28.7.07

TRES CELEDONES

Si yo viviera en otra ciudad y viera el cartel de Fiestas de la Blanca se me quitarían las ganas de visitarlas. Porque ver a cuatro señores dibujados de una forma académica empuñando un paraguas –sólo los vitorianos sabemos que esos cuatro son las personas que han encarnado a Celedón- no es el mejor de los reclamos. Un cartel que, paradójicamente, no rinde homenaje a Celedón, ni a los creadores de este mito, sino a las personas de carne y hueso que, como digo, han “interpretado” el papel del simbólico personaje vitoriano. Un despropósito más producto de estos tiempos banales que nos toca vivir. En los que se valora más al actor que al papel que representa.
Y se declara un concurso desierto con cincuenta carteles presentados. Queda feo declarar un concurso desierto. Los concursos se organizan para que cualquier pueda participar y ganar. Tienen un espíritu democrático, participativo. Impiden la posibilidad de otorgar encargos a dedo. Y, este año, al final ha habido dedazo. Da la sensación de que lo que querían los miembros del jurado era que alguien hiciese el cartel que nuestros mandatarios tenían en mente: uno que celebrase la cincuentena de Celedón. El autor elegido para realizar el cartel tiene en su haber el currículo de haber realizado una estatua pública de Celedón. Y por eso han pensado en él. Para que retrate de forma realista a los cuatro “Celedones”. Y así ha salido el cartel. ¡Qué diferencia con los carteles de San Fermines! Éstos consiguen aunar modernidad y tradición a través de su grafismo actual. Situando así simbólicamente la tradición en la actualidad. Cuando alguien, de cualquier lugar del mundo, ve un cartel de San Fermines, sabe que está asistiendo a una fiesta que aún siendo de raíz ancestral, además está asistiendo a un evento actual, del siglo XXI. Cosa que no sucede con el cartel de este año de fiestas de Vitoria.
Las fiestas son eventos culturales, que a diferencia de otros, surgen de los ciudadanos, del pueblo. Celedón, por lo tanto, fue creado por la gente llana. Y por eso me parece de rigor que el cartel que anuncia la fiesta nazca de un concurso. En este caso nos han impuesto un cartel. Y, encima, no han llamado a un publicista, o a un diseñador gráfico. Han llamado a un dibujante. “Dibuja bien para que se vean clarito los cuatro Celedones”, le habrán dicho. Incluyendo también a la persona que, cuando, la comisión de blusas decide en 1976 que Celedón (Jose Luis Isasi) no baje de la torre como protesta por los asesinatos del 3 de marzo, éste -torero llegado de Bilbao, para más señas- desoye la voluntad popular y suplanta a Isasi con el amparo del ayuntamiento de entonces. Si las fiestas son del pueblo ese Celedón no fue tal Celedón. Y no tendría que salir en ese cartel. Eso es lo malo de dibujar personas. Que tienen su vida propia fuera del símbolo que representan. Lo paradójico de todo esto es que, además, todo esto ha sucedido con un ayuntamiento de izquierdas.