12.10.17

MAURO

De vez en cuando un servidor tiene la flaqueza intermitente de hablar en esta sección de la revista de cómic satírico TMEO. Uno no puede evitarlo. Porque el TMEO es una publicación con sede en nuestra ciudad que ya es leyenda: este año ha cumplido tres décadas de existencia. Es, por lo tanto, la publicación comiquera más longeva del Estado. Y baluarte de la libertad de expresión pues los del TMEO no tienen pelos en la lengua. No se cortan. Huyen de lo políticamente correcto. Pero hablar del TMEO es hablar también de uno de sus fundadores: el dibujante vitoriano Mauro Entrialgo. Su personaje -su hijo más conocido quizá por estos lares -Herminio Bolaextra, ha cumplido igualmente treinta tacos, habiendo aparecido en la revista TMEO, por lo tanto, en todos y cada uno de sus 143 números publicados. Y los que venideramente vendrán. Pero Mauro en solitario tiene tanto peso específico -o más- que esa irreverente obra grupal que es el TMEO. Estos días, por ejemplo, se ha asomado a las librerías un libro que versa sobre este poliédrico autor: “Con los codos pegados al torso. Kike Infame entrevista a Mauro Entrialgo”. Se trata, en resumen, de un largo e intenso diálogo entre el experto en historieta vasca, Kike Infame y el historietista vitoriano. Como apunta el texto promocional de la editorial: “Infame, una de las mentes más preclaras en el estudio del cómic contemporáneo entrevista a Mauro Entrialgo en un libro profusamente ilustrado. Arrancando confesiones razonablemente íntimas para ser vascos los dos, Mauro demuestra que además de tener teorías para casi todo y una trayectoria acojonante, no menos acojonante es la memoria que maneja, se acuerda de todo, y de lo que no se acuerda, lo apuntan un surtido grupo de amigos y profesionales aportando sus puntos de vista (Manel Fontdevila, Nacho Vigalondo, Kini, Lorenzo Pascual, ...) y añadiendo anécdotas de perfil alto”.

Lo interesante de esta larga entrevista, que se ha pergeñado durante dos años hilvanándose durante este tiempo a través de llamadas telefónicas y cruces de mails en Kike y Mauro, es que a través de ella podemos conocer casi medio siglo de la cultura de este país. Pues el prolífico e inquieto Entrialgo ha colaborado en infinidad de medios gráficos, escritos, audiovisuales, musicales… vascos y españoles. El autor vasco, obviamente, se explaya sobre sus trabajos personales pero también opina sobre las revistas, editoriales, productoras… en las que ha trabajado. Aunque quizá, lo más jugoso, sea conocer su sensata y afilada opinión sobre temáticas que a todos nos preocupan: la libertad de expresión, la importancia del universo digital en la actualidad, y, por supuesto, el arte y la creatividad.

Concluimos recordando que Mauro Entrialgo es uno de los autores de cómic de humor más importantes de los últimos veinte años en España, con una treintena de libros publicados. Ha publicado o publica regularmente en las revistas El Jueves, TMEO y El Víbora. Y es de Vitoria-Gasteiz.

ESPACIOS

Desde el inicio de la crisis de la cultura pública allá en 2008 -crisis que, claramente, es “hija” de la económica- la cultura se ha atrincherado en los espacios privados habilitados por, en la mayoría de las ocasiones, los propios creadores. De ese modo hemos visto brotar multitud de locales conectados con el teatro, la danza, el audiovisual, la música y las artes visuales. Con una política de subsistencia próxima al “sin ánimo de lucro” –por no llamarla “mera supervivencia”- estos “fuertes” han permitido que el “corazón cultural” siga latiendo en nuestras comunidades. Fuertes que se financian diversificando sus fuentes de ingresos: tirando de las exiguas ayudas públicas pensadas para que estos nuevos nichos creativos, a través de las cuotas de sus socios, o tirando del socorrido – y ya manido- “micromecenazgo”. Tampoco se les caen los anillos vendiendo mercadotecnia, entradas y bonos –si son artes vivas-, o improvisando un remedo de bar. Mientras, el dinero público se invierte fundamentalmente en eventos mediáticos, multitudinarios, fácilmente digeribles por la población y casados con la gastronomía, el mercadeo o el espectáculo. Por lo que podríamos afirmar que la ciudadanía con inquietudes que busca una cultura de calidad y no de cantidad debería acudir sin dilación a estas pequeñas islas culturales

En Gasteiz, contamos ya con una nutrida red de espacios culturales –llamémosles- “alternativos” o “autogestionados”. Incluso un periodista local se ha preocupado de recopilarlos -en formato “guía”- catalogando setenta y cuatro locales en los que se produce o difunde cultura. Aunque, si somos sinceros, buena parte de ellos son espacios dedicados a la hostelería o al comercio. Espacios en los que el empresario al timón despliega una programación cultural. Opción digna de encomio. Pero se hubiera agradecido una guía más rigurosa. Pues no se puede empaquetar bajo el mismo sello, por ejemplo, a un bar en el que se programan conciertos los sábados a la noche que a un espacio cultural que apuesta por presentar propuestas no comerciales o experimentales. En ese sentido, esta guía más que esclarecer, enturbia. Confunde al ciudadano. Pero no deja de ser un avance pues pone el foco en una nueva realidad: la cultura fluye en las calles. Aunque, y eso hay que decirlo, en estado precario.

Ayer mismo podíamos asistir a la inauguración de la exposición “Lapis” del veterano fotógrafo César San Millán. Una expo que podemos visitar estos días en el espacio autogestionado “Zas Kultur”. Y una expo que patentiza una triste realidad: que ciertos espacios “alternativos” están asumiendo en nuestra ciudad la función de mostrar trabajos de calidad pues vivimos en una ciudad en la que no existen galerías de arte contemporáneo que realicen ya esa función. En ese sentido, no conozco ninguna ciudad española –aparte de la nuestra- que no disponga de una galería de arte contemporáneo en la que se pueda mostrar y vender obra de interés.

3.10.17

FELIZ ESTUPIDEZ

El nuevo curso cultural ya ha llegado. Pero nos toca repetir una vez más pues suspendemos siempre. Nuestras instituciones públicas siguen apostando  –salvo escasas excepciones que confirman la regla- por costear actividades que deleiten a la ciudadanía. Saraos amenos, divertidos: festivales, ferias, espectáculos… “De todo tiene que haber en la viña del señor”, dice el refrán. Pero, estos últimos años, estamos viendo que de nuestras viñas sólo brotan uvas de aroma superficial. Nuestros representantes políticos deberían recapacitar sobre cuál es el sentido de la cultura que se financia con dinero público. ¿La diversión de la plebe? ¿Ese es su objetivo? ¿O es sólo un medio para suavemente introducirnos en aguas más profundas? Las conformadas por pensamiento creativo y reflexión crítica. Diferenciar el fin y del medio y no confundir ambos entre sí, ese es el quid de la cuestión.
Navegamos últimamente en las superficiales aguas del populismo ya sea éste de derechas o de izquierdas. Las aguas profundas, no interesan. Y así se promueve por doquier el pensamiento simple. Y no podemos olvidar que sólo a través del pensamiento complejo podremos conseguir que esta sociedad mejore. Que el avance social sea posible.
Los centros culturales, los museos, las bibliotecas y universidades… cunas de lo complejo, se están convirtiendo en buques a la deriva, instrumentalizados por los políticos de turno que nombran a sus capitanes a dedo según sea su capricho. Incluso algunos funcionan sin director, como es el caso del Patio Herreriano de Valladolid que lleva un año sin que nadie maneje su timón.

Desde 2008, los grandes navíos culturales que se habilitaron en tiempos de bonanza han visto mermar su presupuesto a la mitad. Y así siguen. Con la mayoría de la tripulación en condiciones de alta precariedad. Como es el caso de los pertenecientes a los diez museos catalanes que este verano se han levantado en huelga. Mientras, un faro aparece en Madrid: su Ayuntamiento multiplica por nueve las ayudas a la creación cultural.

Concluyo con una anécdota: el otro día una persona, hasta entonces, desconocida contactaba conmigo a través de una red social para que un servidor moviera hilos en este periódico en el que escribo para colarla en no sé qué rueda de prensa del festival de televisión pues le interesaba acudir para codearse con no sé cuáles famosos de turno. Le contesté, entre otras cosas relacionadas con la moral, que ese festival me parece un despropósito absoluto: casi 300.000 euros de dinero público dilapidados para traer personajes televisivos a Gasteiz y que los vitorianos podamos así hacernos “selfis” con ellos. Me contestó que ese “festi” es cultura y que, además, hace feliz a la gente. Así de simple me lo dijo. Mi respuesta no fue ni tan simple ni tan breve. Pero cortó rauda y veloz mi reflexión porque tenía prisa por buscar a otra persona que le colara en el evento. Y lo consiguió. Esperemos que esa felicidad tan cara aún le dure. 

PROFETAS

Aunque un servidor no es teísta, hay una sentencia recogida en la Biblia de la que el menda se declara fan incondicional: “De cierto os digo, que ningún profeta es aceptado en su propia tierra”, dice Lucas, el evangelista, (4:24) que declara el mismísimo Jesucristo. Parece ser que el Profeta por excelencia no gustaba de predicar en su territorio pues por ser oriundo de la zona sus convecinos no le hacían ni caso. De ahí proviene el socorrido refrán “nadie es profeta en su tierra”. El que esto suscribe, añadiría, además, que si esa tierra citada es Gasteiz, el susodicho refrán se convierte en máxima. Tenemos el caso de Artium, que fuera de los altos muros de nuestra ciudad es reconocido como un espacio ejemplar dedicado al arte y a la cultura. Hace unos meses, por ejemplo, leíamos en el ABC lo siguiente: “Artium, en Vitoria, ha conseguido en esta década y media posicionarse como centro de referencia nacional, sin artificios ni desmesuras, logrando que la ciudad en la que se asienta tenga un modelo sostenible de actividad cultural cuidado, de calidad y plural”. Y continuaba: “Equilibrar los programas, tanto a nivel presupuestario como de interés para los diversos públicos, ha hecho que Artium se haya convertido en una rara avis de nuestra geografía, y que se haya mantenido en pie ante una situación nada idílica para los grandes centros de los años 2000.” Y así, verbigracia, la exposición de Liliana Portier que hemos podido visitar en Artium hasta hace escasos días ha tenido esplendoroso eco en todos los grandes medios impresos de este país.


