exposición “Dispositivos-disposiciones (1982-1992)” comisariada por el galerista afincado en Vitoria Fernando Illana. A partir de obras de arte contemporáneo de artistas que han tenido relación con nuestra ciudad, arropadas por material documental de esa época, Fernando desarrolla su tesis sobre lo que podríamos definir –salvando las distancias- “la movida de los ochenta” en Álava. El comisario quiere dejar patente que en aquellos años comienza el fenómeno de privatización y empresarización del arte y la cultura tanto en nuestro contexto como en el nacional. Y es que Dispositivos-Disposiciones pretende arrojar una mirada sobre esa efervescencia cultural y social de los ochenta en Álava desde una perspectiva más global, contemporánea, política. No podría ser de otra forma. La impronta del pensamiento del comisario tiñe el proyecto. Y en la muestra se pueden contemplar obras de Antoni Abad, Francesc Abad, Ignasi Aballi, Alfredo Álvarez Plágaro, Gustavo Adolfo Almarcha, Gerardo Armesto, Juncal Ballestín, Tom Carr, Daniel Castillejo, Ricardo Catania, Iñaki Cerrajería, Antonio Ciprés, C.V.A, Pep Duran, Pepe Espaliú, Esther Ferrer, Pedro G. Romero, Jorge Girbau, Fernando Illana, Santos Iñurrieta, Prudencio Irazábal, Juan Hidalgo, Rafael Lafuente, José Maldonado, Carlos Marcote, Juan Carlos Meana, Juan Luis Moraza, Juan Carlos Román, Fernando Roscubas, Vicente Roscubas, Francisco Ruiz Infante, Juan Sagastizábal, Néstor Sanmiguel Diest, Paco San Miguel, Fernando Sinaga, Javier Tudela, Luis Ziarrusta.

Y por otra parte el lunes arranca en Montehermoso un proyecto que también habla del pasado de nuestra ciudad: “Hilos Rojos. Apuntes para una exploración del arte y la cultura en Vitoria-Gasteiz” A lo largo de la semana que viene, si nos dejamos hilvanar por esos “Hilos”, podemos asistir varias proyecciones de trabajos documentales, a una charla y a una mesa redonda. “Arturo Rodriguez (Fito) está al frente –o más bien detrás, o quizá en medio -de este proyecto. Proyecto en el que lleva trabajando desde 2004. Y digo que está detrás –o en medio- porque éste es un proyecto que se ha ido tejiendo con las aportaciones de diversas personas. Así el vídeo que resume la filosofía del proyecto recoge la opinión de una docena de personajes pertenecientes a heterogéneos estratos sociales y culturales de nuestro entorno. Y la tesis de “Hilos Rojos” se empieza a materializar, a concretar, a través de los testimonios de esos protagonistas de la época. O, más bien, vemos emerger entre éstos a uno nuevo. A un nuevo actor que no es ya un individuo, sino un hecho colectivo, un acontecimiento local, que marca un cambio en nuestro contexto, que supone el fin de una época y el nacimiento de otra. Nos referimos al 3 de marzo de 1976. Ese es el acierto de “Hilos Rojos”. Deja claro que la cultura, el arte, es un producto colectivo. Como lo es, en cierta forma, “Hilos Rojos”.

28.2.08

REALIDAD

El artista “X” arroja un puñetazo sobre la mesa del pleno municipal mientras grita: “¡Hasta que no nos digáis dónde está el 2% vamos a matar a un concejal cada media hora!”. Su voz suena deformada: la media que cubre su cara le impide vocalizar bien. El artista “Z”, “rotaflex” en mano, vigila la entrada del recinto. El artista “Y”, en una de las esquinas de la sala, esgrime amenazante un pincel. A su vera, pegada a sus pies, la concejala de cultura, rodillas contra el suelo, permanece maniatada. El resto de los representantes de los grupos políticos, pálidos y silenciosos, reposan -quietos, rígidos- en sus sillones. “Hace muchos, muchos años, decidisteis que el 2% de los costes de urbanización se dedicasen a obras de creación artística…”, grita el artista “X”. Tras una ligera pausa, prosigue, esta vez con tono amenazante, como mordiendo las palabras: “Os lo hemos pedido mil veces, os lo pidió el Consejo Social, o lo pidió el Síndico… ¡y estamos hartos!” La concejala intenta levantarse del suelo, el miedo deforma su cara porque la punta del pincel del artista “Y” se le clava por momentos en la sien. Pero no consigue incorporarse, así que desde el suelo logra balbucear: “"Abrí la caja y lo único que salió de allí fue una familia de arañitas…" De repente una voz como un trueno, proveniente del exterior, interrumpe a la concejala: “Aquí la policía… señores secuestradores, un negociador va a llamar ahora mismo al teléfono del pleno, respondan por favor a la llamada”. Al instante el teléfono de la sala suena. “¡Voy yo!”, grita el artista “X”. “No, mejor yo”, protesta el artista “Y”. “No, esto fue idea mía”, exclama el artista “Z”. Los artistas ruedan por el suelo, peleándose por el teléfono. “Yo”, dice uno. “Yo” dice otro. “Yo, yo, yo…” se sigue escuchando mientras todos los concejales abandonan de puntillas la sala…
Y me despierto. “Uf, menuda pesadilla”, pienso. Hoy es viernes... a las ocho en Zuloa se inaugura una interesante exposición. El historietista Miguel Ángel Martín ha colgado en este espacio alternativo veinte originales realizados por él. Y, un poco antes -a las siete de la tarde- cualquier interesado puede acudir a Zuloa para que el propio autor le dedique alguno de sus álbumes. Todo un lujo: Miguel Ángel ha sido definido por la revista TIME como uno de los mejores dibujantes europeos de cómic y la revista The FACE le ha incluido en la lista de los 50 dibujantes del siglo. “Si en vez de dibujantes fuera artista Miguel no expondría en Zuloa, sino en el Guggenheim”, pienso mientras el agua de la ducha empieza a devolverme a la realidad. La exposición ha sido organizada por la Asociación de Dibujantes de Cómic Atiza. Desde 2003 este colectivo coordinaba un festival de cómic que se desarrollaba en nuestra ciudad. Pero este año han tirado la toalla. Por falta de apoyos. Aún así en 2008, aunque no tengamos festival, Atiza se ha propuesto realizar diversas actividades relacionadas con el cómic. Esta es una de ellas.

