9.3.10

LO “IRRECREABLE”

“Espacio ciudad” es un mecanismo de difusión de propuestas vinculadas con la arquitectura y el urbanismo público. Un mecanismo habilitado por el Ayuntamiento de nuestra ciudad, con una sede física desde donde se acogen propuestas relacionadas con esos elementos de “construcción de ciudad”. Pero “Espacio Ciudad” no se queda sólo en eso. No es un dispositivo “monocanal”, pues aunque en él se presentan los grandes proyectos urbanísticos y arquitectónicos que van dando forma a nuestra ciudad -haciéndose así públicos y visibles de una forma comprensible para el ciudadano- al mismo tiempo, y compartiendo espacio y tiempo, en Espacio Ciudad se exhiben proyectos que se surgen de la creación experimental y del pensamiento más contemporáneo. Y este segundo canal, quizá dotando de “menos decibelios”, se cruza con el otro. Y surge del cruce una tercera sintonía. Pues bien: lo interesante es detenerse a analizar esa nueva música, ese nuevo sentido que se genera al “escuchar” esos dos canales que confluyen al mismo tiempo.
Y ayer se inauguró en Espacio Ciudad una exposición de un artista afincado en Vitoria –el fotógrafo Gert Voor In`t Holt- que ejemplifica perfectamente esa “tercera sintonía”: Gert nos presenta fotos aéreas –y nocturnas- de varias ciudades. Fotos realizadas por él en su estudio. ¿Fotos aéreas realizadas en un estudio? ¿No es una contradicción? Es obvio que los grandes proyectos, eso que dar forma a nuestras ciudades, se “crean” en los estudios de los arquitectos. No hay mejor forma de entender una ciudad que cuando vemos una maqueta de ella. No hay mejor forma de visualizar un “proyecto de ciudad” que en el estudio de un arquitecto. En ese sentido no somos conscientes de la forma física de una ciudad hasta que no la vemos representada en una maqueta. O en una foto aérea. Ambos mecanismos, foto aérea y maqueta, sirven para el mismo fin: nos alejan de nuestra ciudad permitiéndonos verla en bajo un plano general. La visualizamos así como un organismo, como una entidad. Y nos es fortuito que estos dos mecanismos –foto aérea y maqueta- confluyan ahora en la obra de Gert: el fotógrafo “recrea” en su estudio la maqueta de una ciudad, y después saca una “foto aérea” de esa maqueta. Una maqueta en la que no se perciben ni calles, ni edificios, ni personas… pues es una “maqueta nocturna”. De esa manera la ciudad se resume, sólo vemos lo fundamental de ella: las luces, la red de iluminación, que desde la lejanía se agrupan en unidad, como si se tratara de un gigantesco ente abstracto compuesto de luz surgiendo de la tierra.
La meticulosidad con que el artista ha creado las maquetas, el esfuerzo empleado para que las fotos se nos presenten como reales, no son casuales. Y en ese sentido Gert ha recreado en la maqueta lo “irrecreable”, lo sumamente vaporoso: las nubes. Nubes flotando entre la ciudad y nuestro ojo. Las fotos no son reales, pero sí sumamente verosímiles. En ese sentido son más creíbles que la propia realidad.

TETRAPACK

La Asamblea Amarika, después de poco más de un año de existencia, continua –sin prisa, pero sin pausa y de manera intensa- programando en las tres salas expositivas provinciales. También está gestionando el espacio alternativo Zuloa. Y en su seno, ha creado una comisión de trabajo para intentar arrojar algo de luz al conocido asunto del “1 y 2% Cultural”: como algunos sabréis un porcentaje del coste de cualquier obra realizada por las administraciones públicas del Estado tienen que invertirse en la compra de arte. Siempre que las obras superen la cuantía legalmente fijadas. Pero este asunto lo trataremos en exclusiva aquí, en esta sección, en “Airotiv” en nuestra próxima columna. Ahora, sigamos hablando de las actividades de la Asamblea: estos días, también, un grupo de asamblearios y artistas del entorno “Amarika” están realizando un tour por los centros culturales y museos más relevantes del Estado con el fin de dar a conocer el Proyecto Amarika así como la iniciativa de promoción del arte próximo y emergente “Inmersiones”. En fin, está claro que la Asamblea Amarika está demostrando que se puede gestionar cultura de otra manera. De una manera abierta, en colectivo y participativa.
Y hoy se inaugura en la Casa de la Cultura “Tetrapack”. Una iniciativa que se pone en marcha también bajo el paraguas de Amarika. El origen de Tetrapack lo podemos encontrar en el certamen Gazte Klik -certamen impulsado por el Servicio de Juventud de nuestro Ayuntamiento- dirigido a la juventud local y que tiene como objetivos estimular la creación artística y difundir el trabajo fotográfico de los nuevos creadores cercanos. La Asamblea Amarika se ha encargado de la organización de Tetrapack, con el patrocinio de la Diputación Foral de Álava y el Ayuntamiento de Vitoria – Gasteiz, que han contado, además, con la colaboración del programa de ocio nocturno Gauekoak, Krea expresión contemporánea y Extensión Cultural (Universidad del País Vasco en Álava.). O sea: se trata de una iniciativa que aglutina a la mayoría de las instituciones culturales de nuestra ciudad.
“Tetrapack” forma parte del “premio” otorgado a las cuatro seleccionadas en Gazteklik. Un premio algo distinto a los habituales, pues no es conmensurable en euros: consiste en la puesta en marcha de una exposición colectiva en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. Para esta muestra las autoras han desarrollado sus proyectos bajo el seguimiento de la fotógrafa Ana Nieto. Las jóvenes artistas han contado con un presupuesto para la producción de sus obras y la edición de un catálogo individual para cada una de ellas.Con “Tetrapack” se pretende introducir la fotografía más emergente en las redes del medio fotográfico. Para ello se ha puesto en contacto a estas cuatro creadoras nóveles con artistas con trayectoria y agentes culturales dedicados a la difusión de la fotografía. Y, además, ahora, con la exposición y la difusión de los catálogos, también entrarán en contacto con el público vitoriano.

1.3.10

ARTE PÚBLICO

En Madrid, y hasta finales de mes, se desarrolla una ejemplar iniciativa en torno al arte público: ocho intervenciones -elegidas de entre un total de 580 proyectos presentados al concurso organizado por la asociación “Madrid Abierto”- dialogan, interactúan, con los ciudadanos que pasean por las calles de Madrid. Pero no estamos hablando de situar objetos, esculturas, “monumentos” en espacio públicos, no. Hablamos de una serie de actividades con las que se construyen pequeños foros públicos que posibilitan el encuentro entre ciudadanos alrededor de una idea generada por un artista. ¿De qué estoy hablando? Quizá lo mejor sea describir alguno de los proyectos que podemos “vivir” estos días en las calles de Madrid.
El proyecto, Time Notes, de Gustavo Romano consta de una “oficina móvil” que recorre las calles del centro de Madrid y de una “oficina fija” instalada en la Casa de América. El público puede obtener en esas oficinas una indemnización en “billetes”, pero no en billetes de dinero, sino de tiempo, a cambio de las horas, semanas, meses que han perdido a lo largo de su vida. La cantidad de tiempo perdido –a causa de circunstancias ajenas a la voluntad del afectado, como una matrimonio frustrado, un trabajo insatisfactorio… - les será restituida con un “billete temporal” en cuyo reverso se escribe la causa de dicha pérdida.
El proyecto, Huert-o-Bus, de Lisa Cheung toma forma de “jardín ambulante”. Éste “jardín” realiza paradas en puntos clave de distintos barrios de la ciudad de Madrid para educar a la gente y promover la jardinería en espacios urbanos, tanto públicos como privados. El jardín-bus alberga en su interior una pequeña plantación, utensilios, información… y sirve como punto de encuentro para el vecindario realizando al tiempo talleres y actividades diversas.
El proyecto Hucha de deseos, de Susanne Bosch a través de un dispositivo de recolecta de pesetas ubicado en una plaza del barrio de La Latina, pretende recoger la mayor cantidad de las viejas monedas que la gente tiene en su casa, depositándolas a cambio de un deseo: qué realizar con el dinero recaudado para mejorar el barrio. El 20 de febrero se hará recuento de las pesetas recaudadas y serán llevadas al Banco de España para ser canjeadas por euros. El 27 de febrero de 2010 todo aquél que quiera tomar parte en el grupo de toma de decisiones, está invitado a asistir a un evento Open Space en el Círculo de Bellas Artes. Este evento tendrá lugar para decidir, de modo colectivo, que ocurrirá con esas pesetas y en qué modo este dinero desempeñará su labor práctica. Este proyecto brinda la posibilidad de formar parte de un proceso colectivo de decisión.
Ojalá el espíritu de esta iniciativa viaje hasta Vitoria. Para que dejen de llenarnos las calles con “monumentos”. Porque lo que se necesita es reactivar el espacio público, ese espacio que es de todos, creando lugares en los que se pueda dar cierta reflexión sobre el espacio urbano en la que vivimos.

HERMANAMIENTOS

Angouleme, ciudad levantada a la orilla de un río, con un centro urbano elevado, pero sumergido en la historia. Una ciudad plagada de bellos rincones para perderse, con numerosos lugares dedicados al ocio y a la cultura. Y, de entre ellos, destaca el museo del cómic: el mejor espacio dedicado a este medio que jamás yo haya visto. Uno se siente cómodo en esta ciudad. Y si has nacido en Vitoria, más, pues notarás un aroma familiar en Angouleme, como cuando estando lejos de casa hueles un perfume que tenías grabado en tu memoria. Y es que cuando dos localidades deciden establecer, formalizar, esa especie de “contrato matrimonial” que es el hermanamiento –pues a los hermanos no los elegimos, pero a nuestro compañero o compañera sí- muchas veces es porque éstas entienden que entre ellas existen múltiples paralelismos.
Vitoria y Angouleme son ciudades hermanas: hace 42 años decidieron “formalizar” esa relación y los plenos de los respectivos ayuntamientos resolvieron hermanar a ambas villas. Yo, particularmente, nunca me había parado a reflexionar sobre el significado que tiene un hermanamiento. Si indagamos un poco, descubrimos que el uso de esta práctica se pierde, se difumina en los anales de la historia: ya en la Edad Media los pueblos se hermanaban entre sí para resolver conflictos, para aunar esfuerzos, para solucionar problemas que por sí solas no podían afrontar. Pero es después de la segunda guerra mundial cuando esta práctica entra en auge, de forma profusa, dándose fundamentalmente entre comunidades alemanas y francesas. Y uno se asombra al saber que actualmente casi todas las ciudades y pueblos de ambos países están hermanados con otras comunidades. Y los lazos se ramifican, formando una extensa red de complicidad entre localidades de todo el mundo. Angouleme, por ejemplo, tiene cerca de una decena de ciudades hermanas. O sea: familia numerosa. Y en el caso de España, existen casi un centenar de localidades hermanadas con otras tantas pertenecientes a diversos países del mundo.
Los hermanamientos actualmente tienen un carácter cultural: personas de una ciudad visitan habitualmente a su ciudad hermana. Y se realizan intercambios de todo tipo en materias gastronómicas, artísticas, teatrales, musicales... Una forma de compartir conocimiento utilizando recursos mínimos: normalmente se usan las viviendas de los propios responsables del Comité de hermanamiento para alojar a sus “hermanos”. Porque en la mayoría de las ocasiones existe un Comité de Hermanamiento constituido por los propios ciudadanos que se encarga de establecer ese tipo de encuentros entre ciudades. Y digo “la mayoría” porque en Vitoria no es así. Y es una lástima. Porque hoy más que nunca a nuestros responsables políticos se les llena la boca con palabras como: participación ciudadana, creación de redes horizontales... Vitoria no sólo tendría que conformar su Comité de Hermanamientos, sino que debería hermanarse con más ciudades. Y que la red crezca.