Y ahora, hoy mismo, podemos asistir a la inauguración de una gran muestra de otro profeta alavés que lleva predicando fuera de nuestras tierras mucho tiempo: el vitoriano artista afincado en Palma de Mallorca desde hace ya varias décadas Santos Iñurrieta. Iñurrieta ha preparado un despliegue pictórico como jamás hemos podido contemplar antes en Artium: sus paredes parecen recoger una explosión atómica de colorística imaginación y fantasía. Santos, además, usa la pintura como medio para crear relatos. Las obras de Santos encierran misterio, simbolismo. Porque las escenas compuestas son alegóricas. El espectador es invadido por una turbamulta de raros personajes, objetos y entornos. Con claras influencias del cómic, de la ilustración, del arte naif, de la historia del arte y del universo del Tarot, Santos deforma las figuras y los objetos buscando un extrañamiento de carácter esotérico. La abundante proliferación de detalles pintados con sumo mimo y la simplificación de las formas le acerca al arte tribal. Al arte realizado por las minorías étnicas aún no corrompidas por el actual sistema de mercado. Son obras, por lo tanto, que tienen cierta inocencia, transpiran ingenuidad. Pero, al igual que los dibujos de los niños, la obra de Iñurrieta se hace intensa y fuerte desde esa naturalidad que es capaz de traspasar la realidad. Un cita ineludible, esta que nos ofrece desde hoy Artium. 

2.10.17

EMPRESA

Vivimos dentro de una gran empresa. Todo es empresa. Todo es negocio. Nuestras instituciones públicas, por supuesto. Sólo nos quedan algunos pequeños resquicios “sin código de barras” en los que aún podemos crear, pensar, quizá soñar. Habría que intentar ensancharlos, pero remar contra el viento, es ardua tarea. Y, además, estamos solos: las instituciones nos han abandonado. Están en su bussines continuo. Así que escupimos contra el viento.

Leíamos el otro día en los diarios lo siguiente: todos los vitorianos debemos congratularnos pues dentro de una par de semanas acogeremos en nuestra ciudad la décima edición del Triatlon Vitoria-Gasteiz. Eso sí: el motivo de nuestro regocijo no tiene que ver con los valores intrínsecos que este deporte u otros nos aporta. Versa sobre los siete millones de euros de retorno para la ciudad que el organizador del asunto jura que este negocio deportivo nos aporta. Hay una inversión de un millón, pero ganamos siete, argumenta. La cuestión es que buena parte de ese millón de euros –como sucede siempre con estos “negocios de ciudad”- mana de la fuente del dinero público. Y los siete millones de euros llueven sobre manos privadas. Pero sólo sobre algunas. Pues para que la ciudad obtuviera ese retorno prometido de manera equitativa la ecuación –aprendida en segundo de EGG- que deberíamos de hacer es la siguiente: siete millones de euros divididos entre los 244.634 habitantes de Gasteiz nos arroja un saldo positivo de 28 euros por habitante. ¿Podemos ir todos los vitorianos a hacer cola ante el ayuntamiento para que nos den en mano ese dinero? Es una pregunta retórica, obviamente. En cambio si el gasto público es de un millón, todos hemos apoquinado cuatro euros por cabeza aportados con nuestros impuestos. Ponemos cuatro y dejamos de ganar 28. Saltar de alegría, por tanto, no tiene sentido si uno no es dueño de una cadena hotelera. El retorno de Triatlon va a parar al bolsillo de unos pocos pero a costa de la inversión de todos. Esa es la realidad.

No hay escape. Intentar alquilar nuestra casa en Airbmb o similar cuando tienen lugar en nuestra ciudad un Azkena Rock, este Triatlon o eventos similares que están pensados para “cazar turistas”. E irnos a dormir a la casa materna esos días. Como hacen muchos. De esa manera, igual sacamos un pellizco. Las migajas. Lo suyo sería que ese retorno, si fuera real, se invirtiera en políticas sociales, culturales, educativas. Ciencia ficción.

Pero no nos preocupemos. Estamos en el país de la fiesta. El Titanic se hunde pero los músicos siguen tocando mientras algunos paguen sus copas. El organizador del Triatlon, entendiendo bien el asunto, ya ha prometido que coincidiendo con el evento deportivo se programarán tutiplén de actividades variadas por la ciudad, alegres y divertidas, para que la gente que viene de fuera se lo pase pipa. Colémonos en esa “fiesta de boda”. Que nos dejan. Aunque ese día, algunos iremos a otra ciudad más tranquila.

MICROMECENAZGO

Como es sabido, el micromecenazgo -o crowdfunding- es una herramienta que sirve para financiar de manea colectiva proyectos de diversa índole. Una herramienta desarrollada hace escasamente una década: su bautizo coincide con el inicio de la crisis económica en 2008. Recordemos que la debacle monetaria trajo consigo el cierre del grifo de la financiación bancaria. Por otra parte, las instituciones públicas también retiran su apoyo a gran número de propuestas de investigación, emprendimiento, creación. Por una parte, porque el dinero público se invierte en rescatar a los bancos, y, por otra, porque se aprovecha esta coyuntura para aplicar unas políticas marcadamente neoliberales. La financiación a través de la colaboración colectiva no deja de ser, por lo tanto, una fórmula de supervivencia para la gente de la cultura, de lo social, del emprendimiento. Una fórmula que permite que múltiples iniciativas se desarrollen con el apoyo de la sociedad civil pues tanto las instituciones públicas como las privadas parecen haberse esfumado. Apoyos que no sería posible conseguir sin la existencia de los medios de comunicación electrónica: existen plataformas virtuales de crowdfunding que sirven de soporte para que el necesitado de recursos económicos pueda encontrar esa financiación. Éste envía el proyecto a dicha plataforma describiendo su proyecto y el dinero que necesita, se promociona en “la nube” lo máximo posible… y puede que el emprendedor consiga la financiación o no.

Un ejemplo cercano de crowdfunding en nuestra ciudad: el realizador Aitor López de Aberástegui busca financiación para la realización de un documental. Aitor, describe así el proyecto: “Bidean jarraituz es un largometraje documental que hablará sobre el camino recorrido por Bingen Mendizabal, desde sus inicios hasta convertirse en uno de los más importantes creadores de bandas sonoras de nuestro cine, la historia de un hombre sencillo haciendo grandes cosas. Hablaremos sobre el binomio música-cine a través de la historia de nuestro protagonista y de la del resto de grandes artistas que han participado en su carrera durante los últimos treinta años. Trataremos temas como la influencia de la crisis en las formas de hacer cine y música o la importancia de hacer lo que a uno realmente le gusta, algo habitualmente alejado de la vorágine del éxito dentro de la cultura de masas.”

Para muchos, el crowdfunding puede ser una solución. Pero es una solución que evidencia que existe un problema. Y el problema es que las instituciones públicas han abandonado sus responsabilidades hacia el mundo de la cultura. No puede ser que la respuesta sea que la ciudadanía que ya paga sus impuestos para que el trinomio “cultura, educación, sanidad” esté al alcance de cualquiera tenga que, además, constituirse en mecenas. Esperemos, por lo tanto, que nuestros departamentos de cultura apoyen este documental que habla de nuestro cine, de nuestra música y de nuestros artistas.

30.9.17

MOSTRENCOS

Hace unas semanas leíamos en los medios como a través de una declaración de intenciones, bastante mal redactada, por cierto, Susana Díaz se dirigía a las bases del PSOE esbozando una hoja de ruta para abordar el futuro de la cultura de nuestro país. Más allá de que finalmente el bloque socialista desde el que se arropaba la peregrina propuesta no fuera “el caballo ganador”, quedaba bastante en evidencia lo que muchos que se autodenominan socialistas entienden por hacer política hoy en día en materia de cultura. Resumiendo mucho el programa cultural –por llamarlo de alguna manera- que se lanzaba a las militantes bases, lo que se ponía sobre la mesa era lo siguiente: que los esfuerzos desde la gobernanza deben dirigirse a impulsar propuestas culturales que sirvan para entretener a los millones de turistas que acuden a nuestro país. Algo muy en línea con lo que también desde el Partido Popular se piensa.

La cultura no importa, en resumen. Sólo si a través de ella se consigue algún beneficio económico, tiene interés el “gasto” que se le presupone. De ahí la idea de incentivar el “turismo cultural”. Con ese fin, el plan consiste en ampliar la idea de “fiesta española” que se proyectaba desde la España franquista hacia el exterior para atraer turistas a nuestro país. Parece ser que aún seguimos utilizando la misma herramienta que utilizó Franco durante la postguerra para que nuestro país saliera rápidamente de la pobreza pero que nunca fuera rica: puso a campesinos y pescadores a servir copas y vender suvenires. Y así, hoy en día aún, en nuestras ciudades los turistas tienen que seguir encontrando esa diversión “a la española”: ferias de vino, gastronómicas, mercados medievales, festivales a tutiplén… Lo toros, la paella y la sangría ya no venden tanto como antes. Hay que buscar productos sustitutos. Y la cultura debe de enfocar sus esfuerzos en ello. No es de extrañar que en Japón exista un parque de atracciones enteramente dedicado a nuestro país: “Parque España”, se llama. Porque, en fondo, lo que muchos de los que nos gobiernan quieren es que ese parque japonés se extienda a toda España. Que esto sea un parque de atracciones de 500.000 kilómetros cuadrados.

Cuando un país se regodea de su propia incultura y se olvida de sus artistas e intelectuales, jactándose de que el criterio, el saber, no dejan de ser valores “elitistas” y que hay que ser “sencillo” y “descomplicado”, ese pueblo es un ignorante. Y la ignorancia es peligrosa porque una comunidad obtusa se creerá cualquier cosa que lea o vea en los medios. Un pueblo mostrenco es manipulable. Hace años un, por entonces, alcalde de nuestra ciudad proclamaba públicamente que los vitorianos deberíamos aprender el idioma de Shakespeare para poder comunicarnos en condiciones con los turistas extranjeros. Ahí queda eso. El conocimiento debe de ser usado no para intentar mejorar el mundo que no rodea, no. Debemos aprender inglés para que los que nos visitan se sientan a gusto y consuman más.

OKUPACIÓN

El fenómeno conocido como “okupación” “okupa” desde hace días los medios de comunicación locales. Y lo hace, como todos sabemos, a raíz de los últimos sucesos acaecidos en el barrio de Errekaleor. Un lugar, recordemos, cuyos techos que llevan abandonados varios años están siendo utilizados desde 2013 por centenar y medio de jóvenes. Jóvenes que han insuflado vida a ese barrio. Jóvenes a los que se les quiere desalojar ahora para posteriormente derribar Errekaleor. La idea, parece ser, según señala estos días nuestro Consistorio es construir sobre lo derruida huertos ecológicos. El conflicto estallaba hace unos días en los medios cuando Iberdrola se acercó al lugar para dar tijeretazo al suministro eléctrico.

El problema no la han desencadenado los “okupas”. El problema lo originó, quince años atrás, nuestro consistorio cuando, en plena orgía urbanística, proyectó construir en ese barrio 400 viviendas de lujo realojando en otras zonas de la ciudad a las cerca de 200 familias que ahí vivían. De aquellos barros vienen estos lodos. Por entonces algunos de los vecinos se negaron a ser dispersados pues el barrio tenía una identidad que iba a ser borrada del mapa. Como ahora, se aducía que Errekaleor no reunía condiciones de habitabilidad. La realidad es que Errekaleor está en la zona sur de nuestra ciudad. La zona más cálida. Es un lugar tranquilo que huele a campo. El espacio ideal para que ricas familias vivan y no “pobres obreros” o, ahora, “díscolos okupas”. Además, de carambola, la ciudad podía así completar el trozo de anillo verde que queda aún por trazar.

