22.5.18

SOCIÓMETRO


En ocasiones hemos hablado del escaso interés que muestra nuestra gobernanza hacia dos ámbitos fundamentales para el desarrollo óptimo de sociedades e individuos como son la educación y la cultura. Desde el ámbito educativo, por ejemplo, vemos como las materias más relacionadas con las Humanidades y las Artes van desapareciendo de las aulas de enseñanza. Y así, el último atropello que el Gobierno ha llevado a cabo con las Humanidades es fulminar, a partir del nuevo curso, la asignatura de Literatura Universal: deja de ser optativa en segundo de Bachillerato. Y desde el ámbito cultural, una vez pasada –según nos cuentan los que nos gobiernan- la crisis económica, nuestro “músculo cultural” se ha visto gravemente mermado y no parece haber demasiado interés por costearle unas sesiones de rehabilitación. En resumen, el mensaje implícito que nos lanza nuestro Gobierno es el siguiente: “aprende rápido para integrarte en el mercado laboral, produce y no pienses”
Podríamos pensar que es la propia ciudadanía la que pasa de la cultura y que nuestras Administraciones tomando nota de ello responden en consecuencia intentando complacerla como un padre que malcría a su hijo atendiendo sus caprichos. Pues va a ser que no. Si leemos el último sociómetro del Gobierno Vasco -centrado en recabar las opiniones de los vascos en relación a la cultura- publicado este mismo mes podemos constatar como una amplia mayoría de la ciudadanía declara que la cultura es un tema prioritario para ella (el 57 % del total de los entrevistados) y que cree que se debería apoyar en mayor medida (64 %). También se patentiza que los ciudadanos relacionan sobre todo y primero la cultural con el conocimiento y el aprendizaje de cosas nuevas (51 %) y, en segundo término, con el disfrute (36 %). Además, y ahí se transmite un mensaje claro a nuestra gobernanza, la mitad de la población (57 %) considera que las políticas culturales deberían tener una prioridad alta entre las políticas del Gobierno y otro 35 % opinan que deberían tener una prioridad media. Tan sólo el 3 % opina que la prioridad de la cultura debería ser baja. Además, seis de cada diez personas opinan que las Administraciones Públicas deberían apoyar la cultura en mayor medida que en la actualidad (64 %), dos de cada diez que en la misma medida (21 %) y tan sólo uno de cada diez opina que se debería apoyar menos que en la actualidad (9 %). La opinión más extendida es la de quienes creen que los recursos destinados a la cultura se deberían emplear, sobre todo, para hacer que la oferta cultural sea más asequible (43 %), a continuación quienes creen que los recursos se deberían emplear para apoyar a las y los creadores (28 %) y conservar el patrimonio (22 %). Finalmente, en torno a ocho de cada diez opinan que invertir en cultura favorece mucho o bastante la convivencia (84 %), la calidad de vida (84 %) y, en tercer lugar, economía (81 %). Esperemos que los próximo que nos gobiernen tomen nota de todo ello.

13.5.18

MURALES


Nuestra ciudad ha apostado por llenar – o rellenar- nuestras calles de murales. Ya hemos hablado de este asunto en más de una ocasión. Pero en resumen, nos encontramos con trabajos de escasa calidad cultural, artística. Más orientados a adornar paredes degradas de nuestro entorno urbano. O pensados para ofertar un itinerario amable y digerible a los turistas que nos visitan. Siempre teñidos de pensamientos políticamente correctos. Es decir, como la preocupación de quienes subvencionan este tipo de trabajos no es únicamente cultural, se busca que las intervenciones, al menos, sirvan para algo. Cuestión ésta muy preocupante. No se apuesta directamente por el arte. Sólo si es útil. Sólo si tiene un componente extra cultural. Y así estos trabajos se presentan como murales tramposamente colaborativos, participativos. Como si la participación, per se, fuera un elemento siempre positivo. Es obvio que en algunos ámbitos no: se puede perpetrar, por ejemplo, un crimen, un asesinato en colectivo. Como cuando una turba lincha a alguien físicamente o haciendo uso ahora de las redes sociales. Algo similar sucede en el ámbito cultural: ¿podemos criticar, por ejemplo, una obra como “El Quijote” alegando que no se realizó colectivamente? Sería absurdo. Algo similar está sucediendo en nuestra ciudad. Y así vemos como los murales con más calidad nos los encontramos ahora mismo en Errekaleor: dos potentes murales del italiano Blu nos hacen vibrar cuando visitamos este barrio. Realizados sin ningún tipo de apoyo institucional. Y en solitario. También el artista valenciano Escif ha pergeñado un mural en uno de los edificios del barrio. Arte con firma, individual, y curiosamente y precisamente por ello, con más carga crítica, reflexiva, que los que emperifollan ahora mismo nuestra ciudad.

¿Pero realmente es individual el trabajo de estos dos artistas? ¿Por qué han elegido este contexto? ¿Acaso no han residido en Errekaleor varias semanas conviviendo con los vecinos de este barrio ocupado? ¿No han servido de altavoz de su sentir y su pensar? Precisamente todo artista que se precie es aquel que enfoca su obra a reflejar el latir de nuestra sociedad. El buen arte, por lo tanto, siempre es social. En el arte colectivo mal entendido, en cambio, las responsabilidades se diluyen. El “asesinato” no es cometido por una mano en concreto. De la misma manera que en un fusilamiento militar, sólo uno de los soldados dispara con fuego real y el resto con balas de fogueo, en una obra erróneamente participada sucede algo similar: hay que poner a un artista al frente del grupo de voluntarios. Es decir: uno crea y el resto rellenan. Y después el artista dirá que “el disparo del crimen” no ha sido el suyo. “Entre todas la mataron y ella sola se murió”, dice el dicho.

Es mucho más “útil” buscar una manera participada de gestionar la cultura, en la que los agentes culturales locales tengan cabida y no llevar la participación al terreno técnico de la propia creación.

RESTRINCIÓN


Ayer una amplia embajada de agentes culturales y hosteleros de nuestra ciudad se reunían en la Plaza Nueva para quejarse públicamente de una actuación municipal reciente que les perjudica directamente: las restricciones aplicadas al desarrollo de actuaciones musicales y eventos culturales o sociales en bares y pubs de nuestra ciudad. La polémica cuestión es que nuestro Ayuntamiento ha adoptado la decisión de aplicar rígidamente la normativa autonómica que regula la realización de actividades culturales en los establecimientos que no sean salas de conciertos. Y así el Consistorio exige ahora que los eventos deben ser comunicados con diez días de antelación, no pueden tener una duración de más de dos horas, tienen que concluir antes de las 22:00 horas y como máximo los hosteleros podrán programar dos saraos al mes.
El pasado año 67 grupos musicales realizaron conciertos en algunos de los locales ahora afectados. SI la profusa actividad se acota como exige ahora nuestro ayuntamiento, es obvio que el daño causado a nuestro tejido cultural emergente va a ser significativo. Por otra parte, los hosteleros también verán reducir su clientela. También el ciudadano que gusta de asistir a estas manifestaciones culturales se verá afectado. Y, finalmente, el visitante foráneo que pernocta en nuestra ciudad bostezará durante las noches gasteiztarras más de lo que lo hace hoy en día. ¿A qué razones responde, por lo tanto, esta controvertida actuación municipal? Pues las normativas tienen que ajustarse para responder a las problemáticas de la ciudadanía y no ésta última someterse a unas leyes que no le benefician.
Los saraos que tienen lugar en bares y pubs no son competencia desleal para las salas de conciertos. Pues hay que tener en cuenta que los hosteleros que ahora se manifiestan no cobran entrada a su clientela por el disfrutar del espectáculo ofertado. Cuestión está relevante: como el caché del artista lo costea el hostelero de su bolsillo y éste no tiene capacidad de hacer un gran desembolso, habitualmente aquel suele ser un creador cercano, no excesivamente reconocido y, en la mayoría de las ocasiones, joven  o emergente. Las salas de espectáculos, en cambio, gracias a que cobran entrada pueden programar a artistas foráneos o con un caché más elevado. Por otra parte los locales ahora afectados cumplen con las normativas relativas a aforo e insonorización, por lo que no ocasionan molestia para el vecindario. ¿Cuál es la razón, por lo tanto, de esas restricciones? Conociendo a los dueños de salas de espectáculos locales favorables a que las tascas acojan espectáculos de pequeño formato podemos descartar que éstas provengan de sus quejas. Sobre que sean respuesta a las reclamaciones de posibles asociaciones de vecinos perjudicados por posibles ruidos nocturnos, ahí ya tenemos más dudas. Pero si se tratara de esto último la respuesta pasa por resolver técnicamente las posibles incomodidades de los vecinos revisándolas caso por caso.

DIRECTOR


No es habitual que alguien renuncie a un alto puesto de dirección que sería el sueño de una mayoría. Pero hace unos días dimitió por motivos personales – ¿el sueño convertido en pesadilla?- el licenciado en Bellas Artes y director de Artium, Daniel Castillejo. En los diversos espacios que le han dedicado los medios hemos podido enterarnos de que está agotado, pues tanto él como su museo, Artium de Álava, han sufrido en sus carnes los duros efectos de la crisis económica iniciada en 2008 -con sus anejos recortes presupuestarios- y de que una vez pasada ésta la negativa de las diversas instituciones que conforman el Patronato de Artium de recuperar el presupuesto pre crisis ha sido la razón fundamental esgrimida públicamente de tirar la toalla.
El Patronato de la Fundación Artium en breve hará pública las bases del concurso público que regulan la elección y contratación de un nuevo director, o directora, de Artium. Un buen momento éste, por lo tanto, para reflexionar sobre el futuro de nuestro museo. Y para ello sería interesante realizar primero un análisis de las agridulces declaraciones del, en octubre de este año, ex director de Artium. Leer entre líneas. ¿Por qué apunta Castillejo que Artium está “herido” pero es recuperable? ¿Por qué hablaba de “sentimiento de fracaso”?. Declaraba Castillejo también que el museo no había conseguido conectar plenamente con su contexto. Hablaba también de las continuas tensiones con las instituciones que conforman el Patronato del museo.
Quizá sería interesante valorar un cambio de modelo, de funcionamiento para nuestro museo pues, obviamente, cuando el motor de una maquinaria no responde a unos fines y objetivos quizá la solución no estriba en sustituir una pieza gastada por otra nueva, sino buscar otro tipo de maquinaria. Es decir: repensar el modelo. Artium funciona de una manera jerárquica en la que el gran peso de la gestión recae sobre los hombros de la figura del director. Por otra parte el Patronato de la fundación está compuesta por representantes de las instituciones y de diversas empresas privadas pero no hay cabida en él para representantes del mundo de la cultura local ni para los propios y potenciales usuarios: la ciudadanía. Hay que recordar que Castillejo ponía sobre la mesa “las buenas prácticas en museos” recogidas en un documento elaborado en 2007 por el Ministerio de Cultura como una de las razones para abandonar su cargo. Y en dicho documento se recomienda que en los órganos de gestión de los museos estén presentes los expertos de la sociedad civil –artistas, mediadores…- como manera de conectar los primeros con los segundos.
¿Existen otros modelos en los que poder basarnos distintos al nuestro? En nuestra comunidad vecina, Navarra, el Centro de Arte Contemporáneo Huarte no existe la figura de director sino la de equipo directivo: es pilotado por un colectivo de cuatro mujeres que han reorientado el centro hacia la conexión con la ciudadanía y su comunidad de artistas locales.