14.2.10

VITORIA-ANGOULEME

Hace ya unos meses se propuso a la Asociación de Dibujantes de Cómic Atiza -asociación dedicada a la divulgación del cómic relacionado con nuestra provincia- la puesta en marcha de una exposición en clave de cómic pensada para ser ubicada en la oficina de turismo de Angouleme. La idea era que la exposición se inaugurara durante el trascurso del Festival Internacional de Cómic de Angulema, festival que todos los años se convierte en la cita relacionada con el cómic más importante de Europa: durante cuatro días, Angouleme duplica su tamaño acogiendo a 200.000 visitantes. Pocos encuentros culturales que se desarrollan en Europa consiguen congregar a tantas personas. Y muchas de ellas, obviamente, pasarán por la oficina de turismo de Angouleme para ver la muestra vitoriana.

La propuesta de esta exposición –titulada “Vitoria, ciudad del cómic”- provino de una doble vía: por una parte de la comisión encargada de la representación de España en Angouleme; por otra del comité de hermanamiento Angouleme-Vitoria. Pues bien, ahora, por fin, el resultado de este trabajo conjunto entre Vitoria-Gasteiz y Angouleme podrá verse al fin el próximo 26 de enero.

Los objetivos de la exposición son múltiples: por una parte "vender Vitoria-Gasteiz", sin complejos, utilizando el medio historietístico, y empleando la oficina de turismo de una ciudad receptiva: no deja de ser nuestra hermana. Por otra, promocionar allá a los autores que guardan relación estrecha con nuestra ciudad. Y finalmente, intentar estrechar un poco más los lazos existentes entre las dos ciudades: son ya 42 años de hermanamiento.

Pero todo esto no sería posible sin la colaboración de los diez autores que se pusieron manos a la obra para realizar sendos cómics. Lo único que se les pidió es que en sus obras hicieran referencia expresa al Casco Viejo vitoriano. Es decir: las páginas que se pueden ver en Angouleme están “rodadas” en nuestro centro histórico. Y traducidas, para su correcta compresión por el público francés, al idioma galo. Mauro Entrialgo, Santiago Orue, Alvaro Ortega, Ata, Abarrots, Furillo, Nono Kadaver, Simónides, Kini e Iñaki Cerrajería son los diez historietistas seleccionados para exportar nuestra ciudad, y nuestras historietas, a Angouleme.

La exposición ha sido patrocinada por el Ayuntamiento de Vitoria, desde su Agencia de Renovación Urbana.
Posteriormente a su cita de Angouleme, la exposición viajará a Vitoria en una fecha aún sin determinar para mostrarse en una sala de exposiciones ubicada en el Casco Viejo de nuestra ciudad.

Resumiendo: es legítimo utilizar la cultura como recurso para “vender ciudad” siempre que se haga de una forma clara, transparente y con coherencia. En este caso, con la exposición “Vitoria, la ciudad del cómic”, alojada en una oficina de turismo de una ciudad por la que pasarán 200.000 personas amantes del cómic, se difunde la imagen de nuestra ciudad fuera de nuestras fronteras y se da a conocer a nuestros historietistas
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GUGGY 2

Parece que se está armando un buen Belén con la idea de crear otro Guggenheim en Bilbao. La Diputación vizcaína está empeñada en exprimir la gallina de los huevos de oro del sello “Museo Guggenheim”. Piensan que si el primero ha sido un éxito y ha servido para reactivar Bilbao, con el segundo la ciudad despegará hacia el infinito. O más allá. Pero el Gobierno Vasco no ve tan clara la jugada. Y no les falta razón. Porque la inversión, de nuevo, va a ser morrocotuda. ¿Y qué pasa si luego no funciona el invento? Nadie cierra un museo que no funcione… Y ahí andan, en esa pelea, mientras nadie escucha lo que al respecto tienen que decir los creadores afincados en el País Vasco. ¿Y qué piensan? Piensan que la puesta en marcha de otra infraestructura de ese calado significará que muchos planes, líneas de actuación, apoyos hacia la cultura de nuestro entorno desaparecerán o mermarán. Y es que parte del dinero necesario para mantener ese nuevo “parque de atracciones” tiene que salir de “las arcas culturales”. Por lo pronto, algunos ya hablan de “pasarle la tijera” al Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Me llamaron el otro día de la radio para que diera mi opinión sobre esta movida. Les dije que yo no soy economista. Que no sé si un nuevo “Guggy” traerá más ingresos a Bilbao o supondrá más gastos. Porque tampoco sé si el “viejo” Guggenheim genera ingresos o gastos. Y no lo sé porque su sistema de gestión es sumamente complejo y, sobre todo, sumamente opaco. Y según quién haga las cuentas, éstas dan saldo positivo o negativo. Y negativo o positivo según para quién, claro. Si eres hotelero o taxista, positivo. Si eres artista o simple ciudadano vasco, negativo. Porque el “Guggy” se costea con dinero de todos nosotros: se paga desde las tres diputaciones vascas a través del Gobierno vasco. Y también un sinfín de instituciones, empresas, públicas, privadas, semipúblicas, aportan fondos. En definitiva, un buen galimatías.El Gugghenheim es un ente pensado para atraer a los turistas culturales. Y según las cifras de visitantes, sólo un porcentaje mínimo de éstos pertenecen al País Vasco. Lógico: hay pocas exposiciones al año. Aunque eso sí, costosas y espectaculares. Así que no tiene sentido acercarse al museo a diario. Además, la entrada vale un ojo de la cara. Por otra parte, el turista no quiere ver arte complejo que le haga pensar. Lo que quiere es pasar un buen rato, ver algo divertido. Así que, al final, con este tipo de museos la cultura se banaliza, se convierte en puro recreo. Y puede dar dinero, sí… ¿pero qué pasa con la “otra cultura”, la que no da dinero?

Y con el nuevo “Guggy”, pues más de lo mismo. A mí no me parece mal que se creen espacios para atraer turistas, no. Lo que me molesta es que este tipo de infraestructuras se costeen con dinero que sale de los departamentos de cultura. Si realmente éstas se crean porque generan dividendos para las ciudades, lo lógico es que se costeen y mantengan con partidas de otros departamentos.

2010

¿Qué nos traerán “los Reyes Magos de la Cultura” para 2.010? El “regalo” más caro, con diferencia, es el auditorio. Con un gasto que algunos estiman en 154 millones de euros, y otros (la oposición, por supuesto; son más “listos” y saben sumar el IVA) en 182 millones, la obra para su construcción comenzará en verano de 2010, finalizando en 2014. Tenemos obra para rato, por tanto. Y tiempo para “divertirnos” viendo bailar las cifras a ritmo de chachachá. En serio: la construcción del Auditorio es el mayor gasto –inversión, dicen otros- realizado en la historia de Vitoria. Muy por encima de los cien millones que costará el tranvía, los 15,3 millones que supuso el Artium, o los 15 previstos para construir cada uno de los centros cívicos de última generación; es decir: los proyectados para Ibaiondo, Salburua y Zabalgana. Y “el Guggy”, en su día, costó algo menos de 100 millones. O sea: nuestro auditorio cuesta un 80% más de lo que costó el supermuseo bilbaíno. Por otra parte el Euskalduna de Bilbao supuso un gasto de 107 millones, el Kursaal donostiarra de más de 95, y el Baluarte de Pamplona de unos 93. El auditorio de Logroño costó 40 millones y el que se proyecta en Burgos valdrá más de 66. Y el frustrado auditorio que el ex alcalde popular Alfonso Alonso pretendía levantar en el paseo de La Senda iba a suponer un desembolso de 77 millones. El Ministerio de Cultura ya pagó 3 millones de euros por ese malogrado proyecto. En fin, 3 milloncitos de euros a la basura no dejan de ser “el chocolate del loro” cuando hablamos de cantidades tan astronómicas.
Sí, el auditorio es carísimo, pero, el actual director del centro -que percibirá 125.000 euros anuales; es decir: más de lo que gana el alcalde- nos promete que va a promocionar internacionalmente a nuestra ciudad. Algo difícil de comprobar, por cierto. Y ahora, con esto de la crisis, el alcalde jura que vamos a disponer del mejor espacio de grabación del mundo mundial y que el auditorio va a generar empleo. Es decir: según él se trata de una buena inversión para la ciudad. Pero algo no me cuadra: si realmente hablamos de una inversión, si construiremos un equipamiento que generará dividendos… ¿por qué no nos presentan ya su plan de empresa? Es decir: si yo, por ejemplo, abro una fábrica en mi ciudad y recibo “x” millones de subvención, millones que salen de las arcas públicas, antes de recibir esa pastaza tendré que presentar un riguroso plan de viabilidad, de previsión de ganancias. Ni por el forro me colaría decir: “con mi empresa la ciudad se colocará en el mapa y se generará riqueza”. Me exigirán que avale esas promesas con pruebas firmes. Entonces… ¿por qué ellos no hacen lo mismo? ¿Por qué no nos presentan un “business plan” antes de gastarse nuestro dinero? Pues si las promesas sobre el auditorio no se cumplen y éste genera gastos, a ellos, a los que nos han embarcado en esta movida, no les pasará nada. Como mucho, el ciudadano les retirará su voto en las próximas elecciones
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4.2.10