Pero más de cuarenta familias se negaron a abandonar un barrio que contaba con todos los servicios deseados -iglesia, bar, parque, polideportivo, centro cultural, cine, parada de autobús…- a cambio de pisos en Salburua o Zabalgana. Y crean, en 2006, una plataforma reivindicativa. Mas en 2010 el Ayuntamiento decide expropiarles sus casas como medida de presión. Doce familias se siguen resistiendo al realojo. Para entonces, la crisis económica es una realidad. No hay ya negocio para este ayuntamiento que desde siempre ha especulado con el terreno público. El nuevo plan urbanístico se paraliza. No hay derribo. Después de quince años de planes negociaciones, reuniones, reubicaciones, expropiaciones, dramas vecinales…. el plan inicial no se puede ejecutar.

Así que en 2013 un grupos de estudiantes de la UPV “okupa” con el permiso de los vecinos las viviendas de uno de los edificios para denunciar, como todo movimiento “okupa” que se precie, la especulación urbanística así como la dificultad que tiene la juventud para acceder a un derecho fundamental recogido en la Declaración Universal de los Derechos humanos: una casa digna.

Ambas partes deberían dialogar. Como así se ha hecho en otras ciudades más avanzadas. En Barcelona, por ejemplo, existe una extensa red de centros sociales y casas “okupadas” que cuenta con el apoyo de la ciudad. Sería algo mejor que el mejor de los huertos.

DIGESTIÓN

El espacio independiente Zas Kultur congregaba ayer jueves a varias personas pertenecientes a tres colectivos de nuestro territorio. Y lo hacía bajo el sugerente título: “Autogestión y di-gestión”. El objetivo del encuentro era sentar sobre una misma mesa a esta triada de señeras agrupaciones paradigmas de la autogestión, pues entre las tres suman casi un siglo de existencia. Y que, de alguna manera, éstas hicieran una “digestión” pública de ese trabajo suyo “digerido” durante tantos años. Pues hablamos de colectivos que nacieron en Gasteiz en los tumultuosos años 80. Una década ésta, los ochenta, que trajo nuevos aires de libertad. Década en la que surgen nuevos movimientos alternativos que se hacen populares entre los jóvenes de Gasteiz. Una Vitoria-Gasteiz que arrastraba aún por entonces la sambenita fama de ser una ciudad de curas y militares. O "de rancho y agua bendita”.

A este encuentro, por una parte, acudían miembros de la pionera radio libre Halabedi para hablarnos de su experiencia dentro de este colectivo. Hala Bedi irratia nacía en 1983, no sólo como un medio de comunicación, sino como un movimiento social más que fuera un factor de agitación en la ciudad. Un revulsivo que posibilitara la acción crítica.

Por parte de la revista de humor gráfico e historietas TMEO, acudían algunos de sus coordinadores actuales y también de sus fundadores. El irreverente TMEO nacía en 1987. En sus páginas, desde entonces, han tenido el honor de publicar los principales historietistas de nuestro país. Pero el TMEO ante todo, es una obra desmesuradamente grupal, y por serlo así, de naturaleza caótica. Con una tendencia muy clara hacia lo gamberro y el humor irreverente. Después del semanario “El Jueves”, TMEO es la revista más longeva del Estado.

Finalmente, gente del Gaztetxe nos hablaba de su trabajo dentro de la asamblea de jóvenes que gestiona este centro social “okupado” desde 1988 situado en lo alto de la colina de Vitoria-Gasteiz.

¿Cuál es el secreto de estos tres proyectos auto gestionados? ¿Cómo funcionan en su día a día? ¿Han mutado su modelo con el devenir del tiempo? Estas eran algunas de las cuestiones abordadas. Algunas de ellas quedaron sin respuesta, pues para ello hubieran hecho falta unas cuantas jornadas de trabajo y reflexión. Pero algunas conclusiones emergieron. Por ejemplo: cuando los objetivos de un colectivo son concretos y no abstractos, estos unen a las personas que los comparten. En el caso de Hala Bedi, lograr que su radio emita a diario sus contenidos. El Gaztetxe, realizar una programación cultural enfocada al barrio. Y el TMEO, poner en las calles cada dos meses su revista de humor. Pero, y ahí está la diferencia con otras iniciativas, hacerlo de una manera libre fuera del calor institucional que mediatiza todo lo que toca. En ninguno de los tres casos existe un afán de lucro. Se busca, eso sí, la sostenibilidad. Todo ello desde una óptica siempre crítica con el pensamiento imperante.

PLANES ESTRATÉGICOS

Comentábamos hace unos meses que, desde hace casi dos años, se está elaborando en nuestra ciudad un Plan Estratégico en materia de cultura. Y otro en nuestra provincia. El primero, al ritmo pausado que avanza, parece que se presentará ante la ciudadanía poco ante de que el equipo de gobierno municipal termine su mandato. Con lo que pude ser que, si hay futuros cambios de timón, dicho plan tenga una vida muy corta. Y el segundo, estos días se está debatiendo en Juntas Generales de Álava para su pronta –y casi segura- aprobación. En este caso no esperábamos un Plan Estratégico de Cultura con un excesivo foco interno centrado en la propia institución. Como si este no fuera un plan pensado para provincia sino para la propia Diputación. Tampoco esperábamos que cuando el plan habla de “lo externo” a la propia institución, se presente como “foco vertebrador del Territorio”, como si en vez de cultura estuvieran hablando de carreteras, de transporte, o de una suerte de objetivos medioambientales. Sí esperamos un Plan Estratégico para las personas que favoreciera la cohesión territorial y construyera un ecosistema cultural territorialmente equilibrado. Pero parece ser que esto no va a ser así.

Tenemos, por lo tanto, dos planes estratégicos por el precio de …. dos. Pero, ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de “Plan Estratégico”? Un Plan Estratégico de Cultura, resumiéndolo mucho, es un documento que tiene como principal objetivo analizar cuál es la situación de un territorio en el ámbito cultural y, partiendo de un buen diagnóstico, identificar sus necesidades para, finalmente, darles respuesta. Se parte de la premisa de que el desarrollo de un territorio no sólo estriba en su crecimiento económico sino que también se sostiene en un desarrollo cultural eficiente. Así que la puesta en marcha de un plan estratégico es un desafío serio. Hay que intentar, por lo tanto, afrontarlo con éxito. Sobre todo en nuestra territorio que ha sufrido los estragos de años de improvisación y de desgobierno cultural. Y así nos encontramos ahora por debajo del nivel de producción cultural alcanzado en ciudades vecinas. Pues la cultura, recordemos también, supone un 4% del Producto Interior Bruto español, generando 750.000 empleos. Aunque, como siempre hemos dicho, la cultura es mucho más que un recurso económico: como el medio ambiente, por ejemplo, es un bien común que hay que apoyar y proteger por sus propios e intrínsecos valores.

Los planes que ahora mismo se están elaborando en nuestro territorio siguen el manual de los redactados con escaso éxito en otros territorios. Son dos planes estratégicos sumamente genéricos.

Nuestra cultura necesita de concreción: proyectos, programas y acciones elaborados sobre objetivos claramente medibles y evaluables. Si las actuaciones no aparecen, será porque que nuestros representantes políticos nos quiere tener entretenidos varios años con esto de los planes estratégicos mientras la cultura sigue ahí, en un agujero.

24.9.17

SIMONIDES

Ayer se inauguraba en Zas Espacio, ese espacio cultural de carácter independiente situado en la siempre inquieta -cultural y comercialmente hablando- calle Correría de nuestra ciudad, una exposición del histórico artista Simonides.

Simonides es el pseudónimo de Ernesto Murillo (Navarra, 1952). Autor de una buena decena de monografías de cómic ampliamente conocidas por cualquier aficionado al cómic que se precie. Por señalar algunas, podemos citar: Preludio de los sanfermines (1979), El Zestas y El Zestas 2 (1988 y 1990), Paco el Chota (1996) o Ciencia infusa (2004).

Simónides publicó sus primeras historietas en la revista contracultural Star a finales de los setenta. Una revista que nació año y medio antes de que Franco muriera. Una revista que acogió y fue plataforma de un gran puñado de dibujantes, fotógrafos e lustradores que han dejado huella en nuestra cultura: Ceesepe, Nazario, El Hortelano, Montxo Algora, Ouka Lele, García-Alix, Peret, Pérez Sánchez…

Murillo, asimismo, colaboró en la mítica cabecera de cómics El Víbora. También nacida en los estertores del franquismo y que dio cabida a una nueva generación de historietistas españoles. Dibujantes que vivían por entonces en comunas y se volcaban en contar historias marginales. Nos referimos a Mariscal, Nazario, los hermanos Farriol, Montesol, Max, Martí, Roger, Isa, Pámies, Onliyú… Tanto Star como El Víbora influyeron en lo que luego se conoció como “movida madrileña”. Sería imposible entender el arte, el cine o la música de los ochenta dejando a un lado estas dos míticas publicaciones.

Simónides ha colaborado, según épocas, en las revistas Euskadi Sioux, Makoki, Harakiri, Habeko Mik, Ardi Beltza y, como no, en TMEO, revista de la que fue uno de los fundadores. También como historietista ha trabajado para periódicos como Egin, Navarra Hoy y en el suplemento Zazpika de Gara.

Ernesto Murillo, por lo tanto, es un “histórico” del cómic de ámbito nacional. Pero también este autor se ha dedicado toda su vida a pintar cuadros, exponiendo sus trabajos en múltiples exposiciones individuales y colectivas. Desde que contaba con dieciocho primaveras hasta las sesenta y cinco que luce ahora. Murillo pinta “de memoria”, siempre figurativo. Sus pinturas, como buen contador de historias que es, tienen una fuerte carga narrativa, poniendo técnica y estilo al servicio de ésta, creando relatos visuales que emanan “realismo mágico” o cierto surrealismo. En Zas podemos contemplar estos días una docena de sus obras.

También si nos acercamos a Artium podemos ver en la fachada una imagen de gran tamaño pergeñada por Murillo. Una versión actualizada de la conocida obra de Goya “El dos de mayo de 1808” -también llamada” La carga de los mamelucos” -, obra que recoge el violento estallido popular de los madrileños en contra del invasor francés. Irónicamente Simónides sitúa la escena en los tiempos actuales: una variopinta ciudadanía parece ahora alzarse en armas contra el poder establecido.

80 TACOS

El museo Nacional de Arte Reina Sofía acoge estos días la exposición “Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica”. Una exposición que coincide con el octogésimo aniversario del mítico cuadro de Picasso. Una muestra que estos días colecciona colas. Una muestra en la que las referencias a la Guerra Civil son escasas. La pareja matrimonial de los notorios historiadores del arte Anne Wagner y T. J. Clark defienden una tesis no muy bien encajada por algunos: el Guernica no se realizó como producto del efecto causado en el artista ante masacre del pueblo de Gernika ocasionada por la aviación nazi sino que Picasso pintó esta obra por pura evolución plástica. Nada nuevo bajo el sol. Mucho se ha hablado de un cuadro que no deja indiferente a nadie. Sus réplicas en formato souvenirs son lo más vendido en la tienda del Reina. Es la obra favorida de los turistas. Siempre hay numeroso público contemplándola. El Reina no sería el Reina sin el Guernica.

