10.5.17

PUENTE KWAY

En julio del año pasado se anunciaba que la parcela ocupada por frontón de El Campillo y el Palacio Escoriaza Esquivel acogerá el proyecto cultural estrella de Bildu: el Gasteiz Antzokia. Recordemos que este proyecto –proyecto pensado para impulsar la cultura eukaldun- fue propuesto en 2008 por el que por entonces era el único concejal de EA –Antxon Belakortu–, hoy integrado en la coalición EH Bildu. De hecho, el coste del nuevo equipamiento se incluyó en el presupuesto municipal de 2008, apoyado por el PNV y el PSE. Un proyecto que se iba a levantar por fin en 2013 en la parcela de los antiguos cines Guridi. No cuajó. Después se pensó en que el antiguo banco de España fuera el lugar que lo albergara. Tampoco prendió esa idea. Más tarde se apostó por levantarlo encima del Depósito de Aguas, incluso se elaboraron unas bonitas infografías. Pero el Antzokia no salió del plano de la “cultura ficción” en el que parecía estar atrapado. Y, ahora –y parece que esta vez va en serio si el asunto, eso sí, cuaja antes de que se cierre la actual legislatura- la ubicación elegida es la cima de la colina de Gasteiz. El Ayuntamiento convocó este enero pasado un concurso de ideas para la organización y el diseño del Gasteiz Antzokia en la parcela ocupada por el frontón y el Palacio. Se han presentado 14 ideas.

Tanto el vecindario como quienes están detrás del proyecto del Antzokia manifestaron en su día que preferirían que no se tocara el espacio del frontón. Es por eso que en el pliego de condiciones del concurso se incluyó la posibilidad de no derribarlo. Recordemos que dicho frontón es una infraestructura que el barrio recuperó y que lleva años autogestionándose de manera asamblearia. Una experiencia vecinal única para el Casco Viejo pues, por primera vez en décadas, diversos colectivos y personas acordaron aunar esfuerzos y sensibilidades para solucionar un problema que la incapacidad institucional le había ocasionado a este barrio: la pérdida de su frontón. El frontón, es por tanto un símbolo más que un espacio. El frontón simboliza para muchos vecinos del Casco Viejo un trabajo conjunto. En ese sentido, da igual que lo incluyan o no en el pliego de condiciones como espacio físico a respetar, pues realmente lo que habría que respetar es su espíritu: la autogestión.

En la película “El puente sobre el río Kwai”, recordemos, unos reos ingleses deben construir por imperativo de los japoneses un puente sobre el río Kwai, en Tailandia, para que pase el por él el ferrocarril. Al principio su idea es sabotear el puente, pero, bajo el mando del coronel Nicholson (un excelente Alec Guinness) llegan a la conclusión de que el puente debe ser construido como algo que les une. Como símbolo de moral colectiva, espíritu de superación y dignidad ante las condiciones desfavorables en las que se hayan. En ese sentido, el frontón del Campillo es un puente. Y quizá el proyecto del Gasteiz Antzokia no lo sea.

22.4.17

POLUCIÓN

Como siempre por estas fechas, después de las vacaciones de Semana Santa de marras, nuestras instituciones se frotan las manos mientras hacen feliz balance del impacto económico generado por el turismo. En nuestro caso, en el ámbito vasco -ya que el turismo de sol y playa primaveral nos queda lejano por habitar en estas tierras destempladas- el cálculo de rigor versa sobre la huella monetaria generada por el turismo cultural. Nos hablan de la creación, o el mantenimiento de empleo, que genera el turismo, de las pernoctaciones hoteleras de los que nos visitan, de sus almorzadas en los restaurantes, haciendo cómputo de hasta el número de pinchos de tortilla de patata recalentada que degluten. La cuestión es “hacer caja”. Se habla, siempre, de la riqueza económica generada por el turismo. Y punto final del balance. Porque, ¿acaso hay algo más de lo que hablar? ¿Se olvida alguien de algo? Como escribía Quevedo: “Poderoso caballero es don Dinero. Madre, yo al oro me humillo; él es mi amante y mi amado.”

Sería fundamental hablar de cuál es el impacto cultural, social, incluso económico a largo plazo, que genera el turismo. Quizá deberíamos comenzar la reflexión recordando una realidad: España es el país más visitado del mundo en proporción a su población: recibe setenta y cinco millones de turistas al año. El tercero del mundo –Francia acoge ochenta millones y EEUU, setenta- sin tener este dato en consideración. El gasto medio de cada turista a su paso por nuestro país es de mil euros. Hablamos, entonces, de que el turismo nos genera unos ingresos de 75.000 millones de euros. Esa es la realidad. Que nos lleva a lanzar la pregunta del millón, valga la redundancia. Ésta es: si el turismo es tan estupendo para nuestra economía y somos los “number one” del universo turístico, ¿por qué la economía de nuestro país no está a la cabeza del mundo? La media de la tasa del paro en la zona euro no llega al 10% y en España ésta se duplica. Por arrojar un dato.

Podríamos concluir sin temor a equivocarnos que muchos de los males que aquejan a nuestro país como puedan ser la especulación urbanística, malversación de fondos, generación de empleo temporal… provienen de un país cuya piedra angular de la economía proviene del turismo. Que no deja de ser herencia del franquismo.

En Barcelona, en Ibiza y en otros lugares asolados por el turismo los ciudadanos ya empiezan a sublevarse hartos de que su futuro sea servir mesas a los uniformados de chanclas y bermudas, obligados a vivir en las periferias pues los centros históricos han sido ocupados por hordas de turistas. Centros en los que experiencias como tomarte un café o alquilar una casa sólo pueden ser vividas por turistas procedentes de la zona rica del euro. “Polución turística”, le llaman al fenómeno. La sangre no ha llegado al río aún, pues no tenemos noticia de que se haya quemado ningún chiringuito, pero, y ya en serio, es tiempo de pensar qué tipo de economía queremos potenciar. 

REALIDAD

Por primera vez en nuestro país se publica un riguroso informe que confirma con datos la dura realidad económica y profesional de nuestros artistas. Mucho se estaba hablando de ella últimamente, sobre todo desde el inicio de la crisis económica, pero nadie se había animado a dejar de lado conjeturas y especulaciones para ofrecernos una perspectiva real de la situación de nuestros creadores. Hubiera sido de desear que esta labor la hubiera asumido nuestro Ministerio de Cultura, pues es responsabilidad de dicha institución pública velar por la cultura, por el arte, por nuestro patrimonio pasado, presente y futuro. Pero no ha sido así.

“La actividad económica de los/las artistas de España”, es un libro escrito por Marta Pérez Ibáñez, profesora de la Universidad Nebrija, e Isidro López Aparicio, profesor de la Universidad de Granada, editado por ambas universidades. Un libro que pone los puntos sobre íes. Las conclusiones son palmarias: los ingresos anuales del 64 por ciento de los artistas por su trabajo artístico no supera los 1.600 euros. En todo un año. De ahí que tengan la necesidad de compaginar la producción artística con otros trabajos. Pero ni con esas: un 47 por ciento de los artistas en España ingresan menos de 8.000 euros anuales. Recordemos que el salario mínimo interprofesional en nuestro país es de 9.906,40 €. Y sólo un 30 por ciento de nuestros creadores plásticos pueden hacer frente a sus cuotas de autónomos. Otro tercio, el 28,8, están inscritos en el paro. Y el resto, un veinte por ciento, trabajan por cuenta si exceptuamos a los “rara avis”: un escaso 2 por ciento integrado por creadores que pueden aportar un salario a otros trabajadores. Pero ahí no queda la cosa: no llega al 1 por ciento (0,7) la proporción de artistas que han cotizado más de 35 años y que, por tanto tendrán derecho a cobrar una pensión. Y desmontando el mito de que la compra de arte es cara, un 41,3 por ciento de ellos declara que el precio medio que se pagó por sus obras fue de entre cien y quinientos euros.

Se desmantelan, por lo tanto, las ideas generalizadas, tópicas, que tenemos sobre los artistas: “venden obras a precios multimillonarios” o “viven de las subvenciones”.

Leyendo este trabajo, dilucidamos que la mayoría de los artistas tienen un impulso vital que les empujar crear, por ser hacederos de arte, aunque estén viviendo al borde de la miseria.

Podríamos pensar que ellos se lo han buscado. Podríamos aconsejarles que vayan a un psicólogo para que les ayude a curarse de ese “impulso vital”, de esa especie de enfermedad que les empuja a llevar una vida tan, en lo económico, paupérrima. Porque podríamos concluir que no necesitamos a los artistas. Que no necesitamos el arte. Pero también podríamos cavilar que sí, que es necesario el arte. Entonces deberíamos intentar solucionar las problemáticas que vive ese sector de la población que ha elegido crear. Crear un patrimonio cultural para nuestra sociedad.



