24.8.06

LEJANA PROXIMIDAD

Artium muestra, por segundo año, obra de creadores cercanos físicamente al museo: Zigor Barayarra, Karmelo Bermejo, Miriam Isasi, Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum, Fermín Jiménez, Ana Lezeta, Héctor Orruño, y Javier Soto. Los autores de esta desmembrada muestra han sido seleccionados por los comisarios D. G. Torres y E. M. Goikoetxea. Comisarios cuyo único trabajo, a tenor de los resultados, ha sido el de rebuscar en la base de datos de Artium Entornos próximos. Base integrada por cien fichas de creadores jóvenes locales.
La exposición no funciona como exposición: no hay un hilo conductor interno que encadene los discursos de los diversos artistas. Es curioso que esta especie de” revival” de exposiciones de artistas locales -muy en boga en los ochenta y en los noventa- no se haya actualizado. Casar nueve sensibilidades distintas requería de un pequeño esfuerzo por parte de los organizadores y de los participantes. Porque hubiera sido necesario verles caminar en una dirección. La dirección que parece querer apuntar el propio título: “Entornos próximos”. Y es que no basta con seleccionar a artistas con una excusa tan endeble como la netamente geográfica para que una exposición tenga sentido. Error que se agrava cuando desde esa pobre premisa se intenta buscar una ortodoxa solución expositiva. ¿Acaso no hay formas más efectivas que ésta para hacer visibles a nueve artistas? Asistimos, por lo tanto, a un proyecto fallido desde su propio planteamiento. Aunque sirva de contenedor de “futuras promesas” del arte. En ese sentido no dudo que el joven Bermejo dará mucho que hablar.
¿Entornos próximos? No se ve proximidad real en estos artistas. Porque no son próximos a esta ciudad. No basta con estar cerca para que alguien te sienta próximo. Y es que los artistas seleccionados no trabajan sobre nuestro entorno. Ni dentro de esta muestra ni fuera de ella. Hay una excepción: Ana Lezeta. Es la única creadora que habla de esos “entornos próximos”. Lástima que el resto de los creadores no le hayan emulado. Y es que el producto videográfico de Lezeta incluye tanto escenarios próximos como personas próximas a ella. Y a nosotros. Y la obra pivota sobre esa proximidad para expandirse y hablarnos de las relaciones humanas. Una obra madura e inteligente en la que el continente (la forma) aporta sentido al contenido (lo narrado). En ella nada es gratuito.
Los artistas en esta ciudad son invisibles. Parecen estar esperando a que alguien llame a su puerta para visibilizarse. El proteccionismo institucional de los noventa sumado al cambio de rumbo de pasados años mirando hacia “lo mundial” nos ha traído esto. Los artistas necesitan ser, ahora, lejanos para ser llamados por las cercanas instituciones. Necesitan ser internacionales. Huyen del localismo. Porque trabajar en nuestro entorno parece ser poco rentable. Cuando, hoy más que nunca, necesitamos crear esos próximos entornos de arte, de cultura y de pensamiento.