7.4.06

LA CATEDRAL

Lo reconozco: admiro a aquellos que han sido capaces de hacer negocio vendiendo entradas para ver cómo se restaura una catedral de segundo orden. Y lo dice un servidor que tiene título oficial de restaurador y sabe lo tedioso que resulta raspar la suciedad adherida a un cuadro o a una escultura. Y si rasparla es aburrido ver cómo se hace ni te cuento... Y me sorprende también otra cosa: nadie critica la gestión de esa atípica restauración publicitada por los touroperadores.
Dicen, los de la Fundación Santa María, que 75.000 personas han visitado el año pasado el templo vitoriano. Son tres euros la entrada por visita. Sumen a eso los dos millones de euros que ponen las instituciones alavesas anualmente. Un poco cara la restauración ¿no? Pero como vienen turistas y la catedral vitoriana sale en el Nacional Geographic o en el Muy Interesante nadie se queja. Las únicas críticas que he escuchado son las de esos cinco arqueólogos y esa topógrafa que fueron despedidos al demandar una mejora de sus condiciones laborales. Trabajaban sin relación laboral reconocida, con salarios bajos y sin horarios delimitados, con 15 días de vacaciones al año y con la Seguridad Social a su cargo. Pero eso no es relevante: porque viene Coelho a Vitoria a hablar de la catedral. O Jodorowsky. Supongo que las condiciones laborales de estos conferenciantes serán mejores que las de los restauradores. Pero aquellos traen clientela. Y ése parece ser el principal interés de la Fundación: comerciar. Si Jesucristo levantara la cabeza los echaría del templo. Mercaderes literarios incluidos.
Ingenuo de mí: pensaba que la idea era restaurar esa catedral. Y que los ingresos derivados de ese turismo cultural indirecto se destinarían a ese fin. Ahora no sé si lo directo es traer turistas y lo indirecto restaurar la catedral. Restaurar bien, no lo niego, pero a ralentí. Porque hace años decían que para el 2007 acababan, después dijeron 2010, ahora oigo que 2012. Creo que nadie quiere que la restauración termine nunca. Quizá lo sepa Jodorowsky que es un sublime echador de cartas. Y es que la catedral se ha convertido en un parque de atracciones cultural que mueve mucha pasta.
Una vez más vemos como la cultura se convierte en espectáculo. Y ésta no se populariza, sino que se banaliza. Dentro de poco traerán a los de O.T. a dar una charla. Otra vez más vemos como esta ciudad puede vender su alma al diablo para conseguir su “emblema”.
Y es que se gasta mucho dinero público en esa restauración. Dinero de los ciudadanos. Lo de siempre aquí: el dinero público pasa a manos de las fundaciones. Las responsabilidades se diluyen. Porque ¿quién controla que esa inversión pública sea la adecuada? Ese gasto debería de ser fiscalizado desde fuera de la fundación. Porque a mí me gustaría saber en qué se gasta exactamente esa pasta pública. Desde luego no parece que se invierta en pagar a los trabajadores que están raspando la mierda de la piedra o consolidando los cimientos de esa catedral.