22.2.08

GAUEKOAK

Como muchos sabéis todos los fines de semana, desde hace ocho años, se viene desarrollando en Vitoria un programa de ocio nocturno dirigido a jóvenes llamado Gauekoak. Su base de operaciones está en el Centro Cívico Aldabe, lindando, por lo tanto, con el Casco Viejo. Y compitiendo con los todos los bares de potes -y de potas- del entorno. Un entorno plagado de noctámbulos ávidos de ser poseídos por la “fiebre del sábado noche”. Un entorno éste en el que, además, se cruzan, conviven –a veces chocan- un crisol de etnias, culturas, generaciones, estratos sociales. Podríamos afirmar que Gauekoak tiene su base en el espacio de la ciudad con el tejido social más rico y complejo de Gasteiz. Por esa razón la labor de los que semana a semana llevan a cabo dicho programa también es compleja. Porque muchas veces las diversas actividades que bajo su seno tienen lugar funcionan de aglutinante. Un aglutinante útil: los diversos jóvenes de la variopinta y tetraédrica zona se socializan compartiendo ese espacio de ocio y cultura con otros jóvenes que se suman de diferentes barrios. Propiciando ese concepto que tan en boca de todos de todos los políticos está pero que curiosamente no suele pasearse más allá de la comisura de sus labios: la interculturalidad. Interesante labor, por lo tanto. Y muy necesaria. Por otra parte el Programa sabe abrirse a la ciudad, ocupando otros espacios. Realizando actividades en distintos lugares: Artium, Montehermoso, centros cívicos y polideportivos de otros barrios, cines VESA, la Bolera Pagazuri y Nex Baskonia, el aula Luis de Ajuria, las plazas públicas de la ciudad, el Campus Universitario y mútiples salas privadas de música como Azkena, Círculo o la Vieja Club.

Pero Gauekoak también tiene otro gran valor, que lo diferencia de cualquier programa institucional: su modelo de gestión. Gauekoak es un programa que se elabora desde una plataforma abierta de asociaciones y colectivos que tienen que ver con el ocio, la cultura y la juventud de nuestra ciudad. Este año, y por el momento, gestionan el programa los siguientes colectivos: Aculra, Sike, Ailaket!!, Intermedios, FAVA (Federación de Asociaciones de Vecinos de Álava), Euskadiko Gazteriaren Kontseilua, GEU Elkartea, Asociación ATIZA, Sexagerian, Comisión Anti-Sida de Alava, SAMA (Sociedad Alavesa de Medios Audiovisuales), Plataforma Araba Dance, La Botica, Club de Tiempo Libre EKHI, Asoc. Kulturama, Asoc. Cultural “Valinor”, Chikara, Brainstorm, Tenkai. Repito: nuestra ciudad no existe otro programa que se gestione de esa forma, sin jerarquías, con un modelo horizontal, y que, además, funcione. Esa fórmula de autogestión interasociativa hace que Gauekoak sea un ejemplo a imitar por otros ámbitos del ocio y de la cultura local. ¿Podría trasladarse ese modelo a un Centro Cultural o un Museo? Si existieran colectivos de artistas, de personas del mundo de la cultura, consolidados, es posible. Y si se pusiesen de acuerdo, más aún. Pero dejemos de soñar….

