27.1.12

SUBVENCIÓN


Nunca entenderé porqué subvencionar a los artistas –que son los que ponen en marcha toda la maquinaria cultural- está tan mal visto socialmente. ¡Cómo si el dinero público hiciera aguas por las subvenciones que se dan a los artistas! Cuando cualquier agricultor, empresario, banquero… recibe más subvenciones en su vida que un artista. Pero claro, para muchos parece ser que subvencionar a los creadores es como tirar el dinero por el retrete. No se dan cuenta de la obvia realidad: los museos se sostienen gracias a los creadores. Os más bien: a sus obras. Pues si no hubiera arte, no habría museos. Ni directores, cuidadores de salas, servicios de limpieza, fotógrafos, diseñadores de catálogos. Ni turistas culturales…  Ni los hoteles, taxistas, restaurantes engordarían sus cuentas. En definitiva: los artistas son la base de esa pirámide que supone un 5% por ciento del PIB de nuestro país. Pero, en este país, más del ochenta por ciento de ellos no llegan a cobrar el salario mínimo interprofesional. ¿Y a qué se debe esto? A muchas razones. Pero la principal es que el ciudadano, las empresas, no gastan dinero en arte. Y ese déficit lo ha venido cubriendo la institución. Pero, claro, cuando un museo te compra una obra, esa obra la podrá enseñar durante años, décadas…  Y, obviamente, el artista ahí ya no recibe ni un solo euro más. A los músicos –bueno, más bien a los intermediarios de la música- se les paga cada vez que una canción suena en un lugar público, pero cada vez que una obra es expuesta en un nuevo lugar, el artista no cobra por ello. Por eso comprar arte suele ser una buena inversión: no tiene grandes costes de mantenimiento y con los años su valor económico sube. Por otra parte, cuando un museo adquiere un trabajo suyo, es complicado, casi imposible que le compre otro. ¿Para qué? Si ya le tienen en su colección. Para acabar: vender arte, hoy en día, es muy difícil. Para el ciudadano de a pie no es una prioridad. Y para la gente de dinero… esos prefieren cambiar de coche cada tres meses. Así que al artista no le quedan muchas posibilidades: mendigar ayudas o dedicarse a otra cosa que no sea el arte pero que tenga algo que ver con ello (enseñanza, diseño, publicidad...).
Con esto no quiero decir que defienda la “cultura de la subvención”. Obviamente se tendrían que buscar otras fórmulas más eficaces para estimular la creación y para que el creador pueda vivir de su trabajo, pero para muchas instituciones la forma más sencilla de cumplir con ese apoyo hacia el mundo de la cultura es hacer cuentas y ver que dinerillo sobra para destinarlo a concursos y subvenciones. Queda claro que esta no es la mejor manera para mejorar, incentivar, fortalecer la cultura, pero sí la más socorrida y cómoda para la mayoría de las instituciones. Hasta ahora. Porque ahora no hay dinero. Así las desde el ámbito cultural público deberían de currárselo un poco. Pensar en otras opciones. O nos vamos a quedar sin artistas, sin obras, sin cultura…

