21.2.07

A PASEO

Estos días tiene lugar la 26ª Feria Internacional de Arte Contemporáneo, ARCO. Se celebra en Madrid hasta el lunes 19. ARCO, en este país, es considerada como la “gran vedette” del arte contemporáneo. El año pasado 190.000 personas la visitaron. Y participaron en ella 278 galerías de 33 países. Sobre esta feria, en cuanto a feria que es, no tengo nada a favor ni en contra, como dicen algunos. Pero es de rigor constatar que Arco tiene que ser sólo eso: una feria. Porque el hecho de que una feria goce, en este país, de esa posición de centro privilegiado en torno al cual se estructura una reflexión sobre el propio arte y sobre la propia cultura, me parece peligroso para ambos. Y es que los tres modos en que nos relacionamos con el arte, como muchas veces han señalado otros, son el paseo, la discusión y la contemplación. Ninguno de estos tres modos son, intrínsicamente, ni incompatibles ni buenos o malos. La forma en que se plantea la experiencia artística en Arco hoy tiene que ver, sobre todo, con “el paseo”. Con el paseo por el “super”. Porque el paseo en ese contexto se fundamenta, hoy por hoy, en el consumo. Pero la discusión y la contemplación son modos de relacionarse con el arte difíciles de aplicar en una feria por mucho que se programen multitud de actividades paralelas que quedan fagotizadas y disueltas entre los corredores de este gran supermercado. No creo que sea función de esta feria constituirse en el eje fundamental sobre el que pivote el conocimiento sobre la cultura y el arte contemporáneo de este país. Algo fallaría, entonces.
Y la industria cultural en el Estado crece y crece. Muy por encima del crecimiento de otros sectores. El volumen global de ventas del sector cultural para 2003 fue de 97.980 millones de euros. Bonita realidad que no se corresponde con otra más cruda: la mayoría de los creadores de este país tienen unos ingresos inferiores al salario mínimo. Por doquier, lujosos museos de arte contemporáneo y ferias millonarias, pero la situación de los artistas es cada vez peor. Sobre una industria montada en torno a ellos, industria en la que desde el director, hasta el diseñador de catálogos, pasando por el montador, todos cobran, los creadores, base de esa industria, se las ven y se las desean para sobrevivir. Y es que si alguien proyecta un vídeo tuyo, o alguien emite una canción tuya, se entiende que tienes que cobrar. Pero si alguien cuelga tu obra en un Centro de Arte, obra cedida, por ejemplo, para formar parte de una muestra colectiva, nadie paga por ello. Los Centros y Museos de Arte contemporáneo deberían de pagar a los artistas visuales un alquiler por las obras de las que no son propietarios, pero que usan para sus exposiciones. A no ser que los Centros de Arte y Museos empiecen a suprimir las obras y los artistas. Todo llegará….
Una vez más es importante que los creadores tomen conciencia de su realidad. Que se agrupen, que opinen. Porque el futuro para ellos es cada más incierto.