12.5.18

CRISTO


El otro día leíamos en los medios que el pintor y escultor Antonio López realizará para la Catedral Nueva una estatua cristiana. O sacra, como se suele tildar en los últimos tiempos al arte religioso. Conviene puntualizar que el arte sacro sirve como medio de adoración de lo divino pertenezca a la religión que pertenezca. Existe, por lo tanto, un arte sacro musulmán, tibetano, etc. Por consiguiente en este caso sería más de rigor, pues la obra de este artista se va a ubicar en un templo cristiano, hablar de la realización de una estatua cristiana. Que servirá para que los fieles puedan orar ante ella. Indiscutiblemente, la obra debería de ser costeada por la Iglesia. Otra cuestión totalmente distinta sería si la obra fuera adquirida por un museo público. En ese caso, obviamente, ya no podríamos hablar de “arte sacro” sino de una obra con temática religiosa destinada a una contemplación ajena al culto.
Pero leíamos también que el encargo al artista va a ser sufragado -en parte- con dinero público. Que tanto el Gobierno Vasco, como nuestro Ayuntamiento y la Diputación iban a costear buena parte del pago al artista. Hay que recordar que vivimos en una sociedad laica pues el marco constitucional vigente expresa la aconfesionalidad del Estado. No es legítimo, por lo tanto, que una institución pública costee una obra ubicada en un templo.
Explicaba nuestro máximo representante político local que el encargo al artista es una buena inversión para Álava. Explicación un tanto perversa para todo aquel que se considere verdaderamente cristiano. Recordemos la escena evangélica en la que Jesucristo expulsa a los mercadores del Templo (Mateo 21, 12-13). Realizar una obra destinada al culto, que representa una imagen divina para intentar atraer turistas culturales que generen dividendos para Álava, es un plan un tanto ignominioso para todo creyente. Y para el no creyente, la inversión de dinero público en un símbolo cristiano no es de recibo.
Antonio López es un artista popular. Su estilo realista, amable, atrae a la gente. No tanto a la crítica ni a los amantes del arte contemporáneo. Por otra parte es un artista acrítico: nunca se ha posicionado política ni socialmente a favor ni en contra de nada ni de nadie. Quizá por ello la Casa Real le encargó un retrato de la Familia, también Real, y la Iglesia también gusta de su trabajo. Algunos dirán que un artista no tiene por qué posicionarse. En cambio otros admiran a los creadores que sí, que han intentado de alguna manera mejorar el mundo denunciando, o documentando, lo que creen que no funciona. Recordemos, por ejemplo –por nombrar a alguien que pintaba figurativo como hoy Antonio López- a Goya retratando los horrores de la guerra. Goya se sirve de su arte para construir un manifiesto contra toda guerra: critica las atrocidades cometidas por el ejército francés contra el pueblo español, pero también los crímenes de los guerrilleros y de la ciudadanía desatada.

BAROJA Y HUGO


"Sé que nunca tendré el Nobel, pero también es cierto que gano más dinero que otros escritores", dijo exultante en una ocasión Ken Follett, escritor al que nuestra ciudad le erigió una estatua por utilizar el valioso material proporcionado gratuitamente por la Fundación Santa María para escribir su “best seller” “Un mundo sin fin”. Sobre la escultura, la crítica de arte Rosa Olivares declaraba en un diario local: “Dedicar una escultura a un escritor de 'best seller' mediocre, un cuentista sin ningún interés, que no es premio Nobel y que lo único que hace bien es vender muchos libros me parece de muy mal gusto. Y es un insulto a la ciudad que esté situada enfrente de una catedral que vosotros consideráis una joya de la arquitectura. ” Más allá de la estatua en cuestión, quedaba claro que nuestra ciudad quería agradecer al popular novelista el haber puesto sus ojos en nuestra ciudad, en su catedral, y, sobre todo, en la valiosa documentación sobre la restauración de ésta. Aunque, si lo pensamos bien, no había nada que agradecerle. Es más: él estaba en deuda con la ciudad por haber recibido una documentación que convirtió en un producto que le aportó sus millones de euros.  Algunos dirán lo de siempre: que Follet “puso a nuestra ciudad en el mapa”. La respuesta a ese tópico la encontramos en el larguísimo artículo de la Wikipedia dedicado a la novela: el autor no menciona a nuestra ciudad, ni la catedral, ni a la valiosa documentación recibida, ni una sola vez.
A Víctor Hugo, uno de los más importantes escritores franceses, en cambio, nadie le ha homenajeado en nuestra ciudad. Y eso que en su novela "Notre Dame de Paris", publicada en 1831, cita a Gasteiz: “nuestros lectores que han tenido la dicha de ver una ciudad gótica entera, completa, homogénea, como quedan todavía algunas, Nuremberg en Baviera, Vitoria en España (…)” Y también en su libro versificado "Mon enfance. Nouvelles odes" escribe: “España me mostraba sus conventos, sus fortalezas; / Burgos, su catedral con góticas agujas; / Irún, sus techos de madera; Vitoria, sus torres".
A Pío Baroja, el gran escritor vasco de la llamada generación del 98, tampoco le hemos brindado homenaje alguno. Y eso que una buena parte de su novela “El cura de Monleón” trascurre en sus calles. En ella describe los rincones de Gasteiz. Y así, por ejemplo, escribe: “La Florida se mostraba como un jardín muy bello y muy apacible, con sus grandes árboles, con sus estanques y sus cisnes. Y también tenían sus encantos el paseo de la Senda, el Prado y el Camino del Mineral. (…) le gustaba recorrer las calles del pueblo antiguo, del Campillo; miraba los palacios y las viejas casonas de la calle de la Cuchillería, de la Pintorería, de la Correría, de la plaza del Mentirón y la del Machete.”
No se trata de levantar dos nuevas estatuas en nuestra ciudad, una a Hugo y otra a Baroja, sino de reconocer que tanto uno como otro merecen más atención por parte de nuestra ciudad que el homenajeado Follet.

LIBERTAD


Ya hemos hablado en estas líneas -y en más de una ocasión, lo reconocemos-  de la irreverente revista de cómic de humor llamada TMEO. Pero la susodicha se merece por méritos propios que de vez en cuando perseveremos en la reiteración. Pues TMEO es una publicación con sede en nuestra ciudad que este año cumple la friolera de 31 años de andadura. Una revista sin director, asamblearia. “Sin censura ni corrector”, como anunciaban en las portadas de sus primeros números. TMEO es, por lo tanto, una “rara avis”, una publicación singular, única, en el panorama del cómic estatal. Es la revista de tebeos con más solera del Estado. Y, además, máxima abanderada de la libertad de expresión en estos duros tiempos que corren para este derecho humano fundamental. Un derecho, recordemos, nacido en tiempos de la ilustración que fue pilar de la revolución francesa y que por el que, para defenderlo en su día, se luchó y se murió. Un derecho que, hoy, entre una ciudadanía molesta por cualquier comentario que les roce la piel -y que ejercita su mobbing contra cualquiera que se exprese libremente a través de las redes sociales- más un Estado que aplasta cualquier posible disidencia están, a dúo, ahora mismo hiriendo de muerte a la libertad de expresión. Pero todavía quedan pequeñas islas, como TMEO, que contra viento y marea navegan, más bien surfean, en este mar del pensamiento político y socialmente correcto en el que nos estamos ahogando. Deberíamos ser conscientes de que cada vez que lapidamos en las redes a alguien que ha opinado algo que nos ha molestado, estamos menoscabando el derecho de libre expresión, que no deja de ser nuestra abstracta propiedad. Por lo tanto, herimos así a algo nuestro o, lo que es lo mismo, nos herimos a nosotros mismos.  A nuestra propia autonomía para poder decir lo que queramos. Limitar a los demás, nos limita, en resumen.
Dejemos, por lo tanto, de tener ya la piel tan fina. Si algo nos molesta, “ajo y agua”, como dice el dicho. De verdad: nadie se muere por sentirse molesto por una opinión. No nos ocasiona ningún perjuicio. La molestia es como un dolor de pies cuando te calzas zapatos nuevos: el dolor se acaba yendo al quitártelos.
Pero al grano, que es gerundio. ¿Cómo ha conseguido el TMEO ser abanderado de la libertad de expresión? De una manera muy sencilla: no queriendo ser un negocio. Los medios de comunicación viven, sobre todo, de la publicidad. Y, por lo tanto, se deben a la publicidad. En el TMEO no se anuncian ni la banca, ni partidos políticos, grandes empresas… Sólo pequeños anunciantes: bares y comercios, principalmente. Algunos llevan 31 años anunciándose. Por otra parte, el TMEO tiene un público fiel. No muy numeroso, pero fiel. Que pagan cuatro euros cada dos meses por comprar la publicación. Con el dinero recaudado la revista puede pagar la imprenta y los gastos de distribución. Pero no a los dibujantes que son los “dueños” de la revista. Ese es el precio de la libertad.


PROCESIONES ATEAS


En todas las culturas nos encontramos con las procesiones como manifestaciones simbólicas públicas conectadas con algún rito. Las procesiones paganas eran muy populares y concurridas en la antigüedad. En Atenas, se celebraban hasta cinco anuales. Pero, sin duda,  una de las procesiones más famosas de la historia era el “triunfo romano”. En ella se fundían cierta simbología religiosa, buenas dosis de propaganda política e intensos ritos con los cuales el pueblo entraba en catarsis. Cuando un magistrado romano obtenía una gran victoria militar, se celebraba dicha procesión. Pero también los romanos organizaban alocadas procesiones en las que los participantes se disfrazaban con máscaras para encarnar a los genios de la Tierra o la fecundidad. Algunas de éstas fueron prohibidas por el Senado Romano, como sucedió con las Bacanales, pero la ciudadanía romana siguió celebrándolas casi hasta el fin del Imperio Romano.
Como siempre ante lo pagano, la Iglesia Católica actuó con astucia y en vez de eliminar las procesiones lo que hizo fue apropiárselas, reconvirtiéndolas en un instrumento de difusión de su doctrina. La idea era convertir las calles de las ciudades en iglesias. En la Semana Santa, además, se da un propósito penitencial: los penitentes procesionan para purgar públicamente sus pecados. En la procesión del Cristo Negro de Portobelo (Panamá), por ejemplo, los penitentes se arrastran de rodillas -que acaban ensangrentadas- mientras sus seres queridos vierten ardiente cera de velas sobre ellos. Y aquí abro un pequeño paréntesis: algo así deberíamos importar por estos lares para dar la oportunidad a los 1.378 políticos imputados por corrupción en nuestro país de limpiar sus pecados. Como el partido que nos gobierna es muy del gusto de las procesiones católicas, quizá esta idea no caiga en saco roto. Un partido que ha prohibido año tras año a asociaciones de ateos que celebren en Madrid procesión atea alguna. La delegación del Gobierno de Madrid siempre alega lo mismo: “este acto, en esas fechas y lugares, supone "una real y no potencial vulneración del orden público, con peligro real para la integridad física de las personas o de bienes públicos o privados". Queda claro que entienden que los ateos no son de fiar y que la van a liar. En cambio a los católicos se les presupone civismo y tolerancia.
En Gasteiz se organizaron varias procesiones ateas en clave de humor. En ninguna ciudad española se había visto algo similar. La primera tuvo lugar en 1984: tras una asamblea de Hala Bedi, medio centenar de asistentes hicieron cruces de madera invertidas y carteles con el lema “Yo soy ateo y poteo”. Un año después la polémica llegó con un cartel en el que la virgen aparecía practicando una felación a Cristo Crucificado. En 1987 la procesión fue prohibida por la Delegación del Gobierno. Pero estas manifestaciones ateas se sucedieron hasta finales de los 80. En alguna ocasión se llegó a sacar en procesión a San Mangarrán.