CANON NO

Hablábamos el otro día de los derechos de autor. Un asunto que, años ha, estaba en boca de pocos pero que hoy en día -con esto de la piratería y de las descargas en internet- se ha convertido en tema universal: se habla de ello en los bares, en las colas de autobús y hasta en las panaderías. Y es que cada vez que compramos un CD o un DVD nos aplican un canon; es decir: pagamos una cantidad de dinero que -nos dicen- compensa a los autores por la posible copia de una canción o una película efectuada con esos soportes de grabación. Pero ahora nos quieren cobrar otro canon por el “posible uso ilícito” de internet, pues según algunos -esos “algunos” que tienen poder para sacarnos los cuartos-, todos usamos ese medio para “piratear” música, películas… En definitiva: parecer ser que estamos “matando de hambre” a los pobres autores. Aunque el otro día llegábamos a la conclusión de que con el pago de un canon, más que indemnizar a los menesterosos autores, lo que estamos haciendo es indemnizar a las “pobres” multinacionales del mundo del entretenimiento, del ocio y de la cultura. Indemnizarlas por no ganar miles de millones de euros al año, sino sólo unos pocos cientos de millones. Decíamos también que la mayoría de los autores ceden sus derechos por cuatro cuartos a esas multinacionales, muchas veces obligados por la necesidad, otras por el afán de fama (que también para algunos es una necesidad), y que en las que en la mayoría de las ocasiones sólo reciben una parte infinitesimal de los beneficios. Y es que un servidor no entiende por qué todos tenemos que pagar un canon -un impuesto indirecto, en definitiva- para que unos pocos músicos sigan siendo millonarios y unas pocas multinacionales no adelgacen en exceso sus grandiosos beneficios. Se quejan de que con internet algunos se bajan por la cara la música de un autor. Y quieren que paguemos por ello… todos. Pero es que hoy en día hay miles de músicos, que no desean ser ricos sino -cosa extraña- sólo hacer buena música y que mucha gente disfrute con ella: hay autores que cuelgan sus composiciones gratis para que cualquiera pueda bajárselas. Y éste también es un fenómeno de rabiosa actualidad. Realmente a mí me gustaría que los artistas beneficiados por el pago de tal o cual canon, fueran éstos y no los otros. Porque todos conocemos casos de escritores, músicos, artistas que después de trabajar toda su vida han vivido sus últimos años de vida rozando la indigencia. La cuestión es la siguiente: se está acabando el supernegocio de la música. Y eso, está bien. Porque no entiendo por qué todo músico que se precie hoy en día tiene que ser rico. Me parece bien que gane su dinero con sus creaciones. Pero yo, pagando un canon, un impuesto, no quiero costear el palacete de nadie. Quiero pagar, sí. Pero en su justa medida. ¿Y cómo se mide eso? Yo no lo sé. Pero para eso están los políticos. Para resolver problemas. Los problemas de todos los ciudadanos, no sólo de las cuatro multinacionales ni de los cuatro artistas millonarios de turno.

18.1.10

DERECHOS

¡Menudo guirigay se está montando a costa de los derechos de autor! Como todos sabemos, cuando un autor realiza una obra existen una serie de leyes que regulan los derechos que el creador tiene sobre ella. Por una parte están los derechos morales –protegen la autoría- y por otra parte están los patrimoniales: regulan la explotación comercial de las obras. Estos últimos pueden ser vendidos o cedidos por el autor. Y como de lo que estamos hablando es de dinero, son objeto de discordia permanente.
Hace días Loquillo, Aute, Loquillo y Rosario, entre otros, se manifestaron ante el Ministerio de Industria. Y entregaron un manifiesto con 2.500 firmas en el que pedían “respeto” a su trabajo y medidas legales contra la piratería y, sobre todo, contra las descargas ilegales de sus trabajos en internet. Y parece ser que el suceso fue la gota que colmó el vaso: la ministra de cultura dijo poco después que quiere crear una comisión para cerrar sin orden judicial aquellas webs que se lucren con contenidos culturales, como música o películas. Y claro, ante semejante anuncio, miles de internautas echaron pestes contra la ministra. Y con razón: cerrar un sitio web sin orden judicial vulnera los derechos fundamentales de los ciudadanos, obviamente. Después Zapatero dijo que no, que no se va a cerrar nada. En fin, el lío no acaba más que empezar.
Y días, también, avisé a un amigo de que una película de la que él era guionista se podía “bajar” desde una página web. Su contestación fue: “A mí que la gente quiera ver la peli y se la baje no me molesta demasiado. Si no hay nadie que se enriquezca claramente a mi costa, claro. Quien nos intentó robar de verdad (y nos roban ahora) fue la multinacional “X”. Vendieron 50.000 copias a 20 euros y pretendían no pagarnos nada. Primero nos pasaron unas cifras de ventas falsas, luego conseguimos las reales con un infiltrado en la compañía. Luego pusieron problemas legales y los tíos de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) les daban la razón y nos dijeron que no podían explicárnoslo porque no éramos abogados. Contratamos a unos que tuvieron que pegarse con los de la SGAE (que se supone que protegen a los autores) y entonces sí: al final cedieron y seis años después conseguimos que nos pagaran. Pero después han seguido vendiendo DVDs y no me han dado ni un euro y es tan cansado pelearse que no sé ni si merece la pena. Por eso ponen las cosas tan difíciles. Eso quiere decir que, en la práctica el 90% de los guionistas jamás cobran nada de las compañías que venden sus DVDs porque para ser contratados por las productoras suelen ser obligados a firmar una cláusula en la que dicen que ceden estos derechos a la productora. Nosotros no lo hicimos, claro, pero somos una excepción rara.”
Me pareció muy ilustrativa la explicación. En resumen: muchos autores ceden sus derechos por cuatro cuartos a grandes empresas y son éstas las que se reparten el “gran pastel”. Pero sobre esa injusta situación no hay manifestaciones.

LA COSA

Meses ha, estuve en una taberna del barrio de Zaramaga zurito en mano. No recuerdo el nombre de local, aunque ese detalle no es relevante para ilustrar lo que quiero contar. Lo relevante –aunque sin exagerar- es que detrás de la barra de la tasca, sobre las polvorientas botellas, vislumbré un cartel impreso en un folio en el que podía leer: “Prohibido hablar de la cosa”. No entendía. ¿La cosa? ¿Acaso alguien apodado “la cosa” es “persona non grata” en este local? Intrigado le pregunté al camarero sobre el sentido del cartel. “Todo el mundo viene diciéndome que si la crisis tal, que si la cosa está muy mal… Y esto harto.” Me reí con la ocurrencia. Después he visto el cartel en varias tabernas más, constatando así que el humor es el mejor antídoto contra la crisis. Y que la sabiduría popular todavía tiene su hueco en esta sociedad.Cuento esta anécdota porque últimamente en el mundillo de la cultura todo el mundo dice que “la cosa está muy mal”, refiriéndose al entorno cultural. Por lo que yo sé, las “industrias de la cultura” están bastante -con perdón- jodidas con esto de la crisis. La venta de libros, por ejemplo, ha descendido este año más de un veinte por ciento. Y en el mundo del arte, ha pasado algo similar. Eso en el terreno privado, porque en el público nuestras instituciones han pasado la podadora por los montos destinados a cultura. Y así nuestros departamentos de Cultura se han quedado a dos velas. Una vez más en momentos de crisis a los políticos les da por “desmochar” todo aquello que ellos consideran superfluo, accesorio. Las prioridades se desplazan, por consiguiente, hacia la creación de empleo o hacia la asistencia a las personas que económicamente lo están pasando peor. Obviamente, no me parece mal. Aunque no sé por qué es mejor subvencionar a las constructoras que a las empresas culturales. Todas ellas dan trabajo a la gente. Pero me desvió de lo importante… lo curioso de esta situación, lo que no acabo de entender, es que durante años, esos años que ahora nos dicen que fueron buenos, asistimos impávidos a un desplazamiento del concepto “cultura”: ésta –de mano del turismo cultural, fundamentalmente- se convirtió en un recurso que generaba dinero para las ciudades. Y así los auditorios, museos, centros culturales, festivales, conciertos y diversos eventos destinados al consumo cultural, eran dispositivos considerados productivos para las economías de las ciudades. O sea: estaba bien invertir dinero público en infraestructuras culturales porque se generaban dividendos, se generaba empleo. Pero ahora el discurso vuelve a cambiar: en tiempos de crisis hay que recortar expendios, la cultura es una fuente de gastos. ¿En qué quedamos? ¿La cultura es buena o mala para la economía? ¿Es una buena o mala inversión? Pues lo que no tiene sentido es construir museos o centros culturales pensando en ellos en términos de inversión económica y, cuando vienen las vacas flacas, recortar sus presupuestos alegando que generan gastos.

24.12.09

CUMPLE AÑO

Hoy se inaugura en la Sala Amárica la iniciativa “Inmersiones 09”. Una propuesta destinada a promover el arte próximo, cuya primera edición tuvo lugar el año pasado –funcionando muy bien, con excelente nivel de participación- y que ahora en 2009, con un esquema algo distinto, vuelve a reunir a una treintena de creadores. “Inmersiones”, es un proyecto significativo, que intenta tomar el pulso al mundo de la creación cercana. Y que sirve también de espacio de encuentro entre los diversos creadores que participan en esta experiencia.
Pero no se puede entender “Inmersiones” si nos quedamos flotando en su superficie. Hay que bucear, sumergirse, para poder comprender que la importancia de este dispositivo de difusión de las prácticas artísticas cercanas estriba, fundamentalmente, en el modelo de gestión que lo sustenta: el Proyecto Amárica. Y tiremos del hilo de la madeja: el Proyecto Amarika surgió -hace un año ya- de una asamblea abierta de ciudadanos, artistas, personas preocupadas por la cultura. Y decimos que es una “asamblea abierta” porque no existe un “contrato” entre los asamblearios que la componen, pues no hay un “corpus” jurídico -llámese “asociación”, “federación”….- que lo sustente. Y eso es, cuando menos, infrecuente. Porque en esta sociedad todo, absolutamente todo, está sujeto a tratos contractuales. Incluso las relaciones de pareja están sujetas a contrato. Pero el modelo abierto de la “Asamblea Amarika”, más similar a las relaciones de pareja “sin papeles”, funciona. Eso sí: los nexos, los objetivos, quizá tengan que ser más claros para que algo funcione sin ataduras legales. Aunque no todo es “contigo pan y cebolla”, porque también existen dificultades: es difícil aunar criterios entre personas de diversa índole. Pero “Amarika” funciona, pues actualmente se está programando -desde hace un año- en tres salas expositivas de la Diputación Foral de Álava. Y, ahora, con “Inmersiones 09” se celebra –de una forma simbólica- el primer aniversario del éxito del Programa Amárika.
“Inmersiones 09” ha demostrado también que su filosofía participativa y abierta-ya marcada en su anterior edición- funciona. Porque la actual persona coordinadora del dispositivo ha “emergido” de la primera convocatoria: ella era una de las personas seleccionadas en “Inmersiones 08”. Y esperemos que el año próximo se mantenga este relevo. Pues las gestiones de actuaciones culturales costeadas con dinero público tienen que ser más participativas, abiertas, permeables. Hay que demostrar que es posible gestionar de otra manera. Hay que dejar claro que “participación ciudadana” es sinónimo de “gestión ciudadana”. Que “participación”, “trabajo en red”, “arte emergente” no son sólo meras palabras, coartadas para justificar tal o cual línea de actuación pública. Hay que llenarlas de nuevo de sentido. E “Inmersiones” es una herramienta que sirve para ello. Esperemos que haya “Inmersiones” por muchos años.