21.2.08

ALEGANDO

La semana que viene se aprueban los presupuestos del Ayuntamiento. Hasta ayer se podían presentar alegaciones. Cualquier ciudadano podía hacerlo. Tomen nota para el año que viene. Es algo tan sencillo como ir al registro del Ayuntamiento y entregar un papelito. Y la alegación se leerá ante el pleno. Pero en la práctica nadie hace uso de ese recurso. Y eso que gracias a internet todos los ciudadanos podemos leer los presupuestos antes de que sean aprobados. Yo sí he presentado una alegación. Como el único asunto del que puedo afirmar que algo –un poco- sé es el cultural escribí lo siguiente: El presupuesto de este año arroja, una vez más, muchos interrogantes sobre el futuro cultural de la ciudad. Si Gasteiz históricamente ha tenido un importante potencial con respecto a la producción de cultura -por tamaño, por calidad de vida, por bagaje organizativo- nos hemos encontrado en estos últi­mos años con un importante capital acumulado que ha ido paulatinamente desapareciendo gracias a una serie de erradas actuaciones por parte de las instituciones. Y así se ha conseguido anular la creación local. Las peculiaridades de Vitoria que la convirtieron en referente ante otras ciudades en diversos aspectos sociales y culturales han caído en picado sin que las voces críticas que surgen del ámbito cultural sean tenidas en cuenta. Mientras, la serie de macroproyec­tos culturales sigue su curso y los que pertenecemos al mundo cultural asistimos sorprendidos a nuevas iniciativas que apuntan a la banalización del arte y la cultura. ¿Qué sucede, por ejemplo, con el “Espacio de artistas”? En el Plan estratégico 2010 aparece como uno de sus proyectos motores, según el cual: “…el proyecto permitirá la creación de un espacio interdisciplinar de artistas, un espacio físico donde puedan interrelacionarse de forma estable agentes culturales –públicos y privados–, para crear sinergias que desarrollen proyectos de gran envergadura en la ciudad.” Nada sabemos de eso. ¿Qué sucede con el 2%? Sigue sin aplicarse el dictamen municipal relativo a la aportación de un 2 % del presupuesto de urbaniza­ciones públicas municipales para la realización de obras de arte. Se hace necesaria la puesta en marcha de una convocatoria pú­blica de proyectos para ser gestionados a través del 2% que se ajuste a una serie de puntos e ideas que cuenten con la aprobación previa de los que forman parte activa de nuestro debilitado ecosistema cultural. Como el otro día escribía en prensa el crítico y catedrático Antonio Altarriba: “los responsables de turno no están ahí sólo para atraer al público importando eventos sino también para estimular el tejido creativo que se encuentra a su cargo. No tienen como misión imponer criterio sino, sobre todo, encauzar y reforzar lo que hay. De seguir así, Vitoria –ya sin apenas activismo cultural entre los jóvenes- se convertirá en una ciudad con programación pero sin vida, con exposiciones y conciertos pero sin iniciativas.”

8.2.08

PANDORA

El otro día me llegó un mail: “SE BUSCAN CONSEJEROS PARA CAJA VITAL. Hola a tod@s, esto no es una broma, es una posibilidad real. La Obra Social de la Caja Vital Kutxa ha dispuesto este año de 26 millones de euros para las diferentes partidas de Fundaciones, Cultura y Tiempo libre, Asistencia Social y Sanitaria, Educación e Investigación, Patrimonio Histórico y Medio Ambiente y, sobre todo, inversiones -8 millones de euros. (…) A cuántos de vosotros, que gestionáis asociaciones, actividades públicas y festivales varios, os han dicho aquello de no hay dinero para apoyaros? La Caja Vital, como otras instituciones y partidos políticos, se está alejando progresivamente de los ciudadanos a los que, teóricamente, deberían dedicar sus esfuerzos y sus beneficios. El futuro se presenta negro para todos l@s que realizamos actividades sociales ya que estamos asistiendo a un aumento de los recursos invertidos en inmuebles -nueva sede en Salburua, KREA… y a una disminución de los dedicados a contenidos (…) Además, con la probable fusión a medio plazo de las tres cajas vascas, se prevee que el destino de esos recursos sea aún mayor para megaproyectos, y todas las asociaciones tengamos que poner txoznas en La Blanca para sobrevivir (…) el 17 de febrero de 2008 hay elecciones para renovar a la mitad de los Consejeros Generales de la Caja Vital, que son 100, y controlan y proponen a los órganos directivos de la entidad (…) Necesitamos 83 personas para incluir en la lista” Bien: han conseguido llenar esa lista en dos semanas. Se presentan, por lo tanto, a las elecciones, compitiendo con otras seis candidaturas. Lo que me llama la atención de este nuevo grupo es que quieren representar al mundo de la cultura local. Un mundo invertebrado, insolidario, autista. En el año 2000 se crea el colectivo Plataforma Amárica. Es el año que se cierra la emblemática sala Amárica. Ese era el momento en el que la esfera de la cultura local debería de haberse unido en bloque, coincidiendo con ese momento de fractura entre institución y contexto local. Las instituciones rompen ese tácito contrato con la creación local y apuestan por modelos de carácter espectacular: ladrillo y grandes saraos.
Es sintomático que ni uno sólo de los miembros de la extinta Plataforma esté presente en esta candidatura. Las experiencias pasadas, lo trabajado, se pierde. Y ahora, hoy, parece que se actúa desde el rencor. Un colectivo de gente de la cultura unido, consolidado en el tiempo, es más eficaz que cuarenta consejeros descasados en la Vital reclamando “más pelas” para lo local. Esto último es comenzar el edificio por el tejado. Lo primordial es conseguir un consenso, articular un colectivo que ejerza de interlocutor ante la institución, elaborar un programa… Ahí está el quid. No se puede actuar desde el enfado o la decepción. Porque podemos fracturar más el maltratado ecosistema local. Una vez más, en esta ciudad, todo se hace de forma precipitada.

