17.4.06

AUTO-TURISMO

No sabía que mi crítica del pasado viernes sobre la restauración de la Catedral iba a tener tanto éxito. Tengo mi blog saturado de mensajes. Muchos poniéndome a parir: que me meta en mis asuntos, que lo que quiero es crear polémica para que se hable de mí… Algunos se muestran más dispuestos a escribir para descalificar que para rebatir argumentos. Pero, como ya he dicho en otras ocasiones, cualquiera que actúe en el terreno público está sujeto a la crítica: un servidor y la Fundación Santa María incluidos. Crear debate es mi propósito. Y si algún día la Fundación quiere trasladar ese debate hacia su ámbito, en forma de mesa redonda, creo que tiene un público más que asegurado. Lo puedo ratificar. La polémica está en la calle. Yo lo he constatado estos días.
Y como no quiero que me acusen, de nuevo, de oportunista, dejo ya aparcado el asunto de la catedral…
Y esta semana abandonamos, algunos, nuestros hogares para visitar otros sitios, otras ciudades. Y conocer, en teoría, otras gentes, otras formas de entender la vida. Y disfrutar con ello desde el ocio. Eso es el turismo. Y lo hay de muchas clases. A mí, por mi curro, me interesa el fenómeno del turismo cultural. Esta ciudad, además, se ha decantado por ese tipo de turismo: Artium, la catedral, Montehermoso, el cercano Guggenheim, la ruta del vino... Pero nadie practica turismo en su propia ciudad. Eso es algo que siempre me ha asombrado: al local el turismo instaurado en su urbe le parece que la cosa no va con él. Le parece irreal. Ningún vitoriano, por ejemplo, se monta en ese trenecito que recorre el Casco Viejo. Pocos se acercan a Artium o a la catedral. Pocos visitan los museos.
Una vez un promotor turístico venezolano me dijo: atraer gente, que gaste dinero y que se vaya contenta. En eso consiste el turismo, me explicó. El susodicho empresario pagaba a unos indígenas de la zona del Amazonas para que comieran una especie agigantada de gusanos. Éstos, en su vida, habían comido esos gusarapos. Pero los turistas alucinaban viéndoles comer esa extraña especie, y, al final, ellos acaban también papeando lombrices. La gente quiere jugar a ser “Indiana Jones” y yo les ofrezco esa posibilidad, me decía el promotor. Y es que, el turismo, muchas veces, es una creación. Y, otras, se busca atraer turistas sea como sea. Para demostrar que nuestra ciudad es interesante. Porque vienen de fuera a verla.
Por una iniciativa de la galería Trayecto, desde mañana jueves, un servidor pasa sus vacaciones en un hotel vitoriano. Y digo mañana jueves porque esta columna siempre la escribo el miércoles. Así que cuando leáis esto estaré recorriendo la ciudad como si fuera un visitante. Porque voy a intentar disfrutar de esa Vitoria turística. Y, también, voy a crear en la habitación de mi hotel una guía sobre Vitoria. Un único ejemplar realizado manualmente. Se llama “Airotiv. La guía”. Feliz turismo a todos
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