28.5.07

SIN GREMIO

Los creadores viven del aire, deben pensar muchos. Y es que ¡menudo cristo que tuve con un amigo mío, decorador para más señas, la semana pasada! La historia es que hace unos meses éste comenzó la obra de la “pelu” de una amiga por mediación mía. Yo le había sugerido al decorador que colaboráramos en ese trabajo. Y que incluyera en el presupuesto de la obra una escultura y una intervención de un servidor. Pero, al final, él no quiso contratarme como a un gremio más de su estudio. Es decir: presupuesto tu trabajo y se lo cobro a la peluquera. Para él la cosa era que yo me arreglara directamente con mi amiga. Bien. Así quedamos. Yo, para él, no era un gremio más. Yo era un artista. Los decoradores contratan a electricistas, albañiles, pintores… pero a artistas parece ser que no. La obra se hizo y él cobró su minuta. Y yo me curré mi escultura, mi intervención, unas fotos… y la semana pasada veo la recién impresa publicidad del estudio de decoración de este amigo mío. Mostrando las fotos de la nueva pelu. Fotos en las que se ven mis obras bien grandotas. Pero sin mencionar a su autor. Es decir: reproducen un trabajo mío que ellos no han pagado (porque no quisieron tratarme como a un gremio) para publicitar su negocio. Con lo que cualquiera que vea esa publicidad creerá que la escultura y la intervención han sido paridas por el estudio de decoración. Le expliqué a mi amigo que los artistas tenemos nuestros derechos. Como los músicos o cineastas. Que nadie puede reproducir imágenes nuestras para mercadear con ellas (eso es la publicidad) sin pagar la reproducción de las mismas y sin citar al autor. Y no lo entendió. Y yo veo el folleto. Y veo que el que lo ha diseñado cobra del decorador, y que el fotógrafo cobra del decorador… vamos, que todos cobran del decorador menos el artista. Reproducir la obra de un artista puede costar 100 euros, como mucho. Y lo malo no es que no cobres, es que usen tu trabajo sin tu consentimiento. Y sin nombrarte. Y peor que eso es que encima no te entiendan cuando te indignas. Porque la autoría es la única prerrogativa que tenemos los artistas frente a otros profesionales. El decorador me explicaba que él no sabía que reproducir la obra de un artista sin su permiso fuera ilegal. Que era la primera vez que le pasaba y eso que él había trabajado con muchos/as artistas. Cosa que no me extraña, porque aquí las/los artistas no se quejan ni aunque les den un golpe en sus partes nobles. Y proseguía, paradójicamente, explicándome que él pensaba que mi trabajo no era una obra artística sino algo decorativo. Así que uno al final se chupa lo peor de todos los lados: te tratan como artista para, en un principio, no pagarte, y después te tratan como un gremio para no consultarte cuando usan tu trabajo. Y aunque a uno le respalda la ley, la de los libros, y la otra, la moral, uno acaba con cara de tonto y con el amigo enfadado. Y uno piensa… ¿cuándo llegará el día en que nos traten como a un gremio más?