21.5.06

MUCHOS SARAOS

Han sido estos unos días ajetreados en la “Atenas del norte”. Y siguen siéndolo. Ajetreados en lo cultural: charlas sobre tebeos en Artium, el festival de cine europeo (NEFF), un interesante VTV en Montehermoso analizando el mundo televisivo, las difusas jornadas que ha organizado la Escuela de Artes, el Día de los Museos con actividades previas en Artium y en el Museo de Bellas Artes, varias inauguraciones, el famoso de turno hablando en la Catedral Vieja para continuar situando así a nuestra ciudad en el mapa… Y sobredosis de exposiciones, charlas, mesas redondas... No quiero ni pensar qué pasará cuando la Casa Mágica de la Vital abra sus puertas. Porque si zapeas por todo ese aluvión de saraos te percatas del escaso público asistente. Te topas con los organizadores de los eventos, con los cuatro técnicos de las instituciones que los apoyan y con los amigos de unos y de otros. Y a mí me gustaría poder acudir a todos ellos. Ya que se preocupan por mandarme mails, e invitaciones postales muy bonitas y costosas. La de NEFF, por ejemplo, era esplendorosa. Pero si acudo no tengo tiempo para trabajar. Y si elijo acudir sólo a determinados actos y no a otros, luego, los encargados de esos “otros”, me pueden mirar mal. Con lo que al final decides no acudir a ningún sarao y quedarte en casa tranquilamente viendo una peli o leyendo un libro. Quizá las instituciones deberían de pensar en hacer una única gran inauguración anual: una superinaguración global, para todos los saraos del año. Yo a ésa seguro que acudiría.
Y llevo meses dándole vueltas a otro proyecto artístico mío: crear una empresa de público. El público convertido en obra de arte. No llamen a fulanito o a menganito para que les anime la inauguración de turno con música o happenings. Llámenme a mí para que exponga mi última obra: público. Yo mismo me integro en mi propia obra y acudiré, también, como público. Y es que si el espectador se convierte en arte eliminamos muchos problemas. Nos ahorramos pagar esculturas, cuadros o fotos. Alquilamos una obra, mi obra, que es el propio público. Y el público se puede entretener mirándose entre sí. Que por otra parte es lo que éste suele hacer habitualmente. Ahorro de dinero. Saraos con público. Yo puedo acudir porque estoy trabajando. Un éxito.
No nos engañemos: si no existieran las inauguraciones no existirían las exposiciones. Y si no existieran las exposiciones el arte tampoco existiría. La inauguración es un invento que permite constituirse en un importante acto social. Los políticos se dejan ver, charlan con unos y con otros y salen en las fotos de los periódicos. Podéis estar seguros de que si un rey de España, o en su defecto un príncipe, viene a Vitoria algo inaugurará. Porque la inauguración es un gran solución. Es un escaparate. Es “el gran acto”. Lo de menos es qué se inaugura.