ARCO Y MERCADO

Este miércoles se inauguraba ARCO. Treinta y seis años lleva funcionando esta cita anual que se desarrolla en Madrid. Una feria de arte contemporáneo que se ha convertido en el principal evento de nuestro país relacionado con ese ámbito. Pero no nos engañemos: de lo que se trata en Arco es de vender arte y de vender entradas. Entradas a cuarenta euros. Pues sus objetivos son económicos, más que culturales. Las galerías rentabilizan sus costosos espacios abarrotándolos de obra. No es ésta, por lo tanto, la mejor forma para que el espectador se sumerja en el mundo del arte. Y es que los tres modos en que nos relacionamos con el arte, recordemos, son el paseo, la discusión y la contemplación. La manera, el modo, en que se plantea la experiencia artística en Arco tiene que ver, sobre todo, con “el paseo”, como el paseo por un supermercado. Porque Arco se fundamenta en el consumo. Pero la discusión y la contemplación son modos de relacionarse con el arte difíciles de trasladar a una feria. Y ésta no puede ser convertirse en la gran cita nacional para el arte. Pero, claro, al público eso no le importa en absoluto. El público quiere asistir a un acontecimiento mediático y multitudinario. Y lo triste es que para muchos ésta será la única vez que este año se aproximen a una obra de arte contemporáneo.
Las cifras de visitas son altas: unas 150.000 personas suelen pasar por esta cita centrada en al arte comercial. ¿Y qué pasa con las ventas? Se vende poco y mal en este país. Con la crisis, nuestros museos ya no tienen capacidad para comprar arte. Y el elevado 21% de nuestro IVA cultural aleja al potencial coleccionista extranjero. Son malos tiempos para el arte… Pero no sólo hablamos de nuestro país: el mercado mundial ha caído en 2016 de una media de un 30%. Las ventas se han reducido tanto en Londres, como en Nueva York como en Pekín. El arte ya no interesa como antes.

Por otra parte, la galería Windsor, en Bilbao, ha bajado la persiana. Hablamos de la galería vasca dedicada a la venta de arte más veterana: con 46 años de solera. “Las instituciones públicas no invierten dinero en adquirir arte y no hay recambio natural de coleccionistas. No hay mercado, la sociedad que se acercaba a nosotros para solicitar una obra ha desaparecido. Las nuevas generaciones no compran arte, amplían una foto por 40 euros y sustituyen con ella un cuadro. No vienen a las galerías para visitar exposiciones, ni siquiera muchos alumnos de Bellas Artes acuden a verlas. Recuerdo que cuando la galería abrió sus puertas, venían constantemente, querían conocer lo que se hacía en el mundo artístico. En la actualidad, piensan que con las nuevas tecnologías ya tienen cubierta esa necesidad. Incluso muchos artistas ya ni siquiera quieren organizar exposiciones, tienen que invertir una cantidad considerable y luego no venden obra. No les resulta rentable”, explicaba a la prensa el galerista de Windsor, Roberto Sáenz de Gorbea. ¿Estamos asistiendo al fin del mercado del arte?

GRAVEDAD

El MOMA, el museo de arte moderno y contemporáneo más importante de Estados Unidos y quizá del mundo, estos días le está plantando cara a Trump. Y lo hace mostrando su rechazo al veto del presidente americano a la entrada de ciudadanos de ciertos países musulmanes. Recordemos que el MOMA se inauguró en 1929 con el objetivo de “ayudar a la gente a entender, beneficiarse y disfrutar de las artes visuales de nuestro tiempo”. El museo mostró en sus primeros años obras de los impresionistas Van Gogh, Gauguin, Cézanne… Al poco incorporó piezas de Picasso, Matisse o Kandinsky. Creaciones que, en la mayoría de las ocasiones, no eran bien aceptadas por un público que no estaba preparado para apreciar este tipo de arte. Pero el MoMA mostró su valentía a la hora de exponer las últimas obras artísticas por controvertidas que éstas fueran. De este modo se erigió en modelo para el resto de los museos de arte contemporáneo del planeta. Y, ahora, sigue mostrando su valentía. De una manera elegante: exponiendo obras de artistas procedentes de territorios vetados por Trump. Donde antes había obras significativas de creadores de la talla de Picasso, ahora el visitante puede contemplar las realizadas por artistas procedentes de países afectados por el “muslim ban” de Trump. Junto a cada pieza, el museo ha colgado un cartel que explica los objetivos de este proyecto: "Esta obra es de un artista de una nación a cuyos ciudadanos se les deniega la entrada en EEUU, de acuerdo con una orden ejecutiva presidencial dictada el 27 de enero de 2017. Esta es una de las muchas obras de arte de la colección del museo instalados a lo largo de las galerías de la quinta planta para expresar los ideales de acogida y libertad tan vitales para este museo como lo son para los EEUU". Algunos dirán de este gesto que es inútil, que con ello nada cambia. Pero los gestos hoy en día son muy valiosos. No olvidemos que el arte también es un gesto pues es representación, no realidad. Pero tiene resonancia en “lo real”. Influye en quién lo percibe. Y puede ser un detonante para propiciar cambios.

Artium, ha querido hacerse eco del gesto del MOMA. Como una antena, ha recogido su señal para después, como un repetidor, emitirla. Y así, nos presenta una exposición que lleva por nombre “La gravedad de las cosas” y que estos días podemos visitar. “Sólo la gravedad de los acontecimientos puede hacer cambiar a un museo su programación. Sólo las decisiones ejecutivas que transforman en cualquier sentido nuestro contexto, legitiman una reacción imprevista. Y sólo la necesidad urgente de empatía, de solidaridad con la vida y sus seres nos permite poder cambiar el curso de nuestra dirección.”, escribe Castillejo, director de Artium y artífice de la muestra. Una muestra que reúne una selección de artistas procedentes de estados africanos, musulmanes y latinoamericanos que actualmente sufren las insolidarias políticas de occidente cimentadas en el miedo al foráneo. De obligada visita.

4.3.17

COLA

El otro día, el Observatorio de la Cultura -instrumento creado por la Fundación Contemporánea- hacía público su diagnóstico de la cultura en nuestro país. Un diagnóstico nada positivo para nuestra ciudad, por cierto. En ese sentido, nada nuevo bajo el sol. Llueve sobre mojado.

La mencionada fundación utiliza desde 2009 esa herramienta que está fundamentada en unos indicadores. El observatorio realiza una consulta anual para detectar y medir la actividad en materia de cultura de las diferentes comunidades autónomas y ciudades. Siempre basándose en las grandes actuaciones de las instituciones y recogiendo los acontecimientos culturales más destacados del año, pero también computando la evolución anual de los presupuestos de la cultura. Con todo ello se envía un cuestionario a un grupo de expertos en la materia. Más de mil profesionales de todos los sectores de la cultura que aportan sus percepciones sobre la realidad de las actuaciones culturales. Siempre midiendo el impacto mediático de éstas. Finalmente, se redacta el diagnóstico. Es, por lo tanto, un instrumento útil para nuestra gobernanza que siempre está muy interesada en que todo lo cultural gestionado por ella tenga su repercusión en los medios. El estudio cubre 20 ciudades, las más pobladas de todas las Comunidades que conforman el Estado español. Vitoria, por lo tanto, entra en el cupo.  Y sólo dos de ese total han quedado por debajo de Gasteiz. Estamos en la cola. Queda claro que las políticas culturales en nuestro territorio estos últimos años han sido nefastas. Enfocadas en "vender ciudad" en vez de en preocuparse por generar cultura. Estamos a la cola, sí. Todas esas gaitas que organizan nuestras instituciones, llámense ferias medievales, del vino o de series televisivas, con la cantinela de “poner la ciudad en el mapa” parece ser que solo tienen repercusión de puertas a dentro.

La cultura, además de pensamiento, genera industria, genera trabajo, espacios de oportunidad. Recordemos que hoy en día aporta más al Producto Interior Bruto de nuestro país que la agricultura o que la pesca: casi un 4%. Pero para eso hay que crear previamente tejido, apoyar a los creadores, mediadores, productores... Porque las industrias y el empleo no surgen de la nada. En cambio aquí se ha apostado por la "festivalitis" mirando hacia la atracción del turismo cultural. Y es absurdo: Vitoria es productiva -o lo era- y tiene capacidad para generar cultura. Para hacer de ésta un sector productivo de primer orden. Vivir del turismo sólo es una opción a abordar por los territorios que no tienen nada mejor que ofrecer.

En fin, una vez más la cultura debería ser pensada por expertos y no por políticos que la usan para sus fines. Mientras tanto, entretenidos están - y entretenidos nos tienen- con la redacción de los Planes Estratégicos de Cultura. Que los acabarán y ejecutarán cuando terminen sus legislaturas. Un barniz para cubrir las evidentes deficiencias de su gestión cultural pública.

20.2.17

GODOT

Este 2017 promete, en nuestro territorio, ser el año de los planes estratégicos de cultura: tanto la Diputación como el Ayuntamiento han comenzado ya a elaborarlos, redactarlos y… a pagarlos. Siguiendo los procesos de rigor, ambos están siendo contrastados con algunos agentes culturales locales. Elegidos a dedo, dicho sea de paso. Y ambos están siendo coordinados por sendas empresas de gestión cultural.