ALEGORÍAS

En este espacio, no suelo hablar exclusivamente sobre artistas. Y no es que me parezca insustancial hablar sobre ellos, sino que me parece más significativo ir un poco más allá, e intentar abrir el ángulo de ese “plano cerrado” –plano ocupado por la figura del artista- para tener así una visión más general del hecho artístico o cultural. Porque por detrás –y a los lados- del “protagonista”, del artista, hay un escenario: un escenario compuesto por múltiples elementos: sociales, culturales, políticos, económicos… ¿Y qué es más importante, hablar del escenario o del personaje? Es obvio que vivimos en un mundo el que el culto al personaje alimenta las industrias culturales, del ocio, del entreteniendo, del arte. Quizá tengamos que apartar a los artistas de todos los planos de las películas en las que actúan para poder ver esos elementos tapados por sus cuerpos.
El artista en definitiva, parte de un contexto–que es un contexto compartido con el público- y desde él nos habla. Y nos habla por boca de otros. Es decir: él no es una isla, no parte de cero. Como todos nosotros, tenemos una herencia: la cultura que nos han enseñado. Y en el caso concreto del artista, son tantas las fuentes de las que bebe, son tantos los elementos externos a él que influyen sobre su trabajo, tantos los mediadores que están por encima de él o a su lado (galerías de arte, museos, críticos, comisarios, mercado, política público…) que podríamos comparar al artista con un actor que representa un guión ya escrito, eso sí, dejándole un hueco a la improvisación. Por eso, a mí me suele interesar más hablar más de ese guión, de esa película, que del actor en sí.
Dicho lo anterior, voy a contradecirme y hablar de un artista en concreto. De alguien que habla precisamente de todo esto que he mencionado en líneas anteriores. De alguien que se sitúa el mismo fuera de ese plano para dejarnos ver los detalles del escenario. O para que nosotros, el público, ocupemos su lugar. No es éste un artista que trabaje con “materia”: pintura, fotografía... Es un artista que trabaja con conceptos. Y hoy se inaugura su exposición –la exposición de Pep Agut- en la galería Trayecto. “Partes de”, se titula. Porque como ya hemos dicho, todos somos “parte de” algo, de este sistema, de esta sociedad. Y también “partimos de” nuestra herencia, de nuestra cultura, para hablar, expresarnos, vivir…
Pep Agut nace en Barcelona en 1961. Es un artista de una generación que supuso un relevo frente a la eclosión de la pintura en los años ochenta. Pep ha dejado una profunda huella en el arte producido en la Ciudad Condal. Para que se hagan idea de su trabajo: en una ocasión se expuso a sí mismo, como artista inamovible, con sus zapatos clavados el suelo “mostrándose” como obra durante toda la inauguración. Para otra muestra, expuso un diccionario Euskara-Castellano/Castellano-Euskara. Los visitantes podían borrar en él la palabra que eligieran en su lengua para sustituirla por su nombre propio.

16.12.09

GUÍA

Tendré en mi casa unos quinientos catálogos y libros de arte, otros tantos libros de temas variados, y cerca de 10.000 cómics y fanzines. Y lo tengo todo “ordenado” de aquella manera. Pero si alguien me pide un cómic determinado, al final, si lo tengo, lo acabo localizando. Y también puedo aconsejar a alguien qué leer de entre ese material mío: un par de preguntas previas y un poco de psicología aplicada son suficientes para saber qué recomendarle. Pero si alguien viniese a mi casa buscando algo, y yo no estuviera ahí, posiblemente esa persona acabaría perdida, enterrada entre papel, naufragando entre material interesante y otro que no lo es tanto. Supongo que saldría de mi casa maravillada, pero desorientada completamente. En definitiva: ante tantísima información recopilada en hemerotecas, archivos, museos y bibliotecas necesitamos que la gente que ha leído -o visto- mucho, los llamados “especialistas” nos elabore un mapa que nos oriente. Necesitamos que una persona que ha leído, por ejemplo, miles de libros nos recomiende qué leer, o que un individuo que ha visto miles de obras de arte, nos diga cuáles son de interés. Los especialistas son nuestro filtro. Porque no podemos leernos todo lo que se ha publicado en el mundo. Otros tienen que hacerlo por nosotros y, después, guiarnos.
Y estos días en la Fundación Sancho El Sabio, hay una exposición de fanzines. Como muchos sabréis, un fanzine es una revista realizada por forofos, aficionados, de un tema concreto (política, literatura, arte, cómic…) que no tiene una finalidad comercial y que, muchas veces, está realizada con los escasos medios de los que disponen dichos aficionados. Es un universo muy interesante: fresco, espontáneo e intenso. Reconozco que la Fundación tiene una buena colección. Es más: tienen más ejemplares que yo. Recorriendo el otro día esas vitrinas repletas de ellos, acompañado de un amigo mío, reconocí mucho de lo expuesto: estaba el fanzine “El chino”, antecedente de la revista TMEO, el “fanzine Acción”, publicado por la asociación AMBA, el primer cómic editado por la librería de cómic Crash de Vitoria consistente en una fotocopia doblada por la mitad… Una parte de ese material forma parte de mi biografía: porque yo había leído en su día muchos de esos fanzines, había colaborado en algunos de ellos, e incluso varios los había puesto en marcha yo mismo. Y pensé que ese material tenía mucho sentido para mí, pero ningún sentido para el amigo que me acompañaba. Así que le improvisé una pequeña “visita guiada”. Al salir de la exposición pensé que la Fundación tenía un tesoro, sí, pero que faltaba alguien que explicara a los visitantes eso que estaba viendo. Como yo hago en mi casa con los amigos que vienen a verme. Me llevé el catálogo que habían editado, con el índice del material mostrado y con entrevistas a cuatro o cinco personas relacionadas con el universo de los fanzines. Un catálogo interesante, pero insuficiente, pues no sirve como guía.

16.11.09

EL KLIK

Si hiciésemos una fotografía en la que aparecieran plasmadas las tres grandes instituciones culturales -y públicas- de la ciudad, obtendríamos un retrato a tres bandas. Los “rostros” de Montehermoso, Artium y Caja Vital llenaría dicha foto, representando cada una de ellas a la institución que las sustenta: el Ayuntamiento, la Diputación y la Caja Vital ¿Pero es eso realmente cierto? ¿En esa fotografía no aparecen más talantes? ¿Ni siquiera confundidos con el paisaje? “Haberlos haylos”, otra cosa es que nos cueste percibirlos. Tenemos, por ejemplo, el caso de la Fundación Santa María, dedicada a la restauración de la “Catedral Vieja”. Es cierto que en 2010 el templo estará por fin reparado, pero la Fundación sobrevivirá a su obra, y ésta seguirá realizando diversas labores culturales. También es de rigor mencionar otro organismo que poco a poco adquiere más peso en la vida cultural del Casco Viejo: la Agencia de Renovación Urbana. Con una gran aporte económico por parte del Fondo Europeo (“Plan Urban”) y con la idea de reactivar el corazón de nuestra ciudad, este organismo va influir -ya lo está haciendo- en el rumbo social, económica y cultural de “la Almendra”. Y, finalmente, no podemos olvidarnos de la universidad, tan presente en la vida de otras ciudades. El departamento de Extensión Universitaria de la UPV de Gasteiz aloja desde hace años un sinfín de actividades en el Campus alavés. Aunque en nuestra ciudad la universidad parece cercanamente lejana. O lejanamente cercana. Hecho chocante, porque realmente el Campus está a diez minutos del corazón de Gasteiz. ¿Qué sucede? Posiblemente la barrera física de las vías del tren sean la causa: el campus nos parece un terreno desvinculado, desunido a Gasteiz, como si esas vías de tren fueran la antigua cicatriz de un corte realizado a la ciudad por algún quimérico cirujano. Pero el cambio está por llegar: el ansiado plan de soterramiento de las vías se acerca. Y “la cicatriz” será tapada con un nuevo “injerto” de tejido.Y ayer se inauguró en la sala de exposiciones del Pabellón Universitario una muestra fotográfica enmarcada dentro de un proyecto más ambicioso: “Gazte Klik”. ¿Qué es “Gazte klik”? Es una actividad fotografía destinada a jóvenes que quiere impulsar la creación artística en ese campo. Pero no es una convocatoria ortodoxa: en “la uni” podemos ver todas las fotos que los jóvenes han realizado; y en los espacios publicitarios del Ayuntamiento situados en las calles, una selección de ellas. Finalmente, cuatro de los jóvenes realizarán -el año que viene- una exposición conjunta en la Casa de la Cultura. Exposición coordinada por la fotógrafa Ana Nieto. Es ésta una iniciativa que en su día surgió de la propuesta de una joven ciudadana, a través de un concurso de ideas convocado por el Servicio de Juventud de nuestro Ayuntamiento. Y es que no sólo los Departamentos de Cultura deben de promocionar la cultura. Producir y difundir la cultura, debe ser una labor de todos.

LIBRO

Reconozcámoslo: en esta era hipertecnológica que nos ha tocado vivir, el ancestral libro sigue revelándose como uno de nuestros mejores inventos. Y es que el libro soporta muy bien las caídas. Y nunca se queda “colgado”. Ni sin batería. Es ligero y algunos aguantan lustros sin quedarse obsoletos. Es más: con el tiempo a veces se convierten en joyas. Así que es normal que el libro siga siendo, desde tiempos inmemoriales, nuestro fiel compañero. También es verdad que hasta el invento de la imprenta hace cinco siglos, el libro se usaba más para conservar, “enlatar”, la cultura y el saber, que para el disfrute del personal.
Cuando pensamos en un libro, muchas veces lo visualizamos como un mero contenedor de texto. Es decir: palabras, frases, escritas sobre papel. Pero también un libro puede estar lleno de imágenes. Y de imágenes y texto. Las posibilidades son múltiples y todas ellas conviven en armonía.
Y el libro puede ser también un buen vehículo para la gente que dibuja, pinta. En ese caso se suele hablar de “libro de autor”. Por aquí cerquita, en nuestra ciudad, tenemos la sede de una editorial que, entre otras muchas cosas, ha publicado también varios libros de ese género, llamémoslo “mestizo”. Me refiero a la editorial Basarai. Basarai ha trabajado con pintores como Xabin Egaña, Lazcano o Mintxo. Y de este último después de editarle “El sueño del dibujante” (2001) y “Poemas del caminante” (2005) ahora han colaborado en el parto del tercero: “A travesura”. Ayer se presentó al público en la sede de la Fundación Sancho El Sabio. Con la colaboración del “Programa Amárica”.
Extraído del propio libro: “A travesura en un bosque de hojas blancas” es un trabajo artístico que se revela sobre las hojas de un cuaderno. No es, por tanto, una simple colección de dibujos aislados, sino una entidad gráfica formada por un conjunto de dibujos que se van entrelazando en las páginas que estaban en blanco, como si al paso de la mano se fueran revelando las imágenes. Esta realidad pictórica en movimiento se completa con pequeños pensamientos que subrayan el ánimo del autor. La memoria y la fantasía recrean las imágenes con una actitud expectante, incluso traviesa, en una trama que surge en la mente del artista y se plasma en un cuaderno de arte que se ofrece al lector para que complete el viaje realizado y se sorprenda por la belleza de las pinturas y dibujos.”
Mintxo es uno de los mejores dibujantes que he conocido en mi vida. Viéndole dibujar parece que los rostros, cuerpos, objetos, paisajes están ocultos en el papel y que él lo único que hace es ayudarlos a salir a la superficie. Usando para ello casi cualquier cosa: un lápiz, un pincel, el dedo, un trapo… “Consigo el grafito en barritas y con ellas dentro de un lapicero, las transformo en imágenes paseándolas por el papel”, apostilla el autor en el libro. Así de fácil lo dice. Y así de fácil lo hace parecer. Aunque la realidad es otra: por detrás de ese “fácil” se esconde mucha sabiduría dibujística.