Recordemos que este mural fue producto del encargo del Gobierno Republicano para ser expuesto junto a otras piezas en la Exposición Internacional celebrada en París en 1937. Exposición que coincidió con la Guerra Civil. Picasso percibió 200.000 francos de entonces por su trabajo. 120.000 euros, en la actualidad. Casi diez veces más de lo que el artista había cobrado nunca por una obra.

Los primeros bocetos realizados por el artista fueron realizados antes del bombardeo del Guernica. Bocetos que fueron cambiando pero no en demasía. La obra, por lo tanto, habla de España y de la Guerra Civil pero no del pueblo de Gernika. Fue el galerista de Picasso el que bautizó el cuadro cuando visitando al artista mientras lo estaba pintando y siendo conocedor del bombardeo de Gernika exclamó “Guernica”. La realidad es que el cuadro no gustaba en la Exposición: el tema era sangriento y los europeos se encontraban en vísperas de la segunda guerra mundial. Tampoco se salvó de las malas críticas. Los alemanes lo tildaron de degenerado, para los comunistas –más amantes del realismo- tampoco era de su gusto. Ante este panorama algunos miembros del Gobierno pensaron en sustituir la obra por una del vasco Aurelio Arteta sobre la guerra civil. E hicieron campaña para ello. Pero no consiguieron su propósito. Entonces a los responsables políticos del pabellón les pareció oportuno relacionarlo con la masacre ocurrida en Gernika. Masacre que había ocurrido en las mismas fechas de realización de la obra. Por otra parte el gobierno republicano necesitaba del apoyo de los artistas para su propaganda y Picasso, por entonces, era un pintor internacionalmente reconocido. Y el Guernica viajó saliendo de Francia con la idea de recaudar fondos para la República: Noruega, Londres, Nueva York, Chicago, Boston, San Francisco… Con muy poca recaudación, por cierto.

Hablar del Guernica en condiciones me exigiría disponer de un espacio enciclopédico. Así que pido comprensión por este final que es: “continuará la semana que viene”.

GUERNICA

La semana pasada departíamos sobre El Guernica en ocasión de su octogésimo aniversario. Explicábamos que Picasso pintó esta obra por pura evolución plástica y no como respuesta al bombardeo del pueblo de Gernika. Decíamos que esta monocroma y tremebunda obra no gustaba en su día, recibiendo malas críticas de público y especialistas. Que por ello al gobierno republicano en el exilio le pareció oportuno relacionarla con la masacre ocurrida en Gernika pues la destrucción de la ciudad vasca había ocurrido en las mismas fechas de realización de la obra. También contábamos que el cuadro fue utilizado con fines propagandísticos por dicho gobierno, viajando por medio mundo para recaudar fondos para el bando republicano así como para los refugiados que huían de España. En 1942, el cuadro se instala. Se “refugia” en Manhattan, en el MOMA, hasta su regreso a España cuatro décadas después.

Gradualmente la obra se convierte en el monumento antibelicista por excelencia. Es decir: en anti monumento. Quizá el primero de la historia del arte. Llega a ser tan célebre que incluso Franco quiere, a finales de los sesenta, que la obra vuelva a España pese a que El Guernica no deja de ser un símbolo de un genocidio fascista. Pero Picasso se opone a ello. “Solamente volverá con la República” y dirige una carta al MoMA dejando registro escrito de su oposición a que su obra sea repatriada. Años después de la muerte de Franco, y también de Picasso, el abogado del artista firmó la conformidad -hablamos del 21 febrero 1981- para su retorno a España. A los dos días, el teniente coronel Tejero asalta el Congreso español en un fallido golpe que como efecto colateral producirá dudas en los norteamericanos sobre la pertinencia de que el legendario cuadro antibelicista regrese a una España con una democracia tan endeble. Pero las dudas se acaban disipando.

El Guernica, no deja de ser, por lo tanto una obra grupal. Aunque Picasso lo pintó, capas de significado han sido añadidas después. Por el gobierno republicano que encargó dicha obra y lo utilizó con fines propagandístico. Por el museo que lo acogió. Por el dictador español que lo quiso recuperar aun siendo una bofetada propinada contra él mismo. Y por los ciudadanos del mundo entero que en peregrinación han acudido y siguen acudiendo a contemplarlo.

“Hacía un día espléndido y el avión venía lleno de turistas con camisas de flores y el irremediable ataque de melancolía que suele traer de la mano el final de las vacaciones. Eran las 8,27 de la mañana del 10 de septiembre de 1981. El Boeing 747 EC-DLD Lope de Vega, vuelo comercial Iberia IB-952 procedente del aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, tomó tierra en Barajas con 319 pasajeros y 19 tripulantes a bordo. Con los motores aún encendidos, el comandante Juan López Durán tomó la palabra y, con voz entrecortada, dijo: “Señoras y señores, bienvenidos a Madrid. Tengo que decirles que han venido… acompañando a El Guernica de Picasso en su regreso a España”.

POLUCIÓN

Como siempre por estas fechas, después de las vacaciones de Semana Santa de marras, nuestras instituciones se frotan las manos mientras hacen feliz balance del impacto económico generado por el turismo. En nuestro caso, en el ámbito vasco -ya que el turismo de sol y playa primaveral nos queda lejano por habitar en estas tierras destempladas- el cálculo de rigor versa sobre la huella monetaria generada por el turismo cultural. Nos hablan de la creación, o el mantenimiento de empleo, que genera el turismo, de las pernoctaciones hoteleras de los que nos visitan, de sus almorzadas en los restaurantes, haciendo cómputo de hasta el número de pinchos de tortilla de patata recalentada que degluten. La cuestión es “hacer caja”. Se habla, siempre, de la riqueza económica generada por el turismo. Y punto final del balance. Porque, ¿acaso hay algo más de lo que hablar? ¿Se olvida alguien de algo? Como escribía Quevedo: “Poderoso caballero es don Dinero. Madre, yo al oro me humillo; él es mi amante y mi amado.”
Sería fundamental hablar de cuál es el impacto cultural, social, incluso económico a largo plazo, que genera el turismo. Quizá deberíamos comenzar la reflexión recordando una realidad: España es el país más visitado del mundo en proporción a su población: recibe setenta y cinco millones de turistas al año. El tercero del mundo –Francia acoge ochenta millones y EEUU, setenta- sin tener este dato en consideración. El gasto medio de cada turista a su paso por nuestro país es de mil euros. Hablamos, entonces, de que el turismo nos genera unos ingresos de 75.000 millones de euros. Esa es la realidad. Que nos lleva a lanzar la pregunta del millón, valga la redundancia. Ésta es: si el turismo es tan estupendo para nuestra economía y somos los “number one” del universo turístico, ¿por qué la economía de nuestro país no está a la cabeza del mundo? La media de la tasa del paro en la zona euro no llega al 10% y en España ésta se duplica. Por arrojar un dato.
Podríamos concluir sin temor a equivocarnos que muchos de los males que aquejan a nuestro país como puedan ser la especulación urbanística, malversación de fondos, generación de empleo temporal… provienen de un país cuya piedra angular de la economía proviene del turismo. Que no deja de ser herencia del franquismo.

En Barcelona, en Ibiza y en otros lugares asolados por el turismo los ciudadanos ya empiezan a sublevarse hartos de que su futuro sea servir mesas a los uniformados de chanclas y bermudas, obligados a vivir en las periferias pues los centros históricos han sido ocupados por hordas de turistas. Centros en los que experiencias como tomarte un café o alquilar una casa sólo pueden ser vividas por turistas procedentes de la zona rica del euro. “Polución turística”, le llaman al fenómeno. La sangre no ha llegado al río aún, pues no tenemos noticia de que se haya quemado ningún chiringuito, pero, y ya en serio, es tiempo de pensar qué tipo de economía queremos potenciar. 

10.5.17

PUENTE KWAY

En julio del año pasado se anunciaba que la parcela ocupada por frontón de El Campillo y el Palacio Escoriaza Esquivel acogerá el proyecto cultural estrella de Bildu: el Gasteiz Antzokia. Recordemos que este proyecto –proyecto pensado para impulsar la cultura eukaldun- fue propuesto en 2008 por el que por entonces era el único concejal de EA –Antxon Belakortu–, hoy integrado en la coalición EH Bildu. De hecho, el coste del nuevo equipamiento se incluyó en el presupuesto municipal de 2008, apoyado por el PNV y el PSE. Un proyecto que se iba a levantar por fin en 2013 en la parcela de los antiguos cines Guridi. No cuajó. Después se pensó en que el antiguo banco de España fuera el lugar que lo albergara. Tampoco prendió esa idea. Más tarde se apostó por levantarlo encima del Depósito de Aguas, incluso se elaboraron unas bonitas infografías. Pero el Antzokia no salió del plano de la “cultura ficción” en el que parecía estar atrapado. Y, ahora –y parece que esta vez va en serio si el asunto, eso sí, cuaja antes de que se cierre la actual legislatura- la ubicación elegida es la cima de la colina de Gasteiz. El Ayuntamiento convocó este enero pasado un concurso de ideas para la organización y el diseño del Gasteiz Antzokia en la parcela ocupada por el frontón y el Palacio. Se han presentado 14 ideas.

Tanto el vecindario como quienes están detrás del proyecto del Antzokia manifestaron en su día que preferirían que no se tocara el espacio del frontón. Es por eso que en el pliego de condiciones del concurso se incluyó la posibilidad de no derribarlo. Recordemos que dicho frontón es una infraestructura que el barrio recuperó y que lleva años autogestionándose de manera asamblearia. Una experiencia vecinal única para el Casco Viejo pues, por primera vez en décadas, diversos colectivos y personas acordaron aunar esfuerzos y sensibilidades para solucionar un problema que la incapacidad institucional le había ocasionado a este barrio: la pérdida de su frontón. El frontón, es por tanto un símbolo más que un espacio. El frontón simboliza para muchos vecinos del Casco Viejo un trabajo conjunto. En ese sentido, da igual que lo incluyan o no en el pliego de condiciones como espacio físico a respetar, pues realmente lo que habría que respetar es su espíritu: la autogestión.

En la película “El puente sobre el río Kwai”, recordemos, unos reos ingleses deben construir por imperativo de los japoneses un puente sobre el río Kwai, en Tailandia, para que pase el por él el ferrocarril. Al principio su idea es sabotear el puente, pero, bajo el mando del coronel Nicholson (un excelente Alec Guinness) llegan a la conclusión de que el puente debe ser construido como algo que les une. Como símbolo de moral colectiva, espíritu de superación y dignidad ante las condiciones desfavorables en las que se hayan. En ese sentido, el frontón del Campillo es un puente. Y quizá el proyecto del Gasteiz Antzokia no lo sea.