Supone un avance el hecho de que se entienda que nuestra maltrecha cultura necesita de políticas culturales eficaces que la rescaten del agujero en la que se encuentra, esto es: establecer objetivos y elaborar los métodos de actuación para conseguirlos. Pero claro, es de desear que dichos planes se redacten antes de que termine la actual legislatura, no sea que el que venga después, si es de otro color, chafe el plan. También es de rigor que el susodicho se aplique. Que de la teoría lleguemos la práctica. Pues “Obras son amores y no buenas razones”.

Habitualmente los planes estratégicos son genéricos, repletos de buenas y bonitas palabras. Palabras grandilocuentes que son del gusto de nuestros representantes políticos pues con ellas se pueden llenar la boca fácilmente -cual cacahuetes- para soltarlas ante los medios de comunicación.

Nuestra cultura necesita hechos, no planes. Necesita de acciones concretas para salir del bache en el que se encuentra. Necesita concreción: proyectos, programas y acciones que respondan al cómo, cuándo y, sobre todo, al qué: qué recursos se habilitan. Planes elaborados sobre objetivos operativos claramente medibles y evaluables.

Y así vemos con extrema inquietud como ninguna de las propuestas pro-cultura o pro-creación realizada por Mahaia -la Mesa Sectorial de la Cultura en Álava (organismo que reúne a más de trescientos agentes culturales y artísticos de nuestro territorio)- ha sido recogida en los presupuestos para 2017 de nuestra Diputación. Ni por alguno de los grupos que han votado a favor de unos presupuestos que en material de cultura son patentemente deficitarios. Recordemos que Mahaia, ante la situación de grave crisis de desarrollo de nuestro sector cultural, introdujo veinticinco propuestas de enmiendas centradas en recuperar becas, subvenciones y ayudas para el fomento de la cultura. Además de programas destinados al desarrollo del trabajo profesional de los artistas y agentes del ámbito de la cultura para que se ampliaran los actuales, escasamente existentes. Incluso se introdujeron enmiendas para recuperar actuaciones que se realizan en otros Territorios Históricos y que son apoyados por todos los grupos como elementos de desarrollo cultural, social y económico.

La visión estratégica, mola, pero la actuación estratégica mola mucho más. Si las actuaciones no aparecen, será porque que nuestros representantes políticos nos quiere tener entretenidos esperando a ese “Godot estratégico”… mientras la cultura sigue ahí, en la tumba, pero con un niquelado plan estratégico como lápida.

2.1.17

GOYESCAS

A veces es mejor callar. Calla ante una cuestión que no tiene relevancia para no funcionar como altavoz. Pero en el caso que quiero tratar aquí lo relevante no es el hecho en sí. Lo importante, sobre lo que merece la pena reflexionar, es precisamente sobre la reacción ante un hecho inofensivo. Sobre por qué hablan, hablamos, de cuestiones que deberían quedarse en el terreno de lo privado y no pasar a la plaza pública en la que, enseguida, se enjuicia y lapida a las personas por actuaciones que no han ocasionado ningún daño a nadie. La libertad de expresión, obviamente, ampara a cualquier medio, persona, para opinar sobre cualquier cuestión… pero con unos límites. Nuestro derecho a la privacidad, por ejemplo. En ese sentido, la declaración de los derechos humanos señala: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia (…) Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.”

No entiendo por qué los medios de comunicación estos días han estado noticiando que una tienda de segunda mano de nuestra ciudad ha puesto en venta un trofeo de los Premios Goya dando el nombre del propietario de dicho trofeo. ¿Si yo vendo un reloj de oro de mi abuela es legítimo que los medios hagan noticia de ello? Ese trofeo lo podría haber puesto a la venta yo mismo. O un coleccionista. Alguien se lo podría haber comprado a su propietario hace años y, ahora, haberlo puesto en venta. Pero claro, en ese caso no hubiera habido noticia. Noticia es que un director de cine, o un guionista vendan el trofeo de los Goya.

Una persona vende algo de su propiedad en el seno de una sociedad mercantilista y se desata una polémica en la que muchos arremeten contra su dueño. El comercio acaba retirando finalmente dicho trofeo de su escaparate, vista la tormenta desatada en redes sociales, diarios, televisiones y periódicos. Con lo cual se ha ocasionado un perjuicio económico hacia dicha persona. Por no hablar del moral.

Una vez más, en este país, uno recibe honores por el trabajo realizado, por la excelencia de éste, por destacar en algún campo y, al poco, los propios que te suben en un pedestal se encargan de tirarte de él.

De la misma manera que cualquier ciudadano puede vender su colección de libros, su casa, obras de arte, cualquiera también es libre de vender un trofeo. Pues es su dueño. En este país las empresas se lucran con la venta de pisos expropiados, los bancos venden hasta a su madre si es preciso… y algunos se escandalizan porque alguien ha puesto a vender un Goya, como si una figura de bronce fuera intocable, invendible. La hipocresía tiene más esquinas que un saco de leña. 


La estatua de los Premios Goya es un plagio de un busto realizado por el escultor valenciano Mariano Benlliure realizado a principios del siglo XX. La Fundación Mariano Benlliure denunció en su día este hecho. De eso deberían de hablar los medios pues plagiar una obra sí que es delito.

MIEDO AL ARTE

Cada vez es más difícil crear: a los trabajos de los artistas les aplicamos filtros. De entre ellos el que más mina al mundo del arte es el filtro de “lo políticamente correcto”. Y ese tamiz, no sólo proviene de los poderes públicos que ejercen sus consabidas funciones de control, sino que esa labor policial se está extendiendo a la propia ciudadanía. Porque vivimos en una sociedad en la que cualquier ciudadano, colectivo, se siente ofendido por cualquier representación, ficción, opinión.

Puede ser defendible que ciertos filtros se apliquen a campos como el de la política, la comunicación o el de la publicidad. Pero el terreno del arte debe de ser un espacio sin filtros. Porque es el terreno de la representación, de la imaginación. A nadie daña una representación. La obra de Shakespeare, por ejemplo, está repleta de actos cruentos. Hay más de 60 asesinatos en las tragedias de Shakespeare. De todo tipo: por amor, por venganza, por honor, por despecho… Pero es ficción. Y la ficción es como una vacuna que nos protege de la realidad. Pues sólo, reiteramos, la realidad nos puede causar daño. Se acusa a la representación de ser violenta, de ser machista, sexista, homófona… Lo curioso es que cuando uno ve -visiona, lee- una obra de arte, con su lectura la completa. Si uno es de pensamiento –por ejemplo- feminista, verá machismo en casi cualquier obra. Si uno es comunista, verá derechismo en ella. Y así hasta el infinito. Si un novelista tuviera que escribir desde lo “políticamente correcto” para no herir ninguna sensibilidad, no podría redactar ya ni un cuento infantil. Pensemos en “Caperucita roja”, o en “Blancanieves”, por no hablar de los “Tres cerditos”. Cuentos repletos de actos atroces, pero que curiosamente, funcionan como una vacuna para los infantes. ¿Protegemos a los niños de las ficciones crueles? ¿Y qué sucederá cuando en su vida se enfrenten a un horror real? En el mundo de la ficción un zombi puede comernos, ser aplastados por un meteorito… Y sí, puede provocarnos miedo, terror… pero no puede hacernos ningún daño.

Hoy en día se denuncia a alguien por contar un chiste de humor negro. O se censura una exposición por mostrar representaciones obscenas. Los medios de comunicación se hacen eco de esos “escándalos”. Cuando lo realmente escandaloso es lo que sucede en la realidad. La batalla se está desplazando al mundo de la representación. Nos preocupamos más porque un artista realiza una obra provocativa que porque en el mundo real se cometan diariamente todo tipo de atropellos. Parece ser que como no podemos cambiar la realidad queremos cambiar su representación.

Nunca nadie ha muerto por leerse un libro. Nunca nadie ha acabado en la miseria por ver una película. Pero pedimos a los artistas que sean “políticamente correctos” cuando es la política la que tendría que ser correcta.
El problema es que estamos confundiendo la ficción, el arte, con la vida. No diferenciamos ya cuál es cuál.



7.12.16

PLANTÓN

Hace unos días, un grupo de colectivos alaveses dedicados a la cultura se reunía en Artium bajo este lema: “El valor de la cultura y la creatividad como sistemas de transformación". Lo paradójico es que el objetivo general de la propuesta estribaba en la puesta en valor del ecosistema cultural y creativo de Álava por medio del intercambio de experiencias entre las diversas instituciones públicas y los agentes culturales participantes. Y digo “paradójico” porque ese intercambio no pudo darse: las susodichas instituciones no acudieron. Aunque en la convocatoria previa aparecían como colaboradores de la activad y, además, estaban invitados a participar, nadie de la cultura pública acudió al encuentro. No estaban, por lo tanto, quienes tenían que estar… y escuchar. Y así, no acudió ningún miembro de nuestra diputación. Ni de nuestro Ayuntamiento. Ni del  Gobierno Vasco. En ese sentido el encuentro sólo sirvió para que los colectivos se dieran mimos entre ellos. Llueve, por lo tanto, sobre mojado. Y sí: la cita sirvió para patentizar el estado de nuestro ecosistema cultural: en el mar del olvido de nuestras instituciones. Todo lo que no puedan rentabilizar mediáticamente, no les interesa. Todo lo que no les sirva para cazar votos, tampoco.