28.1.08

SIN FIN

Tengo “los pilares de la tierra” clavados en el coco. Y es que estos días casi me ahogo sumergido en el “mundo sin fin” de la prensa local: Follet, Follet y más Follet. Aunque, por otra parte, me he llevado una agradable sorpresa: he constatado que buena parte de esta ciudad –revisen en internet los foros de los diarios y lo podrán comprobar- no aprueba la forma de actuar de nuestras instituciones sobre el “asunto Follet”. En mi blog, por ejemplo, una mujer comentaba: “La verdad es que yo también estoy harta de ver al Follet hasta en la sopa. Supongo que lo único que están intentando hacer es vender la ciudad a cualquier precio. Y si eso significa traer a un galés canoso hasta aquí que vende libros como churros a 28 euros cada, ya lo han conseguido.” Y es que lo triste de este asunto es ver qué fatuos valores están promoviendo nuestras instituciones. Si analizas lo que subyace detrás de la visita de Follet a Gasteiz uno se deprime: se gestiona la ciudad cual programa televisivo. Lo importante es conseguir espectadores. Y si son del ámbito nacional o internacional, mejor. El otro día, en la primera reunión de consejo social de la ciudad, los presentes escuchamos al nuestro alcalde durante dos horas. Se supone que el consejo es un organismo de participación ciudadana… pero no: sólo participó, en esta ocasión, nuestro gobernante. No vino a oír, sino a hablar. Pero bueno… a lo que iba: escuchándole, vi la luz. Entendí el caso Follet. Para nuestro primer edil, la ciudad es una empresa que hay que gestionar eficazmente en aras de crear riqueza. Hay que sacarle rentabilidad económica a cualquier actuación, a cualquier proyecto. Un ejemplo: habló el alcalde de que el “anillo verde” está guay, pero que hay que pensar cómo amortizarlo. Y de que -siguiendo con otros ejemplos- el auditorio va a disponer de un sistema técnico avanzado para que en él se puedan grabar programas de televisión. Es decir, se pueda alquilar a terceros. En resumen: tenemos a un alcalde que administra nuestra ciudad en base a premisas puramente económicas. Su objetivo es conseguir que todos seamos ricos. Y famosos. Ante esta propuesta está claro que muchos baten palmas. Son los mismos que se entusiasman por la llegada de Follet. Se embriagan con ese modelo construido sobre la idea de que el capital y la fama son las fuentes últimas del bienestar. Pero la pregunta es siguiente: ¿la felicidad de una persona –o de una ciudad- se basa en la cantidad de dinero que gana? El alcalde está tirando de ese hombre de negocios que todos llevamos dentro. O de ese que aspira a la fama. Aunque luego ese tío –rico, pero insatisfecho; famoso, pero hueco- acabé tirándose por la ventana.
“La cultura no es un bien cuantificable ni siquiera visualizable. Alimento del espíritu, circula por el intelecto, afina la sensibilidad ayudándonos a entender el mundo y a disfrutar de sus bellezas”, escribía el otro día en un diario el escritor, afincado en Vitoria, Antonio Altarriba