22.4.17

POLUCIÓN

Como siempre por estas fechas, después de las vacaciones de Semana Santa de marras, nuestras instituciones se frotan las manos mientras hacen feliz balance del impacto económico generado por el turismo. En nuestro caso, en el ámbito vasco -ya que el turismo de sol y playa primaveral nos queda lejano por habitar en estas tierras destempladas- el cálculo de rigor versa sobre la huella monetaria generada por el turismo cultural. Nos hablan de la creación, o el mantenimiento de empleo, que genera el turismo, de las pernoctaciones hoteleras de los que nos visitan, de sus almorzadas en los restaurantes, haciendo cómputo de hasta el número de pinchos de tortilla de patata recalentada que degluten. La cuestión es “hacer caja”. Se habla, siempre, de la riqueza económica generada por el turismo. Y punto final del balance. Porque, ¿acaso hay algo más de lo que hablar? ¿Se olvida alguien de algo? Como escribía Quevedo: “Poderoso caballero es don Dinero. Madre, yo al oro me humillo; él es mi amante y mi amado.”

Sería fundamental hablar de cuál es el impacto cultural, social, incluso económico a largo plazo, que genera el turismo. Quizá deberíamos comenzar la reflexión recordando una realidad: España es el país más visitado del mundo en proporción a su población: recibe setenta y cinco millones de turistas al año. El tercero del mundo –Francia acoge ochenta millones y EEUU, setenta- sin tener este dato en consideración. El gasto medio de cada turista a su paso por nuestro país es de mil euros. Hablamos, entonces, de que el turismo nos genera unos ingresos de 75.000 millones de euros. Esa es la realidad. Que nos lleva a lanzar la pregunta del millón, valga la redundancia. Ésta es: si el turismo es tan estupendo para nuestra economía y somos los “number one” del universo turístico, ¿por qué la economía de nuestro país no está a la cabeza del mundo? La media de la tasa del paro en la zona euro no llega al 10% y en España ésta se duplica. Por arrojar un dato.

Podríamos concluir sin temor a equivocarnos que muchos de los males que aquejan a nuestro país como puedan ser la especulación urbanística, malversación de fondos, generación de empleo temporal… provienen de un país cuya piedra angular de la economía proviene del turismo. Que no deja de ser herencia del franquismo.

En Barcelona, en Ibiza y en otros lugares asolados por el turismo los ciudadanos ya empiezan a sublevarse hartos de que su futuro sea servir mesas a los uniformados de chanclas y bermudas, obligados a vivir en las periferias pues los centros históricos han sido ocupados por hordas de turistas. Centros en los que experiencias como tomarte un café o alquilar una casa sólo pueden ser vividas por turistas procedentes de la zona rica del euro. “Polución turística”, le llaman al fenómeno. La sangre no ha llegado al río aún, pues no tenemos noticia de que se haya quemado ningún chiringuito, pero, y ya en serio, es tiempo de pensar qué tipo de economía queremos potenciar.

REALIDAD

Por primera vez en nuestro país se publica un riguroso informe que confirma con datos la dura realidad económica y profesional de nuestros artistas. Mucho se estaba hablando de ella últimamente, sobre todo desde el inicio de la crisis económica, pero nadie se había animado a dejar de lado conjeturas y especulaciones para ofrecernos una perspectiva real de la situación de nuestros creadores. Hubiera sido de desear que esta labor la hubiera asumido nuestro Ministerio de Cultura, pues es responsabilidad de dicha institución pública velar por la cultura, por el arte, por nuestro patrimonio pasado, presente y futuro. Pero no ha sido así.

“La actividad económica de los/las artistas de España”, es un libro escrito por Marta Pérez Ibáñez, profesora de la Universidad Nebrija, e Isidro López Aparicio, profesor de la Universidad de Granada, editado por ambas universidades. Un libro que pone los puntos sobre íes. Las conclusiones son palmarias: los ingresos anuales del 64 por ciento de los artistas por su trabajo artístico no supera los 1.600 euros. En todo un año. De ahí que tengan la necesidad de compaginar la producción artística con otros trabajos. Pero ni con esas: un 47 por ciento de los artistas en España ingresan menos de 8.000 euros anuales. Recordemos que el salario mínimo interprofesional en nuestro país es de 9.906,40 €. Y sólo un 30 por ciento de nuestros creadores plásticos pueden hacer frente a sus cuotas de autónomos. Otro tercio, el 28,8, están inscritos en el paro. Y el resto, un veinte por ciento, trabajan por cuenta si exceptuamos a los “rara avis”: un escaso 2 por ciento integrado por creadores que pueden aportar un salario a otros trabajadores. Pero ahí no queda la cosa: no llega al 1 por ciento (0,7) la proporción de artistas que han cotizado más de 35 años y que, por tanto tendrán derecho a cobrar una pensión. Y desmontando el mito de que la compra de arte es cara, un 41,3 por ciento de ellos declara que el precio medio que se pagó por sus obras fue de entre cien y quinientos euros.

Se desmantelan, por lo tanto, las ideas generalizadas, tópicas, que tenemos sobre los artistas: “venden obras a precios multimillonarios” o “viven de las subvenciones”.

Leyendo este trabajo, dilucidamos que la mayoría de los artistas tienen un impulso vital que les empujar crear, por ser hacederos de arte, aunque estén viviendo al borde de la miseria.

Podríamos pensar que ellos se lo han buscado. Podríamos aconsejarles que vayan a un psicólogo para que les ayude a curarse de ese “impulso vital”, de esa especie de enfermedad que les empuja a llevar una vida tan, en lo económico, paupérrima. Porque podríamos concluir que no necesitamos a los artistas. Que no necesitamos el arte. Pero también podríamos cavilar que sí, que es necesario el arte. Entonces deberíamos intentar solucionar las problemáticas que vive ese sector de la población que ha elegido crear. Crear un patrimonio cultural para nuestra sociedad.

ARCO Y MERCADO

Este miércoles se inauguraba ARCO. Treinta y seis años lleva funcionando esta cita anual que se desarrolla en Madrid. Una feria de arte contemporáneo que se ha convertido en el principal evento de nuestro país relacionado con ese ámbito. Pero no nos engañemos: de lo que se trata en Arco es de vender arte y de vender entradas. Entradas a cuarenta euros. Pues sus objetivos son económicos, más que culturales. Las galerías rentabilizan sus costosos espacios abarrotándolos de obra. No es ésta, por lo tanto, la mejor forma para que el espectador se sumerja en el mundo del arte. Y es que los tres modos en que nos relacionamos con el arte, recordemos, son el paseo, la discusión y la contemplación. La manera, el modo, en que se plantea la experiencia artística en Arco tiene que ver, sobre todo, con “el paseo”, como el paseo por un supermercado. Porque Arco se fundamenta en el consumo. Pero la discusión y la contemplación son modos de relacionarse con el arte difíciles de trasladar a una feria. Y ésta no puede ser convertirse en la gran cita nacional para el arte. Pero, claro, al público eso no le importa en absoluto. El público quiere asistir a un acontecimiento mediático y multitudinario. Y lo triste es que para muchos ésta será la única vez que este año se aproximen a una obra de arte contemporáneo.
Las cifras de visitas son altas: unas 150.000 personas suelen pasar por esta cita centrada en al arte comercial. ¿Y qué pasa con las ventas? Se vende poco y mal en este país. Con la crisis, nuestros museos ya no tienen capacidad para comprar arte. Y el elevado 21% de nuestro IVA cultural aleja al potencial coleccionista extranjero. Son malos tiempos para el arte… Pero no sólo hablamos de nuestro país: el mercado mundial ha caído en 2016 de una media de un 30%. Las ventas se han reducido tanto en Londres, como en Nueva York como en Pekín. El arte ya no interesa como antes.

Por otra parte, la galería Windsor, en Bilbao, ha bajado la persiana. Hablamos de la galería vasca dedicada a la venta de arte más veterana: con 46 años de solera. “Las instituciones públicas no invierten dinero en adquirir arte y no hay recambio natural de coleccionistas. No hay mercado, la sociedad que se acercaba a nosotros para solicitar una obra ha desaparecido. Las nuevas generaciones no compran arte, amplían una foto por 40 euros y sustituyen con ella un cuadro. No vienen a las galerías para visitar exposiciones, ni siquiera muchos alumnos de Bellas Artes acuden a verlas. Recuerdo que cuando la galería abrió sus puertas, venían constantemente, querían conocer lo que se hacía en el mundo artístico. En la actualidad, piensan que con las nuevas tecnologías ya tienen cubierta esa necesidad. Incluso muchos artistas ya ni siquiera quieren organizar exposiciones, tienen que invertir una cantidad considerable y luego no venden obra. No les resulta rentable”, explicaba a la prensa el galerista de Windsor, Roberto Sáenz de Gorbea. ¿Estamos asistiendo al fin del mercado del arte?

GRAVEDAD

El MOMA, el museo de arte moderno y contemporáneo más importante de Estados Unidos y quizá del mundo, estos días le está plantando cara a Trump. Y lo hace mostrando su rechazo al veto del presidente americano a la entrada de ciudadanos de ciertos países musulmanes. Recordemos que el MOMA se inauguró en 1929 con el objetivo de “ayudar a la gente a entender, beneficiarse y disfrutar de las artes visuales de nuestro tiempo”. El museo mostró en sus primeros años obras de los impresionistas Van Gogh, Gauguin, Cézanne… Al poco incorporó piezas de Picasso, Matisse o Kandinsky. Creaciones que, en la mayoría de las ocasiones, no eran bien aceptadas por un público que no estaba preparado para apreciar este tipo de arte. Pero el MoMA mostró su valentía a la hora de exponer las últimas obras artísticas por controvertidas que éstas fueran. De este modo se erigió en modelo para el resto de los museos de arte contemporáneo del planeta. Y, ahora, sigue mostrando su valentía. De una manera elegante: exponiendo obras de artistas procedentes de territorios vetados por Trump. Donde antes había obras significativas de creadores de la talla de Picasso, ahora el visitante puede contemplar las realizadas por artistas procedentes de países afectados por el “muslim ban” de Trump. Junto a cada pieza, el museo ha colgado un cartel que explica los objetivos de este proyecto: "Esta obra es de un artista de una nación a cuyos ciudadanos se les deniega la entrada en EEUU, de acuerdo con una orden ejecutiva presidencial dictada el 27 de enero de 2017. Esta es una de las muchas obras de arte de la colección del museo instalados a lo largo de las galerías de la quinta planta para expresar los ideales de acogida y libertad tan vitales para este museo como lo son para los EEUU". Algunos dirán de este gesto que es inútil, que con ello nada cambia. Pero los gestos hoy en día son muy valiosos. No olvidemos que el arte también es un gesto pues es representación, no realidad. Pero tiene resonancia en “lo real”. Influye en quién lo percibe. Y puede ser un detonante para propiciar cambios.

