9.12.06

PROVINCIANO

Una periodista vitoriana me entrevistó el otro día para una revista local. Me tildó de “provinciano”. Supongo que porque siempre he dicho, sin complejos, que es de rigor contar con los agentes culturales locales a la hora de construir cultura y, en el fondo, sociedad. Yo le contesté con una pregunta: que por qué no me habían mandado sus jefes para la entrevista a alguien de Madrid. Es decir: a alguien menos “provinciano” que ella. Y es que ¿por qué un periodista, un abogado, un médico pueden trabajar en su ciudad sin que nadie les tilde de provincianos en el sentido peyorativo del término y un artista no? Y, para más inri, ayer uno de los anónimos que escriben en mi blog me tachaba de lo mismo: de provinciano. El “provincianismo”, merece un sitio en esta columna, por lo tanto.
Los que me tachan de “provinciano” en el sentido “aldeano-pueblerino” por defender la contemporaneidad de lo local delatan el complejo de inferioridad que les produce vivir en un núcleo urbano de tamaño medio. No entienden que hoy en día la cultura, la economía, la información, funcionan formando estructuras. Y éstas no tienen centros. Hoy las periferias compiten ya de igual a igual con los grandes núcleos urbanos. Yo, por ejemplo, aún estando en mi casa vitoriana escribiendo ahora esto, compagino esa tarea enviando mails a personas de diferentes ciudades. Porque estoy preparando una exposición mía en Buenos Aires. Y coordinando un festival de cómic en Vitoria, contando con la ayuda del dibujante Mauro que vive en Madrid y con la del catedrático Díaz de Guereñu que vive en Donosti. Más de una vez esta columna mía la he enviado a este diario local desde otros países. Y es que el mundo ha cambiado. La “aldea global” -“el provincianismo global”, por lo tanto- es una evidencia. Las fronteras ya no existen. Si revisamos los eventos culturales de diversa índole que tuvieron lugar este año nos daremos cuenta de que los más atractivos se desarrollaron lugar fuera de las grandes capitales. Porque la información de un concierto de Benicasim, o de Vitoria, por ejemplo, nos llega por Internet, y por este medio, también, podemos conseguir un trasporte rápido hacia allá. Y reservar un hotel. Y es que las grandes ciudades son incómodas para desarrollar en ellas ciertos eventos. Yo he podido constatar estos días, por ejemplo, que el Festival de cómic de Getxo es más atractivo para el público que Expocómic en Madrid.
Los “yankis” fueron los primeros periféricos que hace dos siglos se revelaron contra “su centro”, que era la corona inglesa. Fueron provincianos y exportaron su cultura. Pero ser provinciano, en el sentido “aldeano” del término, es ser un cateto con la anciana mentalidad que admira a cualquier “aldeano de fuera” por el hecho de venir de fuera. Porque trabajar aquí y allá, dentro y fuera, ya es lo mismo.
Vitoria ha cambiado. Ha triplicado su tamaño en las últimas décadas. Pero la mentalidad de muchos no ha crecido en esa proporción.