FILANTROPÍA



El Ministerio de Cultura de España que se creó en la Legislatura Constituyente en julio de 1977 ha desaparecido. Cosa que ya ocurrió entre 1996 y 2004 bajo los gobiernos de José María Aznar. Pero el nuevo ministro de Educación, Cultura y Deportes ha querido despejar las "suspicacias y recelos" respecto a la combinación del departamento de Cultura con el de Educación afirmando que "la cartera de Cultura no ha desaparecido". Por otra parte ha señalado que una de sus prioridades es una nueva regulación de la Ley de Mecenazgo. Esperemos que así sea, porque llevamos décadas esperando una ley de mecenazgo eficaz. Francia, por ejemplo, dedica el 1,1% del presupuesto estatal a la cultura porque la considera una cuestión de Estado. Desde 2003, además, entró en vigor una ley de mecenazgo que ha permitido modular una red de agentes privados -a cambio de beneficios fiscales- por todo el país que refuerzan el proyecto de fomento y protección de la cultura del Gobierno francés. Pero claro, no se puede tirar siempre de la zanahoria de la desgravación para implicar a individuos y empresas en el mecenazgo. En los países anglosajones existe una mentalidad que por estos lares no abunda: la persona que gana dinero siente una necesidad de devolver a la sociedad parte de lo que la sociedad le ha ayudado a generar. Filantropía, esa es la base de todo mecenazgo. Pues se considera como tal a todas aquellas aportaciones de dinero, bienes o servicios que realiza una empresa o un particular de forma altruista. Pese a que suelen confundirse, hay una diferencia muy clara entre el mecenazgo y el patrocinio. En el patrocinio la empresa asocia su imagen de marca o sus productos a un fin, sea éste cultural, científico o social. Por ejemplo: costeo una exposición pero aparece mi sello bien grande en todo el material impreso. Pues bien: en este país mecenazgo y patrocinio tienen el mismo trato fiscal. Cuestión que habría que resolver de manera urgente. En ese sentido nuestra ley de mecenazgo tendría que se similar a la de los países europeos que están primera línea en cuestiones de filantropía privada.
Pero el filántropo no nace, se hace.  A través de la educación, de la cultura. Pues muchas veces no es cuestión de “tener”, sino de “querer” y “saber”.
Y todos podemos ser mecenas a través de sistemas como el “crowdfunding”. El término crowdfunding (de crowd, multitud y funding, financiación) designa la financiación de un proyecto, a menudo de tipo cultural, mediante micropagos realizados por particulares que deciden apoyar la iniciativa para hacer posible su realización. En 2009, por ejemplo, nace la web Kickstarter, una plataforma web que reúne diversos proyectos creativos que cualquier usuario puede apoyar a cambio de recompensas no dinerarias. En diciembre de 2010 nacen en España Lanzanos7 y Verkami plataformas que adaptan el modelo de Kickstarter y lo ponen a disposición de los creadores de este país. 2012 puede ser un buen año para aprender a ser mecenas. 

27.12.11

ARTE DE SOBREMESA



Le oía el otro día a un amigo indicar algo que comparto: la pintura parece haberse escapado de los lienzos para refugiarse en los fogones, pues el cocinero compone sus platos de una manera similar a como antes lo hacía –o lo sigue haciendo- un pintor experimental. Esta fenómeno sólo lo podíamos apreciar hasta hace unos pocos años en contados restaurantes dedicados a la cocina avanzada, de laboratorio. Pero ahora mismo ya son legión los restaurantes en los que los cocineros parecen estar innovando sobre el plato jugando con los ingredientes como si fuesen pintura. Y así, de la misma manera que el pintor de vanguardia experimentaba antes con diversos materiales, enredando con ellos para conseguir diversos efectos, texturas, desde hace unos años con la irrupción de la gastronomía molecular –Ferrán Adriá y discípulos- sucede algo similar. Pues esta cocina juega con las propiedades de los alimentos al someterlos a procesos que los hacen manifestar sus propiedades tornándose en espumas, emulsiones, geles u otras estructuras que pueden ser infinitas, dado que en ella se está continuamente innovando. Y así uno ve en el plato efectos visuales, composiciones, que le recuerdan, por ejemplo, al expresionismo abstracto americano de los años cincuenta. Con la diferencia de que ahora degustamos esas pinturas servidas sobre platos. Platos muchas veces cuadrados, rectangulares. Ya no circulares. Con lo que la semejanza con “la pintura sobre lienzo” se acrecienta.
Y el pasado sábado, de manos de un grupo de cocineros llamados “cocina de guerrilla” tuvo lugar una curiosa comida en la sala Amárica: cincuenta personas comieron sobre lienzos. El menú estaba pensado para que lo que se iba sirviendo dejara rastros de color sobre los platos-lienzos. Los comensales, la mayoría artistas, fueron más allá y utilizaron diversos materiales que tenían sobre la mesa: servilletas, bebidas, cucharas, pan… Finalmente, una vez acabada la comida, los resultados fueron llevados a Zuloa donde pueden ser visitados hasta el día 9 de enero. Pero aún hay más: esta comida fue la última actividad de la Asamblea Amarika en la sala Amárica. Pues, como ya se sabe, la diputación ha retirado a este colectivo abierto de ciudadano la confianza depositada hace años que le permitía gestionar a este la programación de varios espacios provinciales. Han sido cuatro años de actividades, exposiciones, demostrando que se puede participar de una manera directa, económica y eficaz con las instituciones si éstas así lo desean.  
Y con este gesto, con esta comida, la Asamblea quería transmitir a la ciudadanía lo siguiente: el colectivo de artistas ya no está en Amárica pero seguirá trabajando en Zuloa. Y no sólo eso: de la misma manera que una comida se recicla, muta, de manera natural en un cuadro gracias al poder de la creatividad, la asamblea se reinventará, se transformará en lo que haga falta para seguir trabajando por la cultura y el arte próximo. 

