29.4.06

AFICHES

Estos días podemos visitar en la sala de la Fundación Caja Vital una sugerente y efectiva exposición: Afiches: paredes con historia, 1975-1990 . La exhibición revisa y documenta el eco estético producto del cambio social y político de la Transición tal como se vivió en Euskadi: carteles, pintadas callejeras, pegatinas y afiches en general. Todos los materiales proceden de los fondos de una institución local, la Fundación Sancho el Sabio. Queda patente, por lo tanto, que la labor de archivo, hoy por hoy, sigue siendo necesaria. Y que archivar no es un fin en sí mismo, sino que es un medio para comprender y clarificar nuestro pasado. Y para situarnos, por lo tanto, en el presente.
Y es así como el recurso “exposición” apoyado en la “labor de archivo” puede ser un matrimonio eficaz. En este caso sirve para mostrar como todo comportamiento social tiene un reflejo estético. Y cómo éste puede, a su vez, servir de medio para provocar un cambio social, una sensibilización. La estética al servicio de las ideas, podríamos resumir.
En la exposición se establece un profundo diálogo entre lo que se muestra y la memoria del espectador: lo que éste está viendo en ese momento es lo que él ya ha visto, lo que él ya ha vivido. Y está ahí de nuevo, pero diseccionado y ordenado. Expuesto sobre las paredes de una sala: carteles hechos a mano, primitivas xerocopias, plantillas, siglas de organizaciones como LKI, EMK, OIC y ORT… Constatando cómo la calle fue el escenario por antonomasia en el que partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales, hasta entonces prohibidos, buscaban la reacción del ciudadano.
Y es que la producción cultural tiene que servir para crear espacios de reflexión y de debate. Y tiene que estar conectada con la sociedad de la que surge. En ese aspecto la exposición cumple al cien por cien con esos objetivos. Es una muestra pensada y enfocada hacia el ciudadano que vive en nuestra comunidad. En esta época de pensamiento globalizado, de arte globalizado, es interesante ver como se puede realizar una exposición contando con recursos y materiales “locales”. La producción cultural es así útil, necesaria. Sirve para construir sociedad.
Por otra parte no deja de ser paradójico que esta exposición se enmarque en un espacio en el que las producciones propias brillan por su ausencia. La mayoría de las muestras que podemos visitar en la gran sala de la Vital son exposiciones “de circuito”. Alquiladas a otras instituciones foráneas. Pensadas para complacer de una forma facilona al peatón que deambula por el centro de la ciudad y no sabe muy bien cómo pasar la mañana del domingo. Pero divertimento y reflexión no están reñidos. Si la caja Vital es la “caja de todos los alaveses” deberían de tomar nota de ello y producir más exposiciones propias. Cuentan con los recursos necesarios para poder hacerlo.