TETRAPACK


Ayer se inauguraba en la sala Amárica la novena edición de Tetrapack. Tetrapack no es solo una exposición fotográfica. Tetrapack es el resultado del certamen de fotografía y video digital Gazte Klik Klak puesto en marcha el precedente año. Con Tetrapack se busca impulsar la creación artística joven relacionada con la imagen desplegándola en espacios expositivos relevantes de nuestra ciudad.
En Amárica podemos contemplar estos días las sugerentes propuestas de los autores y autoras que han sido seleccionados para esta nueva edición: Mikel Arranz, Irene Santiago , Mikel Romero, Adriana Fariñas & Ibai Cobo. Esperemos que estos nuevos valores cuenten con más futuros respaldos para poder desarrollar su trabajo. Pues no es fácil dedicarse al arte en estos duros tiempos que corren para el arte y la cultura. Crear es como escalar: se necesitan buenos anclajes en la roca para llegar a la cima. Y alguien los tiene que colocar ahí. Tetrapack quiere ser ese primer anclaje.
No es la primera vez que esta iniciativa orquestada por el Servicio de Juventud de nuestro ayuntamiento se tiende en un espacio que no es municipal, sino provincial. Pues su primera edición se desplegó en la actualmente desaparecida sala expositiva de la Casa Cultura. Recordemos que, por entonces, la extinta asamblea de artistas Amarika se encargaba de la gestión de las tres salas expositivas provinciales: sala Amarika, Archivo Provincial y Casa de la Cultura. Podríamos afirmar, por lo tanto, que ayer Tetapack regresaba de algún modo a su hogar, eso sí, sin la asamblea de artistas que la bautizó. Aunque algunos miembros de este evaporado colectivo, ahora aglutinados en el espacio alternativo Zas Kultur, han estado dando forma a Tetrapack estos últimos años. Porque esta iniciativa no es un certamen al uso. No hay premios económicos. Se convoca un certamen cuyo “premio” consiste en, primero, una exposición colectiva de nuevos talentos (Gazte Klik Klak) y, finalmente, la selección de cuatro de ellos para que produzcan una muestra más ambiciosa en una sala que reúna las condiciones óptimas para mostrar su trabajo. Durante ese proceso, los artistas cuentan con la tutoría de creadores más veteranos. Para esta edición se han encargado de este tarea la artista Nerea Lekuona y el fotógrafo Jon Goroste, Fotógrafo, además, que fue uno de los ganadores en una de las anteriores ediciones de este dispositivo.
Ya hemos dicho en ocasiones que últimamente el apoyo al arte joven nuestro territorio es una labor que se está realizando casi exclusivamente desde el servicio de Juventud de nuestro Ayuntamiento. Cuando, es evidente, debería ser también responsabilidad de los departamentos de Cultura con competencias en nuestro territorio. En ese sentido es de agradecer que Tetrapack se desarrolle ahora en una sala gestionada por el Departamento de Euskera, Cultura y Deportes de nuestra Diputación.
Apoyar la cultura de base no es asunto baladí. Abonarla entre todos, es cardinal para una sociedad avanzada.

POSVERDAD


La palabra del año: posverdad. El neologismo nace a raíz de una editorial publicada en The Economist que hablaba, por entonces, del futuro presidente americano en estos términos: "Donald Trump es el máximo exponente de la política 'posverdad', (...) una confianza en afirmaciones que se 'sienten verdad' pero no se apoyan en la realidad”. La posverdad, resumiendo, es una mentira aceptada como verdad. Y si Trump obtuvo la presidencia tirando de ese recurso, ¿por qué no recurrirían ahí él todos y cada uno de los estamentos políticos del mundo? ¿Quizá por escrúpulos? Pues, obviamente, no es legítimo engañar a la ciudadanía para conseguir parcelas de poder o para perpetuarse en ellas..
Estos días hemos podido leer en la prensa local como la diputada de cultura defendía a bombo y platillo sus presuntas actuaciones realizadas bajo el paraguas del Plan Estratégico de Cultura. Un nuevo instrumento que empezó a tomar forma al comienzo de la actual legislatura y que, a un año de que ésta finalice, ha sido -y es- puro humo. Un plan pensado para reactivar, resetear, una maltrecha cultura local que, a fecha de hoy, sigue en el mismo estado en el que se hallaba antes de la puesta en marcha de dicho plan. Pues después de tres años de “vender” Plan Estratégico, ¿cuáles han sido los resultados? Se nos decía que íbamos a asistir a “un antes y un después” de nuestra Cultura después de implementarse dicho Plan. Pero los resultados, los hechos, son desesperanzadores. Hemos visto actuaciones, algunas, que antes se realizaban fuera del Plan ahora integradas en él. Desvestir a un santo para vestir a otro. De las 24 acciones proyectadas para el pasado año, ninguna se ha ejecutado, como ya recordamos hace unas semanas desde este mismo espacio.
La diputada y su “posverdad” ocupando  las páginas de los diarios: que están en ello, que piensan mucho en la cultura local… Incluso presentaba ante la opinión pública el diseño de un nuevo logotipo para el Plan. Nuevo envoltorio para empaquetar… la nada. Como una caja de regalo sin regalo. La Diputada comentaba que el próximo equipo de gobierno ya se encargará de asumir el relevo para desarrollar aún más la tan importante herramienta creada. Que lo substancial no es la batería de actuaciones, sino la propia herramienta en sí. Queda claro que la diputada escurre el bulto para pasarle la patata caliente al próximo equipo de gobierno.
La política cultural de nuestra diputación está quedando día a día más clara. Quieren que los artistas tiren los pinceles y se pongan a hacer algo de provecho. Es decir, algo que dé dinero: programar videojuegos, por ejemplo. Y así nuestro territorio acogerá este verano el primer campus mundial de ciertos videojuegos. Seis equipos internacionales, integrados por un máximo de tres personas, desarrollarán en el Museo Artium proyectos top durante un periodo de tres meses. Todo ello costeado por el Departamento vasco de Cultura, La Diputación foral de Álava y del Ayuntamiento de Vitoria. Y fuera del Plan.

POSCENSURA


Sin luz, nuestro sentido visual deja de tener, valga la redundancia, sentido: la luz visible produce nuestra visión. Por lo tanto las artes visuales necesitan de la luz también para existir: nadie puede crear una obra escultórica, pictórica… sin luz. La luz, por ejemplo, es la razón de ser de la fotografía. Pues la fotografía no es más que la huella de la luz reflejada por los objetos. Pero la importancia de la luz no sólo se limita a su aportación como fundamental ingrediente del proceso artístico: el espectador necesita de la luz para poder contemplar una obra. Por consiguiente las obras deben ser iluminadas. Y la elección de cómo éstas lo son puede condicionar su modo de contemplación. Para bien o para mal. En principio, se debe iluminar una obra para que ésta se aprecie tal como el artista la proyectó. De no ser así, estamos cambiando su lectura. Estamos alterando la obra.
Estos últimos años estamos viendo cómo edificios, e incluso espacios, históricos son iluminados de una manera efectista buscando así atraer la mirada saturada del turista. Le gritamos así “mira esto”. En nuestra ciudad, por ejemplo, tenemos el ejemplo de dos singulares Monumentos Históricos-Artísticos violentados por luz multicolor. Por una parte “El paseo de los Arquillos”, obra del arquitecto vitoriano Justo Antonio de Olaguibel, que se constituye como singular paseo de soportales y balcones representando un conjunto neoclásico destacado. O más recientemente iluminada de verde gama, “la Casa del Cordón”. El mejor ejemplo de edificio Gótico Civil de nuestra ciudad. Casa construida por el adinerado mercader y judío converso Pedro Sánchez de Bilbao sobre los restos de la Torre de los Gaona. Dicen que construyó la puerta de entrada sumamente baja para que los nobles tuvieran que inclinarse ante él al entrar en su casa. Si vivieran ahora, se golpearían con ella en sus cabezas hipnotizados por la luz discotequera que baña el edificio.
En serio: cuando se trata de iluminar un edificio histórico, la solución más atinada no se haya en manos deun diseñador de iluminación: se necesita de un equipo multidisciplinar conformado por conservadores, arquitectos, ingenieros, historiadores y técnicos de espacios históricos, entre otros expertos. También se debería reconocer la autoría de los diseñadores de iluminación cuando se trata del patrimonio histórico. Un proyecto de iluminación necesita también un nombre y apellido. Necesitamos responsables visuales con los que se pueda dialogar cuando el resultado de su trabajo desvirtúa una obra arquitectónica singular. Hay que recordar que el patrimonio histórico no es propiedad del gobierno de turno sino de la ciudanía en pleno del territorio en la que este se haya. Por otra parte, hay que tener muy presente que los proyectos de iluminación no pueden respondan a las presiones de la industria del turismo cultural. Los proyectos de iluminación del patrimonio histórico se deberían considerar dentro del ámbito de la conservación de arte.

SOBRA LUZ


Sin luz, nuestro sentido visual deja de tener, valga la redundancia, sentido: la luz visible produce nuestra visión. Por lo tanto las artes visuales necesitan de la luz también para existir: nadie puede crear una obra escultórica, pictórica… sin luz. La luz, por ejemplo, es la razón de ser de la fotografía. Pues la fotografía no es más que la huella de la luz reflejada por los objetos. Pero la importancia de la luz no sólo se limita a su aportación como fundamental ingrediente del proceso artístico: el espectador necesita de la luz para poder contemplar una obra. Por consiguiente las obras deben ser iluminadas. Y la elección de cómo éstas lo son puede condicionar su modo de contemplación. Para bien o para mal. En principio, se debe iluminar una obra para que ésta se aprecie tal como el artista la proyectó. De no ser así, estamos cambiando su lectura. Estamos alterando la obra.
Estos últimos años estamos viendo cómo edificios, e incluso espacios, históricos son iluminados de una manera efectista buscando así atraer la mirada saturada del turista. Le gritamos así “mira esto”. En nuestra ciudad, por ejemplo, tenemos el ejemplo de dos singulares Monumentos Históricos-Artísticos violentados por luz multicolor. Por una parte “El paseo de los Arquillos”, obra del arquitecto vitoriano Justo Antonio de Olaguibel, que se constituye como singular paseo de soportales y balcones representando un conjunto neoclásico destacado. O más recientemente iluminada de verde gama, “la Casa del Cordón”. El mejor ejemplo de edificio Gótico Civil de nuestra ciudad. Casa construida por el adinerado mercader y judío converso Pedro Sánchez de Bilbao sobre los restos de la Torre de los Gaona. Dicen que construyó la puerta de entrada sumamente baja para que los nobles tuvieran que inclinarse ante él al entrar en su casa. Si vivieran ahora, se golpearían con ella en sus cabezas hipnotizados por la luz discotequera que baña el edificio.
En serio: cuando se trata de iluminar un edificio histórico, la solución más atinada no se haya en manos de un diseñador de iluminación: se necesita de un equipo multidisciplinar conformado por conservadores, arquitectos, ingenieros, historiadores y técnicos de espacios históricos, entre otros expertos. También se debería reconocer la autoría de los diseñadores de iluminación cuando se trata del patrimonio histórico. Un proyecto de iluminación necesita también un nombre y apellido. Necesitamos responsables visuales con los que se pueda dialogar cuando el resultado de su trabajo desvirtúa una obra arquitectónica singular. Hay que recordar que el patrimonio histórico no es propiedad del gobierno de turno sino de la ciudanía en pleno del territorio en la que este se haya. Por otra parte, hay que tener muy presente que los proyectos de iluminación no pueden respondan a las presiones de la industria del turismo cultural. Los proyectos de iluminación del patrimonio histórico se deberían considerar dentro del ámbito de la conservación de arte.