22.12.11

SOS


El mundo de la cultura se viene abajo. Ayer mismo, por ejemplo, recibía un mail de un grupo de teatro -con sede en Vitoria- que bajaba la persiana. Obviamente la gente no paga ya por ir al teatro. Y las instituciones públicas menguan su oferta cultural. Constatándose que éstas no han hecho bien su trabajo durante años de bonanza. Pues han acostumbrado al público a acceder a la cultura de una manera gratuita. O casi. Sin pasar por taquilla. Se ha promocionado la cultura de lo “gratis”. Desde luego, no han conseguido inculcar en la sociedad un gusto, amor, por la cultura. Y, sobre todo, por la cultura próxima, cercana. Más bien lo que han promovido es el acceso gratuito al espectáculo. A los fuegos artificiales. Así que el público entiende que ahora la fiesta se ha acabado. “Estamos en crisis y no quiero acudir a fiestas de pago”, piensan.
Y ahora sin apoyo público -ni privado porque nadie lo ha incentivado- vemos como ese sustrato cultural del que estábamos en el “primer mundo” tan orgullosos desaparece bajo nuestros pies. Y las miles de personas en este país que reciben un salario público por su trabajo en este ámbito, ¿qué hacen? Parece ser que lo único que les preocupa son los recortes presupuestarios que sufren sus departamentos, museos. Pero “la tijera” por ahora, sólo se abate sobre las actividades que programan, en primer lugar. Y, después, sobre todas esas empresas externas que trabajan para ellos: fotógrafos, diseñadores, montadores de exposiciones… La consigna es clara: “hacer más con menos”. Lo que supone rebajar las honorarios de las personas con las que dichas infraestructuras trabajan: artistas, fundamentalmente. Y así la crisis se está cebando sobre esos trabajadores de la cultura que no ocupan despacho en una institución pública. Obviamente los recortes deberían dividirse proporcionalmente. Se deberían de adelgazar los salarios de los altos y medios cargos de la cultura pública. Se debería así intentar hacer sostenible el ecosistema cultural. ¿Cuál es el salario de un director de museo? ¿Cuatro mil, cinco mil euros al mes? ¿Y de un subdirector? ¿Y del jefe de departamento de prensa? ¿Y de el de marketing? ¿Y del responsable de didáctica? ¿Y del director de la biblioteca del museo? ¿Y el director económico? Los trabajadores públicos de la cultura deberían solidarizarse con ese mundo de la cultura externo al ámbito institucional. Pues últimamente me llegan mails de bajadas de persianas de empresas, asociaciones culturales, grupos de teatro, danza… pero no me llegan mails de restructuraciones de plantillas institucionales. ¿Por qué no trabajan para reclamar públicamente una ley de mecenazgo eficaz que anime a empresas, ciudadanos a invertir dinero en cultura?  Sin una buena ley -ya que desde lo público no parece que se haga nada- estamos, hablando en plata, bien jodidos. Hay que apostar por reanimar el mecenazgo privado. Un mecenazgo que se fue debilitando según iba ocupando el público su lugar en épocas de bonanza.