La pena es lo que nos perdemos como comunidad: un sector que podría generar riqueza económica, además de plusvalía cultural y social, se asfixia bajo el inmovilismo institucional. Obviamente esta circunstancia no es casual. Aunque tampoco se puede delimitar sólo a nuestro territorio, según datos del Gobierno Vasco, Álava es una provincia intensamente deficitaria en agentes, industrias… culturales. A nuestra gobernanza no le preocupa generar cultura. O la que genera es totalmente interesada. Sólo si hay un retorno en votos les motiva. Por lo tanto, no es cultura sino propaganda. Y así directamente apoyan al millonario vitoriano Querejeta, que a través del fútbol y del baloncesto les consigue votantes. Por eso le han ayudado a hacerse rico, obviamente. Él pone el circo para paliar la falta de pan.

Pero nuestros colectivos culturales siguen trabajando.  Y a la cita del “plantón institucional” acudió Carlos Muñoz del proyecto de Mapeo del ecosistema cultural de Laudio. Xabier de SOS Lamuza, también de Laudio, vino para presentar un plan de recuperación de unos edificios en desuso del siglo XIX para usos culturales del pueblo. Plan el que llevan cuatro años trabajando. 
Ekain Jiménez de Mahaia habló de los propósitos de este colectivo que reúne a más 300 agentes culturales de Álava: conseguir reconocimiento social de la cultura, becas y ayudas para agentes culturales y un largo etcétera. 
Natxo Rodriguez presentó ZAS Espazioa, un pequeño centro cultural alternativo del que ya hemos hablado anteriormente en esta sección.
Y Amaia Gabilondo habló de Garaio Sorgingunea, un espacio en Ozaeta que trabaja en pro de la recuperación de artesanías en declive pero que está abierto a propuestas culturales diversas.

21.11.16

MUCHO ZAS

Hace medio año, se abría un pequeño -pero matón- espacio cultural de carácter alternativo, privado, gestionado por un puñado de artistas en mitad de la calle Correría: Zas kultur. Desde entonces, todos los jueves tiene lugar en dicho espacio –coincidiendo con el evento “cultural” más relevante de nuestra ciudad: el pintxo pote- una actividad abierta al público. Siempre de carácter gratuito. Exposiciones, visitas guiadas, proyecciones, talleres, charlas, conciertos de música… Actividades siempre relacionadas con el arte y la cultura de viso contemporáneo pero cubriendo esos huecos que dejan nuestras instituciones en ese ámbito. No todos, porque son tantos que haría falta que se abrieran decenas de espacios para tapar los agujeros del colador cultural que es Gasteiz. En el caso de Zas, su idea es enfocarse en la promoción y difusión del arte y de la creación emergente o marginal que no tiene cabida en los canales institucionales e incluso privados de nuestro territorio.
En esa misma línea la “gente Zas” presentaba la semana pasada dos nuevos dispositivos. Por una parte una oficina de atención a los agentes culturales y artísticos locales: “Zas irekia”. Algo tan sencillo como dedicarle un tiempo lugar y un tiempo al encuentro amigable con artistas y creadores: una persona del colectivo ZAS es la encargada de atender a toda persona que quiera comunicar o exponer sus propuestas artísticas, a la búsqueda de colaboradores, audiencia, financiación, recursos. El servicio ZAS Irekia se ofrece a todo ciudadano en proceso de formación o ya formada que necesite nutrirse con el intercambio de conocimientos y de experiencias propiciadas, facilitadas, por el colectivo ZAS. La propuesta tiene una filosofía de relación horizontal, amistosa, próxima, y se desarrolla con el fin de que el cambalache de ideas, información y experiencias se dé de una manera fluida, natural, exenta de barreras y protocolos. Pues el colectivo ZAS está formado por artistas, licenciados y doctores en Bellas Artes. Todos ellos profesionales pertenecientes al ámbito de la mediación y la creación visual. El compromiso del colectivo es que todos los miembros del equipo ZAS participen en las dinámicas de este dispositivo de manera rotativa, plegándose a las necesidades de las personas que quieran utilizar esta nueva herramienta. El nuevo espacio está siendo difundido, promocionado, por diversas vías y en diversos foros.

La segunda propuesta presentada tiene forma de convocatoria. De nombre, “buzón de proyectos disparatados”. Un dispositivo de apoyo a la producción no sujeto a convocatorias con fecha de caducidad que alienta la audacia creativa: propuestas que aparentemente pueden tomarse como disparatadas, pero que encierran un gesto radical. Mediante esta categoría Zas quiere dar oportunidad a este tipo de trabajos, con la convicción de no plegarse a lo fácil o factible.

En definitiva: Zas ha llegado para quedarse en insuflar un soplo de aire fresco a la cultura gasteiztarra. 

10.11.16

CIEGOS MORALES

En 1973 el dictador Francisco Masías prohibía el uso en Guinea Ecuatorial -el país que el tirano presidente dirigió durante una década- de la palabra “intelectual”. Masías no sólo acabó con los pensadores guineanos, con la gente de la cultura, sino que exterminó hasta el propio vocablo empleado para nombrarles. Se trataba de un derribo total de la figura del intelectual a través del propio lenguaje, pues lo que no tiene nombre no  existe. No deja de ser este hecho una caricatura extrapolable a nuestro contexto actual pues ejemplifica la degradación que hoy en día ha sufrido en nuestra sociedad el otrora importante papel del intelectual. Actualmente desde los gobiernos democráticos no se crean climas favorables para que los pensadores emerjan. Prefieren a una ciudadanía a la deriva, sin piloto. Y ésta cree también que los intelectuales no son necesarios pues se cree informada, con buen juicio: piensa que puede acceder a todo el conocimiento a través de Google. Caminamos sin rumbo. Guiados de la mano, más bien arrastrados, por el consumismo acérrimo y la banalización cultural.

De todo esto hablan los intelectuales Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis en un libro que desde hace un año está disponible en nuestras librerías: “Ceguera moral. La pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida”. Una clarificadora obra que nos puede servir para comprender las problemáticas en las que naufragamos, y, también, para entendernos a nosotros mismos. Porque, y ahí radica la importancia de la cultura y de la personas que la generan, solo a través de la reflexión y del pensamiento lúcido podremos propiciar las necesarias mejoras sociales y económicas que nuestras sociedades necesitan.

Al leer “Ceguera moral” uno piensa que sus autores se han dado una vuelta antes de parirlo por España pues nos dicen que nuestra ética se ha debilitado tanto que ya ni la echamos de menos ni la vemos. No existe. Somos ciegos morales. Contemplamos despreocupadamente la corrupción sin mover un dedo para impedirla volviendo a elegir a los mismos corruptos que nos roban nuestro presente y futuro. ¿Cómo hemos llegado a esto? Bauman y Donsky achacan la causa de nuestra ceguera al bombardeo diario que sufrimos de información y estímulos: nuestra sensibilidad acaba embotada. Y al final terminamos acostumbrándonos a ver el malestar  de nuestros prójimos sin que nuestra conciencia se remueva. El mal actual ya no es el mismo que el de anteriores décadas. Ha mutado: el mal ahora radica en nuestra inacción, nuestro inmovilismo, en la falta de reacción ante las grandes problemáticas sociales. La trivialidad, la banalidad, son el caldo de cultivo de dicho mal. Y la cultura, la vacuna.


