19.3.07

EMPLAZADOS

Una metrópoli es como una gran obra de arte. Una obra construida por sus habitantes presentes, pasados y futuros. Alguien, no sé quién, dijo que la ciudad es como un libro que se lee con los pies, al recorrerla caminando. Quizá para muchos de nosotros Vitoria resulte un libro aburrido. Porque lo hemos leído mil veces... Y cuando alguien escribe una página nueva, si la página está bien escrita, volvemos a recobrar ese interés por la leer de nuevo la ciudad. Pero uno tiene la sensación de que, por mucho que nuestros representantes políticos nos digan que ese libro lo escribimos entre todos, son sólo ellos los que patrimonializan su escritura. Escritores sin solidez que arrancan páginas, porque creen que están viejas y desgastadas por el uso, para introducir otras nuevas en su lugar. Hojas resplandecientes, “de diseño”, impresas con buena tinta, pero mal redactadas. Y que no respetan la unidad de la obra en la que se integran: ahora pongo unas escaleras mecánicas, ahora un tranvía, ahora quito el monumento de la Virgen Blanca, ahora no lo quito…
Me hubiera gustado no hablar de la dichosa plaza. Pero estos días podemos visitar una exposición en la sala Espacio Ciudad y contemplar el proyecto de cambio de la Virgen Blanca. El visitante puede opinar sobre él, en una encuesta no vinculante, en la que se pregunta por los pros y los contras del nuevo diseño. El proyecto realizado por el equipo municipal apuesta por la creación de un espacio límpido que, dicen, permite la celebración de grandes eventos, con asistencia masiva de personas, como la subida del Celedón. También incluye la decoración del resto del espacio con jardineras móviles, fuentes luminosas y farolas de diseño.
No sé qué pasa en esta ciudad. En otras se respetan los espacios de carácter histórico: cafeterías, plazas, locales públicos, en general. En otras uno puede respirar la esencia de otros siglos tomándose un café en un bar ajeno al paso del tiempo. Aquí, es el mundo al revés: las nuevas urbanizaciones no tienen carácter nuevo e innovador. Son un calco de otras nuevas urbanizaciones de otras ciudades. Pero, en cambio, los espacios históricos se parchean con mobiliario urbano futurista en un afán por ser modernos. Es como vestir a un abuelo centenario con Nike. Pues no: nuestro abuelo llevaba chapela y bastón de toda la vida. Así lo conocimos cuando éramos unos cachorros. Y si respetamos su vida y su historia, aunque nosotros vistamos de Nike, es de rigor regalarle una nueva chapela y un nuevo bastón que no sean de “diseño”.
El otro día paseaba con un madrileño por la Virgen Blanca. Un especialista en arte público. Y me decía: “que dejen esto en paz. Que lleva así decenios. Eso sí: que lo restauren. Y que se preocupen de ser modernos dónde y cuándo hay que serlo.”
Dicen querer que la Plaza tenga mayor uso. Pero la verdad es que quieren un espacio diáfano para poder colocarnos una horrible carpa gigantesca cada dos por tres. Como hacen en la Plaza Nueva.