28.2.06

LAS BATALLAS DE VITORIA

Existen estudios serios realizados por Japón para destruir la Luna y acabar así con las grandes mareas que son desfavorables para su flota pesquera.
Un taxista vitoriano llevándome un día por lo Viejo despotricaba contra la incómoda estrechura de sus calles medievales. Me dijo, muy seriamente, que mejor que rehabilitar viviendas, nuestro ayuntamiento debería derribar, de una vez por todas, el barrio. Y reconstruirlo completamente, pero esta vez, con unas calles más amplias, para que fueran así más cómodas de transitar.
El otro día volví a escuchar al alcalde batallando por mover el monumento de la batalla de Vitoria. La plaza ganaría, dijo.
Sobre cualquiera de estos tres asuntos de “destruir para construir”, que acabo de mencionar, podríamos discutir muy sesudamente horas, días y meses. Pero no por ello, no por debatirse de forma inteligente, los tontos asuntos discutidos se convierten en interesantes. Las cuestiones fatuas originan debates infructíferos. Creo que hay batallas más urgentes que ganar en esta ciudad que la de mover el monumento a la batalla de Vitoria. Si lo que queremos es batallear por algo relevante ¿por qué no hablamos de rehabilitar la Plaza de los Fueros? Porque Vitoria es propietaria de, en teoría, la obra de Chillida más importante por él realizada. Una obra de ocho mil metros cuadrados en la que arquitectura y escultura se unen. Una obra que es una plaza. Una obra que sirve de espacio de encuentro, de juego y, en definitiva, de socialización. Y es una obra que, hablando en plata, está jodida desde hace treinta años. Porque la previsión municipal de hacer peatonal la Plaza de Correos forzó a Chillida, y al arquitecto Ganchegui, a modificar el entronque del recinto amurallado que alberga una escultura del artista. En vez de elevarse unos cinco metros sobre el suelo como estaba inicialmente previsto, esta “escultura dentro de otra escultura”, en expresión de Chillida, se hundió a similar profundidad emergiendo unos sesenta centímetros sobre el nivel peatonal. Esta modificación provocó que al acceder a la plaza no se pudiera apreciar el contenido de este juego de volúmenes que simbolizan la defensa de los Fueros. Y a resultas de un gravísimo accidente que, en 1981, afectó a un niño, este reciento finalmente se elevó levemente y se tapó por razones de seguridad. Y desde entonces la escultura de Chillida, de cuatro toneladas de peso y dos metros de altura no puede ser vista.
Me resulta chocante que en una ciudad en la que los mandatarios están locos por buscar una obra emblemática para Vitoria nadie quiera mirar hacia la Plaza de los Fueros. Parece ser que les da vergüenza reconocer el despropósito que se cometió con Chillida. El actual Ayuntamiento considera que no hay nada que modificar. Lo que objetivamente se debería de hacer es reconstruir la obra de Chillida según su proyecto inicial. Y así tendríamos la obra más crucial de Chillida tal como él la concibió. Esta sí es una gran batalla…