+Los intelectuales poco pueden hacer ante este panorama. A no ser que se conviertan en celebridades públicas. Pues en esta sociedad en la que prima la información sensacionalista solo las estrellas mediáticas tienen voz y son escuchadas. Pero, claro, éstas no tienen madera de intelectual…

3.11.16

SIRENA

Vivimos pisando suelo. Los humanos podríamos haber evolucionado como especie área, cual aves. O acuática, como los peces. Pero nos ha tocado –no sabemos muy bien por qué- arrastrarnos por tierra. Sí que es verdad que, revelándonos contra la naturaleza, contra nuestra propia naturaleza, hemos ideado artefactos que nos permiten remontar el vuelo emulando a gorriones y gaviotas o introducirnos en los océanos como delfines -o quizá tiburones-, pero, hasta el momento, pensar en que nuestros cuerpos puedan funcionar en el medio acuático o aéreo es algo que queda circunscrito a otro medio: al abstracto de nuestra imaginación, pues el “simio marino” o “acuático” pertenece al mundo de los sueños.
Estos días podemos visitar en el espacio expositivo Zuloa la exposición de Anabel Quincoces titulada Sirenaren osoa-Onacel -El bosque de la sirena. Una instalación conformada por pinturas, proyecciones, obras tridimensionales… que se entretejen y conjugan en base a un relato que parece extraído de la mitología griega: “la enigmática sirena Onacel nos muestra su exilio en bosque y nos descubre que mar y tierra se confunden rebosando vida, misterio, oscuridad y luz. Onacel ha descubierto en este ambivalente lugar que su canto de sirena es un canto de silencios. Su intención no es otra que la de atrapar la mirada del observador para trasmitirle el murmullo de la belleza de lo invisible, la alegría de transitar por un espacio al que no se pertenece del todo”, según nos cuenta su autora.
El universo acuático ha sido una constante en la trayectoria de Anabel Quincoces. Recordemos, por ejemplo, su instalación permanentemente Water Flames (Flowing)  -una obra conformada por 300 piezas de vidrio soplado- que está situada en el techo de la Antesala del Museo ARTIUM de Álava y que fue realizada en 2007. Una pieza que nos remite a un universo en estado líquido presente también en otra pieza de la colección de nuestro museo: una fotografía pergeñada en 1991 en la que la propia autora, representando un remedo de sirena, aparece sumergida en oníricas aguas.

Recordemos que la primera mención que se conoce de las sirenas es en La Odisea, cuando Odiseo (Ulises) se enfrenta a su canto en la mar. Según la mitología, las sirenas, con su voz, eran capaces de encantar a los marinos con el propósito de abducirlos. Como Ulises tenía la irresistible curiosidad de escuchar su arrullo, ordenó a sus hombres que se taparan los oídos con cera y él se hizo atar al mástil. Es así como pudo disfrutar del “arte musical” de las sirenas sin sufrir sus duras consecuencias. Dicen los estudiosos que el  canto de las sirenas simbolizaría nuestras pulsiones desenfrenadas, la fascinación ante un objeto ideal pero que sabemos fatídico. En el caso que nos ocupa, el de la muestra “El bosque de la sirena”, hablamos de un paradójico, contradictorio, “canto de sirenas mudo”, pues Anabel opta por representar el arrullo sirénido de manera visual. Merece la pena “sumergirse” en esta muestra. 

4.10.16

TÉMPORAS CULTURALES

Septiembre marca también el inicio del curso de las agendas culturales. Quizá, como las famosas témporas, este noveno mes esté anunciando cómo será el clima cultural de aquí al curso que viene. Deseamos que no. Porque hemos vivido tres iniciativas pretendidamente culturales que esperemos no marquen nuestro futuro cultural.

Por una parte, acogimos una nueva edición del FesTVal. Un evento mediático pensado para que Vitoria “salga en la tele” y, por otra parte, para que los vitorianos puedan apretar la mano –incluso quizá recibir un beso- de los famosos de la “caja tonta”. También otro año más su director pedía más presupuesto para la edición de 2017. No pedía más dinero para la cultura de la ciudad, no. Eso se la trae al pairo. Sólo pedía más “money” para su “festi”. El consabido “¿Y qué hay de lo mío?”. La solidaridad no debe ser un valor a contagiar trasmitido por los “protas” de las teleseries cuando uno se codea con ellos. Resumiendo: 260.000 euros de dinero público finiquitados en seis días. Tirando, además, de voluntarios laborales. A los que pagarán con autógrafos, digo yo. Pero, necesitan un incremento de dinero público para hacer algo, como decía su director “más potente”. En esta ciudad hay espacios culturales cuyo presupuesto anual no llega ni a la quinta parte de lo que recibe este festival. Pero, bueno, no salen tanto en la tele. Que los cierren.

Después, vivimos la entrega del Celedón de Oro. Que curiosamente el año pasado recayó en el director del FesTVal. Un premio que se otorga desde 1962. Así que está blindado a toda crítica. Pero, ¡ojo al dato!: sólo tres mujeres han recibido este reconocimiento y en sus 53 ediciones ninguna de ellas ha sido reconocida de forma exclusiva. Suena un poco como… ¿retrógrado? Hasta aquí puedo leer pues un menda no quiere ser exiliado fuera de las murallas de esta ciudad. Es más: creo que las personas que integran la insigne institución van a quitarse a lo largo de este año esas gafas que les impiden ver a las mujeres que les rodean. O, de no ser así, vaticino que el Ayuntamiento va a dejar de subvencionarles.

Y finalmente, ya que hablamos de murallas, hace unos días el Casco Viejo se convirtió en de nuevo en un parque temático inspirado en nuestro pasado medieval. Eso sí, un pasado en el que moros, cristianos y judíos se llevan todos bien porque tienen a no sé cuántas miles de personas que van comprar decenas de productos que para nada tienen ingredientes medievales. Es el triunfo de la sociedad de consumo. Nos encanta comprar. Menos mal que este año, al menos, han prohibido que se exhiban aves rapaces que son especies protegidas. Gracias a que varias asociaciones animalistas denunciaran el pasado año semejante aberración. Hace doce meses yo mismo sentenciaba en este -también mismo- espacio lo siguiente: “Convertir la calle en un supermercado en el que los vendedores están disfrazados y además nos entretienen es un éxito seguro.”

14.9.16

ZAS

El pasado mes de junio abría sus puertas un nuevo espacio en Gasteiz: Zas Espazioa. Nuevo y excepcional, pues en nuestra ciudad no hay otro lugar con similar ADN: se trata de un local autogestionado por agentes culturales de nuestro territorio y que está dedicado a las artes visuales. En principio sus artífices se han planteado el reto de realizar cuarenta actividades a lo largo de un año: exposiciones, talleres, charlas, encuentros, congresos, proyecciones… Todas ellas de cuño artístico y en clave contemporánea.

Zas es un proyecto, según cuentan sus promotores, destinado a situarse dentro del mapa cultural del País Vasco como un espacio de desarrollo local con identidad propia. Una pequeña estructura que persigue revitalizar los tejidos cultuales locales manteniendo una relación de ida y vuelta con los espacios museísticos e institucionales cercanos, creando sinergias y líneas de conexión en las que lo común y lo colectivo aparecen como puntos cardinales.

Con Zas se abre, por lo tanto, una vía que la crisis económica parecía haber taponado. Pues estos últimos años hemos visto como el  cierre de espacios de producción y exposición en la ciudad ha ido en detrimento de “lo diverso” y de “lo pequeño”, derivando la responsabilidad de la gestión a los grandes centros y creando así dependencias directas con las infraestructuras públicas. En ese sentido Zas busca ser un proyecto de largo recorrido entre cuyos objetivos está el de asumir una mayor responsabilidad con la creación emergente y local, fortaleciendo los mimbres del futuro cultural de la ciudad y presentándose como un centro plural cuya pretensión principal es la de contribuir al desarrollo de Gasteiz en su ámbito artístico.

Su ubicación en el Casco Viejo de nuestra ciudad, en la calle Correría, conecta directamente con iniciativas culturales próximas (Baratza, Mostrenko), así como con los principales espacios museísticos de la ciudad (Montehermoso, ARTIUM). Los antecedentes en gestión cultural del equipo coordinador dotan a este proyecto del bagaje suficiente como para interpretar el latido cultural de la ciudad.


Su primera actividad desplegada como pistoletazo de salida fue “Gabinete Zas 01”. Iniciativa que funcionó como una declaración de intenciones: se trataba de una exposición exprés conformada por ochenta y seis pinturas, fotografías, dibujos… de otros tantos artistas relacionados con nuestro territorio. El título de dicha muestra, Gabinete Zas 01, recuperaba el universo de los gabinetes de objetos curiosos tan en boga en los siglos XV y XVI. Los antecesores directos de lo que hoy llamamos museos pues en aquellos gabinetes se albergaban los frutos de aquellas épocas de grandes descubrimientos y exploraciones: fósiles, plantas, animales disecados, objetos… y arte. Como en aquellos gabinetes, en el de Zas el objetivo de clasificar o de filtrar por categorías es inexistente. Para eso llegaron los museos: para imponer orden. Esperemos ver pronto el Gabinete Zas 02 pues es ésta una iniciativa que nos sirve para tomar el pulso al arte que se realiza hoy en nuestro territorio.  

6.6.16

GLORIOSO

El fútbol es el opio de muchos. Pero no del conjunto de la sociedad. Como dice el tópico “para gustos están los colores”. O, más bien y en este caso, digamos que “para sentimientos están los colores”. Pero es interesante escuchar a la disidencia y no sólo los vítores de los hinchas. Pues detrás de sus gustos, están sus argumentos. Ahí van.

El fútbol, entendido como espectáculo de masas, se sustenta en la competitividad y en el arraigo territorial. Y en el afán de lucro: veinticuatro millonarias personas pateando un balón mientras las masas enfebrecidas les aplauden o gritan. Es el circo romano. Vencedores y vencidos. Lenguaje victoria/derrota. 

