28.7.07

RESQUICIOS

La película de animación “Persépolis” realizada por la historietista iraní Marjane Satrapi recibió el mes pasado en el Festival de Cannes el Gran Premio del Jurado. En nuestro país el Ministerio de Cultura ha creado, este año, el Premio Nacional de Cómic. El centro Cultural y de Ocio de la Alholdiga en Bilbao, que abrirá sus puertas en 2008, ha anunciado que contará con un importante fondo documental historietístico. El mes pasado se inauguró un Museo del Cómic en Calpe. El centro cultural Koldo Mitxelena de Donosti está catalogando la importante colección de cómic adquirida hace un par de años… Es obvio que el cómic empieza a abrirse un hueco en las agendas de los centros culturales, en las páginas de cultura de periódicos y revistas. ¿A qué se debe este repentino interés por el cómic? Este es un medio que, sorpresivamente, ha sabido sobrevivir contiendo con las grandes industrias de la cultura y del ocio, pero sin ser devoradas por éstas. Y desde esa posición lateral ha conseguido crearse un público fiel. Pero mientras otras artes como las plásticas, el cine, la música han sido arrolladas por el fenómeno de la mercantilización de la cultura a manos del actual hipercapitalismo, el cómic ha conservado su esencia intacta. La cultura, hoy más que nunca, es un mero producto: se anuncia y se vende como otro artículo de consumo más. Pero… ¿quién ha visto en los mass media un anuncio sobre determinado cómic? El cómic no necesita de la publicidad para sobrevivir.
Hoy en día cualquiera desde su casa y pulsando una tecla de su ordenador puede, ilegalmente eso sí, disfrutar de cualquier película o álbum musical. El pirateo está a la orden del día. Un fenómeno que daña a las industrias musicales y cinematográficas. Pero que, por contra, no sólo no afecta negativamente al mundo del cómic, sino que le sirve de gratuito vehículo publicitario. Es curioso que un arte que nunca ha conseguido conseguir el estatus de producto cultural de calidad por ser, entre otras cosas, un medio que puede ser reproducido sobre barato papel de periódico, ahora empieza a ser mirado por otros medios con envidia. Porque el cómic está a salvo de la reproducción y copia digital. Y porque todavía sus creadores están llenos de ideas y de energía. Y es que cuando muchos directores de cine se quejan del poco margen de libertad del que disponen a la hora de crear una película de autor, porque están atados de pies y manos a las leoninas compañías cinematográficas -es decir, a las duras leyes del mercado- es lógico que éstos empiezan a envidiar el otrora llamado “cine de pobres”, es decir: el cómic. Porque el historietista puede publicar un álbum, distribuirlo, venderlo, sin costes excesivos. Y si un álbum no se vende bien… es difícil que la editorial quiebre o que su autor se arruine. Eso convierte a este medio en uno de los escasos resquicios de libre creación –y de libre pensamiento- con los que el mundo de la cultura cuenta hoy en día.