16.12.11

MASA VISCOSA


“La Pepa”, la primera constitución española, cumple ya en 2012 doscientos años. Y con motivo de esta onomástica dieciocho creadores -bajo la flexible batuta del comisario Jorge Díez y la ágil coordinación de Mónica Castellano- están realizando diversas intervenciones de carácter temporal en centros de arte de diecisiete ciudades. ¿El propósito de todo ello? Revisitar, traer al presente, la filosofía de dicha constitución. Una constitución que en su día destilaba un espíritu libertario, avanzado, ilusionante para la ciudadanía de aquella España del siglo XIX. Un espíritu que, en estos tiempos que corren –más bien galopan- de crisis cultural, ideológica, política sería interesante recuperar, rescatar, de alguna manera. Aunque sea desde el arte y no desde la política. Pero ahí quedan el gesto y el esfuerzo.
Por otra parte es de agradecer que los artistas elegidos para dar forma a esta iniciativa sean todos ellos creadores vinculados con nuestro contexto, nuestro país, nuestra realidad, nuestra historia. Y se agradece porque no es algo muy habitual por estos lares. Pues parece ser que la mayoría de los centros de arte y museos, españoles, necesitan legitimarse así mismos teniendo que demostrar continuamente –supongo que a las instituciones que les financian- que pueden acceder a una agenda internacional. Que contactos con la escena mundial, en definitiva. Pues bien: aquí tenemos un proyecto que de manera natural y necesaria –pues se habla de la historia de nuestro país- integra sin ningún tipo de complejos a un grupo amplio de creadores cercanos. Un aplauso, por tanto, para los organizadores.
Y uno de los espacios que acogen esta iniciativa es nuestro museo Artium., alojando un trabajo del artista cántabro Juan López. Un artista que habitualmente explora las posibilidades estéticas de la cultura urbana, jugando con los espacios callejeros, vinculando videoproyecciones e instalaciones y diseñando complejas construcciones icónicas. En su trabajo podemos ver un profundo interés por poner en contacto directo el lenguaje de la calle con el del ámbito institucional. Difícil, pero posible. Y continuando con los trabajos muralistas que viene realizando en los últimos años en los que dibujando con cinta aislante y vinilo intenta modificar nuestra percepción de un espacio, de un paisaje concreto, el artista utiliza en esta ocasión la palabra “Constitución” para mutarla en “Instinto cuco” y estamparla en la fachada del edificio de Artium donde se ubican las oficinas y la biblioteca. Y así de las ventanas circulares de la parte superior del edificio en cuestión podemos ver estos días como escurre una inquietante masa de color y de apariencia viscosa que baña las letras que componen “instinto cuco”. Un guiño a todos esos personajes “cucos” de la política profesional que todos conocemos. Esperemos, por tanto que, como nos quiere hacer ver el autor cántabro, esa masa viscosa se los lleve lejos de nuestras instituciones. 

15.12.11

COMPROMISO LOCAL


Hasta hace un par de décadas -como mucho- la decoración de los despachos de abogados, médicos, arquitectos… arrojaba muchas pistas sobre el nivel profesional de los susodichos. Si estos exhibían obras de calidad, esa circunstancia era un subjetivo pero relevante indicativo del buen nivel de los profesionales en cuestión. El arte, por tanto, funcionaba como tarjeta de presentación del especialista culto, instruido. Un profesional no sólo ducho en lo suyo, sino también comprometido con la cultura. Un arte que era, además, producto de los artistas locales del momento. Gran matiz este: no sólo el profesional liberal apreciaba el arte sino que, además, apostaba por la creación cercana. Pues médicos, abogados, arquitectos, era muchas veces conscientes de que estaban realizando una necesaria labor de mecenazgo. Entendían que adquiriendo obra local estaban abonando la cultura de su entorno. Es más: muchas veces entre profesionales y artistas se creaban vínculos de amistad y complicidad.
Por otra parte, también las cafeterías, bares, hoteles, empresas, bancos, negocios que se preciasen ser amantes del arte compraban obra a los artistas locales.
No sé muy bien en qué momento todo esto cambió. Quizá con el fenómeno de la globalización y de la espectacularización de la cultura. De repente el arte de interés ya no era el local, sino el internacional. Y sólo unos pocos artistas de proyección universal empezaron a formar parte de las grandes colecciones públicas y privadas que también querían ser internacionales. Pero claro, los costes eran otros. Coleccionar obra de estas estrellas del arte rea algo al alcance de muy pocos. El profesional liberal  no se podía permitir comprar una obra de un reconocido artista extranjero. Por otra parte, este ya no era un potencial amigo, sino un siempre lejano desconocido. La conexión entre ambos mundos se rompió. En paralelo, el arte local empezó a perder prestigio. Obviamente el coleccionismo público cometió un gran error alimentando esa dinámica mundialista. Dinámica que se mantiene hoy en día. Y así cuando uno viaja por los museos de arte contemporáneo del mundo los nombres de un grupo reducido de artistas se repiten hasta la saciedad. ¿A qué se debe esto? ¿Quizá al hecho de que estos equipamientos se destinar a atender a unos turistas culturales de gustos globales? ¿Quizá porque los propios museos tienen que legitimarse a sí mismos demostrando que tienen contacto con el arte internacional del momento?
Y  nuestra Diputación declara ahora que el año que viene no se va a comprar arte. Bueno, bien poco afecta esto al paupérrimo escenario de la creación local. Obviamente no son tiempos para derrochar dinero en obras caras ni espectáculos. Pero si ya ni para comprar arte o programar distracciones sirven lo mejor es que bajen la persiana. Y ese gasto nos ahorramos. O que hagan algo por la cultura local. Que para eso no hace falta invertir millones. 

¡ATIZA!


