13.3.06

CATARSIS DESCONOCIDA

En Artium podemos visitar estos días dos muestras con ciertos rasgos comunes:”La obra maestra desconocida” (para resumir la llamaré “O.M.D”) y “Catarsis”. En ambas la intención es aportada, no por los artistas que exponen, sino por un comisario. El “leit motiv” no brota, por lo tanto, desde el seno del propio hecho artístico, sino que desde fuera de él se impone un ordenamiento, una articulación, en el que los propios autores de las obras escasamente participan. En “O. M. D” el director de Artium, a partir de un texto de Balzac, recopila una serie de obras que sirven de arropamiento a dicho texto. En “Catarsis”, el conservador de la colección del Museo, bajo ese título y esa temática muestra una serie de obras pertenecientes a dicha colección. En ambas muestras nos encontramos, por lo tanto, con obras articuladas entre sí por técnicos pertenecientes a la institución donde éstas se muestran. Muchas de ellas las conocemos de otras exposiciones, de otros museos, de otros catálogos. Pero ahora se nos ofrecen agrupadas bajo unas nuevas temáticas. Esta forma de exponer obras, que de por sí no comparten ningún estrecho vínculo, bajo un nexo posterior, viene siendo algo habitual en el panorama expositivo actual. Incluso podríamos decir que, muchas veces, los comisarios se pasan de la raya, imponiendo su sello, desvirtuando el sentido inicial de una obra u ocultando la intención que ha puesto en ella el propio artista.
Nadie niega que el naturalista texto de Balzac en el que se basa “O.M.D” sea fascinante. Pero yo lo encuentro desfasado dentro del escenario en el que se muestra: un Museo de Arte Contemporáneo. Y nadie niega que acercarse a cuarenta artistas de la talla de Picasso o Rembrandt siempre es de interés. Pero mi pregunta es: ¿de esta intersección entre la literatura premoderna de Balzac y esas doscientas obras surge algo nuevo, algo que ni el texto ni esa profusión de arte aportan por separado? Yo creo que no. Muchas veces la mezcla de dos buenos ingredientes no da como resultado un tercero apetecible. Y es que en “O.M.D” se vislumbra el afán por conseguir una exposición mediáticamente atractiva, tirando de esa avalancha de “monstruos” del arte: Balzac, Rubens, Rodin…
En “Catarsis” la pretenciosidad fallida de “O.M.D” no existe. Incluso el folleto de la exposición ya avisa de que esta muestra es sólo una interpretación, una lectura arrojada sobre ciertas obras de los fondos del Museo. Pero que el espectador puede elaborar otra: la suya propia. Queda patente, después de visitar la exposición, que “Catarsis” habría funcionado mejor incluyendo obras externas al Museo que representaran más atinadamente el concepto que ilustran. En cualquier caso es de agradecer el esfuerzo realizado por su comisario para intentar mostrar esas obras, muchas de ellas conocidas por todos nosotros desde hace años, bajo una nueva mirada. Demuestra un profundo conocimiento de esos fondos. Seguro que además de conservarlos también conversa con ellos.