18.1.08

EL CANTANTE

Vitoria es ya un parque temático: sólo importa cuánta pasta o cuanto público mueve la industria cultural. Y es que estos días el asunto de Follet, incluyendo en él la estatua esta premoderna que le van a erigir, me hastía. Si no fuera por esta patológica vagancia mía hace días que habría elaborado un texto de protesta buscando las firmas de los que todavía por estos lares no han perdido el norte. El otro día salgo a comprar un libro y me topo con decenas de libreros enfebrecidos vendiendo el best seller de Follet como churros. Los tenían ya envueltos en papel de regalo. Para no perder tiempo. Después conecto la radio y escucho a una tía poniendo a parir a Follet. Diciendo que no se merece esa estatua. Yo en eso discrepo: la ciudad, la pobre, es la que no se merece que la llenen de rancias estatuas. Porque yo pensaba que eso de llenar de estatuas las ciudades era una cosa que puso de moda el PP. Como es el caso de esa Woody Allen en Oviedo. Pero no: éstos que se dicen que son de izquierdas también están en lo mismo. A este paso van a tener que montar una fundición municipal de bronce para que salgan más baratas al contribuyente. Estos tíos son tan carcas que creen que la única forma de rendir un homenaje a alguien o a algo es erigiéndole una estatua. Pero no voy a entrar en eso: la tía en cuestión lo que quería decir realmente es que ese mercenario de las letras que es Follet no se merece un homenaje en esta ciudad. Que los homenajes se deben de rendir a la gente que habiendo vivido en su ciudad ha llegado a formar parte de su historia. Y que lo de la estatua de Follet es un agravio para todos ellos. Y al poco nuestro alcalde –de izquierdas- respondía a sus palabras. Al escucharle tengo que reconocer que mis esquemas se han roto cual cristal. Todo lo que yo pensaba sobre la gente de afiliación izquierdista se ha esfumado. Porque yo creía que esta gente era progresista, solidaria, culta. Pues no. No ponen una estatua de Follet porque es famoso y vende millones de libros. Y, por ende, ha elegido esta ciudad para presentar su best seller. Y ya está. Hemos adoptado a un tío famoso para ver si algo de esa fama se le pega a nuestra ciudad. Y punto pelota. “Las catedrales son una especie de símbolo de todas las contribuciones de la Edad Media. Son hermosas y están llenas de riqueza y complejidad, pero se edificaron en una época que tendremos que recordar por la pobreza e ignorancia de la gente, comparada con tiempos posteriores", dijo el otro día Follet. Es un pozo de cultura el tío. Lo que aprende uno escuchándole… Tópicos y más tópicos.

Menos mal que después ha caído en mis manos una revista en la que se entrevistaba al cantante Mikel Urdangarin. Él y su grupo viven desde hace años en el Casco Viejo de Vitoria. Urdangarin hablaba de sus vivencias, de su trayectoria, de su amor por la música, de sus sueños, de su vida en esta ciudad, de sus luchas. .. Y leyendo eso pensaba: “este tipo sí que se merece un homenaje”.

11.1.08

CASA FRÍA

Un nuevo año. Y una vez más miramos hacia delante intentando preverlo. En ese sentido hoy me han llamado de la radio. Querían saber cómo veía yo el nuevo año vitoriano en el plano cultural. La verdad: en esta ocasión me hubiera gustado contestar de una forma optimista. Pero mi réplica ha sido la siguiente: lo veo negro. Porque aquí cultura e institución son dos palabras que cada año se confunden más. Empiezan a significar lo mismo. Cuando lo importante es que la cultura esté en la calle, no en los Centros de Arte. La cultura no es sólo algo que haya que consumir en los Museos, sino que –y eso es cardinal- es algo que hay que producir entre todos. Y para ello desde la institución se tiene que apoyar a los ciudadanos que quieren generar cultura en todas sus dimensiones: obras de arte, eventos, actividades, exposiciones, conciertos… E incentivarlos. Cosa que aquí cada vez se hace menos. “Muy interesante” me ha respondido el tío de la radio. Pero creo que no me ha escuchado. Porque la siguiente pregunta ha sido: ¿crees que en esta ciudad el ciudadano tiene suficiente oferta cultural? Así que he tenido contestar lo mismo pero con otras palabras. Que una ciudad es rica culturalmente cuando produce cultura. Y cuando esa producción se integra en nuestra vida cotidiana: fanzines, libros, conciertos en bares, exposiciones, apertura de espacios de arte privados… “Muy interesante” me ha vuelto a responder el tío sordo. Porque la última pregunta que me ha formulado ha sido la siguiente: “ Y qué te parece la creación del nuevo auditorio?” Yo ahí he perdido la paciencia. Y he respondido que si hablamos de consumo lo mejor que puede hacer un vitoriano es irse a Madrid a disfrutar de un buen espectáculo en uno de sus excelsos teatros. Y que nuestro ayuntamiento lo que tendría que hacer es subvencionar autobuses gratuitos que nos lleven para allá. Así nos airearnos un poco de nuestro síndrome de enano con miras de superioridad.

Porque crear una infraestructura nueva, de lujo, está al alcance de muchas ciudades de provincias. Pero mantenerla… eso es otra cosa. Para eso hace falta vender miles de entradas. Y en Vitoria no hay tanto público: somos una ciudad mediana. Traer una gran orquesta a nuestro auditorio, por ejemplo, costará mucho dinero. Por lo que al final ese nuevo equipamiento va acoger dos grandes saraos al año. Y a cuenta de que el ayuntamiento afloje mucho el bolsillo.

Todo esto me recuerda a un amigo mío que se ha comprado una casa de doscientos metros cuadrados. Gran casa para fardar. Pero que luego se pasa los largos inviernos muerto de frío porque no le llega la pasta para calentarla. Ni siquiera para cuando llegan las visitas.

Así que la mejor propuesta cultural hoy en día en nuestra ciudad nos la ofrece el Corte Inglés: nos vende entradas para irnos a Barcelona o Madrid para disfrutar ahí de los grandes eventos culturales.

