1.1.07

RAMPAS

Las rampas del Casco Viejo, después de ocho meses de polémicas obras, funcionarán en breve. Rampas diseñadas por dos arquitectos de larga, intensa, y encomiable trayectoria: Ercilla y Campo. Y cuando decimos “diseñadas” nos adentramos dentro de ese concepto nuevo y en expansión íntimamente asociado a la arquitectura: el diseño urbano. Un concepto que incluye cuestiones que pueden ser atendidas por especialistas de la arquitectura, de la arquitectura del paisaje, del diseño, de las artes, de los estudios urbanos, de las ingenierías de infraestructura y de la gestión. Es curioso que cuando se habla de los profesionales que intervienen en la ciudad aparezcan siempre los mismos: arquitectos, paisajistas, diseñadores, ingenieros, artistas… seguidos, como es éste el caso, de unos puntos suspensivos que nunca se completan. Aún así, los conflictos que se crean en esta ambigua área no son pocos: técnicos contra artistas, profesionales contra funcionarios, políticos contra usuarios, usuarios contra usuarios… Quizá las polémicas rampas vitorianas lo sean porque cualquier actuación en el campo del diseño urbano lo es. O, quizá y además, porque el área de intervención –la almendra vitoriana- es un espacio histórico, monumental, relevante. Y es que para que las intervenciones en esa área no degeneren en campos de batalla lo lógico es buscar aliados en sectores de la cultura, de la defensa del patrimonio, de los usuarios... Buscando así, por consenso, la calidad del diseño urbanístico que debe de ser, por lo tanto, interdisciplinario.
Sobre nuestras rampas uno se pregunta si están bien diseñadas para el objetivo que han sido creadas. Y si se integran, o no, en ese monumental espacio. Y es que, para mí, el único requisito que deberían de cumplir estos aparatos es el de ser funcionales. Porque no dejan de ser unas máquinas destinadas a subir gente. Y lo que hay que exigir a cualquier máquina es que sea eficaz sin incordiar. Como un ordenador portátil. El gran arquitecto
Gropius dijo al respecto: “El acercamiento al funcionalismo significa diseñar los objetos orgánicamente en base de sus propios postulados contemporáneos, sin ningún adorno” No es ese el caso de las rampas. Una mínima intervención en ese magnífico espacio que son los cantones hubiera sido lo ideal, lo eficaz, lo bello. Pero las rampas se erigen como grandes esculturas que invaden el centro de los cantones. Dos gigantescos gusanos de metal y cristal serpenteantes. El cantón de la Soledad ya no podrá ser llamado así. Y es que, en un principio, las rampas iban a ir descubiertas. Pero se cubrieron para solucionar problemas achacables a las inclemencias del tiempo. Es decir: en vez de buscar una solución dentro del terreno del que surge el problema, el tecnológico, se intenta solventar éste en el campo artístico. Es decir: “esculturizando” las cubiertas. Recomiendo la lectura del libro “Ornamento y crimen” de Adolf Loos.