Hoy, el cómic vasco —concebido para el público infantil o para el adulto, publicado en castellano o en euskera—es inviable como producto estrictamente comercial, de iniciativa privada sin apoyos, pues el umbral de rentabilidad de una publicación periódica de cualquier tipo exige una tirada regular de unos cuantos miles de ejemplares, una distribución eficaz y unas ventas constantes. Pero este panorama sombrío tiene su contrapartida: los autores dibujan por motivos personales, porque esa actividad les satisface, porque cubre sus necesidades expresivas personales. En definitiva: son artistas. Escriben y dibujan porque sí. Una situación similar a la de muchos artistas plásticos.
Y en el País Vasco -como en otras comunidades autónomas, también hay que decirlo- carecemos de políticas específicas pensadas para promocionar y dar a conocer la cultura de cómic: apenas se apoya a los autores que trabajan en este ámbito, no existen campañas de animación a la lectura del cómic, no se respalda a las editoriales que trabajan en este ámbito…  En ese sentido los historietistas -aunque la mayoría de ellos no pueden vivir de su labor- tampoco reciben ningún tipo de apoyo institucional para poder investigar, trabajar, sobre o desde este medio. Y eso que su situación como autores es equiparable a la de los artistas que trabajan en el sector de las artes visuales. Un sector que sí goza del respaldo de las políticas culturales públicas. La cultura del cómic se encuentra, por tanto, en un limbo extraño, “en tierra de nadie”: no es apoyado desde el “sistema arte” ni, por otra parte, desde el ámbito del libro.
Partimos de una realidad: el cómic realizado en Euskadi es un bien cultural, similar en ese sentido a nuestro teatro, a nuestro cine, o nuestro arte. Por lo tanto debe de ser igualmente promocionado, divulgado, cuidado, exportado. Pero desde los ámbitos públicos de apoyos a la creación no parece que se quiera afrontar esta cuestión con convicción, quizá por un desconocimiento del valor real del medio, muy por encima de su escasa consideración por parte de sectores de la cultura más oficial.
Y la excepción confirma la regla: con el apoyo del Gobierno Vasco y del Instituto Vasco Etxepare, más la colaboración de Gauekoak y de la revista TMEO la asociación de dibujantes de cómic Atiza –con sede en Vitoria-Gasteiz- viaja este fin de semana a Madrid, para acudir una de las citas más importantes del estado relacionadas con el cómic –Expocomic- y hacer difusión del cómic pergeñado en el País Vasco. Presentando diverso material editado por dicha asociación en el que están presentes más de cuarenta historietistas vascos, algunos de ellos relacionados con nuestra ciudad: Antonio Altarriba, Mauro Entrialgo, Santi Orue, Kini, Simónides, Ata, Piñata, Álvarortega...
Y la cita es doble: del día 4 al 8 de diciembre la asociación Atiza acudirá a la más importante cita editorial del País Vasco: la feria del libro de Durango. ¡Atiza!

19.11.11

ECOCULTURA

Hoy a la tarde, en la sala Amárica, una serie de creadores, diseñadores se reúnen para reciclar los rótulos, carteles… que se han ido acumulando durante estos años en este espacio expositivo. Y la idea que tienen al juntarse es la de adaptar ese material para que sea empleado en una actividad que arranca el sábado en la sala Amárica: “Inmersiones”. Puede parecer ésta, la del reciclaje, una idea un poco manida, pero, si nos paramos a pensar un poco, tiene su miga. Porque con dicha actividad se está hablando de algo que en los tiempos que corren es fundamental para la supervivencia de la cultura: su sostenibilidad. De verdad que no hay que gastarse grandes sumas de dinero para poner en marcha un proyecto. Ni grandes centros culturales, ni grandes departamentos de cultura. Durante estos años la Asamblea Amárica nos ha dado a todos una lección sobre ello. Pero curiosamente, siendo el suyo el proyecto más sostenible, más participativo, la actual diputada de cultura lo ha borrado del mapa de un plumazo. Pero no nos desviemos y prosigamos hablando de este “Inmersiones”. Este año el tema de Inmersiones es la “Ecocultura”. Un término acuñado para la ocasión que tiene como objetivo central “sembrar” en la sala Amárica un repertorio de posibles “semillas” que fructifiquen en futuras actuaciones entorno al arte y la naturaleza que puedan ser desarrolladas en Vitoria-Gasteiz, trazando conexiones entre ecosistemas naturales y culturales. Y así, por ejemplo, durante este fin de semana cualquier ciudadano puede acercarse a la sala Amárica para pergeñar una obra colaborativa. Para darle forma, desde el “grupo motor” de “Inmersiones” se lanzó hace unos días una convocatoria que rezaba así: “En el marco de la filosofía de "inmersiones 2011" dedicado a la "ecocultura", desde el grupo motor de "Inmersiones" convocamos a los ciuadadan@s a traer a la sala Amárica, durante los días 19 y 20 de noviembre, sus "mascotas vegetales". Con la suma de estas aportaciones individuales construiremos una obra colectiva: un pequeño ecosistema natural que hay que cuidar, regar. También entre tod@s para que no enferme” La actividad tiene por nombre “Vergel de mascotas vegetales”. Y también tiene su intríngulis. Pues pone sobre la mesa, de manera un tanto metafórica, un asunto de vital importancia para todos nosotros: que la cultura, la creación, el arte, son producto de la sociedad. Pues todos aportamos, o podemos aportar, algo al fenómeno cultural. Me explico: si nadie leyese un libro, nadie mirase una obra de arte, la cultura no existiría. Un congreso de artistas, una exposición de dossieres, un mapeo de huertos urbanos, una recogida de firmas para que las instituciones realicen compras ecológicas... son también algunas de las otras actividades que ya están en marcha en la sala Amárica; pues este "Inmersiones" es como una planta que irá creciendo conforme pasen los días. Pero es fundamental que el ciudadano riegue dicha planta. ¿Cómo? Participando.