1.1.08

CREADORAS

Moderé el otro día en Montehermoso una mesa redonda: “Autoras en el cómic”. Tres autoras y una especialista en cómic femenino estaban sentadas alrededor de esa mesa. Además de un servidor. Detrás de nosotros un cartel proyectado inundaba la pared. En el cartel aparecían sendas viñetas de la obra de las invitadas con unos breves datos biográficos. La mesa era una actividad enmarcada dentro del Festival Crash Cómic que este año ha girado en torno a las féminas creadoras. Frente a nosotros no habría más de veinte personas. Pues bien, una de las invitadas, Chantall Montelier, al llegar su turno de intervención proclama que la selección de la viñeta suya que estamos proyectando le parece lamentable. Que es machista. Yo le explico que esa imagen la he seleccionado de un álbum suyo, que además es la imagen que ilustra la portada, y que, por ende, esa viñeta es la única que ocupa una página completa dentro del álbum. De ahí que yo pensara que la mencionada imagen era significativa dentro de su trayectoria como autora. Me encuentro un tanto azorado explicando cosas tan obvias cuando una mujer del público sale en mi defensa, explicando, más o menos, lo mismo que yo argumentaba: que una imagen puede ser ambigua. Que depende de cómo la mire el espectador su significado varía. Pero al momento otra dama del público toma la palabra para afirmar que lo que sí le parece totalmente machista es la elección de una de los dibujos que ilustran el cartel del Festival Crash. Que esa imagen está extraída de un álbum de cómic en el que se relata como una niña es víctima de abusos. Yo le comento que para este Festival contamos con la colaboración de dos organizaciones dedicadas al género, y que ambos colectivos habían visto el cartel antes de pasar por la imprenta sin encontrar nada que les molestase. La mujer me contesta que ella pertenece a uno de esos dos colectivos y que no cree que yo enviase nada a nadie. Yo le contesto que se lo remití a una persona en concreto, que era mi contacto dentro de esos colectivos y que no sé si esa persona se lo mostró a todos los socios. Sandra, una de las invitadas, interviene en mi defensa. Diciendo que nuestra intención al organizar un Festival sobre autoras era buena, que somos buenos chicos. “Una vez más una mujer me salva”, pienso aliviado. Pero ahí no se acaba la cosa. Una señorita del público toma la palabra para afirmar que lo que sí le parece una pasada es que los textos que aparecen proyectados detrás nuestro no estén en euskera. En esta ocasión no contesto. Sí, la mujer tiene razón: esos textos no están en euskera. No le puedo decir que en la página web sí están en euskera, así como en el cartel que hemos puesto por las calles, pero que la presente proyección está sin traducir por problemas de tiempo.
Y después de tanta estéril polémica todavía nos sobra unos minutos para poder hablar del asunto en cuestión: autoras en el cómic.

26.12.07

SE ACABÓ

Cinco ediciones del Festival Crash Cómic. Y no habrá más ediciones. Porque no se puede gestionar un festival sin ayudas, con un presupuesto de seis mil euros aportado en solitario por el Gobierno Vasco. Cada año la lucha por sacar el Festival adelante es más dura. Y uno se cansa. Ni siquiera te quedan ganas para convocar la rueda de prensa de turno y anunciar públicamente tu abandono.
Sabemos que Vitoria es la ciudad de la península con mayor número de dibujantes por habitante. Sabemos que Vitoria es la sede de la única revista de cómic del Estado que sigue funcionando: TMEO. Revista que este año ha cumplido veinte años y que el mes pasado fue homenajeada en el Salón de Cómic de Getxo. Sabemos que Vitoria está hermanada con Angouleme, ciudad europea en la que se desarrolla el Salón de Cómic más importante de Europa. Sabemos que el cómic está de moda: este año se ha convocado por primera vez el Premio Nacional de Cómic. Y sabemos que, por todo ello, está ciudad podría haberse situado a la cabeza dentro del panorama del cómic nacional. Pero no. Otro tren perdido.
Porque también sabemos que en esta ciudad la opción es clara: se elige ser cola de león en vez de cabeza de ratón. Y el cómic es un ratón. Aunque ese ratón se esté convirtiendo poco a poco en león. Pero sólo interesan los grandes planes a corto plazo ¡Cuándo se darán cuenta de que una ciudad no puede ser puntera partiendo de la nada, por mucho dinero que tenga, por muchos directores de planes estratégicos que se contraten! Nuestros políticos parecen niños construyendo castillos en el aire. Y contagian al ciudadano.
Cinco ediciones llevamos con el dinero que algunos se gastan en un lunch. Los únicos que nos han apoyado año a tras año han sido Gobierno Vasco y Gauekoak. Y con su apoyo hemos conseguido aparecer en todos los listados de eventos relacionados con la historieta del Estado. Y con un presupuesto de risa. Gracias también a la ayuda de reconocidos dibujantes como
Mauro Entrialgo, o de catedráticos como Antonio Altarriba y Juan Manuel Díaz de Guereñu. Porque gracias a ellos las publicaciones de Crash aparecen en las bibliografías de los libros especializados. Vitoria es potencialmente “la ciudad del cómic”, eso es un hecho. Pero nadie lo hace real. Incluso ahora que la palabra cómic está en boca de todos, comenzando a ocupar el lugar que se merece.
Y desde nuestra asociación de dibujantes seguiremos trabajando, por supuesto. Pero detrás dejamos proyectos que no han cuajado: una biblioteca especializada en cómic, un museo del cómic. Cuando los presentamos hace cinco años eran proyectos novedosos. Ahora son realidad en otras ciudades cercanas. Enhorabuena para ellos. Aquí lo teníamos la mejor materia prima, pero nada se ha hecho. La cultura está en manos de políticos y funcionarios. Ese es el problema. La cultura se convierte en algo de burócratas, en algo mortecino, en algo que acaba perdiéndose en los despachos como un papel traspapelado.