Ni en el deporte ni en ninguna otra esfera social, la competitividad aporta valores positivos. El fútbol representa muchos de los rasgos que están presentes en nuestra sociedad. Por eso éste cala de manera tan profunda en ella: culto al territorio propio, al capital, a la fama, al triunfo… No son, desde luego, valores sobre los que se pueda construir una sociedad más justa.

Apena ver a miles de personas asaltando las calles para homenajear a los futbolistas. Muchas personas se ven –o más bien: quieren verse- reflejadas en ellos. “Que su triunfo sea nuestro triunfo”, piensan aquellas. ¿Por qué esas miles de almas no asaltan las calles para reclamar mejoras sociales?, piensan –pensamos- los discrepantes.
Los amantes del fútbol podrán decir que, bueno, ellos disfrutan con el “deporte rey”. Y punto. Se emocionan viendo un partido en el que su equipo juega. Pero es curioso que cuando éste pierde, las ofrendas brillan por su ausencia. Las masas no quieren a los perdedores. Nadie quiere a los perdedores. Y no debería de ser así. Esta sociedad debería estar al lado de los perdedores. Un futbolista, un dios llamado Messi, defrauda cuatro millones de euros a Hacienda y sus fans, los hinchas, salen a la calle para apoyarle. Estos nuevos dioses pueden hacer lo que quieran. Ese es el mensaje que nos transmiten.  

Pero debemos alegrarnos –sentimientos aparte- de que el Deportivo Alavés suba a primera división. ¿Por qué? Porque la empresa que gestiona El Grupo Baskonia -en donde están incluidos el equipo de baloncesto Laboral Kutxa y el Glorioso- recibirá 40 millones de euros de las televisiones ahora que su equipo ha ascendido de rango. Eso significa que ya no necesitarán que nuestras instituciones públicas les den esas ayudas nominales –ayudas a dedo, traduciendo y que, por cierto, en Europa no son bien vistas- que han supuesto para nuestras arcas 12,8 millones de euros en un lustro. Ahora, ese dinero podrá destinarse a sufragar al deporte de base. A todos esos equipos de las múltiples modalidades deportivas existentes. Para apoyar también a los equipos femeninos, al deporte paralímpico… Para que esos deportistas que tienen que costearse de su bolsillo hasta las camisetas que sudan reciban el apoyo que se merecen. Personas que sí nos transmiten valores positivos. Para eso es el dinero público.

30.5.16

MUNDO PEOR

Estos días se está desarrollando una serie de actividades en el barrio de Errekaleor. Si es que a estas alturas podemos tildarlo de “barrio”. 
Hagamos memoria: Errekaleor se crea con el fin de alojar a parte de los trabajadores que llegan a Gasteiz en los años sesenta. Por entonces nuestra ciudad tenía una urgente necesidad de mano de obra pues muchas empresas se habían establecido aquí. En aquella época, en sólo una década, Vitoria duplica su peso humano: de setenta mil almas pasa a contar con ciento cuarenta mil. Para acomodar a las nuevos vecinos se tuvieron que crear con premura barrios como Errekaleor. El Obispado de Vitoria se encarga del diseño de esta barriada bautizándola como Mundo mejor. Acogió a 190 familias, contando con un centro social, escuela, iglesia y centro cívico.  
Pero en plena orgía urbanística -año 2002- nuestro Consistorio -con un Alfonso Alonso al frente- resuelve desmantelar el barrio entero. Su idea era prolongar Salburua hacia el sur. Con esa idea pone en marcha un Plan Renove, canjeando viviendas a los residentes de la zona. Durante este proceso se fueron cerrando paulatinamente los servicios del barrio: la iglesia, la parada de autobús, el frontón, cine… Con la idea de “motivar” a los vecinos para que abandonaran su barrio. Muchos de ellos, contrarios al realojo, crearon la Plataforma de Afectados de Errekaleor. La cuestión es que numerosos “errekalienses” de toda la vida, gente mayor la mayoría, veían como eran traslados a diferentes barrios de la ciudad, separándolos entre sí.  No dejaba de ser una comunidad –una gran familia- que, de repente, era dispersada. Errekaleor era como un bonito dibujo que la institución quería borrar. Como si nunca hubiese existido.
Pero en ese proceso, la burbuja inmobiliaria pincha y el Ayuntamiento abandona su plan de derribo. Un servidor en 2010, antes de que esto suceda, pone en marcha una serie de actividades para llamar la atención sobre lo que ahí está sucediendo: entre otras actuaciones, organizo una excursión al barrio y, al poco, una carrera popular que arranca en las puertas del Museo Artium y que, obviamente, termina en la entrada de Mundo mejor. Un cross que tiene su meta dibujada en un espacio que va a desaparecer. Pero estos actos simbólicos, obviamente, no sirven de nada. Sólo, quizá, como acto catársico para algunos vecinos que participan en la carrera y que rompen a llorar al atravesar esa línea de meta sin ningún futuro.

La historia no acaba ahí. En 2013 un grupo de estudiantes se interesan por el abandonado barrio. Y así acuerdan con los cuatro supervivientes de la vecindad la cesión de un portal e impulsan -bajo el nombre Errekaleor Bizirik- un proyecto integral de autogestión para darle nueva vida al barrio: reabren el cine, habilitan el Frontón, reforman como pueden algunas viviendas, plantan una huerta y ponen en marcha una programación cultural pensada para la ciudadanía. Hay que visitar el barrio, por lo tanto. Colaborar así en insuflarle vida. 

15.5.16

VIDA NUEVA

Hace diez primaveras fallecía el pintor afincado en Gasteiz Xabin Egaña. Estos días podemos visitar su última exposición: Gautxoriak. Una póstuma muestra, por lo tanto. En Zuloa. También hace diez años escribía aquí mismo sobre Xabin. Textualmente:

« “1958, una año excelente para el vino, pero desastroso para mi madre que tuvo que aguantarme desde entonces.
Como suele decirse, ‘pintor de vocación temprana’ mis estudios comenzaron siendo un tierno infante en la academia que tenía Sistiaga en Donosti. Mi dulce infancia trascurrió entre la Bella Easo y el bucólico paraje de Oñati. Más tarde, el devenir de la vida me llevó por lugares como Barcelona, Bilbo, Alemania, N.Y., Noruega, otra vez Oñate y por fin, Gasteiz, en la que actualmente resido. Licenciado en BBAA, Bilbo, 1986. Litografía, aguafuerte, escenografía, electrografía, y los cursos de doctorado en Filosofía de los Valores y Antropología Social (UPV)
También el mundo es una academia. Me gusta viajar. Viajar solo, a pié, y ligero de equipaje. Durante una de las travesías más largas (3 meses; Beinza, Vercors, Jara, Juagfraugebiete) realicé los originales (sobre papel de poliéster y lapiceros litográficos) que sirvieron para la edición del libro OINEZ publicado en la noche de San Juan de 1998.
Siempre me ha interesado lo colectivo e interdisciplinar, así he colaborado en escenografías y diseños para grupos de música y teatro.
Algunas de las experiencias colectivas más interesantes fueron: Ateneo Libertario de Poble Sec, Barcelona 1979; las exposiciones con Bellos Grupos de Arte en la geografía vasca; II Amabostaldia, Mondragón, 1992; ABC No Rio Nueva York, USA, 1992; Arte y Viaje Koldo Mitxelena/Arteleku, Donosti ,1998; Galería Abad Aguirre, 1999; y por supuesto Vida Nueva, Gasteiz, 2000.
Exposiciones individuales (ardua labor): 1984, G. Colchonería, Donosti; 1989, G. Mondragón, Artenativa, Bilbo; 1991, G. La pereza, Irún; 1992, Museo de San Telmo, Donosti; 1997, G. Cleopatria, Bilbo; 1998, G. 7, Zarauz; 1999, Palacio Lazarraga, Zalduendo.
Obra pública en: Diputación de Guipúzcoa; Museo Sanz Enea, Zarauz, Caja de Ahorros Provincial de Guipuzkoa, Ayto. de Mondragón y Museo de Bellas Artes de Álava.
Cuatro años de trabajo en la enseñanza ampliaron mi defecto de charlatán y con satisfacción observo el sufrir abnegado de los oyentes, en audiovisuales, conferencias y coloquios.”
“Este sábado 20 de mayo he fallecido plácidamente”, añadiría yo a su currículo. Al currículo que él mismo escribió para el catálogo Vida nueva (Sala Amárica. Gasteiz, 2000) y que he transcrito líneas arriba.
Me hubiera gustado leer algo en la prensa local sobre Xabin. También hubiera gustado que algún miembro de alguna institución pública hubiera dicho algo sobre él. Pero, claro, Xabin no era un futbolista, ni un jugador de baloncesto… Sólo era un artista, un artista local, un buen artista, que dedicó su vida al arte. Yo nunca le conocí otro oficio.
Tus amigos y compañeros te recordamos…»
Y te seguimos recordando, Xabin.

