22.9.06

AZKENA [NOTAS]

Por quinta vez Vitoria se viste de cuero... “Los viejos rockeros nunca mueren” proclama el dicho. Porque un estudio de las ventas de entradas realizadas a través de Internet concluye que los que están asistiendo al Azkena tienen entre veinte y cuarenta años (aunque abundan más éstos que aquellos, diría yo) Y el estudio remata que los asistentes tienen un buen nivel adquisitivo y un alto nivel cultural. Normal, entonces, que todos los hoteles vitorianos de cuatro estrellas estén llenos a rebosar. Y que los taxis no den abasto estos días. Los viejos rockeros no han muerto, pero se han aburguesado. Eso de “sexo, drogas y rock” ha pasado a la historia. Los viejos rockeros tienen ya mujer, hijos y un trabajo estable. Los tiempos en los que éstos emulaban a Atila a su paso por las ciudades yacen en el olvido. Ahora no generan problemas sino pasta.
Con tanto pirateo es en los directos, en los conciertos, donde ahora la industria musical gana más dinero. Lo sabe Pearl Jam, que se ha hecho de oro en sus últimas giras. Y es que son más rentables 10.000 fans piratas que llenen un concierto que la venta de 10.000 originales. Aunque la venta de música grabada no sufre una crisis tan importante como nos quieren hacer creer. Porque así lo demuestran ciertos datos: la venta de canciones a través de las “descargas de pago” subieron un 150% este año.
Leído en la red: “¿Decepción? Pues no sé, algo sí la verdad. Lo que está claro es que Pearl Jam se han llevado casi todo el presupuesto del festival..... ¿Dónde están esas reuniones tan esperadas? ¿Esos grupos que nunca habían pisado territorio español? ¿Esas bandas con tanto futuro? En fin, resignación. Al fin y al cabo ahí están: Pearl Jam, Buckcherry, Redd Kross, The Stooges, NY Dolls, Wolfmother.... Quizás se esperaba demasiado de esta edición.”
Lo que está claro es que a la Last Tour International, organizadora del Azkena Rock de Vitoria, a pesar de sus continuas quejas, no debe de irle mal. Este año han organizado la segunda entrega del Santander Summer y la primera edición del Bilbao Live Festival. Siempre con importantes ayudas de los ayuntamientos de esas ciudades. Y es que toda “ciudad del espectáculo” que se precie debe de contar con un festival de música que atraiga multitudes.
Y uno suelta cien euros, desempolva su vieja ropa rockera, y se va al recinto de Mendizabala a tomar un cervecita mientras se encuentra con viejos amigos. Y me topo con un colega arquitecto con el que, hace ya veinte años, fui a Vallecas a ver a los Deep Purple. “Desde Vitoria nos colamos en el tren. Después dormimos en frente del Prado y nos despertó la policía”, le digo a mi amigo. “¿Sí?” Me contesta. Creo que lo ha borrado de su memoria. Y el fin de semana, me cuenta, se quiere ir a la bodega de Ghery y Riscal con su mujer. Habitación de 400 euros la noche, me dice. Y es que como pasa el tiempo…