11.5.18

QUINCOCES


El Antiguo Depósito de Aguas  fue levantado en 1885 sobre la cima de la colina de Gasteiz con la finalidad de proveerla de agua. Dos años atrás nuestra villa había conseguido la concesión de un manantial conocido como la Cueva del Agua situado en las faldas del Gorbea. Desde ahí se construyó una red que irrumpía en Vitoria por Portal de Arriaga, desfilaba por la Catedral Vieja y moría en la plaza de Montehermoso, donde se conectaba con la red existente en aquel entonces. Un año después, para almacenar las aguas, se puso en funcionamiento el Depósito. En aquellos tiempos podía acopiar líquido elemento como para abastecer durante una docena de días a los 20.000 habitantes de la villa. En 1986 el Depósito quedó obsoleto y dejó de funcionar. Ya en 1994 el arquitecto Roberto Ercilla adoptó inteligentemente su interior para que funcionara como singular sala de exposiciones comunicada subterráneamente con el palacio de Montehermoso.
El Depósito consta de siete bóvedas sostenidas por seis hileras de arcos de medio punto perpendiculares a dichas bóvedas y apoyados sobre columnas de piedra. Es sorprendente que el espacio interior construido es atrayente, misterioso, con reminiscencias de templo gótico, a pesar de que lo único que se necesitaba era construir un mero lugar de almacenamiento de agua. Es un tesoro arquitectónico oculto pues desde el exterior del edificio nada permite imaginar lo que éste encierra. Y así, desde 1998 el Depósito de Aguas está reconocido como Conjunto Monumental de Euskadi.
El Depósito de Aguas sorprende a todo visitante que se acerque por primera vez a contemplar las exposiciones desplegadas en su interior. Quizá no se fije en lo expuesto, pero se quedará impresionado por el espacio. Pues las exposiciones “de circuito”, de carácter ortodoxo, que ahí se muestran desperdician el lugar: si de lo que se trata es de mostrar obras ya realizadas, cualquier espacio neutro cumple mejor con esa función. Como es el caso de las salas blancas disponibles en Montehermoso o Artium. El Depósito de Aguas tiene sentido como espacio expositivo si las exposiciones se producen específicamente para lugar. Pero para ese menester hace falta disponer de un presupuesto digno, premisa que desde hace años no se da.
Aún y todo, hay artistas que aceptan el reto de producir una exposición para esta basílica pagana auto explotándose y tirando de su talento. Estos días, por ejemplo, podemos visitar la muestra Transmutación 11-Abisal Spaces de Anabel Quincoces. Una instalación construida específicamente para el Depósito de Aguas compuesta, fundamentalmente, por creaciones volumétricas realizas en vidrio que proyectan desde su interior abstracciones multicolores en las paredes del recinto. También podemos contemplar una proyección video gráfica sobre una de las escaleras del lugar que simula el agua descendiendo por ellas. Quincoces vuelve a inundar el depósito. Muestra sensorial de añoranzas subacuáticas. Una golosina para los sentidos.

MAL PLAN


La cultura en nuestro territorio vive desde el inicio de la crisis económica, como hemos reiterado hasta la saciedad, tan malos momentos que nuestra Diputación, en el año 2015, se propuso la tarea de elaborar el primer Plan Estratégico de Cultura de Álava. Objetivo que presentó ante la ciudadanía como su tarea prioritaria. En junio de 2017 se aprobó por todos los grupos políticos el documento redactado.
Estamos ahora en 2018 y poco -o nada- se ha ejecutado del Plan a pesar del reconocimiento  por parte de la Diputación de la paupérrima situación de nuestro ecosistema cultural. De las 24 acciones proyectadas para el pasado año, ninguna se ha consumado. En el Plan se habla, por ejemplo, de la creación de una mesa de coordinación de dicho Plan que tendría varias funciones: su seguimiento, promover la  colaboración activa del sector –quizá “codecisión” como reclamaba Mahaia que, como sabemos, es un colectivo que aglutina a 300 agentes culturales- y también la función de llegar a acuerdos en materia cultural. Esta herramienta debería haberse puesto en marcha desde el minuto uno de la aprobación del Plan Estratégico. Pero han pasado siete meses y nadie conoce su existencia. Nadie. El sector cultural de nuestra provincia ya se ha percatado de ello y así en una revista de arte que podemos encontrar desde hace semanas en diversos espacios de nuestra ciudad podemos leer: “Mahaia expresó su  convicción de que la Mesa de Seguimiento del Plan debería ponerse en funcionamiento desde el inicio de la aplicación del mismo.”
Parece ser que tampoco 2018 va a ser el año del despegue cultural de Álava: nuestra Diputación siguen considerando la cultura como un adorno y no como un ámbito que aporta al PIB de este país más que la agricultura, la pesca o el sector energético. Y a pesar también de que en el documento del propio Plan se asume que la cultura es un pilar fundamental para el desarrollo de cualquier comunidad avanzada. Y, sobre todo, también a pesar de que en el documento del Plan se afirma que la Cultura en Álava ha cronificado su crisis. Textualmente leemos en dicho documento: “en Álava nuestros servicios públicos se han visto mermados en su capacidad de actuación y gran parte de las iniciativas privadas, mercantiles o no, han estado abocadas a la precariedad cuando no a la desaparición o insignificancia”. Pero paradójicamente, los presupuestos sólo reflejan una inversión de 158.000 € para la implementación del Plan. Cifras completamente insuficientes para llevar a cabo 34 acciones de un Plan que, queda claro pues los hechos hablan, nuestra Diputación no tiene demasiado interés en llevarlo a cabo. Ese plan es papel mojado.
Mientras tanto el desaliento cunde en Mahaia, que ha visto como a pesar de sus esfuerzos por constituirse en interlocutor antes las instituciones, éstas en vez de aprovechar la oportunidad de tener un valioso cómplice para sacar a nuestra cultura del pozo en el que se encuentra, le han cerrado la puerta.


LABERINTO


Anualmente la fundación Contemporánea elabora un informe con los hitos culturales del año anterior. No deja de ser algo similar a “los cuarenta principales” trasladados al terreno de las artes. Un ranking de las ciudades y comunidades ordenado según el monto e impacto de ofertas en esta materia. A través de un cuestionario que se envía a casi un millar de especialistas y expertos, se quiere evaluar el latido cultural de los diversos territorios  del  Estado. Y así, según este estudio, el Museo Artium encabeza, junto con el Guggenheim, el latido más fuerte en Euskadi el pasado 2017. Más allá de creerse a raja tabla este informe -que toma en consideración también la evolución de los presupuestos anuales de las instituciones culturales y la huella de la cultura en los medios de comunicación-, sí que es de rigor reconocer que el trabajo de Artium no cae en saco roto más allá de los altos muros de nuestra ciudad. A pesar de los importantes recortes que ha sufrido desde su apertura, contra viento y marea muchas de las propuestas del buque insignia de la cultura alavesa sorprenden por su riesgo y rigor, sin dejarse arrastrar por los fuertes vientos de frivolidad que como un cáncer están minando los ecosistemas culturales de gran parte del mundo.
Y así, estos días, podemos visitar la neurálgica propuesta del artista vitoriano Francisco Ruiz de Infante y de la coreógrafa asturiana Olga Mesa titulada "Carmen // Shakespeare. Presagios del deseo”. Los dos creadores empezaron a trabajar codo a codo en 2006 en Estrasburgo, en el contexto de un taller creativo. De aquel encuentro nació este montaje intencionadamente laberíntico –como las neblinas y desórdenes del estremecimiento amoroso– conformado por las diversas instalaciones y videoinstalaciones que inundan más de 1.500 metros cuadrados de Artium. Un trabajo que se nos  presenta como una especie de obra de arte total, incitando al espectador a sumergirse en un estado de desasosiego permanente mientras deambula por la inmensa instalación. Un diálogo y una confrontación entre dos artistas –un hombre y una mujer- que surgen a partir de los dos personajes –también hombre y mujer- reflejados en su título: Carmen y Shakespeare. La muestra nos presenta, en resumen, la pasión contenida en la ópera Carmen de Bizet entrelazándose con los sonetos de amor de Shakespeare.
La inquietante exposición no deja de ser un viaje iniciático pues los diversos espacios, imágenes, textos, proyecciones, instrumentos, sonidos, objetos… nos obligan a deslizarnos por las  tripas de un “laberinto de cacharrerías” preguntándonos que está sucediendo ahí.
Si el amor tiene mucho de locura, la experiencia que vamos a vivir en Artium adentrándonos en esta mestiza muestra parece el fruto de la locura también. Locura que, como el amor, no debe asustarnos, pues que no deja de ser una ruptura de nuestros límites, un exilio de nuestra normalidad cotidiana.

ARTE POLÍTICO


Existe, créanlo, un tipo de arte preocupado por las problemáticas sociales, culturales, económicas… que nos sitian por doquier aunque no queramos verlas. Un arte interesado por promover la toma de conciencia sobre situaciones de injusticia, desigualdad, autoritarismo, manipulación, censura… que sufre nuestra sociedad. Muchos artistas actualmente intentan incitarnos a reflexionar sobre todas estas arduas cuestiones. Con sus obras nos apuntan con el dedo hacia aquellas. Aunque hay que partir de una palmaria realidad: a la ciudadanía en general el arte actual se la trae al pairo. Con lo que buena parte de este arte “político” es rehén del reducido mundo del arte: museos, galerías, ferias, revistas especializadas… Así que cualquier propuesta lanzada por un artista comprometido, por muy radical que ésta sea, apenas tiene repercusión más allá de los muros del propio sistema del arte. A no ser que ese proyecto catalogado como “arte político” sea censurado, denunciado…  produciéndose un escándalo que sea recogido y amplificado por los grandes medios de comunicación siempre ávidos de captar audiencias. Por otra parte, el arte político no suele ser amable, con lo que, exceptuando el pergeñado por ciertos artistas consolidados, la posibilidad de poder vivir realizándolo se vuelve espinosa tarea: si es difícil vivir del mercadeo de un arte decorativo, podemos imaginarnos lo que supone intentar sobrevivir realizando obras que nos recuerdan continuamente lo “feo” que es nuestro mundo. Pero habitualmente los artistas políticos viven de otras cosas.
Ayer se inauguraba en Zas una muestra –un escaparate- del histórico colectivo “Democracia”. Colectivo abierto capitoneado por los madrileños Iván López y Pablo España. “Para nosotros democracia es una palabra que ha dejado de tener un significante profundo; en realidad, es un significante vacío que se puede llenar con cualquier cosa, cualquier cosa se puede justificar en el nombre de la democracia hoy en día. Nos tendríamos que preguntar hasta qué punto lo que se nos vende como democracia es una democracia real. En ese sentido vimos que podíamos usar ‘democracia’ casi como un slogan por la pérdida de sentido de la palabra”, declara Pablo España. Y prosigue: “el trabajo de Democracia se centra siempre en cuestiones de carácter político-social, buscando plantear unas determinadas cuestiones de manera crítica, hacer algunas preguntas”.
Este colectivo gusta de realizar obras, intervenciones en espacios públicos, a pie de calle, procurando así llegar al gran público. También se toma en serio el mundo editorial, dirigiendo la revista Nolens Volens - editada por el Área de Arte y Diseño de la Facultad de Artes y Comunicación de la Universidad Europea de Madrid-. Así mismo realizan trabajos video gráficos, son muy activos en “la nube” con el blog de arte y política “Contraindicaciones”. Tocan muchos palos para llegar a muchos sitios. Y lo consiguen.


