30.10.07

MONTEKREARTIUM

Cuarenta inviernos ya. Y desde los veinte ando metido en esto del arte y de la cultura. