18.10.06

LA CAJA MÁGICA

Los niños tienen de todo en sus casas. Cuentan con mogollón de juguetes de todo tipo. Pero se aburren. Acaban saturados rodeados de tanto juguete espectacular. Juguetes de última generación, importados, caros, grandiosos. El niño no necesita ya imaginar: todo lo imaginable está ahí, delante de él. Alguien lo ha imaginado ya por él. Y acaba jugando con la caja de cartón. Porque ésta le posibilita pensar, idear, imaginar.
En Vitoria nos sucede algo similar. Podemos asistir a un tropel de conciertos, espectáculos, exposiciones. Todo está ahí, delante de nosotros. Y nos aburrimos. Y andamos buscando cajas de cartón. Pero éstas, aquí, acaban todas en la basura. Los funcionarios las tiran para ponernos otros espectaculares juguetes delante.
Y el nuevo centro cultural de Betoño empieza a asomar sobre nuestras cabezas. Y en dos años contaremos con un nuevo espacio. La puesta en marcha de ese proyecto corre a cargo de una empresa madrileña. Mal comienzo. Un nuevo síntoma de ese complejo de inferioridad nuestro. Complejo que no se entiende fuera de aquí. Y es que para el foráneo es impensable que Vitoria con sus doce centros cívicos, con su Artium, con su Montehermoso… tenga que llamar a otras puertas para idear otro complejo cultural. Más bien deberíamos de estar hoy en día, con nuestra experiencia, exportando centros culturales a otras ciudades. Y es que la realidad madrileña no tiene nada que ver con la vitoriana. Por eso ese nuevo centro se tendría que hacer ideado desde aquí. Para que se ajustara como un guante a las necesidades de nuestra ciudad.
Menos mal que la Caja no ha fichado al “paracaidista cultural” de turno. Esos que caen del cielo, cual cascos azules, intentando resolver lo que no entienden. Y para cuando lo entienden han pasado años y el estropicio está servido. Por la elección de Araceli de la Horra como directora de ese nuevo equipamiento es una buena nueva. Araceli conoce bien nuestro tejido cultural. Su experiencia al frente de Montehermoso y de Cultural Álava es un buen aval. Porque sólo una persona que entienda las necesidades de Vitoria podrá conseguir que un nuevo centro aporte algo a la ciudad.
Tendría que ser una infraestructura que no mida su efectividad en base a la cantidad de visitantes. Porque un espacio con vida, dónde bulle la cultura, no necesita justificarse así. Si las aulas fueran abiertas al público, por ejemplo, un profesor que regalase golosinas a los niños y que les permitiera jugar con la “Play” sería, según esa forma de conmensurar, el educador más exitoso. Seamos serios: un profesor medirá su labor con criterios educativos (si los chavales han aprendido, han progresado…) y un gestor cultural con criterios culturales. De forma similar a Arteleku en San Sebastián o a Bilboarte en Bilbao.
Un centro especializado en la mediación del arte y de la cultura local. Una caja de cartón. Eso es lo que Vitoria necesita.