1.10.07

BUFFER

Hubo una época en la que los artistas, los creadores, los intelectuales intervenían en la vida de las ciudades. Construyendo lentamente su cultura y, en definitiva, su historia. Una época en la que existían lazos uniendo a los ciudadanos con los artistas, a los artistas con las instituciones, a las instituciones con los ciudadanos. Formando todos ellos un único ecosistema. No sé muy bien en qué momento el ecosistema se alteró, se destruyó. Supongo que sucedió algo similar al fenómeno de la desaparición del cangrejo autóctono de nuestros ríos: se importaron modelos de fuera que rompieron el frágil equilibrio del hábitat local. Y la mayoría de los elementos pequeños, pero fundamentales dentro de ese ecosistema entonces alterado, desaparecieron. En nuestra ciudad todavía sobreviven algunos elementos. No demasiados: está Hell Dorado en el terreno musical, la revista TMEO en el ámbito historietístico, más Zuloa y Fundación Rodriguez en el de las artes plásticas. Cuatro iniciativas independientes. Independientes de las pautas marcadas por las instituciones. Porque hoy en día la cultura, parece ser, tiene que ver mucho con la institución y poco con la calle, con la ciudad real. Las instituciones han creado su zoológico. Y de vez en cuando nos muestran algún animal exótico traído de tierras lejanas. Porque para ellos los autóctonos no tienen excesivo interés: al público lo que le gusta es poder dar de comer a un ornitorrinco enrejado, o cegar con el flash de su cámara a un koala. Pero para nada les apetece contemplar a un gorrión o a una paloma. Porque los gorriones y las palomas vuelan todos los días por encima de sus cabezas.
Y hoy se inaugura en Zuloa “Buffer”. Una exposición que quiere mostrar una parte de ese ecosistema cultural nuestro. Seis artistas afincados en nuestra ciudad, todos ellos moviéndose en el campo fotográfico, nos muestran sus trabajos. No los voy a nombrar. Voy a emular a Artium: la semana pasada se inauguró en dicho museo una exposición con cientos de trabajos fotográficos y mencionaron que, entre ellos, hay cuatro fotografías realizadas por artistas de nuestra ciudad. Pero nadie, ningún periódico, cita los nombres de esos cuatro artistas. Porque, claro, forman parte de esas bandadas de gorriones y palomas que vuelan por encima de nuestras cabezas todos los días. No tienen mayor interés. Aunque quizá ahora empiecen a tenerla. Porque están en vías de extinción.
Es perentoria la puesta en marcha de espacios desde donde poder ejercitar los lentos procesos de construcción de cultura. Poniendo en marcha políticas culturales de cercanía. Y reforzar las pocas iniciativas independientes que todavía sobreviven. Porque, como dijo Walter Mignolo "las historias son siempre locales, cualquiera sea el imaginario y lo imaginado en esa localidad. Aunque sea la historia universal de Hegel. La historia universal es universal en el enunciado pero local en la enunciación”