9.11.09

BELLEZA

El Artium acaba de presentar un “triplete” de exposiciones. Y desde “Periscopio” se han puesto en marcha once más. Por lo tanto, el ciudadano puede acabar enfermando, no de gripe A, sino de la más enfermedad más “artística” conocida por la ciencia médica: el “Sindrome de Stendhal”. Como algunos sabrán, esta enfermedad escogió como primera víctima a Stendhal. De ahí su nombre. La historia dice que el escritor después de una maratoniana jornada de paseo florentino-allá por el año 1817- visitando museos, iglesias, concentrado en todo aquello que veía, loco por no perderse detalle de nada para poder así describirlo en su Diario, súbitamente sintió intensos mareos, sudores y palpitares. Y, medio arrastrándose, fue a visitar a un médico. Éste, tras tomarle el pulso y chequearle a la usanza de hace un par de siglos, dictaminó: “usted padece una sobredosis de belleza”. Desde luego, hoy en día los médicos ya no dicen cosas tan bonitas…
Pero hoy en día no corremos tanto peligro de pillar ese síndrome, pues la belleza no es valor cardinal a la hora de estimar una obra: lo bello no deja de ser un concepto volátil, subjetivo… y la buena obra no puede levantarse sobre criterios tan vaporosos. Es por eso que valores como la originalidad, la capacidad de seducción, de hacernos reflexionar sobre nuestra realidad… se anteponen hoy al valor “belleza”. ¿O no?
Tomemos el ejemplo de la primera exposición de “Periscopio”: “Maras” de la fotógrafa Isabel Muñoz. ¿Cómo valoramos su obra? En principio vemos imágenes de jóvenes tatuados, pandilleros –llamado “Maras- surgidos de la miseria de “El Salvador”. Pero aunque retrata una cruda realidad, las imágenes no dejan de ser bellas. ¿Debe el artista embellecer, “cocinar”, lo crudo?
Recomiendo la lectura de una “interviú” al fotoperiodista Chistian Póvera - recién fallecido en un tiroteo en el Salvador- en la web: centroamerica21.com/edit/25-7/cultura1. Porque hace dos años, Christian acusó públicamente de plagio a la fotógrafa Isabel Muñoz. Christian llevaba varios años estudiando, fotografiando a los “Maras” cuando Isabel presentó su serie sobre ellos. Serie que ahora podemos ver en Vitoria. Las fotografías de Christian fueron expuestas en enero de 2005 -un año antes de que Isabel fuera a El Salvador a hacer las suyas- en la Photo Biennial de China, bajo el título “Las Maras”. Y en 2006 las publicó en revistas tan conocidas como “Picnic” de México, “Playboy” en español y “Le Monde”. Viendo el trabajo de Póvera y comparándolo con el de Isabel, uno no puede dejar de pensar que, aunque son muy similares, el del primero tiene un valor más documental, más comprometido, resultado de un trabajo riguroso de investigación. En cambio, el trabajo de Isabel es más superficial pero más atractivo visualmente. Isabel estuvo trabajando en “el Salvador” seis semanas, y Chistian cuatro años. Y eso se nota. Es una pena que no podamos ver la obra de Chistian en Periscopio.

PARTICIPACIÓN

El otro día, varios miembros de grupos ecologistas que acudían al Consejo Sectorial de Medio Ambiente se levantaron airadamente de una reunión y se fueron, argumentando que desde el Ayuntamiento no se hace caso a sus propuestas y que "se guardan en un cajón”. Ese hecho parece ser la punta del iceberg: muchas personas y colectivos que forman parte de este tipo de consejos, se sienten frustrados por la misma causa.
Recapitulemos: la Carta Europea de la Autonomía Local, ratificada por España en 1988, considera necesario que los ciudadanos participen en la gestión de los asuntos públicos. Y la ley española de Medidas de Modernización del Gobierno Local -aprobada en 2003- viene a establecer una serie de órdenes concretas para fortalecer la democracia local: garantizar el derecho de los ciudadanos a participar en las decisiones importantes que afectan a su futuro, buscar nuevas vías de participación, potenciar el papel de las agrupaciones de ciudadanos como socios esenciales del desarrollo de una cultura de participación, etc. A rebufo de esa ley, en Vitoria existen nueve consejos asesores y siete territoriales, además del Consejo de la Ciudad. En total diecisiete órganos de –en teoría- participación ciudadana. Y digo “en teoría” porque sus resoluciones son meramente consultivas. Es decir: se opina pero es el ayuntamiento el que decide. Y la verdad es que no hay nada más frustrante que acudir, gratis total, a las reuniones, preparar proyectos, aportar informes, formular preguntas…. y que el ayuntamiento ni siquiera te conteste. El altruismo no es tan altruista, valga la redundancia. El que aporta su tiempo y su experiencia quiere verse “recompensado”. ¿Cómo? Viendo cumplidos algunos de los proyectos presentados. Porque uno participa cuando puede influir en su entorno. Participar es, por lo tanto, tener capacidad para cambiar las cosas. Si sólo eres un espectador, o una mera comparsa, no se puede hablar de participación. Pero una de cal y otra de arena: el otro día miembros del Consejo Amárica explicaron en la Comisión de Cultura del “congreso alavés” (me refiero a las Juntas Generales de Álava) un proyecto participativo que sí está funcionando: el Proyecto Amárica. Tres salas de exposiciones de la Diputación están siendo programadas desde hace nueve meses por un colectivo amplio –y abierto- de artistas, creadores y personas relacionadas social o laboralmente con el arte y la cultura: la Asamblea Amárica. En este caso el Consejo Amárica “aconseja” una serie de actividades, de exposiciones, de líneas de trabajo a la Diputación Foral de Álava y ésta asume los “consejos”. Se trata, por lo tanto, de un caso real de participación ciudadana. Un caso, desgraciadamente, no demasiado habitual en el Estado. Es por eso que desde multitud de ciudades españolas se está invitando a los miembros de la Asamblea para que expliquen esta interesante iniciativa. Desde aquí les deseo suerte en ese intenso “tour” rebosante de espíritu participativo.

14.10.09

RUIDO Y HUMOR

Cada uno sufre la actual crisis económica a su manera. En mi caso -que no es el peor, obviamente- la crisis me ataca cual ruido infernal. Me explico: trabajo en la calle Pintorería, así que llevo cuatro meses aguantando las hormigoneras, los martillos hidráulicos, las amoladoras… Es ésta una obra, la de adecuar el pavimento del suelo de la Pinto, bastante surrealista: va a ritmo de caracol. Lo lógico, lo habitual, sería ventilarse una cosa así en un mes, pero no: en esta época de crisis hay que alargar las obras para dar trabajo a la gente. Y todos los ciudadanos tenemos que ser solidarios con estas medidas. Pero tengo un problema: soy un descreído. Es más: observando esta obra uno piensa que este país está acabado. Porque no puede ser que la mejor fórmula que tengamos para sortear esta crisis consista en dar trabajo así: realizando obras por doquier y a ralentí.
Mientras escribo esto, unos tapones de oídos cubren mis orejas, y por encima de éstas y aquellos, llevo unos aparatosos cascos. Unos cascos contra el ruido que compré hace meses. Y la cómica escena se recorta sobre la pantalla temblorosa de mi ordenador, que tiembla, no porque tenga miedo de mi aspecto, sino a causa de las vibraciones de las obras. Y mientras, un servidor se siente un mártir. Pero un mártir gratuito, estúpido, pues no le veo utilidad a esta sobredosis de contaminación acústica. Y me resulta complicado concentrarme. Por mi cabeza pasan idean absurdas. Como que parte de ese dinero que se están gastando en estas obras -cada uno de los cartelitos anunciadores del “Plan Ñ” ha costado la friolera de 6.000 euros- se inviertan en la realización de una estatua en homenaje al vecino sufridor. Sufridor por los ruidos de las obras. Y así daríamos trabajo a los escultores. Que también son trabajadores.
Sí: lo único que mantiene mi sesera sana en estos ruidosos momentos es el humor. Porque me siento ridículo escribiendo con tapones de oídos y cascos. Pero me río de ello. Y de la crisis. Y pienso que es una lástima tener tan poco humor en nuestras vidas. Es una lástima que la cultura, el arte, los museos, la música… casi no nos aporten humor hoy en día. Porque lo necesitamos. El humor es cosa seria.
Pero, afortunadamente, estos días podemos visitar una muestra salpicada de humor: los hermanos Roscubas exponen en la galería Trayecto. Mucho humor y mucho erotismo. La exposición se titula “Punto ciego (secret sex)” y se divide en tres partes bien diferenciadas: la primera muestra imágenes de seducción reconstruidas a partir de pequeños segmentos de imágenes eróticas de los años 50 y 60. Imágenes que invitan a pensar en el secreto del deseo, pues estas imágenes no muestran sexo, sino cuerpos. La segunda parte se compone de dos objetos que mezclan la obscenidad de la marca y la publicidad. Y en la tercera se funden ilusión, fantasía y juego: una serie de espejos y objetos de cosmética sirven de reclamo para la transformación más allá de las identidades y el género.