17.12.07

SUPERWOMAN

Corren vientos fríos. Pero no sólo por nuestras calles. Y uno mismo se aburre al hablar de ello. El otro día, en mi blog -en respuesta a una columna mía que hablaba sobre la sugestiva exposición de Elliot Erwit- un lector escribía “Seguramente sería más interesante tu columna si la dedicaras a hacer crítica seria de las exposiciones de la ciudad, como haces en ésta con la de Erwit. Es una pena que no haya en la prensa local alguien capaz de hablar con criterio de fotografía.” De verdad: me encantaría comentar exposiciones en este espacio. O en otro. Porque creo que es necesario explicar al ciudadano, y con argumentos claro, qué exposiciones pueden ser relevantes. Y más aún en una ciudad en la que las muestras expositivas brotan como champiñones. Porque tener un referente crítico delante de nosotros siempre es necesario. Referentes cercanos sobre cine o sobre literatura abundan. Pero con el arte, incomprensiblemente, eso no sucede. No aquí.

Y a penas hablo de muestras locales porque creo que hay en Vitoria asuntos más urgentes sobre los que discutir. Aun a riesgo de hastiar al lector. Me interesa más generar debate sobre el carpetazo al Festival de Cine Europeo (NEFF). O sobre esa bajada de persianas de Cultural Álava. Acerca del asunto NEFF, hoy me ha llegado una misiva de unos ciudadanos para que la firmase. Demandando que el festival siga desarrollándose como hasta ahora. “Queremos cine”, reclaman. Y uno no sabe qué decir. Porque nadie nos explica nada. Así que lo único que nos queda es leer la prensa. Y así nos enteramos de que no hay una comunicación oficial del cierre del Festival. Lo que sí sabemos es que el paraguas NEFF nació en el área audiovisual de Montehermoso. Y en un contexto abonado por unos objetivos claros y definidos. Y ahora parece ser que esos objetivos han cambiado, que se deshace el paraguas y se recupera el área de audiovisuales del Centro. Pero lo que nadie nos resuelve, es por qué y para qué. Con información podemos criticar, valorar, dar opiniones. Sin ella estamos siempre en el plano de la especulación. ¿En qué consiste la nueva área? ¿Qué objetivos tiene? ¿Qué presupuesto, etc...? Sinceramente: no lo sé. Y el motivo es muy sencillo: falta de información. Y es responsabilidad de la concejala de Cultura aportárnosla. Pero la concejala de cultura no es sólo concejala de cultura. Es un trozo de concejala de Cultura. Porque es también concejala de Presidencia y segunda teniente de alcalde del Ayuntamiento. No creo que nadie pueda ocupar tres cargos públicos sin que se resienta su labor en alguna de las áreas de la que es responsable. Aunque sea una mujer y no un débil hombre. Y perdón por el chiste. Pero hace tiempo que dejé de creer en superhéroes sean del género que sean.

Quiero pensar que ese es el problema que estamos viviendo. Porque si no estamos asistiendo a un ocultamiento de datos. O peor: no tienen ni idea de lo que se traen entre manos.

15.12.07

TAXIS Y HOTELES

Una de las razones de peso esgrimidas para apoyar con dinero público el Azkena Rock es que los hoteleros y los taxistas hacen negocio. Por lo tanto, medio millón de euros para el Azkena. Pues bien: yo ni soy taxista ni regento un hotel. Y como yo, el 99% de la ciudad. ¿Parte de ese dinero sale de lo que se ahorra el Ayuntamiento por eliminar el NEFF, el festival de cine europeo? ¿Y otra parte de clausurar las oficinas de Cultural Álava? Seamos serios: si un festival es cultura midan su rentabilidad en base a criterios culturales, no económicos. Y si hay que rentabilidad económicamente la cultura –cosa que yo no defenderé en mi vida –entonces, por favor, que las subvenciones no salgan de los departamentos de cultura, ni de las obras sociales. Que el dinero salga de la partida de subvenciones destinadas a empresas. Como se hace en Bilbao: Promoción Económica es la entidad que aporta dinero para ese tipo de eventos económico-culturales. A Bilbao la copiamos en algunas cosas, pero en otras, en las de cajón, no.