ARRÁZOLA


El nuevo año ya ha arrancado y con él los espacios culturales se sacuden el polvo de las actividades del pasado año para presentarnos, este mes de enero, la punta de un nuevo iceberg que otearemos al completo a lo largo de 2018. Un iceberg que, dicho sea de paso, navega en las frías aguas culturales de nuestra Siberia-Gasteiz. Desde la gestoría pública, pocos cambios: la cultura les importa un carajo. Como ya hemos escrito hasta la saciedad, pocos votos les reporta. Es más: quizá resten votos si se midieran ante una ciudadanía culta. Así que lo atrayente se mueve en el terreno de lo privado, en la docena larga de espacios cernacos independientes. Obviamente en un contexto cultural en el que prima la precariedad y la explotación, los creadores han decidido -desde el inicio de la crisis económica- auto explotarse: si hay que trabajar para otros bajo condiciones laborales paupérrimas mejor hacerlo para uno mismo: no se deja de ser pobre pero se te queda menos cara de tonto. Y la crisis económica vocea nuestra gobernanza que ya pasó, pero en cultura los presupuestos siguen siendo “críticos”. Aunque ahora todo lo que tiene que ver con el ocio, espectáculo, escapismo y frivolité se empaqueta bajoel sello “cultura”.
Ayer se inauguraba -en el local de la calle Correría Zas Espazioa- una muestra de la artista gasteiztarra Txaro Arrázola. Una creadora que, fundamentalmente, se desenvuelve desde sus inicios profesionales en el medio pictórico. La creadora nos presenta “Aguamaniles”, una serie de trabajos que nos invita a reflexionar sobre el papel de la mujer en la sociedad actual. Pues Arrázola trabaja – o milita- en el arte desde una óptica feminista siendo además, valga la redundancia, militante, de “Plataforma A”, un colectivo cuyo objetivo es visibilizar y normalizar el trabajo de las artistas en el sistema del arte. Si nos acercamos a Zas, podemos contemplar obras de gran formato en las que, por ejemplo, aparecen torsos de mujeres bordados con hilo sobre los tradicionales lienzos utilizados habitualmente en el ámbito pictórico. Tela y costura para reivindicar el trabajo ancestral de las mujeres. Trabajo que siempre ha estado desprovisto de reconocimiento social y ha sido históricamente “adscrito al ámbito de lo femenino, lo privado y lo lento”, como declara la autora. Técnicas manuales que no han sido nunca avaladas por el “sello arte” y que por esa razón chocan claramente con los legitimados trabajos que surgen del medio pictórico.
No se ha logrado aún que la historia del arte oficial, a pesar de las aportaciones de las historiadoras de sensibilidad feminista, modifique sus páginas incorporando el trabajo de creadoras relevantes. Como escribía Rimbaud: "cuando se rompa con la infinita servidumbre de la mujer, cuando viva por sí misma y para sí misma... ¡ella también será poeta! ¿Serán sus ideas diferentes de las nuestras? Encontrará cosas extrañas, insondables, repulsivas, deliciosas; las cogeremos, las entenderemos..."

10.5.18

FALSO ARTE


Los defensores de la Tauromaquia argumentan que es un arte. Incluso algunos toreros rizando el rizo proclaman que es “el arte de las artes”. Los críticos a esta tesis objetan que el arte es representación y no realidad. Es ficción. A todos nos puede gustar, por ejemplo, ver una película bélica, porque sabemos que nadie en verdad muere en ella. Pero sería éticamente errado ir a un campo de batalla para disfrutar con la contemplación de una carnicería humana. Si en el “arte del toreo” el toro no sufriese, si no muriera, si el toro fuera un actor representando un papel, sólo entonces podríamos decir que la Tauromaquia es un arte. La Tauromaquia es un rito disfrazado de arte, una actividad pública en la que un animal acaba siendo sacrificado a través de una ceremonia. Pero más allá de la muerte de un mamífero –todos los días mueren millones para alimentarnos- lo inmoral es el hecho de que los espectadores disfruten con un espectáculo en el que se mata a un ser vivo.
Los amigos de la Tauromaquia argumentan que éste forma parte del Patrimonio Cultural de nuestro país. Y así es desde 2013. Dicho año, PP y UPN (Unión del Pueblo Navarro) sumaron mayoría en el senado para conseguir que así fuera. Con los votos en contra de los grupos de izquierdas, nacionalistas vascos y catalanes. Una vez más, el Partido Socialista volvió a abstenerse sobre este tema. El deseo del partido popular sigue siendo, a día de hoy, lograr que la UNESCO declare a la Tauromaquia Patrimonio de la Humanidad. Los anti taurinos arguyen que esto nunca va a suceder, pues este “arte” no goza de la aceptación ni genera orgullo en la mayoría de los ciudadanos de los territorios en los que se lleva a cabo. Hecho claramente manifestado a través de su prohibición en Cataluña y las Islas Canarias. También los resultados de las numerosas encuestas que se han realizado en España muestran el rechazo o desinterés del 67,2% de sus habitantes hacia la Tauromaquia.
Los fans de este falso arte argumentan que la “fiesta de los toros” genera dividendos. Que genera riqueza. Que da de comer a muchas familias. Obviamente también el tráfico de drogas o la prostitución –por poner varios ejemplos- crean riqueza, pero a nadie se le ocurre usar esta evidencia en defensa de estas actividades.
Dicen que la Tauromaquia es una tradición. Una tradición milenaria. Pero las tradiciones pasadas no pueden encadenar al presente. Si una tradición no representa ya el sentir de una sociedad, o se actualiza o debe desaparecer. Los avances sociales, culturales, se basan en romper con tradiciones obsoletas.
Se ha confirmado estos día que Gasteiz tampoco tendrá toros en La Blanca 2018. Pero no por decisión propia, sino porque nuestra ciudad no ha recibido ninguna propuesta para la feria taurina de este año. No ha llegado ninguna oferta  las oficinas municipales. Nuestro Ayuntamiento debería posicionarse claramente respecto a la Tauromaquia. Y que nuestra ciudad se declare anti taurina.

REYES


Mañana es día de Reyes. Así que muchos infantes se agitarán esta noche en sus camas esperando a que el milagro anual tenga lugar: dentro de sus zapatos encontrarán los consabidos regalos. O, si no se han portado bien durante el año recientemente acabado, quizá carbón. Aunque, ¿quién juzga la conducta de un niño en este caso? ¿Quizá sus padres? Por lo que sabemos, no hay comunicación entre padres y Reyes Magos. Son los niños los que escriben su carta a Melchor, Gaspar y Baltasar pidiendo tal o cual obsequio. Pero claro, dentro de este milagro anual la capacidad que tienen los Reyes para evaluar el proceder de los chavales parece estar incluida. Y los niños no tienen un abogado defensor  que abogue por ellos si aquellos les traen carbón. Por otra parte, nos consta, los Reyes no siempre regalan lo que los chavales anotan en sus cartas. Hay un límite. Aunque tampoco sabemos cuál es ese límite ni en qué consiste ni si ese límite es igual para todos los niños. ¿Y si un chiquillo pide a los Reyes Magos que se acaben las guerras en el mundo? ¿O la pobreza? Obviamente este tipo de presentes de naturaleza transformadora de la realidad parece que no son posibles. Los Reyes Magos, por lo que sabemos, sólo pueden regalar “cosas”. Sólo pueden traer a los chavales objetos materiales.
No quiero con todo esto que apunto acabar con la ilusión de los más “peques”. Pero la reflexión y el espíritu crítico son valores intrínsecos a la cultura y al arte. Y esta sección, es un espacio de crítica y opinión cultural. Por lo tanto, animamos desde aquí a la chavalería a que sean críticos hasta con los Reyes Magos. O igual ya lo son. Ya que el único canal de comunicación que existe entre estos tres personajes de oriente y la chavalería es el medio postal, tal vez en los cientos de miles de misivas enviadas se plantee a los Reyes cuestiones de carácter transformador que desconocemos.  Seguro que todos los años hay toneladas de cartas escritas a Melchor, Gaspar y Baltasar originales, creativas, fantásticas… cuyos deseos expresados en ellas se quedan incumplidos.
El cartero Real me ha pasado unos fragmentos de algunas de ellas para que las utilice en esta columna para ilustrarla. Eso sí, respetando el anonimato de los escribientes. Pongo el ejemplo de un niño que, parece ser, usa internet a diario y este medio le ha embrutecido más que educado. Les escribe: "Queridos Relles Magos: Más os vale traerme lo que quiero u os pego una paliza y subo el vídeo a YouTube. Con cariño, David de diez años". Otra niña, Indara, de siete años, parece en cambio valorar mucho la cultura, pues finaliza su carta escribiendo  “y a mí no traedme nada, aunque también me gustaría ir a un colegio y aprender, yo lo que quiero y deseo es ver a mi gente riendo".
Y finalizamos esta columna animando a los niños del mundo a que se manifiesten públicamente para intentar convencer a los Reyes Magos de que incluyan mejoras en su funcionamiento. Quizá así el mundo cambie año tras año a golpe de milagro.