El VUELO

El otro día, debajo del brazo, en una inauguración de arte, llevaba un cómic. Rodeado de gente supuestamente culta, mi cómic debajo del brazo desató cierta inquietud: la mayoría no se habían leído un cómic en los últimos veinte años. Y es que en eventos de ese tipo, en los que los parloteos giran sobre arte, cine, literatura, el cómic es un medio exiliado, nunca objeto de interés. Y así, no es raro que un artista, un crítico de arte… te reconozcan que no leen cómics. Para mí este hecho es un sacrilegio, pues no hay más que ponerse a leer ciertos cómics -de autor, fundamentalmente- para percatarse de que este medio está aportando a la cultura sus obras más maduras. Sobre todos estos últimos años. Y un servidor, que lee literatura, ensayo, cómics, y visiona películas o asiste a múltiples movidas artísticas, compara lo que se está haciendo en esos campos y no puede dejar de llegar a una conclusión: el nivel medio de las obras que surgen del campo historietístico sobrepasa en calidad al de otros medios artísticos.
Pero volvamos a ese cómic de “debajo del brazo”, porque ejemplifica lo que acabo de comentar en líneas anteriores. Era “El arte de volar”, del escritor Antonio Altarriba y del dibujante Kim. Si no sonara a tópico, simplemente lo tildaría de obra maestra.
“El arte de volar” narra la vida del padre del coautor del título: Antonio Altarriba. La historia arranca con un hecho trágico: el 4 de mayo de 2001 su padre, con noventa años, se arroja al vacío desde la cuarta planta de la residencia de Lardero (La Rioja). Sólo después de leernos la novela entenderemos esta frase escrita, casi grabada con tinta, en sus primeras páginas: “mi padre tardó noventa años en caer de la cuarta planta…” Porque “El arte de volar” reconstruye la dura vida de un idealista frustrado, desengañado. De una persona que luchó toda su vida por ser libre pero que no pudo conseguirlo, pues sus circunstancias -sociales, económicas, históricas…- parecían aliarse siempre para impedirle alcanzar ese sueño.
Y Antonio utiliza un recurso narrativo perturbador y efectivo: se introduce en el papel de su padre, relatando su vida en primera persona. “Mi padre, que ahora soy yo, no conserva buenos recuerdos de su infancia”, dice al comienzo el autor. Y así, página a página, en plena simbiosis con el excelente dibujo de Kim, Antonio reconstruye la biografía de su padre, mutada ahora en autobiografía. Una vida de un español medio que vivió lo que le tocó vivir, siempre arrastrado por los sucesos de la historia: infancia en un pueblo de la España profunda, guerra civil del lado “rojo”, exilio en Francia, vuelta a la España de Franco para crear una familia… y en ese largo camino le van arrancando sus ideales. “El arte de volar” es una obra grande y honda, madura, con múltiples niveles de lectura. Una obra sentida, pero no trágica. Una obra que más que biografiar a una persona, nos hace vivir la historia de un país, de sus gentes. Y de sus sueños y anhelos arrancados por la historia.

29.9.09

CIERRE

En cuatro días se gastaron 240.000 euros. Buena parte de ellos en pagar viajes y hoteles a una legión de famosos salidos de la “caja tonta”. ¿La finalidad? Promocionar sus culebrones en Vitoria. Y era un presupuesto destinado a cultura. Pero nadie dijo nada. Y hoy parte de ese “nadie” dice: “el Artium cierra sus puertas por sorpresa un mes”. Ahora parece que sí les interesa la cultura… Paradójicamente, el rotativo que se “inventaba” el cierre forma parte del patronato –del grupo gestor- de Artium. O sea: ellos mismos aprobaron en diciembre pasado el proyecto del nuevo director. Proyecto en que se refleja la necesidad de no realizar en Artium exposiciones en septiembre –es el mes con menos visitas del año- para iniciar la nueva temporada presentando al unísoro las nuevas exposiciones. Conclusión: algunos de los patronos no se han leído el proyecto que aprobaron. Su mano derecha no sabe lo que está haciendo su mano izquierda. O haciendo un chiste fácil: su cabeza lleva “cerrada” varios meses.
El Centro-Museo Artium no es sólo un museo al uso, sino que también es un centro de arte, por lo tanto su biblioteca, las visitas guiadas, las múltiples actividades… siguen vivas durante este mes. Y durante el resto del año. Artium, en definitiva, no es sólo un sitio donde sólo se cuelgan cuadros para que los turistas puedan hacer “zapping” con ellos, sino que es un lugar en el que se enseña, se divulga, se estudia, cultura contemporánea. Así que no se puede hablar de “cierre” de Artium-Museo, sino de un parón temporal de la programación expositiva de Artium-Centro de Arte. Un parón que servirá para sincronizar las inauguraciones de las exposiciones consiguiendo así un mayo “gancho” de cara al ciudadano. Y ese cambio de rumbo no se puede hacer con el motor en marcha. Porque si queremos sincronizar los relojes, tenemos antes que pararlos para mover sus agujas. Otra cuestión es que algunos patronos de Artium no estén de acuerdo con esa decisión. Pero que lo hubieran dicho en diciembre y no ahora. No han hecho sus deberes a tiempo.
La pregunta es la siguiente: ¿por qué un centro de arte tiene que estar ofreciendo exposiciones sin parar? Para algunos hay que emular a las fábricas de churros… siempre produciendo. Por poner un ejemplo cercano: desde el Consejo Amárica se está programando en tres salas expositivas de la Diputación. Y no siempre éstas permanecen abiertas: hay semanas en las que no se hace nada en ellas. Y nadie se ha quejado de ello, pues se apuesta por la calidad, no por la cantidad. Y es que en nuestro territorio hay una oferta desmesurada de exposiciones. Quizá sea porque en este territorio la cultura se entiende como un recurso o como un servicio. Es decir tiene que funcionar como un parque de atracciones (atraer turistas) o como un restaurante (dar a la clientela lo que te pide para comer). Y no es así: la cultura es como la educación, pues nos forma como personas. Por lo tanto, pidamos calidad y no cantidad.

18.9.09

PASO ATRÁS

Sinopsis del primer episodio de “Sin tetas no hay paraíso”: unas menores asisten a las fiestas de "el duque" -“macizo" traficante de drogas que habla como si acabara de beberse un bote de lejía- para animar con sus cuerpos a señores forrados y muy “salidos”. El objetivo de las chavalas es convertirse en fulanas de postín para darse así la gran vida. Pero la “prota” del culebrón conoce al tal "duque" -tío al que le da igual matar, extorsionar... aunque ¡oh! ¡tiene su corazón!- y se enamora locamente de él. En resumen: un folletín que las púberes devoran sin apenas masticar babeando por “el duque”. No es de extrañar que muchas pidan después a sus papis unas tetas “talla noventa”, pues sin ellas –según la serie- es difícil llegar a ser algo en la vida.

Y más de 1.000 “fans”, la mayoría quinceañeras, acudieron al FesTVal de Gasteiz para recibir a los “protas” del culebrón que vinieron a promocionar el primer capítulo de la nueva temporada. Nada que objetar a la movida si nuestro Ayuntamiento, nuestra Diputación y la televisión pública ETB, no la hubieran apoyado. Es obvio que desde el FesTVal también se han realizado actividades de interés, pues no sólo se ha difundido un culebrón machista y frívolo, se ha traído a participantes del “Gran Hermano”, se ha homenajeado al “inventor” de “Operación triunfo” o se ha dado cuerda a grupos de niñas “fanáticas” (“fan” es el apócope de fanático-a). Pero, señora concejala y diputada de cultura, no se puede servir en el mismo menú cultura e idiocia. Esa mezcla despista al ciudadano. Pues no es de recibo, por una parte, apoyar una cultura de igualdad, una cultura que genere reflexión y pensamiento crítico para, al mismo tiempo, apoyar algunos subproductos descerebrados de las industrias del entretenimiento por mucho que les guste ver a miles de posibles votantes acudiendo a un evento apoyado con ese dinero público que ustedes gestionan.

Y es que no es de rigor que desde la cultura pública se apoye a las macro televisiones privadas: sus fines son únicamente conseguir un gran público al que poder inculcar nuevos -y viejos- hábitos de consumo. Pero si se empeñan en programar cultura tal como se programa televisión, intenten al menos difundir la escasa televisión de calidad y no legitimar la que promueve alevosamente el meretricio gratificado a base de silicona, carrazos de lujo, copas, rayas y bolsos de marca. Eso es un paso atrás para nuestra ciudad.
Leonardo Baltanás, director de contenidos de Telecinco, argumentaba hace días que los festivales de televisión como el de Valladolid, León, Vitoria, Isla Antilla y Barcelona son necesarios porque pueden ayudar «a limpiar la mala imagen que la televisión tiene». Ana Rivas, directora de programas de Antena 3 decía también al respecto: «En televisión tenemos el problema de que a veces nos avergonzamos de nosotros mismos y de lo que hacemos». Pues bien: parece ser que nuestros departamentos de cultura no son tan puntillosos como los que fabrican “telebasura
”.

9.9.09

DESATINOS

Una nueva revista se presentó en el museo Bibat el otro día. Cascobizia-así se llama la publicación- “servirá como guía de servicios del Centro Histórico, soporte de orientación para quienes nos visitan e instrumento de divulgación a través de cuidados reportajes de la actividad de todo tipo que se desarrolla en el Casco Medieval”, explicaron sus artífices. Es un proyecto editorial –dijeron- financiado por el Plan Urban de la Unión Europea, orientado a poner en valor los recursos comerciales, hosteleros, de servicios y socioculturales del Casco Medieval. Y han distribuido 50.000 ejemplares por la ciudad. Es innegable que toda herramienta que sirva para dar a conocer la realidad del Casco Viejo es bienvenida. Pero para que esa herramienta sea efectiva es fundamental que la información ofrecida se elabore con sumo cuidado. Pues un medio de comunicación puede causar más perjuicios que beneficios si ofrece una imagen distorsionada o incompleta de la realidad. Todos sabemos que actuar con premura en las elaboraciones de proyectos pero con suma eficacia en sus difusiones, es un mal de nuestro tiempo. Y así lo que podrían ser “proyectos vacunas” se convierten en “proyectos-virus”. Virus que se propagan con rapidez.

Al grano: me parece incomprensible que en una revista que quiere ser una guía del Casco Viejo no aparezca ninguna referencia al Centro Cultural Montehermoso. Aparece sólo su sede referenciada como “monumento histórico”. Y suma y sigue: en el listado “centros y asociaciones” no se nombra al Centro Cívico el Campillo, ni al Centro Cívico Aldabe. Para la revista no existe la Federación de Asociaciones Gauekoak ni el programa de ocio nocturno que -desde hace diez años- se dirige especialmente a los jóvenes que hacen vida en el Casco Viejo de nuestra ciudad. Tampoco se menciona a Zuloa Espacio como lugar expositivo que lleva una década mostrando el arte emergente de nuestro entorno. Ni se menta a la mítica revista de cómic TMEO, que desde hace quince años tiene su sede en la calle Herrería. Por otra parte la galería de arte contemporáneo Trayecto aparece en un apartado que lleva el título de “Arte, muebles y decoración”. No entiendo cómo se puede meter en el mismo saco a una galería de arte contemporáneo y a una tienda de muebles. Y se me acaba el espacio… ¿a qué vienen tantos errores? ¿Será porque la dirección editorial de la revista está en Bilbao? ¿Es que los propios editores de una publicación que quiere divulgar la realidad de nuestra “almendra” la desconocen? ¿No debería ser ésta una revista pergeñada por los propios agentes sociales y culturales que desarrollan en el Casco Viejo sus actividades?