16.11.11

INMERSIONES

Vitoria se viste de verde. Nos han otorgado el título de “capitalidad verde” por nuestra preocupación por el medio ambiente, y, ahora, hay que vestirse de él. Cosa que no deja de ser un contrasentido, pues lo lógico no es vestirse en estos momentos, sino desnudarse y mostrar nuestra piel. Es como si uno –o una- tuviera una idiosincrasia natural, sin maquillajes… y el mundo se fijara en ti, en esa belleza tuya sin artificios, y te distinguiera, entonces, con el premio a la naturalidad; y en ese momento, en vez de proseguir con tu imagen natural, te creyeras esa tontería del premio, abandonaras tu naturalidad, te maquillaras, te disfrazaras para recibir el galardón, con lo que automáticamente dejarías ya de ser natural. En ese preciso momento, deberían retirarte el homenaje. Por traicionar su espíritu. Al poco de que Vitoria recibiera el “premio verde”, una diario local entrevistaba a los últimos alcaldes de Vitoria, responsables en buena medida de que ese premio hubiera recaído en Gasteiz. El señor Cuerda decía algo así como que Vitoria, en los veintitantos años en los que él había ejercido como alcalde, había recibido muchos premios relacionados con el medio ambiente pero que nunca se había montado ningún guirigay mediático por ello. Despotricaba contra la cultura del espectáculo en la que vivimos. A mí me sucede algo similar que al señor Cuerda: cuando se habla de ecosistema natural no puedo de dejar de pensar en nuestro ecosistema cultural. ¿Se puede cuidar el primero y descuidar al segundo? ¿Es posible ser sensible a lo natural sin ser sensible a lo cultural? Quizá por moda, pueda ser. Pero estaríamos defendiendo algo por inercia y quizá no de la manera adecuada, pues solo desde el conocimiento podemos velar de manera óptima por nuestro medio ambiente. El conocimiento nos indica que el papel que juega en los ecosistemas una simple bacteria es tan importante como el que juega un árbol o un león. Y que la labor de todos los que habitamos y disfrutamos de dichos ecosistemas es vigilar porque ese equilibrio no se rompa. Cuidando, alimentando a las pequeñas bacterias, a las plantas, a los leones. Pues todos entendemos que tanto la naturaleza como la cultura son patrimonio de la humanidad. Son bienes comunes. Forman parte de nuestro legado. Por lo tanto nadie puede apropiarse de ellos, patrimonializarlos, explotarlos en su propio beneficio.
Si la naturaleza y la cultura forman parte del "procomún" todos debemos corresponsabilizarnos en su cuidado. No podemos delegar esas responsabilidades en organismos, empresas, instituciones. Podemos compartirlas, pero no hacer dejación de ellas. Y así el premio “Green capital” tiene que servir para reflexionar sobre ambos ecosistemas: el cultural y el natural. De esto quiere ocuparse “Inmersiones: ecocultura (arte, naturaleza, ciudad)”. Una batería de actividades que la semana que viene arrancará en la sala Amárica. Estén atentos a este “Inmersiones”.