Artium, ha querido hacerse eco del gesto del MOMA. Como una antena, ha recogido su señal para después, como un repetidor, emitirla. Y así, nos presenta una exposición que lleva por nombre “La gravedad de las cosas” y que estos días podemos visitar. “Sólo la gravedad de los acontecimientos puede hacer cambiar a un museo su programación. Sólo las decisiones ejecutivas que transforman en cualquier sentido nuestro contexto, legitiman una reacción imprevista. Y sólo la necesidad urgente de empatía, de solidaridad con la vida y sus seres nos permite poder cambiar el curso de nuestra dirección.”, escribe Castillejo, director de Artium y artífice de la muestra. Una muestra que reúne una selección de artistas procedentes de estados africanos, musulmanes y latinoamericanos que actualmente sufren las insolidarias políticas de occidente cimentadas en el miedo al foráneo. De obligada visita.

4.3.17

COLA

El otro día, el Observatorio de la Cultura -instrumento creado por la Fundación Contemporánea- hacía público su diagnóstico de la cultura en nuestro país. Un diagnóstico nada positivo para nuestra ciudad, por cierto. En ese sentido, nada nuevo bajo el sol. Llueve sobre mojado.

La mencionada fundación utiliza desde 2009 esa herramienta que está fundamentada en unos indicadores. El observatorio realiza una consulta anual para detectar y medir la actividad en materia de cultura de las diferentes comunidades autónomas y ciudades. Siempre basándose en las grandes actuaciones de las instituciones y recogiendo los acontecimientos culturales más destacados del año, pero también computando la evolución anual de los presupuestos de la cultura. Con todo ello se envía un cuestionario a un grupo de expertos en la materia. Más de mil profesionales de todos los sectores de la cultura que aportan sus percepciones sobre la realidad de las actuaciones culturales. Siempre midiendo el impacto mediático de éstas. Finalmente, se redacta el diagnóstico. Es, por lo tanto, un instrumento útil para nuestra gobernanza que siempre está muy interesada en que todo lo cultural gestionado por ella tenga su repercusión en los medios. El estudio cubre 20 ciudades, las más pobladas de todas las Comunidades que conforman el Estado español. Vitoria, por lo tanto, entra en el cupo. Y sólo dos de ese total han quedado por debajo de Gasteiz. Estamos en la cola. Queda claro que las políticas culturales en nuestro territorio estos últimos años han sido nefastas. Enfocadas en "vender ciudad" en vez de en preocuparse por generar cultura. Estamos a la cola, sí. Todas esas gaitas que organizan nuestras instituciones, llámense ferias medievales, del vino o de series televisivas, con la cantinela de “poner la ciudad en el mapa” parece ser que solo tienen repercusión de puertas a dentro.

La cultura, además de pensamiento, genera industria, genera trabajo, espacios de oportunidad. Recordemos que hoy en día aporta más al Producto Interior Bruto de nuestro país que la agricultura o que la pesca: casi un 4%. Pero para eso hay que crear previamente tejido, apoyar a los creadores, mediadores, productores... Porque las industrias y el empleo no surgen de la nada. En cambio aquí se ha apostado por la "festivalitis" mirando hacia la atracción del turismo cultural. Y es absurdo: Vitoria es productiva -o lo era- y tiene capacidad para generar cultura. Para hacer de ésta un sector productivo de primer orden. Vivir del turismo sólo es una opción a abordar por los territorios que no tienen nada mejor que ofrecer.

En fin, una vez más la cultura debería ser pensada por expertos y no por políticos que la usan para sus fines. Mientras tanto, entretenidos están - y entretenidos nos tienen- con la redacción de los Planes Estratégicos de Cultura. Que los acabarán y ejecutarán cuando terminen sus legislaturas. Un barniz para cubrir las evidentes deficiencias de su gestión cultural pública.

20.2.17

GODOT

Este 2017 promete, en nuestro territorio, ser el año de los planes estratégicos de cultura: tanto la Diputación como el Ayuntamiento han comenzado ya a elaborarlos, redactarlos y… a pagarlos. Siguiendo los procesos de rigor, ambos están siendo contrastados con algunos agentes culturales locales. Elegidos a dedo, dicho sea de paso. Y ambos están siendo coordinados por sendas empresas de gestión cultural.

Supone un avance el hecho de que se entienda que nuestra maltrecha cultura necesita de políticas culturales eficaces que la rescaten del agujero en la que se encuentra, esto es: establecer objetivos y elaborar los métodos de actuación para conseguirlos. Pero claro, es de desear que dichos planes se redacten antes de que termine la actual legislatura, no sea que el que venga después, si es de otro color, chafe el plan. También es de rigor que el susodicho se aplique. Que de la teoría lleguemos la práctica. Pues “Obras son amores y no buenas razones”.

Habitualmente los planes estratégicos son genéricos, repletos de buenas y bonitas palabras. Palabras grandilocuentes que son del gusto de nuestros representantes políticos pues con ellas se pueden llenar la boca fácilmente -cual cacahuetes- para soltarlas ante los medios de comunicación.

Nuestra cultura necesita hechos, no planes. Necesita de acciones concretas para salir del bache en el que se encuentra. Necesita concreción: proyectos, programas y acciones que respondan al cómo, cuándo y, sobre todo, al qué: qué recursos se habilitan. Planes elaborados sobre objetivos operativos claramente medibles y evaluables.

Y así vemos con extrema inquietud como ninguna de las propuestas pro-cultura o pro-creación realizada por Mahaia -la Mesa Sectorial de la Cultura en Álava (organismo que reúne a más de trescientos agentes culturales y artísticos de nuestro territorio)- ha sido recogida en los presupuestos para 2017 de nuestra Diputación. Ni por alguno de los grupos que han votado a favor de unos presupuestos que en material de cultura son patentemente deficitarios. Recordemos que Mahaia, ante la situación de grave crisis de desarrollo de nuestro sector cultural, introdujo veinticinco propuestas de enmiendas centradas en recuperar becas, subvenciones y ayudas para el fomento de la cultura. Además de programas destinados al desarrollo del trabajo profesional de los artistas y agentes del ámbito de la cultura para que se ampliaran los actuales, escasamente existentes. Incluso se introdujeron enmiendas para recuperar actuaciones que se realizan en otros Territorios Históricos y que son apoyados por todos los grupos como elementos de desarrollo cultural, social y económico.

La visión estratégica, mola, pero la actuación estratégica mola mucho más. Si las actuaciones no aparecen, será porque que nuestros representantes políticos nos quiere tener entretenidos esperando a ese “Godot estratégico”… mientras la cultura sigue ahí, en la tumba, pero con un niquelado plan estratégico como lápida.

2.1.17

GOYESCAS

A veces es mejor callar. Calla ante una cuestión que no tiene relevancia para no funcionar como altavoz. Pero en el caso que quiero tratar aquí lo relevante no es el hecho en sí. Lo importante, sobre lo que merece la pena reflexionar, es precisamente sobre la reacción ante un hecho inofensivo. Sobre por qué hablan, hablamos, de cuestiones que deberían quedarse en el terreno de lo privado y no pasar a la plaza pública en la que, enseguida, se enjuicia y lapida a las personas por actuaciones que no han ocasionado ningún daño a nadie. La libertad de expresión, obviamente, ampara a cualquier medio, persona, para opinar sobre cualquier cuestión… pero con unos límites. Nuestro derecho a la privacidad, por ejemplo. En ese sentido, la declaración de los derechos humanos señala: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia (…) Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.”

No entiendo por qué los medios de comunicación estos días han estado noticiando que una tienda de segunda mano de nuestra ciudad ha puesto en venta un trofeo de los Premios Goya dando el nombre del propietario de dicho trofeo. ¿Si yo vendo un reloj de oro de mi abuela es legítimo que los medios hagan noticia de ello? Ese trofeo lo podría haber puesto a la venta yo mismo. O un coleccionista. Alguien se lo podría haber comprado a su propietario hace años y, ahora, haberlo puesto en venta. Pero claro, en ese caso no hubiera habido noticia. Noticia es que un director de cine, o un guionista vendan el trofeo de los Goya.

Una persona vende algo de su propiedad en el seno de una sociedad mercantilista y se desata una polémica en la que muchos arremeten contra su dueño. El comercio acaba retirando finalmente dicho trofeo de su escaparate, vista la tormenta desatada en redes sociales, diarios, televisiones y periódicos. Con lo cual se ha ocasionado un perjuicio económico hacia dicha persona. Por no hablar del moral.

Una vez más, en este país, uno recibe honores por el trabajo realizado, por la excelencia de éste, por destacar en algún campo y, al poco, los propios que te suben en un pedestal se encargan de tirarte de él.

De la misma manera que cualquier ciudadano puede vender su colección de libros, su casa, obras de arte, cualquiera también es libre de vender un trofeo. Pues es su dueño. En este país las empresas se lucran con la venta de pisos expropiados, los bancos venden hasta a su madre si es preciso… y algunos se escandalizan porque alguien ha puesto a vender un Goya, como si una figura de bronce fuera intocable, invendible. La hipocresía tiene más esquinas que un saco de leña.


La estatua de los Premios Goya es un plagio de un busto realizado por el escultor valenciano Mariano Benlliure realizado a principios del siglo XX. La Fundación Mariano Benlliure denunció en su día este hecho. De eso deberían de hablar los medios pues plagiar una obra sí que es delito.

MIEDO AL ARTE

Cada vez es más difícil crear: a los trabajos de los artistas les aplicamos filtros. De entre ellos el que más mina al mundo del arte es el filtro de “lo políticamente correcto”. Y ese tamiz, no sólo proviene de los poderes públicos que ejercen sus consabidas funciones de control, sino que esa labor policial se está extendiendo a la propia ciudadanía. Porque vivimos en una sociedad en la que cualquier ciudadano, colectivo, se siente ofendido por cualquier representación, ficción, opinión.

Puede ser defendible que ciertos filtros se apliquen a campos como el de la política, la comunicación o el de la publicidad. Pero el terreno del arte debe de ser un espacio sin filtros. Porque es el terreno de la representación, de la imaginación. A nadie daña una representación. La obra de Shakespeare, por ejemplo, está repleta de actos cruentos. Hay más de 60 asesinatos en las tragedias de Shakespeare. De todo tipo: por amor, por venganza, por honor, por despecho… Pero es ficción. Y la ficción es como una vacuna que nos protege de la realidad. Pues sólo, reiteramos, la realidad nos puede causar daño. Se acusa a la representación de ser violenta, de ser machista, sexista, homófona… Lo curioso es que cuando uno ve -visiona, lee- una obra de arte, con su lectura la completa. Si uno es de pensamiento –por ejemplo- feminista, verá machismo en casi cualquier obra. Si uno es comunista, verá derechismo en ella. Y así hasta el infinito. Si un novelista tuviera que escribir desde lo “políticamente correcto” para no herir ninguna sensibilidad, no podría redactar ya ni un cuento infantil. Pensemos en “Caperucita roja”, o en “Blancanieves”, por no hablar de los “Tres cerditos”. Cuentos repletos de actos atroces, pero que curiosamente, funcionan como una vacuna para los infantes. ¿Protegemos a los niños de las ficciones crueles? ¿Y qué sucederá cuando en su vida se enfrenten a un horror real? En el mundo de la ficción un zombi puede comernos, ser aplastados por un meteorito… Y sí, puede provocarnos miedo, terror… pero no puede hacernos ningún daño.