PACTO


Último “Airotiv” del año. Debería de ser un “Airotiv” cargado de espíritu navideño. Es decir: positivista, plagado de fe y esperanza. Pero va a ser que no. Es más bien pesimista. O como se suele decir últimamente para dejar a la altura del barro a toda opinión lanzada por un “optimista informado”, se trata de un “Airotiv” distópico.  Similar al futuro que nos descubre  el “espíritu de la navidades futuras” de Dickens. Pero al contrario que en “Cuento de navidad”, la avaricia no se enmienda. No ha redención final. Vence el egoísmo.
Leemos por doquier que este 2018 es el año en el que dejamos atrás esa profunda crisis en la que nos sumergimos hace ya una década, pero la realidad es que la ventana del panorama que se abre ante nosotros nos ofrece un paisaje desolador. Desolador para una gran mayoría de la ciudadanía. En especial, para las nuevas generaciones. Los datos, ahí están. Para cualquiera que quiera buscarlos en internet. Aunque en internet,  la mayoría busca evasión y no dosis jarros de agua fría de realidad. Pero, en resumen, “el fantasma de las navidades futuras” –de un futuro inmediato- nos muestra a los jóvenes abocados a aceptar trabajos que no les permiten vivir ya con dignidad. Y a ser educados y a recibir una cultura evasiva, programada para que se escapen de esa dura realidad. El Estado, por lo tanto, les procura un trabajo mal pagado y múltiples distracciones para que se olviden de su paupérrima situación. En cualquier tienda ya tienes una pantalla gigante de plasma a bajo coste y un montón de telebasura gratuita. También puedes apuntarte a un gimnasio para muscularte por el precio de tres gin-tonics. Y comprar para enfundar el “musculamen” ropa de saldo producida en países en los que no se respetan los derechos humanos. ¿Quién puede extrañarse que con ese caldo “cultural” no surjan monstruos juveniles como los de “la manada”? Mientras tanto, las grandes fortunas crecen. Y los partidos políticos al mando, trabajando para ellas. Curiosamente con el apoyo de la mayoría de la ciudadanía. Una ciudadanía que paulatinamente es alejada de la cultura y de la educación por los partidos al mando. La ecuación funciona. Se retroalimenta.
Antaño decían que la revolución o será cultural o no será. Así que parece ser que no será. La cultura sigue el contorno de la economía. Y ésta lo tiene claro: se apoya a “los de arriba” a costa de “los de abajo”. En el País Vasco, PNV y PSE han buscado como socio presupuestario a PP. La razón fundamental del pacto ha sido apoyar una reforma fiscal que rebaja los impuestos de las grandes empresas. Menos recaudación, por lo tanto, para invertir en cultura, medio ambiente, sanidad, educación, bienestar social… “Poderoso caballero es don dinero”, esa es la cultura que tenemos. Desde luego, no es la que necesitamos. Ojalá surja una nueva “tribu urbana” que apueste por la cultura. Porque el conocimiento, ahí está. Sigue estando al alcance de todos si no nos dejamos “distraer” a tiempo completo.



LIBREPENSADORES


Decíamos en su día que la ácrata revista de cómic de humor, TMEO, cumplía -este 2017 que se va ahora- treinta tacos. Con sede en Gasteiz, esta “rara avis” de las publicaciones impresas, ha festejado su larga onomástica durante este año de manera. En julio pasado, se juntaron un tropel de sus colaboradores procedentes de las más diversas ciudades del País Vasco y del Estado. Y lo hicieron para zamparse un cordero regado por unos buenos vinos. Ocasión que aprovecharon para, horas antes de la comilona, compartir diversas anécdotas con el público asistente a la jugosa charla que ofrecieron en la librería Zuloa. A la tarde, para hacer la digestión dibujando como todo buen historietista que se precie como tal, en el espacio cultural Zas, realizaron un cómic en vivo y en directo sobre las paredes de dicho local. Actividad que fue amenizado con música en directo y acompañada también de un taller de “chapas” realizadas con fragmentos de páginas de la publicación. Un par de meses después, en octubre y también en Zas, uno de los dibujantes de TMEO más veterano, Simónides, nos ofreció todo un repertorio de sus ilustraciones, cuadros, catálogos, libros…  Material que desplegó sobre las paredes del espacio. Ya en noviembre, TMEO viajó al Salón de Cómic de Getxo. Una cita ineludible para cualquier fan del noveno arte. Ahí desde su stand vendieron algo de su “mercancía”: 143 números de la revista TMEO y cerca de 50 álbumes publicados. Además de todo esto, obviamente, han editado y distribuido sus números habituales.
Y así, esta publicación pergeñada en colectivo, sin jefes, acaba de sacar a la calle su último número de este año. Como es habitual, una vez más se mofan de todo y de todos. Patentizando que los historietistas que alimentan regularmente los contenidos del TMEO han encontrado en esa publicación la libertad que no han hallado en ningún otro medio. Pues si  TMEO fuera una revista digital, continuamente le lloverían denuncias, quejas, de cualquier colectivo o individuo que se considerara ofendido. Y si fuera una revista comercial, de enorme tirada y grandiosa distribución, le sucedería otro tanto. Ya hemos visto el caso de la revista El Jueves, por ejemplo.
TMEO sobrevive gracias a las personas que lo compran. Personas que son capaces de pagar cuatro euros por adquirir un producto libre, sin autocensuras. Porque todos pertenecemos a una o a varias categorías sociales, culturales, biológicas, políticas contra las que TMEO arremete. En ese sentido el comprador de TMEO también es una persona libre como la propia revista. ¿Cuándo desaparecerá TMEO? Cuando las personas librepensadoras dejen de existir. Puede parecernos imposible que esta funesta circunstancia distópica se dé algún día, pero al paso que vamos, no podemos afirmar lo contrario. Nunca hemos vivido en un mundo tan compartimentado en cuanto a pensamiento se refiere: sólo vemos, oímos y leemos lo que refuerza nuestras ideas. El TMEO es un antídoto contra esa epidemia.


PLANTARSE


Hace unos días una mujer americana puso en marcha una intensa campaña ciudadana para solicitar que se retirara un cuadro expuesto en el Museo Metropolitan de New York. Recogió 9.000 firmas de sus convecinos apoyando su protesta. La obra de arte en cuestión -un cuadro de título “Teresa soñando” que data de 1938 pintado por el afamado pintor Balthus - muestra a una preadolescente reposando en una silla del salón de su casa, con los ojos cerrados, como descansando, con una pierna apoyada sobre dicha silla, dejando entrever sus bragas pues lleva una falda. A sus pies, un gato está comiendo. Una escena normal y corriente. La adolescente no es consciente de que enseña su ropa interior. Pero, claro, en la escena ella está sola. No hay nadie que pueda verla. Aunque fuera del cuadro, está el público que interpreta la escena de múltiples modos. Para la crítica especializada el cuadro es una obra sugestiva, que nos traslada a nuestra época adolescente. Pero la vecina de New York aduce: “El Museo está, tal vez sin intención, respaldando el voyerismo y la cosificación de los niños”. “Consideraré esta petición un éxito si incluyen un pequeño mensaje diciendo que el cuadro puede ser ofensivo”, explicaba en diversas redes sociales la moralista ciudadana. Pero el museo se ha negado a retirar la obra amparándose en la libertad creativa de los artistas. También rechaza añadir ningún mensaje acompañando a “Teresa soñando”. Porque, ¿qué mensaje se  podría adjuntar a la pintura? ¿No tengan pensamientos libidinosos con una menor de edad? Una vez más vemos como un parte de la sociedad confunde la realidad con la ficción intentando, además, esterilizar el pensamiento de sus semejantes. ¿Tan difícil es entender que una obra de arte es completada por la persona que la mira? Parece ser que piensan que el artista, en este caso u en otros, está lanzando un mensaje claro y unívoco hacia los espectadores. Y que ese mensaje es inmoral. Como decía Sócrates: "Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia." Y en este caso, se patentiza la ignorancia de las 9.000 personas que han apoyado con su firma la retirada de un cuadro que ellos consideran ofensivo. No saben leer imágenes. Desconocen que, a todos los niveles, la lectura de imágenes exige que el espectador se involucre ayudando a completar el “texto visual”. Y así todo lector de imágenes es, en cierta medida, coautor del texto visual que lee. Con lo que, podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que las 9.000 personas han sido inducidas a ver libidinosidad en ese cuadro por la mujer que puso en marcha la campaña.
Es preocupante la idiotización de la sociedad. Fomentada por los poderes. Saben que una sociedad estúpida es manipulable.  Por eso promueven el entretenimiento vacuo. Y “la caja tonta” es su principal instrumento para modelar las conciencias de la ciudadanía. Están consiguiendo que la gente no entienda ya lo que es una obra de arte. Preocupante.

LEE CÓMIC


La asociación de dibujantes de cómic Atiza, colectivo conformado por una docena de profesionales de la historieta alavesa -entre los que se encuentran historietistas de la talla de Mauro Entrialgo, Abarrots, Ata o Kini- está poniendo en marcha estos fríos días una campaña que persigue empujarnos a que leamos cómics. Y lo hace de una manera simple pero efectiva: con la edición de un cartel y una postal. Materiales en los que podemos leer un consejo: “Lee cómic”. Y que han sido realizados por el veterano dibujante Simónides. La sencilla campaña fue presentada el pasado mes de noviembre en el Salón de Cómic de Getxo, repartiéndose dicho material gráfico entre el público asistente a la principal cita vasca relacionada con la cultura del cómic.
Dicho material está siendo distribuido por comercios, librerías, tiendas especializadas… del País Vasco y Navarra. En Gasteiz, se están colocando también en nuestras calles, en los espacios habilitados para ello. Cartel y  postal pueden recogerse también por cualquier interesado, en sus horarios habituales, en la librería Zuloa y en el espacio cultural Zas.
Hay que recordar que Gasteiz cuenta con una nutrida cantera de profesionales dedicados al noveno arte. Nuestra ciudad ha sido desde finales de los años setenta una auténtica cantera de aficionados y profesionales que han realizado una intensa y extensa actividad en torno a nuestro medio de expresión favorito: el cómic. Aunque muchos historietistas locales hayan tenido que emigrar a otras ciudades con mayor actividad editorial, el hecho es que su número es sorprendentemente alto en relación con la población de la ciudad. Es lógico, por tanto, poner en marcha iniciativas que pongan en valor ese rico patrimonio inmaterial nuestro relacionado con el mundo del cómic. Iniciativas que sean provechosas para los agentes y ámbitos implicados relacionados con este medio. En esta ocasión, ha sido la Fundación Vital la que ha apoyado esta necesaria iniciativa de Atiza.
El cómic es un arte con unos valores reales que están muy por encima de su aún escaso reconocimiento social. Desde un punto de vista sociológico, los cómics sufren todavía un déficit de legitimidad que, pese a todos los avances de las últimas décadas, parece difícil de superar. El noveno arte sigue siendo un medio situado al margen de la cultural oficial.  Suponemos que hay factores diversos detrás de esta respuesta, cuyo análisis ofrecería resultados muy interesantes. Pero la realidad es que poco hacen nuestras instituciones para cambiar esta situación: no ponen en marcha campañas de animación a la lectura de cómics, no se apoya a las editoriales ni a los autores del medio, no se realizan exposiciones en museos o centros culturales relevantes... En resumen: el cómic es un medio artístico minusvalorado por la cultura pública. Es por eso que es necesario poner en marcha iniciativas como ésta de Atiza. Iniciativas destinadas a nutrir, divulgar y difundir nuestra cultura del cómic.