Termino diciendo que la revista tiene sus aciertos: se referencia a personas y a organismos que sí forman parte de la vida del Casco Viejo. Pero esa mezcolanza de atinos y desatinos puede despistar más a todo aquel que se acerque a la “almendra” con el Cascobizia bajo el brazo.

PRINCIPIANTES

El joven y moderno fotógrafo Colin se enamora de la aspirante a diseñadora de moda Crepe Suzette, pero ella sólo está interesada en su propia carrera. Entonces Colin intenta ganarse su afecto haciéndose famoso. Pero mientras tanto, las tensiones raciales en el barrio londinense de Colin se están caldeando... ¿Qué estoy contándoles? La sinopsis de una película: “Principiantes” (“Absolut beginners”). ¿Y a cuento de qué? De que mañana se inaugura una sugestiva exposición colectiva que lleva el nombre de dicha película. Y esa coincidencia no es fortuita, pues la muestra toma dicho film –o más bien su espíritu- como telón de fondo. Y sobre ese telón cinco artistas jóvenes y un escenógrafo han ideado un interesante proyecto colectivo –en clave de arte contemporáneo- orquestado por la comisaria afincada en Vitoria Nekane Aramburu.

Los artistas que participan en la exposición pertenecen todos a una nueva hornada de creadores vascos nacidos entre 1976 y 1986: el dúo Anamnese, Karmelo Bermejo, Daniel Mera con la colaboración de Arcadi Ballester, Ana Nieto y Daniel Llaría. Todos ellos fueron seleccionados a partir de la convocatoria de Inmersiones promovida por el Proyecto Amárica en diciembre del pasado año. Si la idea de “Inmersiones” era hacer visible el arte joven y cercano parece ser que esta iniciativa empieza a dar sus frutos.
Como cómplice, el escenógrafo Francisco Javier Larreina hilvana el recorrido de la sala huyendo de la idea de compartimento estanco que acompaña habitualmente a las exposiciones colectivas y plantea un acercamiento más compacto, más vertebrado, a la muestra. Absolute Beginners trata, en definitiva, de construir en complicidad con los autores y sus trabajos una gran ficción cuyas historias se entrecruzan, contaminan, enriquecen o incomodan, componiendo así una especie de relato "novelistico". Un relato que se construye a traves de las obras expuestas, pues sus lecturas se entrecruzan. Y la selección de los artistas ayuda a que esto sea así: todos ellos indagan con sus proyectos en los límites de lo real y lo imaginario.En definitiva: una sustanciosa muestra que visitar. Podemos acercarnos a ella hasta el día tres de septiembre. La cita es en la sala Amárica. Un sala que es pública pero que se gestiona “desde fuera” por el colectivo de artistas “Asamblea Amárica”. Un colectivo que, dicho sea de paso, está dando bastante que hablar –bastante y bien- fuera de las altas –e invisibles- murallas de nuestra ciudad. Tanto es así que recientemente desde el Observatorio Vasco de la Cultura del Gobierno Vasco han considerado al Proyecto Amárica como un ejemplo del uso de las buenas prácticas en el campo de la gestión del arte y de la cultura. Conclusión que publicarán en su publicación electrónica “Kulturkaria” del mes de julio en la que van destacar el carácter participativo del proyecto y el interés de esa gestión compartida de las tres salas expositivas por parte del colectivo de artistas y la Diputación.

7.7.09

AMARICA

No me cabe la menor duda: lo más interesante que está sucediendo últimamente en el ámbito cultural cercano, el de Vitoria, surge del entorno de la Asamblea de agentes culturales locales denominada Amárica. Una asamblea abierta, constituida en un principio para gestionar las tres salas expositivas de nuestra Diputación. Con esto no quiero decir que su programación sea la más interesante de la saturada parrilla cultural local. No. En ese sentido quizá sea más sugestivo lo que nos pueden ofrecer desde Artium, Montehermoso o Krea. Los tiros van por otros derroteros: el principal interés del Programa Amárica radica en su inusual fórmula de gestión. Porque una gestión colectiva, desde la ciudadanía, de unos equipamientos públicos dedicados a la cultura -como son la sala Amárica, la sala de la Casa de la Cultura y del Archivo Provincial- es, cuando menos… inaudita. Y eso, en cultura, ya es decir mucho. Quizá a algunos ese modelo de gestión colectiva, activista y centrada en lo local les pueda parecer “demodé”, trasnochada. Supongo que serán los mismos que opinan que una gestión vertical, personalista, basada en el “director-a” estrella es la repanocha de lo “in”. Cuando el “modus operandi” más gastado es precisamente el que tiene por protagonista al gestor carismático, individualista, de turno. Protagonista que apostará por el proyecto “emblemático” de rigor que nunca veremos cumplido. ¿Y por qué todavía en el ámbito cultural se apuesta por los modelos personalistas en detrimento de los colectivos? Posiblemente porque la fórmula del “gestor estrella” es más productiva, más ágil, más mediática... y más fácil de controlar –en la acepción menos positiva del término- por los poderes públicos.

Está bien que un poco de “pensamiento colectivo” sea el que gestione parte de los presupuestos destinados a la cultura. “No deja de ser un experimento”, dirán otros. Pues sí. Y bienvenido sea. Si en el ámbito de la cultura no se experimenta, que es el terreno de la creación… ¿dónde si no? Por eso la gestión de la Asamblea Amárica (a través del Consejo Amárica) es un soplo de aire fresco dentro de un ámbito cada vez más invadido por los genios de las finanzas. Pues las lógicas económicas son, hoy en día, las que configuran los entornos culturales. Nos prometen “situar a la ciudad en el mapa”, cuando lo que realmente hacen es generar beneficios, privilegios, para cuatro. Así que un poco de hiperrealidad, de personas que trabajan a pie de calle, de “riqueza cultural” no medida en euros, de arte atravesado por lo social y por lo cercano, nos levanta el ánimo a algunos. Pues no es necesario que las salas de exposiciones acojan todos los meses la exposición de turno, ni es imprescindible editar siempre lujosas publicaciones que ilustren dichas muestras. Y tampoco pasa nada si en vez de mostrar el trabajo de un artista neoyorkino mostrarnos el de uno de Bilbao. Se puede producir y difundir la cultura de una forma diferente. Lo estamos viendo.

4.7.09

GRATIS

El asesor del ayuntamiento en materia cultural declaraba hace unas semanas que en Vitoria la gente está muy mal acostumbrada: no quieren pagar por consumir cultura. Se refería a que en esta ciudad todos queremos asistir a obras de teatro, conciertos… y que pague buena parte el Ayuntamiento. Y que esa situación es insostenible. Estas afirmaciones pueden parecer lógicas. Pero la cuestión es: ¿de qué lógica estamos hablando? Yo no estoy de acuerdo con el asesor. Ni la Constitución Española. Porque ésta contiene numerosas referencias a la cultura de libre acceso, que empiezan en el Preámbulo, donde se dice: “corresponde a los poderes públicos (...) facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida cultural”. O: “los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio (...) cultural de los pueblos de España.” También: “los poderes públicos promoverán las condiciones para la participación libre y eficaz de la juventud en el desarrollo (...) cultural”. Y: “los poderes públicos promoverán el bienestar de los ciudadanos de la tercera edad mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de (...) cultura”. Es decir: hay que garantizar un acceso a todo ciudadano a la cultura. Y si queremos que todos los ciudadanos tengan las mismas posibilidades de acceder a la cultura -si no fuera así el conocimiento estaría en manos sólo de quien pudiese pagarlo- es lógico que este acceso se subvencione. Incluso que sea gratis. Pues para que ciudadano que no cuenta con recursos económicos pueda leer, ver arte, oír música… las instituciones tienen que subvencionar la cultura.
El malentendido surge cuando se entiende la cultura como un producto. Si es un producto, como puede ser un coche, entonces ese acceso a él sólo es posible desde la adquisición. Así –recalcamos porque es importante- las personas cultas serían sólo aquellas que tuvieran dinero. Por eso el Estado garantiza el acceso a la cultura para todos, tengan dinero o no. Y habilita los mecanismos necesarios para que eso pueda ser posible: educación y cultura gratis para todos. Y en eso radica la rentabilidad social de una infraestructura cultural pública (Museos, bibliotecas, auditorios...). El caso más claro son las bibliotecas. Por otra parte una biblioteca no es socialmente menos rentable por ser menos visitada. Pues todas ellas posibilitan el acceso del ciudadano interesado a las áreas del conocimiento. Sea cual sea su condición económica o social. Es verdad que no todo el mundo saca partido de ello. Pero vuelvo a lo siempre: cualquiera hoy en día puede leer poesía gratis. Si la gente no lee poesía es porque decide no hacerlo. Pero a nadie le gustaría que alguien le cerrase esa puerta. Por eso las puertas de los museos, de las bibliotecas, están abiertas para todos. Y eso tiene un coste, desde luego. ¿A algunos les puede parecer mucho? Entonces ofrezcan menos cultura, pero gratis, en vez de mucha de pago.