1.11.11

AMARIKA: THE END (2)

La semana pasada hablé del fin del Proyecto Amarika. De ese proyecto en el ámbito del arte al que la actual diputada ha dado carpetazo. Un proyecto que ha durado sólo tres años. Un proyecto ciudadano, participativo, abierto, orientado a la gestión compartida de varias salas expositivas de la Diputación. Un proyecto considerado –por poner sólo un ejemplo- por el Observatorio Vasco de la Cultura como ejemplar, pues, como a continuación explicaré, se trataba de un proyecto único en el Estado. Hablé un poco del fin de dicho proyecto y me quedaba pendiente explicar sus particularidades y los beneficios que producía –ya no puedo decir “produce”- para nuestra comunidad. El proyecto Amarika consiguió aglutinar en torno a él a un amplio grupo de agentes culturales: la Asamblea Amarika. Es cierto que la Asamblea podrá continuar existiendo. Pero el Proyecto Amarika funcionó como pegamento que aglomeró a los miembros del colectivo: tener que afrontar un reto, una responsabilidad, común posibilitó que se crearan lazos entre agentes culturales que hasta entonces permanecían aislados. Incluso provocó que emergieran nuevos. Que se visibilizaran. En ese sentido, bajo el paraguas del Proyecto, por primera vez algunas personas comenzaron a dar sus primeros pasos coordinando exposiciones y actividades. Se convirtió así en un semillero de artistas y de gestores culturales. Es por eso que casi desde sus incios se empezó desde diversas instituciones culturales, centros de arte, museos... del Estado a invitar a los miembros del colectivo para que explicaran su ejemplar y particular modelo. Pues los propios creadores se hacían responsables de abonar e incentivar la cultura del territorio. Sin intereses políticos, sin realizar un intento por ocupar una silla y un despacho y convertirse en unos nuevos funcionarios del arte. Pero sí por crear nuevo tejido cultural y económico en nuestra ciudad. Es por eso que el Gobierno Vasco estuvo dispuesto a aportar a nuestra diputación unos iniciales 200.000 euros para habilitar un espacio abandonado situado en Zaramaga y convertirlo en una “Fábrica de creación”. Siempre que el colectivo se encargara de su gestión. Los últimos cambios políticos han truncado este proyecto. Y otros. En definitiva: el Proyecto Amarika –de continuar- hubiera podido servir para que un nuevo sector cultural y económico que ya despuntaba hubiera prosperado en nuestra ciudad con el apoyo de la Diputación. El arte, la cultura, el turismo cultural, la industria cultural de nuestra provincia, podría haberse beneficiado de todo ello. Pero la miopía de nuestras instituciones que ven la cultura como un adorno, un aderezo, y no como un nuevo espacio de oportunidades sigue siendo galopante. El arte es cultura y es industria. Genera empleos, genera riqueza. Riqueza social, cultural y económica. ¿Tienen nuestras instituciones algún plan, algún proyecto al respecto? No. Pues la asamblea Amarika lo tiene. Hablen con ellos.


AMARIKA: THE END (1)

