1.1.06

La crítica popular



Airotiv es el título de esta sección. Suena a ruso: Airotiv... Al pronunciarla parece una palabra extraña, pero sencillamente es el resultado de leer Vitoria en sentido inverso. Es decir: Vitoria reflejada en un espejo. Y es que toda sociedad necesita un reflejo para poder mirarse. Porque no podríamos conocer nuestras caras, nuestros gestos, nuestras miradas... si los espejos nunca hubieran existido. Y eso es, o debería ser, la función de la crítica: reflejar lo que nos rodea, pero invirtiéndolo.
Esta sección nace con la pretensión de ser un espacio de crítica cultural. Difícil labor en una sociedad que sitúa en el mismo lugar a sabios, artistas y personalidades mundanas. Y es que, en teoría, un crítico tiene que aclarar los significados, explicar las producciones culturales, hacer de puente entre el espectador y el producto cultural. Pero parece ser que, hoy en día, sobre cultura cualquiera puede opinar y decidir. Corren malos tiempos para los críticos. Y un síntoma de ello es la proliferación de concursos en los que el jurado es el propio público. Se elimina el puente. Nadie aclara significados porque nadie sabe más que el vecino. Llegará el día en el que los profesores no escucharán a sus profesores, en el que nadie aprenderá de nadie porque todos creeremos que sabemos igual, o más, que el maestro...
Hace años se elaboró una encuesta entre miles de ciudadanos de diversos países para que éstos describiesen lo que consideraran a su juicio una obra de arte perfecta. Y que aportaran el máximo de detalles sobre su obra soñada: colores, temática, técnica... El resultado, finalmente, se concretó visualmente en un óleo: una casita con una chimenea humeante situada en el lateral de un verde prado. Y al fondo, unas montañas lejanas fundiéndose con el cielo. Una obra sin sorpresas, sin originalidad, vacía. Una obra no solamente elegida por el público sino también realizada por él. Pues bien: ahora en Vitoria hay quienes proponen adoptar el modelo de jurado popular en la elección de los carteles que anuncian las fiestas. El sistema de votación que se aplica en Operación Triunfo o en el Gran Hermano quiere aterrizar en nuestra ciudad. No se dan cuenta de que un cartel tiene que tener una serie de características que lo hagan eficaz. Y que un jurado de expertos entre los que se encuentren diseñadores gráficos, artistas o expertos en marketing sabrá valorar mejor esa serie de características que el público de a pie. Lo que subyace, al final, en esa idea de jurado popular es lo de siempre: no nos tomamos en serio la cultura. Porque si lo que quieren es que el ciudadano decida... se podría proponer ese sistema para asuntos de hacienda, urbanismo, sanidad.... No creo que ningún concejal presente la propuesta de que sean los ciudadanos los que decidan sobre cuántas horas al día tienen que trabajar los representantes políticos o sobre cuánto dinero al mes se tiene que embolsar éstos.