Hoy en día se denuncia a alguien por contar un chiste de humor negro. O se censura una exposición por mostrar representaciones obscenas. Los medios de comunicación se hacen eco de esos “escándalos”. Cuando lo realmente escandaloso es lo que sucede en la realidad. La batalla se está desplazando al mundo de la representación. Nos preocupamos más porque un artista realiza una obra provocativa que porque en el mundo real se cometan diariamente todo tipo de atropellos. Parece ser que como no podemos cambiar la realidad queremos cambiar su representación.

Nunca nadie ha muerto por leerse un libro. Nunca nadie ha acabado en la miseria por ver una película. Pero pedimos a los artistas que sean “políticamente correctos” cuando es la política la que tendría que ser correcta.
El problema es que estamos confundiendo la ficción, el arte, con la vida. No diferenciamos ya cuál es cuál.

7.12.16

PLANTÓN

Hace unos días, un grupo de colectivos alaveses dedicados a la cultura se reunía en Artium bajo este lema: “El valor de la cultura y la creatividad como sistemas de transformación". Lo paradójico es que el objetivo general de la propuesta estribaba en la puesta en valor del ecosistema cultural y creativo de Álava por medio del intercambio de experiencias entre las diversas instituciones públicas y los agentes culturales participantes. Y digo “paradójico” porque ese intercambio no pudo darse: las susodichas instituciones no acudieron. Aunque en la convocatoria previa aparecían como colaboradores de la activad y, además, estaban invitados a participar, nadie de la cultura pública acudió al encuentro. No estaban, por lo tanto, quienes tenían que estar… y escuchar. Y así, no acudió ningún miembro de nuestra diputación. Ni de nuestro Ayuntamiento. Ni del Gobierno Vasco. En ese sentido el encuentro sólo sirvió para que los colectivos se dieran mimos entre ellos. Llueve, por lo tanto, sobre mojado. Y sí: la cita sirvió para patentizar el estado de nuestro ecosistema cultural: en el mar del olvido de nuestras instituciones. Todo lo que no puedan rentabilizar mediáticamente, no les interesa. Todo lo que no les sirva para cazar votos, tampoco.

La pena es lo que nos perdemos como comunidad: un sector que podría generar riqueza económica, además de plusvalía cultural y social, se asfixia bajo el inmovilismo institucional. Obviamente esta circunstancia no es casual. Aunque tampoco se puede delimitar sólo a nuestro territorio, según datos del Gobierno Vasco, Álava es una provincia intensamente deficitaria en agentes, industrias… culturales. A nuestra gobernanza no le preocupa generar cultura. O la que genera es totalmente interesada. Sólo si hay un retorno en votos les motiva. Por lo tanto, no es cultura sino propaganda. Y así directamente apoyan al millonario vitoriano Querejeta, que a través del fútbol y del baloncesto les consigue votantes. Por eso le han ayudado a hacerse rico, obviamente. Él pone el circo para paliar la falta de pan.

Pero nuestros colectivos culturales siguen trabajando. Y a la cita del “plantón institucional” acudió Carlos Muñoz del proyecto de Mapeo del ecosistema cultural de Laudio. Xabier de SOS Lamuza, también de Laudio, vino para presentar un plan de recuperación de unos edificios en desuso del siglo XIX para usos culturales del pueblo. Plan el que llevan cuatro años trabajando.

Ekain Jiménez de Mahaia habló de los propósitos de este colectivo que reúne a más 300 agentes culturales de Álava: conseguir reconocimiento social de la cultura, becas y ayudas para agentes culturales y un largo etcétera.

Natxo Rodriguez presentó ZAS Espazioa, un pequeño centro cultural alternativo del que ya hemos hablado anteriormente en esta sección.

Y Amaia Gabilondo habló de Garaio Sorgingunea, un espacio en Ozaeta que trabaja en pro de la recuperación de artesanías en declive pero que está abierto a propuestas culturales diversas.

21.11.16

MUCHO ZAS

Hace medio año, se abría un pequeño -pero matón- espacio cultural de carácter alternativo, privado, gestionado por un puñado de artistas en mitad de la calle Correría: Zas kultur. Desde entonces, todos los jueves tiene lugar en dicho espacio –coincidiendo con el evento “cultural” más relevante de nuestra ciudad: el pintxo pote- una actividad abierta al público. Siempre de carácter gratuito. Exposiciones, visitas guiadas, proyecciones, talleres, charlas, conciertos de música… Actividades siempre relacionadas con el arte y la cultura de viso contemporáneo pero cubriendo esos huecos que dejan nuestras instituciones en ese ámbito. No todos, porque son tantos que haría falta que se abrieran decenas de espacios para tapar los agujeros del colador cultural que es Gasteiz. En el caso de Zas, su idea es enfocarse en la promoción y difusión del arte y de la creación emergente o marginal que no tiene cabida en los canales institucionales e incluso privados de nuestro territorio.

En esa misma línea la “gente Zas” presentaba la semana pasada dos nuevos dispositivos. Por una parte una oficina de atención a los agentes culturales y artísticos locales: “Zas irekia”. Algo tan sencillo como dedicarle un tiempo lugar y un tiempo al encuentro amigable con artistas y creadores: una persona del colectivo ZAS es la encargada de atender a toda persona que quiera comunicar o exponer sus propuestas artísticas, a la búsqueda de colaboradores, audiencia, financiación, recursos. El servicio ZAS Irekia se ofrece a todo ciudadano en proceso de formación o ya formada que necesite nutrirse con el intercambio de conocimientos y de experiencias propiciadas, facilitadas, por el colectivo ZAS. La propuesta tiene una filosofía de relación horizontal, amistosa, próxima, y se desarrolla con el fin de que el cambalache de ideas, información y experiencias se dé de una manera fluida, natural, exenta de barreras y protocolos. Pues el colectivo ZAS está formado por artistas, licenciados y doctores en Bellas Artes. Todos ellos profesionales pertenecientes al ámbito de la mediación y la creación visual. El compromiso del colectivo es que todos los miembros del equipo ZAS participen en las dinámicas de este dispositivo de manera rotativa, plegándose a las necesidades de las personas que quieran utilizar esta nueva herramienta. El nuevo espacio está siendo difundido, promocionado, por diversas vías y en diversos foros.

La segunda propuesta presentada tiene forma de convocatoria. De nombre, “buzón de proyectos disparatados”. Un dispositivo de apoyo a la producción no sujeto a convocatorias con fecha de caducidad que alienta la audacia creativa: propuestas que aparentemente pueden tomarse como disparatadas, pero que encierran un gesto radical. Mediante esta categoría Zas quiere dar oportunidad a este tipo de trabajos, con la convicción de no plegarse a lo fácil o factible.

En definitiva: Zas ha llegado para quedarse en insuflar un soplo de aire fresco a la cultura gasteiztarra.

10.11.16

CIEGOS MORALES

En 1973 el dictador Francisco Masías prohibía el uso en Guinea Ecuatorial -el país que el tirano presidente dirigió durante una década- de la palabra “intelectual”. Masías no sólo acabó con los pensadores guineanos, con la gente de la cultura, sino que exterminó hasta el propio vocablo empleado para nombrarles. Se trataba de un derribo total de la figura del intelectual a través del propio lenguaje, pues lo que no tiene nombre no existe. No deja de ser este hecho una caricatura extrapolable a nuestro contexto actual pues ejemplifica la degradación que hoy en día ha sufrido en nuestra sociedad el otrora importante papel del intelectual. Actualmente desde los gobiernos democráticos no se crean climas favorables para que los pensadores emerjan. Prefieren a una ciudadanía a la deriva, sin piloto. Y ésta cree también que los intelectuales no son necesarios pues se cree informada, con buen juicio: piensa que puede acceder a todo el conocimiento a través de Google. Caminamos sin rumbo. Guiados de la mano, más bien arrastrados, por el consumismo acérrimo y la banalización cultural.

De todo esto hablan los intelectuales Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis en un libro que desde hace un año está disponible en nuestras librerías: “Ceguera moral. La pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida”. Una clarificadora obra que nos puede servir para comprender las problemáticas en las que naufragamos, y, también, para entendernos a nosotros mismos. Porque, y ahí radica la importancia de la cultura y de la personas que la generan, solo a través de la reflexión y del pensamiento lúcido podremos propiciar las necesarias mejoras sociales y económicas que nuestras sociedades necesitan.

Al leer “Ceguera moral” uno piensa que sus autores se han dado una vuelta antes de parirlo por España pues nos dicen que nuestra ética se ha debilitado tanto que ya ni la echamos de menos ni la vemos. No existe. Somos ciegos morales. Contemplamos despreocupadamente la corrupción sin mover un dedo para impedirla volviendo a elegir a los mismos corruptos que nos roban nuestro presente y futuro. ¿Cómo hemos llegado a esto? Bauman y Donsky achacan la causa de nuestra ceguera al bombardeo diario que sufrimos de información y estímulos: nuestra sensibilidad acaba embotada. Y al final terminamos acostumbrándonos a ver el malestar de nuestros prójimos sin que nuestra conciencia se remueva. El mal actual ya no es el mismo que el de anteriores décadas. Ha mutado: el mal ahora radica en nuestra inacción, nuestro inmovilismo, en la falta de reacción ante las grandes problemáticas sociales. La trivialidad, la banalidad, son el caldo de cultivo de dicho mal. Y la cultura, la vacuna.

Los intelectuales poco pueden hacer ante este panorama. A no ser que se conviertan en celebridades públicas. Pues en esta sociedad en la que prima la información sensacionalista solo las estrellas mediáticas tienen voz y son escuchadas. Pero, claro, éstas no tienen madera de intelectual…

3.11.16

SIRENA

Vivimos pisando suelo. Los humanos podríamos haber evolucionado como especie área, cual aves. O acuática, como los peces. Pero nos ha tocado –no sabemos muy bien por qué- arrastrarnos por tierra. Sí que es verdad que, revelándonos contra la naturaleza, contra nuestra propia naturaleza, hemos ideado artefactos que nos permiten remontar el vuelo emulando a gorriones y gaviotas o introducirnos en los océanos como delfines -o quizá tiburones-, pero, hasta el momento, pensar en que nuestros cuerpos puedan funcionar en el medio acuático o aéreo es algo que queda circunscrito a otro medio: al abstracto de nuestra imaginación, pues el “simio marino” o “acuático” pertenece al mundo de los sueños.

