8.7.06

DIFÍCIL TRAYECTO

El Casco Viejo de Vitoria es como un archipiélago de islas culturales. Islas de muy diversa índole: Montehermoso, el Gastetxe, Villasuso, la Catedral, Alabedi, el TMEO, Zuloa, la Biblioteca Ecologista, la galería Itinerante, Gasteiz Txiki, el C.C el Campillo, la escuela Municipal de Música. En la Almendra anidan artistas como Landazabal, Marrodán, Uribe, Duarte, Ernesto Iriarte. Fotógrafos como San Millán. Sociólogos como Manzanos. Y músicos como Bingen, Gari, De la Casa, Urdangarin se mueven por esta zona. Y actores, arquitectos, decoradores, diseñadores…
La cultura está ahí. Y la institución debería de tender puentes entre esas islas. Reforzando ese tejido cultural. Porque si el tejido llegara a convertirse en músculo podríamos caminar y la Almendra llegaría a ser lo que todos hemos deseado que fuera: el corazón de Vitoria. Pero ¿cómo las instituciones públicas vas a vigorizar ese tejido si ni tan siquiera son capaces de mantener una línea de diálogo abierta con las fibras que lo componen? Se preocupan por hacer unas escaleras cuando los problemas reales son otros. Es como perfumar a un pordiosero con Chanel nº 4. Por eso muchos vecinos han reaccionado como han reaccionado ante la construcción de ese nuevo equipamiento.
En otras ciudades cercanas como Bilbao hay una política de rehabilitación económica de los Cascos Medievales y de los barrios centrales degradados. El departamento de Promoción Económica de su ayuntamiento cede casi gratuitamente espacios vacíos a artistas, artesanos, galeristas. Sabe que esos ciudadanos son capaces de establecerse en zonas venidas a menos sin ningún problema. Porque el artista es un desclasado capaz de vivir tanto en la suite de un hotel de cinco estrellas como en una lonja industrial en ruinas. Y una vez que ese colectivo se establece, los locales ya no están abandonados. Y los bares, los restaurantes, empiezan a tener vida. Porque esos colectivos gustan de hacer vida social. Y poco después empiezan a abrirse los comercios. El espacio degradado mejora. Con una inversión mínima. Es como una repoblación forestal. Ese tipo de actuaciones son inteligentes. Pero, claro, tiene que existir un plan. En Vitoria eso no existe.
Cuando el galerista Fernando Illana pide un local económico al ayuntamiento para trasladar su galería a la Almendra primero le niegan ayuda. Le responden que Trayecto es una empresa. Es curioso que eso lo diga un ayuntamiento que todos los años subvenciona a una empresa llamada Azkena para que organice un festival que lleva el nombre de dicha empresa. ¿Qué pasa? ¿Qué sólo se ayuda a entidades que mueven muchos millones y a mucha gente? En cultura no se debería de pensar así.
Y Trayecto, después de un duro periplo, se ha instalado en la Almendra. Por fin se le ayudó. La única galería vitoriana de arte contemporáneo que asiste regularmente a ferias nacionales e internacionales tiene, ahora, su base en el Casco Viejo. Es una buena noticia para el barrio y para el arte local.