HORMIGAS Y LEONES


Un fin de año más, nuestros equipos de gobierno presentan los presupuestos de rigor con los que sus respectivas instituciones funcionarán al año siguiente para dar servicio a la ciudadanía. Acometer la faena de leer un presupuesto institucional es empresa tan ardua como afrontar la tarea de leerse las cartillas de ahorros de un centenar de ciudadanos –o quizá miles, dado los pocos movimientos que muchas de ellas tienen últimamente-, pero, si pasamos ese trance, podemos llegar a enterarnos de por dónde van los tiros de los intereses de nuestra gobernanza. Y de sus desintereses.
El presupuesto de nuestra Diputación, por ejemplo, ya está a punto de caramelo para su debate final. Queda en aquel patente que la cultura no es algo que le interese a nuestra diputación. Y eso que estos dos años anteriores se anunció con bombos y platillos la redacción de un plan estratégico en materia de cultura. Por fin tendríamos una hoja de ruta para sacar a nuestra provincia de su ostracismo cultural. Bien, ya está en marcha. Sobre papel, todo “OK”. Podemos leer en su web: “El Plan Estratégico de Cultura 2017-20 de Álava presenta el enfoque general central que inspira las actuaciones específicas de planificación que se llevarán a cabo en los diferentes ámbitos culturales del Departamento de Euskera, Cultura y Deporte de la D.F.A”. Pero claro, para realizar actuaciones es necesario contar con una dotación económica acorde a lo planificado. Y éste no es el caso. Lo que se ha hecho es mover partidas, proyectos, ya existentes para vestir a un santo desnudando a otro. La dotación económica con la que cuenta el susodicho plan es casi gemela a la de su redacción. Por otra parte, si el presupuesto general de la Diputación ha subido respecto al año anterior un tres por ciento, el área de cultura  no llega al dos. También hay que tener en cuenta que los sueldos de los funcionarios suben un uno y medio. Se patentiza que la cultura no da votos. Por lo tanto a nuestra Diputación se la trae al pairo abonar el tejido cultural.  Cuestión esta que cambiaría si los ciudadanos reclamaran más cultura y aceptaran menos “pan y circo” a cambio. Lo curioso es que nuestras diputaciones vecinas –la guipuzcoana y vizcaína-, sí que apuestan claramente por la cultura. Apoyan su ecosistema cultural. Parte de una realidad: en todo ecosistema próspero tan importante es el papel de la hormiga como el del león. Pero por estos lares sólo queremos leones. Los que nos encajan los “vendemotos”. Y así nos va. A pesar de ello, todavía nos sorprendemos con las iniciativas de nuestros artistas que llevan a cabo propuestas de calidad financiadas con un puñado de euros. No desfallecen.  Es el caso del festival “Intacto”. Un festival cuyo objetivo es acercar los trabajos de nueva creación de los artistas escénicos a la ciudadanía gasteiztarra. Un festival que nació hace siete años apoyado por la extinta “hormiguita” Asamblea de artistas Amarika. Un festival que se despliega estos días en nuestra ciudad.


INMERSOS


“Inmersiones” es, en resumen, un congreso abierto al público –un lugar de encuentro y de intercambio de ideas- de artistas emergentes del País Vasco y Navarra que se celebra desde el año 2007 en Gasteiz. Organizado por la Asociación Cultural Inmersiones -que agrupa a los “supervivientes” de la extinta Asamblea de artistas Amarika- tiene como objetivo cardinal visibilizar la creación de base que se pergeña en el territorio. “Inmersiones” es una actividad creada desde la lógica del sustento. Persigue la utilidad. No quiere deslumbrarnos cual evento mediático. Su propósito es mostrar esos procesos de arte y cultura próximos, aunque “sumergidos”. Su objetivo fundamental, por lo tanto, es poner en valor la producción artística cercana para hacerla visible, propiciando la necesaria inmersión de las gestorías públicas, y del ciudadano, en el entramado de las prácticas contemporáneas que están, sumergidas, bajo la superficie. Esperando a que buceemos hasta ellas.
“Inmersiones” cumple ahora diez años. Y para esta especial edición, “Inmersiones” propone debatir sobre la relación entre educación y arte, mostrando los trabajos de creadores que introducen en sus prácticas artísticas elementos educacionales o, por el contrario, que éstas se desarrollen en ámbitos educativos. La necesaria inmersión trasciende, por lo tanto, la crónica amable del paisaje artístico sumergido para incitarnos a bucear en la complejidad de las relaciones entre arte y sociedad, en este caso, entre arte y educación. No podía ser de otra manera si la propuesta de “Inmersiones” trata de descubrirnos lo que está oculto para darle visibilidad. Y no podía ser de otra manera si lo que hay que llevar hasta la superficie es la certeza de que todavía somos capaces de hacer cultura huyendo de los tópicos, de sentirnos obligados a ofrecer productos fácilmente digeribles para un público que muchos quieren complaciente y acrítico. Hacer reflexionar a través del arte, esa es la cuestión. Labor cada vez más difícil en un país que ha exiliado a las áreas del arte, de las humanidades, fuera de las aulas escolares.
Es por eso que en esta edición, y desde este lunes hasta el día de hoy, “Inmersiones” ha desarrollado también una nueva iniciativa que bajo el título de “Educacciones” busca acercar la experiencia artística a los centros docentes. Y lo ha hecho a través de la instalación “Banco del tiempo” del artista argentino Gustavo Romano. Una oficina móvil de compra venta de tiempo que está visitando a los estudiantes de cuatro centros educativos de la ciudad de Gasteiz. El artista utiliza un nuevo sistema de dinero de tiempo -billetes de 1 año, 60 minutos, etc.- para hacernos reflexionar sobre el valor de nuestra existencia. Si tuvieras un minuto, una hora, un año extra en tu vida, ¿qué harías con él? Buena pregunta para hacer reflexionar a los jóvenes estudiantes sobre las cuestiones importantes de sus vidas.

VIPHOTO


Mañana, en Amárica, se inaugura la segunda edición de Viphoto. Viphoto es una feria en la que fotógrafos vascos exponen y venden sus fotos al público. La selección se realiza a través de una convocatoria lanzada por la Sociedad Fotográfica Alavesa. Esto es: hay unas bases y un jurado. Lo que los organizadores intentan conseguir, según explican en sus bases, es “…derribar las barreras de accesibilidad que existen para la venta de Fotografía, proponiendo un evento donde cada fotógrafo/a expositor/a, artista o grupo fotográfico tenga su propio espacio en contacto directo con el público. VIPHOTO busca generar un acercamiento entre las personas con inquietudes artísticas (pero que no acostumbran a visitar galerías) y las prácticas artísticas contemporáneas, especialmente de jóvenes emergentes. También, propiciar nuevos vínculos entre artistas y público. De esta forma, se facilita la formación de redes que permitirían materializar nuevos proyectos a lo largo del año. VIPHOTO busca ser un espacio relajado y cálido donde ofrecer objetos artísticos originales a precios accesibles, con la intención de promover el consumo de arte, facilitando la producción local y su puesta en valor en nuestro entorno”. Interesante propuesta, por tanto.
El lema que hay impreso en sus bases lo han acuñado casando dos preguntas: “¿Artista? ¿Fotógrafo?” Me llama la atención este lema. Porque da pie a reflexionar sobre “la madre del cordero”. Esto es: qué entendemos hoy en día por arte. Es obvio que el medio en el que alguien trabaja (pintura, fotografía, escultura, instalaciones, performances…) no legitima que algo sea arte. Pero me parece curioso que muchos que eligen la fotografía como vehículo de expresión aún, hoy en día, se planteen si son o no artistas. Quizá su duda emerja de su modo de trabajo: son muchos los fotógrafos que realizan trabajos comerciales que compaginan con otros  más personales, considerando estos últimos como más dotados de artisticidad. Quizá éstos crean que enmarcando una foto, exponiéndola, poniéndola un precio, convierten su trabajo en arte. Cuando lo único que están haciendo es copiar ciertos funcionamientos extraídos del mundo del arte comercial. Esto es un error. Pues existen, por ejemplo, multitud de fotógrafos, como es el caso de los fotorreporteros, que son apreciados simplemente por hacer fotos. Algunos de ellos han muerto persiguiendo una foto arriesgada. Su obsesión por captar, por ofrecernos una realidad que de ninguna otra manera hubiésemos podido nosotros contemplar, incluso por denunciar ciertas situaciones, es encomiable. Da igual que esa fotografía sea o no considerada socialmente como arte. Y, desde luego, da igual que esa fotografía esté enmarcada o no, que se exponga o no en una galería y que tenga o no un precio de venta al público. Podríamos decir que son obras que están por encima del arte comercial. Por eso mismo son buen arte. O buena fotografía. Que es lo mismo.


23.11.17

VIDEOJUEGOS

Pregunta con trampa: ¿es más interesante –culturalmente hablando- una película, una pintura, un cómic, un novela, una escultura… o un videojuego? Trampa porque dicha pregunta no se puede responder correctamente respetando las claves en las que está formulada. Pues ningún medio es, “per se”, más interesante que otro. Dependerá del artista, del creador, del escritor, del dibujante… que esté detrás de una obra concreta. De su autor o autores. Pero en un mundo actual en el que el éxito de un producto –sea película, cómic o videojuego- se mide únicamente por la capacidad de éste para generar dividendos económicos, se apuesta por apoyar los medios que mueven más dinero. Aunque dicho producto -culturalmente hablando- sea, hablando en plata, una basura.

Leíamos el otro día en los medios que “El Gobierno Vasco invertirá 500.000 euros en proyectos para impulsar la cultura en Álava gracias a un acuerdo con la Diputación Foral y el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz”. En principio, parece una buena noticia. Seguíamos leyendo: “El objetivo de este proyecto es dar un nuevo impulso a la cultura en Álava, y para ello se ha trabajado de manera exhaustiva entre las tres instituciones con el fin de identificar las iniciativas que podían resultar más interesantes.”. Pero –ahora viene el “pero”- del medio millón de euros, 300.000 van destinados a apoyar al sector del videojuego. No hay más información al respecto. ¿A quién se dirige esa ayuda? ¿Quizá a generar algún videojuego relacionado con el fútbol o “basket” vitoriano? Misterio. Ironizo, pero todo es posible. En la información sobre el resto de las ayudas podemos leer los nombres de las empresas, colectivos, destinatarios. En la de los videojuegos, no.

Se apoya a un medio en concreto. Bajo el apartado “Apoyo al tejido profesional creativo y cultural en Álava”. En ese mismo capítulo se destina 35.000 euros a los jóvenes artistas para que se incorporen al mercado laboral. ¿Darán ayudas a cuatro artistas a razón de 500 euros al mes durante un año mientras buscan curro? Mejor les saldría solicitar la RGI. ¿No hubiera sido preferible para la cultura alavesa invertir 300.000 euros en ellos–trabajen en el medio en el que trabajen- y 35.000 destinarlos a la industria de los videojuegos?

Sin cultura seríamos como el protagonista de “el pequeño salvaje” de Truffaut: Víctor, un niño encontrado en el bosque –lugar en el que había vivido toda su niñez- que posee un comportamiento totalmente animal. Como los peces que no son conscientes de líquido elemento que les rodea, nosotros no somos sabedores de que vivimos, nos relacionamos y hemos construido esta civilización gracias a la cultura. A menos cultura, más bestias somos. Por eso es fundamental que desde nuestras instituciones se apoye, se incentive, la producción y difusión de propuestas de interés cultural real. Ojalá esos 500.000 euros fueran destinados a ese propósito.

