18.7.06

ESTATUAS NO

Para engrandecer las acciones de alguien hay dos obsoletos sistemas que hacen uso del espacio público. Ninguno de ellos tiene nada que ver con el arte. Poner nombre a las calles es el primero. Un nuevo régimen político siempre hace uso de él. Las calles se bautizan con personas, hechos, que tengan que ver con las ideas de ese gobierno. Así la vitoriana Avenida del Generalísimo Franco se rebautizó como Avenida Gasteiz. En Nueva York, por contra, las calles se designan por números. Así, venga quien venga, nunca se cambian. Pero aquí somos así. Es anacrónico, no es racional, pero tampoco atroz. "Avda del Festival de Jazz", puede ser. Si luego se tiene que llamar "Avda. del Azkena Rock", no pasa gran cosa. Se cambia la placa y ya está. Más problemas trae el segundo sistema: el empleo de las estatuas. Las de Franco han provocado controversias. ¿Se quitan? ¿Se dejan? Son debates alejados de lo artístico. Nadie pide consejo a los profesionales del arte para preguntarles qué les parecen las dos estatuas de Franco ubicadas aún en dos ciudades españolas: Santander y Melilla.
La cosa es evidente: lo mejor es no poner estatuas. Porque, hoy en día, se usa otro espacio público para engrandecer las acciones de alguien: los medios de comunicación. Por eso me parece curioso que en Vitoria todavía se apueste por colocar estatuas. O por quitarlas. Quieren quitar el monumento (conjunto de estatuas) de la Virgen Blanca pero nos ponen la estatua de un músico afroamericano. ¿Qué diferencia hay? Me da igual que la firme un artista. Las estatuas con anónimas. Me parece que lo que se pretende al buscar a un artista, y no a un artesano, para que firme una estatua es conseguir darle un barniz de artisticidad a algo que, de por sí, adolece de esa característica. El arte es otra cosa. No debe de ser usado para engrandecer a nadie ni a nada. No debe de ser un medio, sino un fin.
Desde que era adolescente el Festival de Jazz de Vitoria me parecía moderno. Los carteles eran actuales. El Jazz, como el arte, se ha reinventado así mismo muchísimas veces. Es difícil definir al Jazz. Pero es algo vivo y contemporáneo. Por eso no entiendo como nuestro Festival de Jazz puede buscar esa seña de identidad y de glorificación tan premoderno. No entiendo como además, falsean la realidad llamando a su estatua escultura. Despistan al ciudadano. Lean lo que han hecho en el Diccionario de la Real Academia. Y no entiendo como un músico aún vivo puede aceptar que le hagan un monumento en una ciudad situada a miles de millas de la suya. Supongo que habrá aceptado porque le daba más vergüenza rehusar que aceptar. Me vienen a la memoria esas películas en la que un europeo es recibido por indígenas en taparrabos que le erigen un monumento y le nombran rey.
Puedo entender que un artista contemporáneo firme una estatua porque le venga bien el dinero. Pero nunca será positivo para su carrera. Ni para el arte.