Hace ocho años se cerró la sala Amárica. Una sala que apostaba en gran medida por el arte local. Después del cierre, su presupuesto cercano a los dos cientos mil euros, se destinaron a al proyecto “Programárica” que se desarrolló en el seno de un nuevo museo: Artium. “Programárica” intentó seguir la estela de la sala Amárica. Y así se habilitaron ayudas, becas, exposiciones para la creación local. Con no muy buen resultado: no sirvió para sacar al arte de su invisibilidad. Y hace tres años la sala Amárica se reabrió. La diputada de Cultura de entonces apostó por realizar un proyecto destinado al contexto local pero gestionado con la ayuda de los creadores locales. Creadores que se constituyeron en asamblea abierta. En una asamblea con representación y legitimidad suficiente como para asumir esa responsabilidad. Y con un ideario compartido e ilusionante. Y el presupuesto de Artium, de “Programárica” -convertido ahora en el “Proyecto Amarika”- pasó a ser gestionado por el tejido local, junto al equipo de la Diputación. Incluso dos salas expositivas más del organismo foral (Casa de Cultura y Archivo Provincial) fueron programadas bajo el sello “Proyecto Amarika” costeando el plus con ese mismo presupuesto. Y ahora la nueva diputada da carpetazo al Proyecto Amarika. Sin haberse reunido previamente con la Asamblea Amarika para hacer una valoración en condiciones de los resultados del proyecto, valorarlo, sopesar pros y contras y decidir su futuro. Es más: el colectivo se enteró del fin del Proyecto, y de los argumentos esgrimidos por la diputada para tomar tal decisión, por los medios. La diputada aducía que se había creado una estructura paralela al departamento de Cultura y que para hacer ese trabajo ya estaban ellos. También explicó que los de Amarika son sólo un grupo de artistas, pero que, bueno, hay más grupos. Todos con el derecho a ofertar algo a la Dipu. Queda claro que la diputada no ha vivido en Vitoria, ni conoce el proyecto Amárica, ni conoce el contexto local. Sólo así se pueden entender esas declaraciones. Porque la Asamblea Amárica nunca ha sido una estructura paralela a la Diputación. Por lo pronto porque no había un equipo contratado paralelo a la institución. Algunas de las actividades realizadas se ponían en marcha gracias a la colaboración de los más de cuarenta artistas que han formado –y forman- parte de dicha Asamblea. Y de aquí pasamos a rebatir el segundo argumento de la Diputada: Amarika no es un grupo determinado de artistas. Es una plataforma abierta en la que cualquier ciudadano –artista o no- puede estar. Es un órgano, por tanto, de participación ciudadana. Que ha gestionado siempre un presupuesto destinado al arte local buscando la conexión con su comunidad. Y lo ha hecho con más éxito que cuando la institución lo hacía por su cuenta. Y de esos éxitos hablaré la próxima semana. No se vayan lejos.

15.10.11

PASTICHE

Lamento mucho haberme pasado media vida leyendo, visitando museos… llegando a sentir verdadero aprecio por el arte. Y lo lamento pues ahora no hago más que sufrir viendo lo que desde nuestras instituciones públicas se está haciendo en el ámbito que tanto aprecio. Es mejor ser analfabeto. Un ejemplo: imaginen por un momento que de una obra de un artista memorable, y ya fallecido, un museo hace copias -obviamente sin el consentimiento del finado-, rompe esa copia en seis trozos, los coloca desperdigados sobre una especie de tiestos gigantes y los alquila al mejor postor para que sean exhibidos como adornos en los espacios públicos de las ciudades con el sello “Rodin”. Sería un disparate, ¿no? Pues bien: ese disparate se ha materializado ahora en la Virgen Blanca.

Rodin realizó la escultura “Los burgueses de Calais”-que puede ser visitado en el puerto francés de Calais tal como fue concebido por el autor- en homenaje a los seis ciudadanos que se ofrecieron en sacrificio al ejército enemigo a cambio de que no masacraran su asediada ciudad. Fue un acto, por tanto, solidario. El sacrificio de seis ciudadanos que se ofrecieron al enemigo por el bien común de su comunidad. En la obra original los seis valientes avanzan hacia el sacrificio formando piña. La composición está pensada para incitar al espectador a caminar alrededor de ella. Y al hacerlo, la obra parece moverse con nosotros. “Los burgueses de Calais” individualmente parecen, a veces, tomar aisladamente su decisión de sacrificio, pero, otras veces, parecen decidirse en conjunto por entregarse. Pues bien, ese conjunto escuntórico ha sido ahora dispersado en la Virgen Blanca. Y al hacerlo la obra-que habla de una acción colectiva- queda rota. Su sentido se pierde. Ahora son personajes aislados, individuales. Para más inri cada “trozo” de esa obra ha sido “plantado” sobre una especie de maceta gigantesca. Los trozos se convierten así en meros adornos, vaciados de cualquier sentido político, colectivo. La obra original de Rodin ha sido rota pensando en entretener a los viandantes que se topen con ella. Una vez más el arte es mero adorno. Una vez más todo se convierte en espectáculo. Para esto sí hay dinero en Gasteiz. Pues todo esto sucede mientras se da carpetazo a proyectos culturales como Krea, el Proyecto Amarika…

Rodin sólo realizó la creación del conjunto escultórico que podemos ver en el puerto de Calais. Pero además de esta escultura original la técnica de vaciado permite realizar varias copias a partir del molde original. Posteriormente a la muerte del autor la ley francesa permitió realizar hasta doce copias de la escultura. Un bonito negocio para el Museo Rodin.

Y esta muestra en la Virgen Blanca ha servido como previa operación de marketing para anunciar que ahí mismo -después de que las copias “originales” de la obra de Rodin se retiren- se colocará el logo escultórico de la Green Capital. Esto promete.