12.11.17

DOLMEN

Se ha descubierto un nuevo dolmen cerca de Gasteiz. A la vuelta de la esquina: en las inmediaciones de Eskalmendi. Una obra de la “edad de piedra”. Edad, dicho sea de paso, que quizá no hemos superado aún pues todavía seguimos tirándonos piedras los unos a los otros a diestro y siniestro. Deporte nacional más popular aún que el balompié. Ojalá estuviéramos ya inmersos en la “edad de las flores”, pero parece ser que nos queda largo trecho evolutivo para llegar a esa utópica era. Aunque siempre nos queda jugar la baza de la fe: creer como los católicos que tendremos mil años de paz con la segunda llegada de Jesucristo a nuestro terrenal planeta. Ya nos lo recordó en su día Fernando Arrabal cuando hace una porrada de años -y totalmente ebrio- anunció en un programa televisivo de Dragó que “el milenarismo va a llegar”. Esto es: mil años de paz, antes del juicio final. Aunque el Gran Wyoming matizaba hace unos días que el milenarismo ya llegó con los “mileuristas”.

Pero retomemos el hilo iniciado: el hallazgo de un nuevo dolmen en Álava. Aunque el megalítico descubrimiento se halla aún en una fase preliminar, la empresa encargada de realizar los trabajos arqueológicos pertinentes ya nos adelanta que, “sería una de las estructuras dolménicas más grandes de toda España y, desde luego, la mayor de Álava”. Ya veremos más adelante si esto es real o simplemente nos lo quieren vender así arrastrados por su espíritu empresarial. Por ahora, 25.000 euros invertidos en destapar el descubrimiento. Dinero que no estará mal empleado, no. Aunque muchos intelectualoides pensarán que es mejor invertir en generar patrimonio presente que desenterrar el pasado. Y que es más productivo crear nuevo patrimonio, el que dejaremos en herencia, que desenterrar el heredado. Pues el patrimonio inmaterial es más importante que el material: una cabeza amueblada, culta, es preferible a una cabeza de piedra. Pero Gasteiz parece añorar el pasado. Quizá porque éste no pone en tela de juicio a nuestro presente. Y así hace unos días veíamos, una vez más, las calles de Gasteiz convertidas en mercado medieval. Del mercado medieval al Xacobeo y “tira porque me toca”. Parece que nos están preparando psicológicamente para asumir la vuelta del feudalismo. El escenario natural en el que nos podemos relacionar entre nosotros, encontrarnos, realizar actividades... se convierte en un mercado en el que los ciudadanos sin capacidad económica quedan excluidos de ese escenario. Si no compras, no existes en la ciudad. Lo que tendrían que apoyar nuestras instituciones es la construcción de un espacio de socialización real y no el crematístico de “tienda ciudad”.

Hemos descubierto un nuevo dolmen. El septuagésimo tercero en Álava. Que no son número si los comparamos con los –agárrense- treinta y cinco mil dólmenes existentes en la península de Corea. Sí: el 40 por ciento de todos los dólmenes del mundo se encuentran en tierras coreanas. Podríamos importar algunos. Nos saldrían más baratos.

FUTURISMO

Aunque la gran mayoría, lo desconoce, décadas antes del nacimiento de “la nueva cocina vasca” -un movimiento impulsado por Juan Mari Arzak y Pedro Subijana que representó la primera vanguardia gastronómica de España-, incluso de la francesa “nouvelle cuisine”, un movimiento artístico llamado “futurismo” intentó revolucionar con sus propuestas culinarias el mundo de la gastronomía. El futurismo, recordemos, fue un radical movimiento literario, plástico, música, cinematográfico… nacido en Italia en 1909. Un movimiento que buscaba dinamitar el arte tradicional para pergeñar uno nuevo sustentado en un espíritu novedoso, avanzado, contemporáneo. Sus artistas apostaban por introducir los avances técnicos, el progreso, la velocidad, el maquinismo… en sus obras. Y así, intentaron renovar todos los campos de la creación, incluyendo la gastronomía.

El Manifiesto de la Cocina se presentó en el restaurante Pluma de Oca de Milán en 1930. Y reinventaron la cocina. Hay que tener en cuenta que este manifiesto tiene 85 años. Deja en muy mal lugar a todos esos chefs actuales que van de revolucionarios. Extraemos algún punto del manifiesto. Tomen nota:

- Invitación a la química. Introducción de instrumentos científicos en la cocina como ozonizadores, lámparas ultravioleta o aparatos de destilación a presión ordinaria y al vacío.

- La originalidad absoluta de las viandas. La invención de conjuntos plásticos sabrosos, cuya armonía original de forma y color alimente los ojos y excite la fantasía antes de tentar los labios.

- Abolición del tenedor y del cuchillo.

- Originalidad de los platos, y de los nombres de los platos. Como el Salmón de Alaska al rayo de sol con salsa Marte o la Perdiz a la Montañesa con salsa Venus.

- Cocina sensorial. Uso de perfumes antes de cada vianda. Uso de la música y de la poesía como ingredientes imprevistos para encender con su intensidad sensual los sabores de una vianda determinada. Presentación de platos que no se comerán para favorecer la curiosidad, la sorpresa y la fantasía.

Y ayer en el espacio cultural Zas, se rendía un homenaje a la cocina futurista de manos del colectivo orientado hacia la gastronomía social, sostenible y cooperativa “Cocina de Guerrilla”. Un colectivo cuyo interés es buscar transformar la realidad alimentaria actual, persiguiendo la satisfacción de las necesidades alimentarias básicas de todas las personas, promoviendo la soberanía alimentaria como garantía de los derechos alimentarios y humanos. En definitiva: un canto a la alimentación accesible y de calidad, digna y respetuosa, sin restricciones ni exclusiones. Nada que ver con lo que persigue buena parte de la “alta cocina” que, muchas veces, sólo está al alcance de unos pocos. Aunque, también es verdad, actualmente existen muchos restaurantes con excelentes propuestas, propuestas de autor, y a precios accesibles.

ZAKATUMBA

Vitoria-Gasteiz, como hemos señalado en esta columna hasta aburrir -y aburrirnos-, es una ciudad que en material cultural apuesta ciegamente por los festivales. Recordemos que la palabra “festival” etimológicamente proviene del vocablo “fiesta”. Podríamos inferir, por lo tanto, lo siguiente: en nuestra ciudad pensamos que las manifestaciones culturales tienen que ser festivas. Y no nos alejaríamos mucho de la realidad. Es obvio que una ciudad necesita de ferias, festivales, fiestas… pero también necesita de una cultura que genere pensamiento. Y también de otra cultura que genere industria. Si los presupuestos en materia de cultura de nuestras instituciones se dividieran en tres partes (un tercio para lo festivo, otro para el apoyo a las industrias culturales y una tercera para esa cultura que tiene que ver con la reflexión) sería una buena noticia para todos los que formamos parte de esta comunidad. Pero no es así. Digamos que en un noventa por ciento se dirige hacia lo festivo, celebrativo… y el diez por ciento sobrante se repartiría entre las otras dos partes restantes. Sólo cuando a nuestras instituciones locales les parece que les sobra el dinero se animan entonces a “tirarlo” costeando algún “festi” pues asocian fiesta con cultura. Después ya dirán que lo “tirado” revierte en los hosteleros. En este país siempre ha sido así: se piensa que la cultura es algo superfluo. Repetir hasta la saciedad que es un sector que genera en nuestro país más porcentaje de Producto Interior Bruto que la agricultura no sirve para nada pues los que nos gobiernan se han educado bajo ese concepto erróneo de la cultura: que es un gasto inútil.

Asumido lo anterior, la gente de la cultura de nuestra ciudad asume que para poner en marcha un proyecto respaldado por nuestras instituciones el título de este tiene que ir encabezado por “Festival”. Si no, dicho proyecto puede que no vea la luz. Pero algunos buscan colar “un caballo de Troya”. Rizan un poco el rizo para incluir en su proyecto algo de esa tercera pata tan desatendida de la que hemos hablado antes: la que tiene que ver con la transmisión de conocimiento. Y con la educación, formación… Pues nos educamos y educamos a través de la cultura. Somos educadores y educandos. O debería ser así para que esta sociedad avance.

“Zakatumba” es un joven festival que se despliega durante la festiva fiesta (valga la redundancia) de Hallowen. Esa celebración que nació hace tres milenios en el mundo celta portando una raíz ceremonial y que en la actualidad se ha convertido en una chufla: salir disfrazados por las calles para reírnos de la muerte mientras bebemos hasta olvidarnos de ella. Esta segunda edición del festival Zakatumba quiere tratar el fenómeno de la muerte más allá de lo meramente festivo. Y así desde varios medios artísticos (música, ilustración, teatro, literatura...) se busca arrojar una mirada al tema más trascendental de la vida: la muerte.



25.10.17

AMOR

Aunque pueda sonar cursi, sin el amor de artistas y sociedad en general por la literatura, el cine, la pintura, la música… el arte no existiría. Amar es un proceso fundamental, por lo tanto, para que el hecho artístico pueda tener lugar. ¿Pero es amor lo que nos empuja a, por ejemplo, adquirir una pintura de la que sentimos habernos “enamorado”? El amor verdadero, tal como nos lo explica el psicólogo e investigador Robert. J. Sternberg, es un complejo sentimiento que se sustenta en tres patas básicas, que conforman, según él, el “triángulo del amor”.

Por una parte debe de existir pasión; esto es: una atracción hacia el objeto amado, por fundirse con él. Por otra, tiene que emerger el afecto: conectar con lo amado, sentir cariño y ternura por él, ganas de cuidarlo. Y, finalmente, la tercera pata se llama compromiso: la voluntad de querer estar junto a lo amado en el presente, pero también en el futuro, porque entendemos que éste no es un ente fugaz en nuestras vidas; reconocemos su valor y sellamos nuestra responsabilidad por luchar por conservarlo a nuestro lado. Podríamos afirmar, por lo tanto, que en cierta medida el triángulo de Sternberg puede trasladarse al terreno del “amor al arte”. Sólo si en nuestra sociedad existe un amor al arte, éste podrá seguir existiendo.

Pero démosle la vuelta a la tortilla. ¿El amor es una arte?
“El arte de amar” es un libro escrito en 1956 por el sociólogo y psicólogo Erich Fromm que reflexiona sobre el amor como si éste trascendiera la cuestión sentimental: el amor sería un arte. Pues según Fromm el amor no deber brotar espontáneamente dentro de una relación personal como algo pasajero. Y tampoco es un mero objeto de consumo, como a veces nos vende la sociedad de hoy. Fromm apuesta por lo contrario: el amor se aprende, se cultiva, exige un esfuerzo y una dedicación. Por ello, si queremos educarnos para amar debemos actuar como lo haríamos si quisiéramos aprender un arte. Necesitamos conocimiento, responsabilidad, trabajo… para amar. También imaginación, creatividad, expresividad. Y asumir la imperfección del amor. Como se asume la del arte. Pues el artista perfeccionista, que busca pergeñar la obra de arte ideal, nunca creará nada. Y el que quiere amar, nunca podrá hacerlo si busca un príncipe azul o a una la princesa perfecta. Somos imperfectos. Y el amor también lo es. “El amor intenta entender, convencer, vivificar. Por este motivo, el que ama se transforma constantemente. Capta más, observa más, es más productivo, es más él mismo.”, sentencia Erich Fromm.

Toda obra de arte que se precie, descansa también sobre tres pilares. Como el amor, tiene tres patas. Por una parte, la idea que se quiere transmitir: el concepto. La segunda, sería la forma, pues la idea necesita materializarse. La tercera pata es la expresión; esto es, la manera en la que la idea se convierte en forma: la poética. Podríamos concluir, por lo tanto, que también el amor necesita de idea, forma y expresión para que funcione.