                                                                                                                   

7.5.16

MULTITUDES

Uno puede viajar a otra ciudad, conseguir un estupendo plano en una oficina de turismo y visitar todos los espacios que nos ofrecen de cierto interés cultural, gastronómico, social, comercial… Pero también uno puede perderse entre sus calles. Sin usar coche, autobús metro… Puede callejear usando los pies, desgastando la suela de sus zapatos, errante entre la multitud. Conversar, quizá, con alguien en el banco de un parque. Disfrutando así del anonimato. Como dijo el poeta: “Las ciudades son libros que se leen con los pies”.

Aunque también es posible hacer lo propio en nuestra ciudad: poner un pie delante de otro y fijarnos en todo lo que nos rodea con curiosidad. No se trata de pasear como por el campo, sino de hacerlo fijándonos en esa gran obra de arte producto del hombre que es la ciudad, pues el acto de callejear sólo es posible en la urbe. Baudelaire, el gran poeta francés, acuñó un término para referirse a esa persona que vaga sin rumbo, dejándose llevar, como si de un vagabundo se tratara: el “flaneur”. 

Un flaneur es un solitario paseante que encuentra en las calles su inspiración, que recorre la ciudad pero sin verla como un lugar de consumo. No necesita entrar en una tienda, una cafetería… Le basta con disfrutar de su arte de ver, de contemplar. No es un consumidor, sino un observador. Se escapa de las garras del marketing. En ese sentido, la figura de flaneur no deja de tener un carácter subversivo pues disfruta de lo que le ofrece una urbe pero sin gastar dinero en ella. El paseante urbano no deja de ser como el visitante de un museo. Pero sin pagar entrada. Sin dejarse dirigir, pues el flaneur va a la deriva por la ciudad.

Baudelair escribía: “No todo el mundo tiene el don de bañarse en la multitud.Gozar de la muchedumbre es un arte y sólo puede entregarse a esa orgía de vitalidad, a costa del género humano, aquél a quien un hada infundió en la cuna, el gusto por el disfraz y la máscara, el odio al hogar y la pasión por los viajes”.
El escritor francés Guy Debord dio otra vuelta de tuerca al hecho de errar por el paisaje urbano, por caminar a la deriva como un barco sin rumbo por el mar. Y en 1958 escribió “Teoría de la deriva”, que no deja de ser un manual reflexionado dirigido al paseante urbano. Incluso Debord plantea una deriva grupal: “Se puede derivar en solitario, pero todo indica que el reparto numérico más fructífero consiste en varios grupos pequeños de dos o tres personas que compartan un mismo estado de conciencia. El análisis conjunto de las impresiones de los distintos grupos permitirá llegar a conclusiones objetivas. Es preferible que la composición de estos grupos cambie de una deriva a otra. Con más de cuatro o cinco participantes, el carácter propio de la deriva decae rápidamente, y en todo caso es imposible superar la decena sin que la deriva se fragmente en varias derivas simultáneas”.


En definitiva, amigos lectores, den lustre a sus zapatos y salgan a la deriva por su ciudad. 

18.4.16

PROMOVER

Acercar el arte y la cultura a la ciudadanía debería ser el principal objetivo de todos los que nos dedicamos a hablar, escribir, sobre arte y cultura. Y el de los que se dedican a producir, mediar, exponer, comisariar, actuar, filmar… idem. Pues uno de los grandes problemas de nuestro país estriba en la existencia de un gran alejamiento, una gran distancia, entre los ámbitos contemporáneos del pensamiento y de la creación, por una parte, y la propia ciudadanía, por otra. Es decir: ésta última no llega a entender la producción artística y cultural. Y la primera no pone en marcha instrumentos para acercarse a la segunda. Es probable que una de las razones de la presencia recurrente de la sombra de esta dicotomía la encontremos en el incierto y nebuloso espacio que ocupa el arte contemporáneo en el imaginario colectivo de una ciudadanía que lo mira con cierta reticencia desde el exterior, desde el “otro lado”. También hay que señalar que ésta no es una realidad específica de nuestro entorno, pero sí que adquiere aspectos muy propios cuando la cotejamos con las realidades de algunos países vecinos.

La visión popular nuestra, a pie de calle, tiende casi siempre a captar el arte contemporáneo, la cultura actual, como entes elitistas, snobs. Y la verdad es que resulta difícil encontrar otro territorio extra nacional dónde la palabra “artista” pueda utilizarse de manera tan peyorativa como aquí. Y así “artista”, hablando en plata, es para muchos todo aquel que vive del cuento. No es de extrañar, por lo tanto, que los ciudadanos no reaccionen de manera alguna cuando desde la gobernanza se practiquen recortes en materia de cultura o las políticas culturales simplemente no existan.


La realidad del mundo de la cultura y del arte por estos lares cambiará, mejorará, cuando la ciudadanía reclame a nuestros responsables políticos reformas en esas esferas. Y para que eso se dé, todos los que se dedican al arte y a la creación tendrán que asumir que su trabajo se dirige no sólo a los cuatro entendidos de turno, sino a toda la sociedad. Y tendrán, asimismo, que aceptar que para ello previamente se tiene que hacer una labor conjunta, juntarse, unirse, para trabajar las bases, que son el público: el pequeño coleccionista de arte, el comprador de libros, las parejas, los amigos, que acuden al teatro, al cine… Para explicar a la ciudadanía que la mayoría de los artistas, no viven del cuento, sino que trabajan intensamente a diario en unas condiciones laborales, económicas, para nada favorables. Los datos son los datos. Ahí están. Pero muchas veces no se convence a nadie con ellos. Se convence con simpatía, con cercanía, no con razones ni argumentos. Siendo divulgativo y no críptico. Haciendo un esfuerzo por descender del púlpito cultural. En ese sentido los directores, equipo humanos, de los diversos equipamientos institucionales relacionados con el arte y con la cultura deberían hacer el esfuerzo de propiciar ese encuentro entre la ciudadanía y estos ámbitos.

2.4.16

HETEROTOPÍAS

Foucault fue, además de un notable filósofo francés, uno de los grandes ideólogos de la revuelta estudiantil de mayo del 68 en París. A partir de esa ola revolucionaria, el mundo comenzó a cambiar atropelladamente: crisis económicas, conflictos políticos y sociales, mutaciones de los espacios urbanos, primacía de las telecomunicaciones…. Resumiéndolo mucho y para que nos entendamos: dejamos muy atrás los espacios de vida medievales –lugares vacíos dónde se situaban los individuos y las cosas- y nos sumergimos en el seno de un complejo entramado de relaciones. El mundo, en definitiva, hacía tiempo ya que había dejado de ser lineal y plano. Lo real dejó paso a lo subjetivo. Foucault, entonces, se inventó un nuevo término para nombrar a ese enmarañado nuevo universo: Heterotopía. Es decir, un lugar hetero: diverso, múltiple, mezclado, en red… heterogéneo.
Dentro de esa gran “casa heterotópica” en la actualmente los humanos residimos hay habitaciones dónde todo esto se da de una manera más intensa, más clara. Foucault explicaba: “los museos, las bibliotecas; museos y bibliotecas son heterotopías en las que el tiempo no cesa de amontonarse y posarse hasta su misma cima, cuando hasta el siglo XVI, hasta finales del siglo XVII incluso, los museos y las bibliotecas constituían la expresión de una elección particular. Por el contrario, la idea de acumularlo todo, la idea de formar una especie de archivo, el propósito de encerrar en un lugar todos los tiempos, todas las épocas, todas las formas, todos los gustos, la idea de habilitar un lugar con todos los tiempos que está él mismo fuera de tiempo, y libre de su daga, el proyecto de organizar de este modo una especie de acumulación perpetua e indefinida del tiempo en un lugar inmóvil es propio de nuestra modernidad. El museo y la biblioteca son heterotopías propias de la cultura occidental del siglo XIX.” El arte y la cultura son universos heterotópicos. Porque son espacios ficticios y heterogéneos que sirven para hablar del confuso mundo real utilizando su mismo lenguaje.

Estos días, por ejemplo, hemos visto como desde el arte se está abordando el cuadragésimo aniversario de la masacre de Zaramaga: una serie de artistas han realizado en este barrio un proyecto para sumergir a la ciudadanía en uno de los episodios más terribles de la historia de nuestra ciudad. Es este un viaje heterotópico que ahonda en la memoria de los muertos a través de intervenciones artísticas. Un viaje en el tiempo a esos lugares donde se fraguaron los sucesos del 3 de marzo: la fábrica, el mercadillo, la taberna y la iglesia. Los que quieran subirse a esta máquina del tiempo disponen de unos audífonos y un plano para orientarse por el recorrido acompañados de un guía. En los sitios señalados – en los que se ubican sendas intervenciones artísticas- se activan los audífonos, escuchándose así podrá un relato sobre los terribles sucesos. Todo el que quiera, puede apuntarse desde hace días a este espacio heterotópico en gasteizm3m.blogspot.com.es.