Estos días podemos visitar en el espacio expositivo Zuloa la exposición de Anabel Quincoces titulada Sirenaren osoa-Onacel -El bosque de la sirena. Una instalación conformada por pinturas, proyecciones, obras tridimensionales… que se entretejen y conjugan en base a un relato que parece extraído de la mitología griega: “la enigmática sirena Onacel nos muestra su exilio en bosque y nos descubre que mar y tierra se confunden rebosando vida, misterio, oscuridad y luz. Onacel ha descubierto en este ambivalente lugar que su canto de sirena es un canto de silencios. Su intención no es otra que la de atrapar la mirada del observador para trasmitirle el murmullo de la belleza de lo invisible, la alegría de transitar por un espacio al que no se pertenece del todo”, según nos cuenta su autora.

El universo acuático ha sido una constante en la trayectoria de Anabel Quincoces. Recordemos, por ejemplo, su instalación permanentemente Water Flames (Flowing) -una obra conformada por 300 piezas de vidrio soplado- que está situada en el techo de la Antesala del Museo ARTIUM de Álava y que fue realizada en 2007. Una pieza que nos remite a un universo en estado líquido presente también en otra pieza de la colección de nuestro museo: una fotografía pergeñada en 1991 en la que la propia autora, representando un remedo de sirena, aparece sumergida en oníricas aguas.

Recordemos que la primera mención que se conoce de las sirenas es en La Odisea, cuando Odiseo (Ulises) se enfrenta a su canto en la mar. Según la mitología, las sirenas, con su voz, eran capaces de encantar a los marinos con el propósito de abducirlos. Como Ulises tenía la irresistible curiosidad de escuchar su arrullo, ordenó a sus hombres que se taparan los oídos con cera y él se hizo atar al mástil. Es así como pudo disfrutar del “arte musical” de las sirenas sin sufrir sus duras consecuencias. Dicen los estudiosos que el canto de las sirenas simbolizaría nuestras pulsiones desenfrenadas, la fascinación ante un objeto ideal pero que sabemos fatídico. En el caso que nos ocupa, el de la muestra “El bosque de la sirena”, hablamos de un paradójico, contradictorio, “canto de sirenas mudo”, pues Anabel opta por representar el arrullo sirénido de manera visual. Merece la pena “sumergirse” en esta muestra.

4.10.16

TÉMPORAS CULTURALES

Septiembre marca también el inicio del curso de las agendas culturales. Quizá, como las famosas témporas, este noveno mes esté anunciando cómo será el clima cultural de aquí al curso que viene. Deseamos que no. Porque hemos vivido tres iniciativas pretendidamente culturales que esperemos no marquen nuestro futuro cultural.

Por una parte, acogimos una nueva edición del FesTVal. Un evento mediático pensado para que Vitoria “salga en la tele” y, por otra parte, para que los vitorianos puedan apretar la mano –incluso quizá recibir un beso- de los famosos de la “caja tonta”. También otro año más su director pedía más presupuesto para la edición de 2017. No pedía más dinero para la cultura de la ciudad, no. Eso se la trae al pairo. Sólo pedía más “money” para su “festi”. El consabido “¿Y qué hay de lo mío?”. La solidaridad no debe ser un valor a contagiar trasmitido por los “protas” de las teleseries cuando uno se codea con ellos. Resumiendo: 260.000 euros de dinero público finiquitados en seis días. Tirando, además, de voluntarios laborales. A los que pagarán con autógrafos, digo yo. Pero, necesitan un incremento de dinero público para hacer algo, como decía su director “más potente”. En esta ciudad hay espacios culturales cuyo presupuesto anual no llega ni a la quinta parte de lo que recibe este festival. Pero, bueno, no salen tanto en la tele. Que los cierren.

Después, vivimos la entrega del Celedón de Oro. Que curiosamente el año pasado recayó en el director del FesTVal. Un premio que se otorga desde 1962. Así que está blindado a toda crítica. Pero, ¡ojo al dato!: sólo tres mujeres han recibido este reconocimiento y en sus 53 ediciones ninguna de ellas ha sido reconocida de forma exclusiva. Suena un poco como… ¿retrógrado? Hasta aquí puedo leer pues un menda no quiere ser exiliado fuera de las murallas de esta ciudad. Es más: creo que las personas que integran la insigne institución van a quitarse a lo largo de este año esas gafas que les impiden ver a las mujeres que les rodean. O, de no ser así, vaticino que el Ayuntamiento va a dejar de subvencionarles.

Y finalmente, ya que hablamos de murallas, hace unos días el Casco Viejo se convirtió en de nuevo en un parque temático inspirado en nuestro pasado medieval. Eso sí, un pasado en el que moros, cristianos y judíos se llevan todos bien porque tienen a no sé cuántas miles de personas que van comprar decenas de productos que para nada tienen ingredientes medievales. Es el triunfo de la sociedad de consumo. Nos encanta comprar. Menos mal que este año, al menos, han prohibido que se exhiban aves rapaces que son especies protegidas. Gracias a que varias asociaciones animalistas denunciaran el pasado año semejante aberración. Hace doce meses yo mismo sentenciaba en este -también mismo- espacio lo siguiente: “Convertir la calle en un supermercado en el que los vendedores están disfrazados y además nos entretienen es un éxito seguro.”

14.9.16

ZAS

El pasado mes de junio abría sus puertas un nuevo espacio en Gasteiz: Zas Espazioa. Nuevo y excepcional, pues en nuestra ciudad no hay otro lugar con similar ADN: se trata de un local autogestionado por agentes culturales de nuestro territorio y que está dedicado a las artes visuales. En principio sus artífices se han planteado el reto de realizar cuarenta actividades a lo largo de un año: exposiciones, talleres, charlas, encuentros, congresos, proyecciones… Todas ellas de cuño artístico y en clave contemporánea.

Zas es un proyecto, según cuentan sus promotores, destinado a situarse dentro del mapa cultural del País Vasco como un espacio de desarrollo local con identidad propia. Una pequeña estructura que persigue revitalizar los tejidos cultuales locales manteniendo una relación de ida y vuelta con los espacios museísticos e institucionales cercanos, creando sinergias y líneas de conexión en las que lo común y lo colectivo aparecen como puntos cardinales.

Con Zas se abre, por lo tanto, una vía que la crisis económica parecía haber taponado. Pues estos últimos años hemos visto como el  cierre de espacios de producción y exposición en la ciudad ha ido en detrimento de “lo diverso” y de “lo pequeño”, derivando la responsabilidad de la gestión a los grandes centros y creando así dependencias directas con las infraestructuras públicas. En ese sentido Zas busca ser un proyecto de largo recorrido entre cuyos objetivos está el de asumir una mayor responsabilidad con la creación emergente y local, fortaleciendo los mimbres del futuro cultural de la ciudad y presentándose como un centro plural cuya pretensión principal es la de contribuir al desarrollo de Gasteiz en su ámbito artístico.

Su ubicación en el Casco Viejo de nuestra ciudad, en la calle Correría, conecta directamente con iniciativas culturales próximas (Baratza, Mostrenko), así como con los principales espacios museísticos de la ciudad (Montehermoso, ARTIUM). Los antecedentes en gestión cultural del equipo coordinador dotan a este proyecto del bagaje suficiente como para interpretar el latido cultural de la ciudad.

Su primera actividad desplegada como pistoletazo de salida fue “Gabinete Zas 01”. Iniciativa que funcionó como una declaración de intenciones: se trataba de una exposición exprés conformada por ochenta y seis pinturas, fotografías, dibujos… de otros tantos artistas relacionados con nuestro territorio. El título de dicha muestra, Gabinete Zas 01, recuperaba el universo de los gabinetes de objetos curiosos tan en boga en los siglos XV y XVI. Los antecesores directos de lo que hoy llamamos museos pues en aquellos gabinetes se albergaban los frutos de aquellas épocas de grandes descubrimientos y exploraciones: fósiles, plantas, animales disecados, objetos… y arte. Como en aquellos gabinetes, en el de Zas el objetivo de clasificar o de filtrar por categorías es inexistente. Para eso llegaron los museos: para imponer orden. Esperemos ver pronto el Gabinete Zas 02 pues es ésta una iniciativa que nos sirve para tomar el pulso al arte que se realiza hoy en nuestro territorio.  

6.6.16

GLORIOSO

El fútbol es el opio de muchos. Pero no del conjunto de la sociedad. Como dice el tópico “para gustos están los colores”. O, más bien y en este caso, digamos que “para sentimientos están los colores”. Pero es interesante escuchar a la disidencia y no sólo los vítores de los hinchas. Pues detrás de sus gustos, están sus argumentos. Ahí van.

El fútbol, entendido como espectáculo de masas, se sustenta en la competitividad y en el arraigo territorial. Y en el afán de lucro: veinticuatro millonarias personas pateando un balón mientras las masas enfebrecidas les aplauden o gritan. Es el circo romano. Vencedores y vencidos. Lenguaje victoria/derrota.

Ni en el deporte ni en ninguna otra esfera social, la competitividad aporta valores positivos. El fútbol representa muchos de los rasgos que están presentes en nuestra sociedad. Por eso éste cala de manera tan profunda en ella: culto al territorio propio, al capital, a la fama, al triunfo… No son, desde luego, valores sobre los que se pueda construir una sociedad más justa.

Apena ver a miles de personas asaltando las calles para homenajear a los futbolistas. Muchas personas se ven –o más bien: quieren verse- reflejadas en ellos. “Que su triunfo sea nuestro triunfo”, piensan aquellas. ¿Por qué esas miles de almas no asaltan las calles para reclamar mejoras sociales?, piensan –pensamos- los discrepantes.

Los amantes del fútbol podrán decir que, bueno, ellos disfrutan con el “deporte rey”. Y punto. Se emocionan viendo un partido en el que su equipo juega. Pero es curioso que cuando éste pierde, las ofrendas brillan por su ausencia. Las masas no quieren a los perdedores. Nadie quiere a los perdedores. Y no debería de ser así. Esta sociedad debería estar al lado de los perdedores. Un futbolista, un dios llamado Messi, defrauda cuatro millones de euros a Hacienda y sus fans, los hinchas, salen a la calle para apoyarle. Estos nuevos dioses pueden hacer lo que quieran. Ese es el mensaje que nos transmiten.

Pero debemos alegrarnos –sentimientos aparte- de que el Deportivo Alavés suba a primera división. ¿Por qué? Porque la empresa que gestiona El Grupo Baskonia -en donde están incluidos el equipo de baloncesto Laboral Kutxa y el Glorioso- recibirá 40 millones de euros de las televisiones ahora que su equipo ha ascendido de rango. Eso significa que ya no necesitarán que nuestras instituciones públicas les den esas ayudas nominales –ayudas a dedo, traduciendo y que, por cierto, en Europa no son bien vistas- que han supuesto para nuestras arcas 12,8 millones de euros en un lustro. Ahora, ese dinero podrá destinarse a sufragar al deporte de base. A todos esos equipos de las múltiples modalidades deportivas existentes. Para apoyar también a los equipos femeninos, al deporte paralímpico… Para que esos deportistas que tienen que costearse de su bolsillo hasta las camisetas que sudan reciban el apoyo que se merecen. Personas que sí nos transmiten valores positivos. Para eso es el dinero público.