Del Azkena se deberían de beneficiar los ciudadanos, en primer lugar. Y en segundo lugar el mundo de la cultura, que también lo conforman ciudadanos. Y si no, agarren ustedes ese medio millón de euros y repártanlo directamente entre hosteleros y taxistas. Ahorraremos tiempo. Repito: no justifiquen el capital que entregan a la empresa L.T.I, organizadora del Azkena Rock, en base a criterios crematísticos. Porque las cuentas no cuadran. Ustedes subvencionan el Azkena porque es un evento mediático. Ustedes subvencionan el Azkena para vestirse de rockeros un día, ir al festival, sacarse la foto y salir en el “teleberri”. Porque si quisieran que el nombre de Vitoria “sonase fuera” podrían haber negociado en su día que, en vez de Azkena Rock, el “festi” se llamase Gasteiz-Rock. Y si quieren beneficios culturales y económicos para la ciudad, entonces, señoras y señores, consigan que toda la ciudad se sumerja en el rock. Pero sin tener que pasar por taquilla. Suelten pasta para que durante esos días haya conciertos en otros espacios de la ciudad. Repartan beneficios. Porque muchos foráneos llegan a Vitoria, se alojan en ciertos hoteles de las afueras y no pisan la ciudad. ¿Para qué pisarla? L.T.I como buena empresa, quiere que los visitantes se dejen hasta el último euro dentro de su recinto de Mendizabala. Y que no se alejen de él. Llego a Vitoria, me alojo en un hotel, cojo un taxi para ir al festival, paso ahí toda la noche y lo que aguante del día, y, otra vez, taxi y hotel. No me extraña que los chóferes y hospederos se forren esos días.

Me quedo mil veces con la forma de gestionar el Festival de Jazz por Añúa. Porque durante esos días la ciudad vive el Jazz. Hay actividades continuas. Y sin tener que pagar sesenta euros de abono, como sucede con el Azkena.

No se puede dejar la cultura al albur de las empresas. Ni al albur de los políticos, visto lo visto. Los primeros sólo quieren dinero. Los segundos sólo votos.

9.12.07

SERÉ "GIRI"

He leído “Los Pilares de la Tierra”. Tengo la debilidad de leer libros de evasión cuando debo de permanecer sentado o postrado durante muchas horas sin nada mejor que hacer. Así, con los años, he leído multitud de “best sellers” en hospitales, aviones y aeropuertos. Y he llegado a la conclusión de que tildar como “mal libro” a cualquier cosa que se venda es, claramente, un menosprecio infundado. Porque he encontrado páginas de buena literatura entre autores tan denostados por la crítica como Stephen King o Morris West. Y cuando hablo de buena literatura me refiero a obras que consiguen conmoverme, o que me hacen reflexionar, mientras me divierto. Obras que, por alguna razón, perduran en mi memoria. No es el caso de “Los Pilares de la Tierra”. Mientras leía ese folletín interminable me formulaba a mí mismo la recurrente pregunta: ¿será posible que en mil y pico páginas no encuentre ni una sola frase dotada de fuerza, ni una sola idea inteligente o bella? “Los Pilares de la Tierra” es un melodrama barato con personajes arquetípicos y acartonados –los malos son malísimos; y los buenos, unos santos- condimentado con algo de arquitectura medieval. Y lo más irritante es la falsa erudición de su autor, Kent Follet: cientos de páginas describiendo con pésimo estilo la construcción de una catedral que parecen extraídas de un manual de arquitectura: nombres técnicos por doquier, ausencia de metáforas inteligentes… Pero su autor ha vendido millones de ejemplares. A millones de lectores que creen que una novela es tanto más buena cuantos más datos presumiblemente cultos contenga. Pues bien: la segunda parte de esa novela la presenta ahora en nuestra ciudad. No es de extrañar: la Fundación Santa María cedió a su autor todos los estudios realizados sobre nuestra catedral durante estos años de restauración. Material que Kent Follet ha utilizado muy gustoso para ambientar su nueva novela. Se ha ahorrado así la contratación de “negros” para esa labor. “El proyecto de la Fundación ya es conocido en muchos lugares, pero esto va a multiplicar por mucho la repercusión de Santa María y, por lo tanto, de la capital alavesa”, dice el gerente de la recuperación del templo. Y en ese sentido, en un acto que rallará la horterada, un escultor ha realizado una estatua de Ken Follet que será colocada en la plaza de la Brullería. Esperemos que los próximos años no vengan más famosos a nuestra ciudad. Porque en su tiempo ya le dedicamos una estatua al músico Wynton Marsalis. Y ahora a Follet. La próxima estatua puede ser de Bisbal, cuidado.

El artista Wharlol dijo hace décadas que en el futuro todos tendríamos derecho a nuestros 15 minutos de fama. Yo añadiría: en el presente todas las ciudades que aspiran a ser globales tienen derecho a sus 15 minutos de fama. Aún a costa de hacer el payaso. Eso sí: durante esos minutos yo reniego de mi ciudad. Durante esos minutos “follerianos” yo me declaro “giri”.