16.3.16

BAMBALINAS

Imaginemos por un momento poder estar presentes mientras Velázquez pinta en su taller la gran obra maestra que es Las meninas. O ver a Picasso mientras da forma a Guernica. O imaginemos estar delante de un Leonardo rematando la sonrisa de Mona Lisa. Obviamente estamos fantaseando, pues ninguna agencia de viajes nos ofrece la posibilidad de realizar un tour hacia el pasado. Aunque todo llegará pues ahí hay un gran nicho de mercado para el sector turístico tan en boga hoy en día. Pero no nos desviemos por la atrayente senda de la ciencia ficción y volvamos al presente: actualmente -en contadas ocasiones, eso sí- se nos ofrece la oportunidad de observar el arte gestándose entre bambalinas; de poder no sólo observar, sino también interactuar con los artistas visuales cuando éstos se hallan inmersos en el intenso proceso de trabajo de la creación de su obra. Podemos conversar con ellos mientras piensan, abocetan, realizan sus creaciones. Esto, sin duda, nos hace más participes del hecho artístico. Conocer la cocina, lo que se gesta en los fogones del arte, nos hace apreciarlo más. Éste es uno de los objetivos de un programa de Artium, Praxis: conseguir que los artistas y los públicos se entrecrucen en un espacio y un tiempo determinado para compartir experiencias. Porque, no lo olvidemos, también el artista se enriquece a través del contacto con la ciudadanía.
Y así, estos días, podemos acercarnos a nuestro museo para conocer el último trabajo de la poliédrica artista Nerea Lekuona. En Praxis, esta creadora gasteiztarra ha trasladado su taller a la sala Norte del museo Artium. Ahí podemos toparnos con Lekuona rodeada de cuadernos, pizarras, rotuladores… y mensajes. Pues con estos modestos materiales –que son los utilizados en bares y comercios para anunciar sus productos, descuentos, promociones o incluso el menú del día- Nerea compone una serie de enunciados. La mayoría de corte reivindicativo, incitándonos a  reflexionar sobre la situación actual de los creadores, de cómo se encuentran laboralmente éstos en los duros momentos que están viviendo. Momentos de culturidio generalizado en nuestro país e, ídem y en superlativo, en Vitoria-Gasteiz. Y así podemos, por ejemplo, leer en una de las pizarras: “Un encargo, por favor, tengo un celebro que alimentar y un estudio que mantener”. Nerea utiliza para componer estas consignas una cuidadosa estética preciosista, evocando el gusto por lo manual, por lo hecho a mano. Muy en consonancia, por lo tanto, con esas reclamaciones que van dirigidas a sensibilizar al visitante sobre un  hecho: que el artista no deja de ser un trabajador más que usa sus manos y su cabeza para llegar a final de mes.

Los visitantes que acudan a este Praxis pueden apuntar también sus propias manifiestas en unos encerados situados en el recinto. Algunas de éstas las irá plasmando Lekuona sobre pizarras con el objetivo de salir después con ellas a la calle  deambulando por la ciudad metida en el papel de mujer-anuncio.

6.3.16

PIGS

Hace unos días se inaugura en Artium una substanciosa exposición orquestada por la comisaria Blanca de la Torre. Y sustanciosa es porque se trata de una muestra rebosante de arte comprometido. Comprometido socialmente. De arte crítico que buscar promover en nosotros la toma de conciencia sobre ciertas problemáticas económicas, sociales y culturales de las que hablaremos líneas abajo. De un arte “para hacer pensar” que podría encuadrase dentro del sello “arte político”. Que no tiene nada que ver -no nos confundamos- con la etiqueta “arte propagandístico”, pues éste intenta adoctrinarnos de una manera paternalista mientras aquél quiere generar en nosotros una honda reflexión sobre la realidad en la que vivimos, lanzándonos sugestivas preguntas, sin aportarnos manidas respuestas a éstas y siempre con la humilde premisa de que el arte, por mucho ADN crítico que lleve, no va a cambiar ya el mundo. Aunque, también, asumiendo una realidad: que se pueden propiciar pequeños cambios, mutaciones, en los entornos cercanos en los que éste se despliega. La gran maquinaria seguirá funcionando, sí, pero los ecos emitidos por un arte con carga crítica –un arte que se aleja muchas veces de lo amable- podrán ser escuchados por todo ciudadano atento que busque cierto compromiso social en el arte como fundamental ingrediente de éste.

Pero centrémonos en la exposición. Hablemos de ella. En primer lugar, ¿qué significa PIGS? Se trata de un acrónimo que se utilizó popularmente en los años noventa del siglo pasado para referirse de una manera un tanto despectiva, todo hay que decirlo, a los países del sur de Europa que forman parte de la zona euro. Estos países son: Portugal, Italia, Grecia y España (Spain, de ahí la “s” final de “PIGS”). En 2008, con la crisis económica volando sobre nuestras cabezas, se volvió a recuperar este término para designar ya a estos países que habían contraído una deuda pública mucho más extensa y profunda que la de otros estados de la eurozona.
Blanca de la Torre ha congregado a más de una veintena de artistas “PIGS” –procedentes, por lo tanto, de Portugal, Italia, Grecia y España - para dibujar el actual y desequilibrado contexto político europeo en el que soplan, desde el norte, fuertes vientos de superioridad. Vientos, vendavales, que nos llegan a los países del Sur. Se reivindica también el papel de la cultura mediterránea, más asentada en el “carpe diem”, “la dolce vita”… contraponiéndola al raciocinio y a la sobriedad de los países norteños. En ese sentido los “PIGS” tienen mucho que aportar a la construcción de una Europa que esté más cercana a unos valores, llamémoslos, vitales. No deja de ser sintomático, por poner un ejemplo, que el Norte veranee en el Sur buscando, precisamente, otra manera de vivir el día a día.

La muestra es una producción de cuño internacional en la que participan, junto a Artium, la Galería Municipal de Porto, el museo Es Baluard de Palma de Mallorca y el Centro de Arte Contemporáneo de Tesalónica. En definitiva: una buena oportunidad para acercarse a un arte teñido de compromiso social.


28.2.16

PATAL-ETA

Algún día no muy lejano una legión de padres será encarcelada en este país por mandato de un juez. ¿El delito? Leerles a sus hijos pequeños los mismos cuentos que ellos mismos escuchaban de infantes. Cuentos terribles: lobos que comen abuelitas,  brujas y ogros que matan y devoran niños… Maltrato infantil, queda claro.
En España, el nivel de incultura de la población ha llegado a tal extremo que ésta es incapaz ya de distinguir la realidad de la ficción. Como el lector puede suponer, estoy hablando de la reciente detención de dos titiriteros que han sido imputados por los delitos de incitación al odio y enaltecimiento del terrorismo (este último incluido entre los delitos de terrorismo en el Código Penal) por mostrar -dentro de una obra de títeres y siguiendo una trama argumental- una pancarta en la que se podía leer “Gora Alka-ETA”. Como no se puede detener al personaje de ficción que portaba la susodicha, se detiene a los autores que han creado al títere. Deberían, por lo tanto, arrestar también y ahora mismo a todos los escritores, cineastas, actores, ventrílocuos, humoristas, historietistas… de este país. Pues cualquiera de ellos ha participado de alguna manera en una obra de ficción con un argumento que incluyera un acontecimiento ilusorio que si se hubiera desarrollado en la vida real sería punible. Deberían detener al creador, por ejemplo, de “el Correcaminos” por asesinar mil y un veces a “el Coyote”.
Tantos recortes en la cultura han conseguido bajar la sesera de la ciudadanía a cotas subterráneas. Esperemos que el nuevo gobierno programe de nuevo en las televisiones “Barrio sésamo”. Para que muchos aprendan lo que significa “abajo”, “arriba”, “lejos”, “cerca”, “realidad” y “ficción”. De verdad, no es tan difícil: salir a la calle portando un cartel que proclame “Gora ETA” no es lo mismo que el hecho de que un títere en una obra teatral aparezca con una pancarta en la que se pueda leer “Gora Alka-ETA”. Nos podrá hacer o no gracia. Podrá ser acertada o no. Pero no se puede encarcelar a un actor por ello. Es arte. Es libertad de expresión. Es ficción. Como mucho uno puede dejar de visionar esa obra. Llevarse a los niños. Quejarse al programador. Pero no llamar a la policía. ¿Qué la obra a la que nos referimos no era para niños? Bien, se exigen responsabilidades. Pero no se enchirona a unos artistas por ello. ¿Acaso el señor juez cree que ETA está entrenando titiriteros para enviarlos a Madrid con el fin de sembrar el terror entre los niños? El problema estriba en que lo que ha sucedido no es ficción, es realidad: dos artistas imputados por un mensaje lanzado por su personaje de ficción.

Esto es lo que sucede cuando no se invierte en educación. Cuando no se invierte en cultura. Que lo que un niño de cinco años es capaz de distinguir no lo distinga ya un adulto… eso está ocurriendo hoy en día y aquí. Y sólo puede ser por dos razones: o ese adulto es un ignorante o su mente está cargada de fines ocultos. No hay terceras razones.