RANKING

Como todos sabemos los motores de búsqueda nos sirven para encontrar en Internet información sobre cualquier tema. Tecleamos una o varias palabras clave y ya está: el buscador nos ofrece la lista de páginas web en las que ese término se menciona. Si ahora mismo, por ejemplo, tecleo “Airotiv” en el motor de búsqueda Google éste me dirá (esperen un poco que ahora mismo mientras escribo esto lo estoy haciendo…) que exactamente en 967 páginas se menciona “Airotiv”. Pero Google no sólo nos sirve para encontrar información sobre algo, sino también para saber cuántas referencias se han escrito sobre un tema, sobre algo o sobre alguien. Por tanto nos sirve para pasar el tiempo con un juego: saber qué o quién es más popular en Internet. O sea: en el mundo.
Juguemos, entonces. Vamos a averiguar cuál es la entidad local dedicada a la cultura más referenciada en Internet. Esto es: cuál es la más afamada. Pero antes de jugar, os ruego que no os toméis demasiado en serio el juego. Porque está establecido en base a criterios de popularidad. Y la cultura, aunque muchas personas piensan otra cosa, no se debe medir con la cinta métrica de la fama. Por otra parte, podemos errar: este juego depende mucho de las palabras clave que tecleemos. Si éstas son acertadas o no. Pero aunque el juego muchas veces no es justo, siempre es divertido para el que lo practica. Practiquemos, entonces.
Tecleo “Galería Trayecto”, la única galería de arte contemporáneo afincada en muestra ciudad. Aparecen 1.710 referencias.
Tecleo “Hell Dorado” seguida de “Vitoria”, para restringir así la pesquisa e intentar evitar que salgan referenciadas otros posibles entes foráneos homónimos. Obtengo 2.520 reseñas.
Tecleo “Krea” seguida de “Vitoria. También para acotar la indagación. Salen listadas 5.990 menciones.
Tecleo “Zuloa”, el espacio alternativo de arte, seguida de “Vitoria”. Aparecen 6.170 entradas.
Tecleo “Centro Cultural Montehermoso”. Registradas 9.180 referencias.
Tecleo “Departamento de Cultura” seguido de “Ayuntamiento de Vitoria”. Obtengo 9.520 reseñas.
Tecleo “Departamento de Cultura” seguida de “Diputación” seguida de “Álava”. Obtenemos 9.690 menciones.
Tecleo “Gaztetxe” más “Vitoria. Son 15.600 entradas.
Tecleo “TMEO”, la revista de cómic con sede en Vitoria. Consiguen 35.000 reseñas.
Tecleo “Artium de Álava”. Me salen sólo 4.700 referencias. ¿Lo habré hecho mal? Voy a teclear “Artium” más “museo”. Esto ya es otra cosa: salen 101.000 referencias. Ya ven ustedes cómo influyen las palabritas claves.
Y ya vamos diez entes locales relacionados con el arte y la cultura. Paremos. Faltará alguno, pero tampoco es cuestión de aburrir. En conclusión: Artium, medalla de oro; TMEO, plata; el Gastetxe, bronce.

12.6.09

CULEBRONES

La agencia de renovación urbana del Casco Viejo sigue apostando por el muralismo populista para “renovar” las ajadas fachadas de ciertos edificios. Mi casa está situada entre el mural de los trapos agigantados de la Brullería y el del zoológico de la escuela infantil. Yo prefería esos espacios tal como estaban antes de ser “renovados” así. “Sobre gustos no hay nada escrito”, “cada uno tiene su opinión”… me podrán decir. Pero la validez del arte no se puede medir con un criterio tan vaporoso como el “gusto”. Por poner un ejemplo: la gente gusta más de una telenovela que de un drama shakesperiano. Y eso que todo culebrón se basa en la obra de Shakespeare (“Romeo y Julieta”, por ejemplo) Pero claro: el culebrón no tiene medida, es más “populista”, superficial. Pero son legión los que disfrutan de los culebrones y sólo unos pocos leen el Romeo y Julieta original. La cuestión es: ¿tenemos que educar a nuestros hijos leyendo a Shakespeare o viendo culebrones? La calidad es la clave. Y la pregunta es: ¿quién nos dice que una obra tiene calidad? Creo que la mayoría del planeta reconocería que la obra Shakespeare contiene “más arte” que los “culebrones”. Pero lo reconocería porque lo ha estudiado en el cole. Aprendiendo de libros de literatura escritos por expertos. Cosa que con el arte actual no sucede: no se estudia en el cole. Y a los expertos no les hacemos caso de mayores.
Pasé un día por la Brullería. Los pintores llevaban muy avanzado el mural ese de los trapos. Me paré a mirarlo. Me preguntaron mi opinión. Por mis adentros pensé “Cállate Iñaki, di que está bien…”. Pero me oí a mí mismo decir: “ese mural no se integra en la Plaza”, “¿por qué no habéis optado por algo más sutil, que dialogue con ella”… “Menos es más”, recité, parafraseando a el arquitecto alemán Ludwig Mies Van Der Rohe, uno de los más importantes de este siglo. Es decir: salían por mi boca los argumentos de los “expertos” que estudié en la Facultad de Bellas Artes.
Y la verdad es que siempre que paso por la Brullería echo en falta esa enorme fachada con ese blanco resplandeciente de antaño –antes tapada por mugre, ahora por el mural- que aportaba luz a la plaza. No sé quién dijo que muchas veces la mejor música es el propio silencio. Con las artes visuales pasa lo mismo: la mejor intervención es la que menos interviene. Pero vivimos en la sociedad del ruido. Del exceso. La cultura japonesa, por ejemplo, compara el ruido visual con el sonoro. Por eso los japoneses guardan en sus casas todo en armarios empotrados. Y justo sacan de ellos lo que utilizan en el momento. Porque les gustan los objetos. Y les gusta el espacio. “Tienen gusto”, dirían otros. “Saben”, diría yo.
Y paso por la Brullería, y veo las enormes farolas postmodernas, la entrada siempre en obras a la catedral… y ahora el mural. Pobre plaza. El arte tiene que ser necesario. Pero quién dice cuándo es necesario y cuándo no? ¿La agencia de renovación urbana? Está claro que les falta criterio en ese asunto.

NÓMADA

Todos estudiamos en el cole la diferencia entre el nomadismo y el sedentarismo. Dos maneras distintas para el ser humano de construir su existencia, su modo de vida. La humanidad fue nómada durante casi dos millones de años: viviendo de la pesca, la caza, recolectando alimentos… viajando con la casa a cuestas. Gracias al nomadismo el planeta entero fue poblado por el hombre. Y la historia nos enseña que este nomadismo poco a poco dio paso a otro modelo supuestamente más avanzado: el sedentarismo. La razón principal por la cual muchos pueblos nómadas mutaron en sedentarios se encuentra en uno de nuestros descubrimientos más importantes: la agricultura. Entre la tribu nómada y la tribu sedentaria pasaron muchas generaciones, muchos experimentos e incluso regresos al nomadismo, hasta que diversas tribus se apalancaron, estableciéndose definitivamente. Y así surgió el urbanismo, la arquitectura… internet y todos los grandes avances. Pero aún existen en la actualidad cuarenta millones de nómadas en el mundo. Gentes que se desplazan en busca de pastos y agua. Pero… ¿son sólo cuarenta millones? ¿Acaso no vivimos ahora en un mundo en que las migraciones globales son un fenómeno de una importancia nunca antes conocida? Nos referimos a la inmigración.
Vivimos, todos nosotros los sedentarios, entre muros y barreras. Nuestra cultura es, por tanto, la del ser humano asentado: queremos comprar una casa, tener un trabajo fijo, echar raíces. Pero… ¿cuál es la visión que tiene el ser humano nómada sobre nuestra cultura sedentaria? En el cuento “La construcción de la muralla China” de Kafka los albañiles que trabajaban levantando ese gran muro observan cómo las tribus nómadas cruzaban frente a las obras para luego perderse por las inmensas estepas. Kafka anota que quizás los nómadas tuvieran una mejor visión de la muralla que los mismos constructores y albañiles: tenían más perspectiva.
Y hoy se inaugura una exposición en Zuloa que trata sobre esa visión que vierte el nomadismo sobre el sedentarismo. Porque las obras de Michael Grudziecki tienen como tema la arquitectura, la inmigración y la interacción que surge entre ambas. La nueva serie que muestra en Vitoria -en el Espacio Zuloa y en la taberna Gora- lleva por título "Take away" ("Para llevar"). Michael emplea la arquitectura nómada como espejo de la sociedad: sus obras son plegables como equipajes, listas para transportar y montar. Como las tiendas de campaña, las casas prefabricadas, las caravanas que son casas portátiles o los innumerables platos para llevar de un restaurante chino". Se trata de una arquitectura de urgencia. Y es así como en la sala podemos ver un estandarte ficticio realizado con materiales humildes que funciona como una pared. O una serie de edificios que se levantan sobre el suelo de la sala como si fueran puzles tridimensionales. Michael Grudziecki es un artista polaco que vive en Alemania. Aunque él se considera, un sin patria, un nómada.

18.5.09

DISCRIMINACIÓN

El martes pasado leíamos en los periódicos una pequeña –pequeña en tamaño- noticia: la Defensoría para la Igualdad de Hombres y Mujeres del Gobierno Vasco finalmente ha resuelto que el cartel anunciador de la 43ª edición de la Durangoko Euskal Liburu eta Disko Azoka no puede considerarse discriminatorio por razón de sexo. Recapitulemos: dicha Defensoría anunció hace seis meses que estaba analizando si dicho cartel rdiscriminaba a las féminas, ya que "la imagen y el lema de esta edición omite la presencia de las mujeres en esta importante cita de la cultura vasca". La Defensoría se mostró disconforme con la "invisibilización de las mujeres en la imagen y el lema del cartel anunciador (“El hombre invisible en la feria”). El proceso comenzó con la petición de "pruebas y documentos a Gerediaga Elkartea", entidad organizadora de la feria. En el cartel -del gasteiztarra Aritz Zabala-, sólo ser podían ver, según explicaba el autor, "las gafas para leer, los auriculares para escuchar y la txapela para dar a entender la relación que tiene la feria con el euskera y con la cultura vasca". Zabala explicaba que el cartel era un guiño a un personaje literario: el hombre invisible.
“El gato escaldado del agua fría huye”, dice el refrán. Así que la entidad organizadora de la feria ha anunciado ahora que "impedirán" que el cartel de la próxima edición contenga "iconos discriminatorios" por razones de sexo, religión u opinión. Así aparece reflejado en las bases del concurso en una nueva clausula “antidiscriminación” Bases que –curiosamente- fueron dadas a conocer el mismo día que la Defensoria para la Igualdad emitió su “veredicto de inocencia” para el cartel de Aritz. Hubo acuerdo por lo tanto, podemos adivinar.Está claro que la Defensoría ha conseguido lo que quería: que todos aprendamos la lección. Porque después de esta polémica tan mediática en su día, todos tendremos que tener mucho cuidado cuando elaboremos las bases de cualquier concurso. O cuando nos prestemos a ellos. Y es más: tendremos que llamar a algún experto en cuestiones de discriminación para que forme parte del jurado. Pues la cosa es peliaguda: si en un cartel sale algo parecido a un hombre, eso puede ser discriminatorio. ¿Y quién sabe entonces lo que es discriminación? ¡Pero si la misma Defensoría para la Igualdad se ha equivocado! En fin: no se han equivocado. Ya que, repito, han conseguido que todos tengamos a partir de ahora, mucho cuidado. Pero… ¿justifican los medios los fines? La resolución, el veredicto de “inocencia” para el autor, ocupa a penas unas líneas en los medios de comunicación impresos. ¿Quién le resarce a Aritz Zabala de toda esta movida? "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también la de la locura; la época de las creencias y la del escepticismo (…) caminábamos directos al cielo, pero nos extraviábamos por el camino opuesto", escribía Dickens en su novela “Historia de dos ciudades”. Era todo un adivino…