1.12.06

EL MOCO

Hace meses, en la presentación de un gran festival de una gran ciudad, la resaca del gentío me empujó al centro de un corrillo que rodeaba a un ilustre y famosísimo director de cine. El, llamémosle sr. X, tenía en la nariz, casi en la punta, una apreciable mucosidad. Sin pensarlo me aproximé a él y le dije, “por lo bajini”, que tenía algo en la nariz. Me miró turbado y balbuceó: “¿Qué…?”. Tuve que ser más explícito: “un moco en tu nariz…” Me miró como la vacas al tren. No entendía. Ni siquiera se llevó la mano a la nariz. Mascullé una confusa disculpa y me esfumé. Al rato estaba yo apartado del bullicio soplando champagne de garrafón cuando, al girar la vista, me percaté de que el sr. X estaba a mi vera. “Tenías razón” -me dijo- “He ido al baño y me he visto el moco”. “Ya…”, le contesté. “Pensaba que me estabas vacilando”, me explicó. “Bueno, ya ves que no…”, farfullé. “¿Sabes? No podía dar crédito a lo que me decías porque habré hablado hoy con más de veinte personas, y ninguna de ellas me ha dicho nada de mi moquillo colgante”, me explicó. “Suele pasar…”, le respondí. “Bien, gracias por tu franqueza…”, me susurró. Y esta vez fue él quién se esfumó. Surrealista. Al estilo de los hermanos Marx.
Y el otro día en una inauguración varias personas que se sintieron aludidas en mis últimas críticas me leyeron entre chanzas la cartilla. ¿Cómo transmitirles –pensé- que lo que yo escribo es algo compartido por muchas personas? Y claro, alucinan con que alguien enjuicie algo de una forma natural y pública. A mí me parece un desperdicio que ciertas personas de nuestro entorno y que, me consta, tienen criterio sobre ciertos aspectos de la cultura callen. “Quien calla, otorga”, dice el refrán. No es extraño que luego las instituciones piensen que todo lo que hacen lo hacen bien, y que un servidor es un paranoico que ve mocos dónde no los hay. En esa inauguración una persona, un funcionario, me dijo: “Has criticado el nuevo centro de la Vital. Ya no te van a exponer ahí”. Lo que el tío me soltó creo que es algo que está en la cabeza de muchos. Porque algunos creen que si manifiestan su opinión públicamente después van a sufrir represalias por ello. Yo lo que pienso es que las instituciones públicas deberían de estar interesadas en que los agentes culturales de su ciudad expresen libremente lo que piensan. Porque así ellos tendrían una valiosa información que usada a modo de sonar les serviría de guía.
Ayer en un blog sobre cultura local les dije a los participantes que me parecía una lástima que usaran pseudónimos al expresar sus juicios. Que yo podía comprender que si vives en un país ademocrático te escondas bajo otro nombre para que no te enchironen. Como así ha pasado hace pocos meses en China donde han detenido a unos cuantos blogueros. Pero –continuaba diciendo- que en esta ciudad para que las cosas avanzaran sería necesario que el docto expresara su libre opinión pero dando la cara.