23.6.07

CULTURA EN ÁLAVA

Pocas reflexiones provenientes de la esfera cultural pública (o semipública) de nuestro entorno me interesan. Ni siquiera un ápice. Porque la autocomplacencia, la exaltación de los aciertos, la ocultación de los errores, y la miopía autoprovocada, anulan cualquier declaración que surja de ella. Pero el otro día leí, en la revista editada por Cultural Alava (nº 33, pag. 33), un escrito del conservador de la colección permanente de Artium de interés. En algunos aspectos, discrepo con él. Pero en otros coincido plenamente. Transcribo, por problemas de espacio –es una pena- sólo parte del texto:
“Desde los años sesenta y setenta se viene produciendo en Álava en relación con las artes, un largo proceso, inconcluso aún, de dignificar su presencia social y de instalar en el núcleo duro de una mentalidad ajena al valor cultural, la idea de que es imprescindible su desarrollo integral y no sólo ornamental (…) Pero no fue sino a partir de los primeros ochenta cuando se promovieron, desde el colectivo artístico, la articulación, la definición y la emisión sistemática de los discursos de reivindicación del papel del arte y de los artistas en una sociedad avanzada y desde entonces tales argumentos no han cambiado, aunque sí lo ha hecho la sociedad en algunos aspectos esenciales. La exigencia de una responsabilidad pública e institucional en el desarrollo profundo de la cultura es, ha sido y será responsabilidad, también, de los agentes culturales que se hallan implicados.(…)
Está claro que se ha dado un cambio de sensibilización política alrededor de la cultura, aunque con la perversión, común a casi todas las políticas actuales y esperemos que modificables algún día, de que sólo o principalmente se trata de un asunto de riqueza económica, espectáculo e imagen. No negaré la cuota que corresponde a esta trilogía, pero se obvia que la cosa cultural se compone básicamente y en esencia de despertar, colectiva e individualmente, la capacidad crítica para entender las razones de los procesos históricos de la actividad humana y provocar en positivo, emocional e intelectualmente, los cambios inevitables a los que nos enfrentamos. Por otro lado y como consecuencia, asumiendo que no se debe perder nunca la exigencia de responsabilidad pública en el transcurrir de la cultura, se deben matizar las posturas críticas de los agentes culturales, enfatizando más las cuestiones de fondo, como son las desviaciones apuntadas más arriba, la ausencia absoluta de coordinación en las estructuras y las aspiraciones que se ofrecen, los nuevos conceptos patrimoniales o las reflexiones sobre las políticas de glocalidad e identidad. Debemos asumir que lo cultural y lo artístico ha entrado por una rendija en los principales despachos de la institución, ahora, una vez dentro, deben alterarse el fondo de los objetivos. Éste es el nuevo reto”