22.9.06

LAFUENTE

Ayer se inauguró en la sala Fundación Caja Vital una retrospectiva del pintor Rafael Lafuente. Artista que desarrolló su trabajo durante décadas en nuestra ciudad y que falleció hace apenas un par de años. Rafael durante muchos años fue profesor de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios. De modelo vivo. Rafael inició en el arte a muchos de los que hoy nos estamos dedicando a la producción de arte.
Rafael hablaba poco. Mientras dibujábamos al modelo, el permanecía de pie en su mesa. Fumando. Con la cajetilla de tabaco en una esquina de la mesa. Con su mirada seria y abstraída. Muy de vez en cuando se daba un paseo por entre sillas y caballetes. Y nos corregía. A mí severamente. Por entonces yo tenía dieciocho años y llevaba desde los siete aprendiendo dibujo y pintura en diversas academias.
La primera vez que vi una exposición suya me quedé atónito: franjas de color que recorrían verticalmente lienzos y papeles. ¡Sólo rayas! ¡No podía entender como alguien que me estaba enseñando implacablemente a dibujar la figura humana se dedicara a pintar eso! Era un misterio. Me parecía, en principio, una tomadura de pelo. ¿Cómo -pensaba yo- él pintaba rayas cuando era capaz de dibujar maravillosamente el cuerpo humano? Era como escuchar en un concierto a un músico virtuoso tocando sólo el “doremifasol”. Esas rayas de Rafa me intrigaban. Rafael era serio, metódico, riguroso, en su trabajo. Como un científico. Al poco, escudriñando su obra, llegué a una conclusión: esas rayas eran el fin de un proceso, de una investigación. Lafuente paulatinamente, años tras año, había ido esquematizando cada vez más la figura humana. La había ido resumiendo. Y, al final, se había quedado con esas franjas de color entre las manos.

No es posible entender el arte contemporáneo local sin Rafa Lafuente. Es una lástima que éste haya fallecido en un momento contextual en el que sólo lo que tiene etiqueta de internacional es respetado, estudiado, difundido. El trabajo de Rafa, riguroso y callado, será reconocido cuando las tornas cambien. Porque cada comunidad necesita poder reconocerse. Necesita asumir su propia biografía. No la de otros. El sistema cambiará. Porque ya existe un gran hastío por esa vacua cultura global del espectáculo y de la moda. No me cansaré de repetir que los artistas cercanos deberían de participar en la construcción de la ciudad. De la misma forma que lo hacen los periodistas, abogados, médicos...
Todo artista, músico, escritor local fallecido debería de ser respetado por su ciudad. De la misma manera que Rafa fue riguroso con su trabajo, las instituciones deberían de ser rigurosas con su memoria: su obra tendría que ser oficiosamente estudiada y catalogada. No es de rigor que, al final, sean los amigos de los fallecidos los que tengan que poner en marcha iniciativas, con prisas y con escaso presupuesto, que den a conocer al público los trabajos de sus conciudadanos creadores fallecidos.