19.9.07

AHORA

En los años sesenta el arte realizado en el País Vasco atraviesa un paradigmático momento. Momento de revolución de conceptos que intenta germinar en una sociedad con escasa libertad de expresión, aunque de mentalidad más abierta que la de décadas anteriores. Esta nueva vanguardia vasca se articula entorno al nacimiento de varios grupos de artistas: Gaur (Gipuzkoa), Hemen (Bizkaia), Danok (Navarra) y Baita (Iparralde). En Álava el grupo Orain -integrado por Carmelo Ortiz de Elguea, Joaquín Fraile, Juan Mieg, Alberto Schommer y Jesús Etxebarria- intenta escaparse de los gastados lenguajes imperantes para intentar crear un arte que se oponga a la censura y a los viciados certámenes oficiales. Los grupos buscan nuevos referentes. Por una parte se sumergen en la ancestral cultura vasca buscando señas de identidad, y, por otra, intentan recuperar el nexo con la tentativa de vanguardia anterior a la Guerra Civil. Sin olvidar que desde Europa y Estados Unidos están llegando los potentes ecos de las vanguardias internacionales. Carmelo Ortiz de Elgea, miembro de Orain, expone estos días una selección de sus seis últimos años de trabajo en la sala Fundación Caja Vital. Ésta es sólo la tercera exposición individual de sus obras en Vitoria, a pesar de ser uno de los pilares del arte realizado en nuestra provincia.

Y podemos ver sesenta obras pictóricas de gran formato cargadas de materia. Obras abstractas, pero con claros referentes figurativos. Los temas clásicos de la pintura - figura, paisaje y bodegón- pueden adivinarse ocultos entre las pinceladas enérgicas del pintor. Una obra que ya no busca revolucionar, sino evolucionar. Es la mera expresión del mundo particular de una autor que a lo largo de los años ha llegado a crear su propio lenguaje. Aunque curiosamente son obras frescas, jóvenes. Detrás de cada cuadro se vislumbra una búsqueda. Rasgo sorprendente en la obra de una artista que lleva más de cuarenta años pintando.

Pero uno echa en falta una mejor puesta en escena de la obra de este autor. Al visitar la muestra no encontré ningún folleto explicativo, ningún catálogo que me sirviera de guía, que me situara ante el artista. Sólo encontré un escueto texto impreso sobre las paredes. En general se echa en falta el apoyo de comisarios o críticos en la planificación y producción de las exposiciones de esta sala. Y el espacio físico tampoco acompaña. Necesita adecuarse a los tiempos que corren. Esos suelos de mármol, esas paredes, la tosca división de los espacios, imposibilitan que las obras expuestas puedan verse sin perturbaciones. Es una pena que esta sala de ubicación privilegiada en la ciudad -y que por ello tiene un alto índice de visitas de la ciudad- no aproveche esa favorable circunstancia para incidir con más peso en el mundo cultural de la ciudad. Exponer no es sólo colgar y mostrar cuadros. Es necesario arropar las exposiciones, apuntalarlas con actuaciones desde los campos del análisis, la didáctica y la divulgación.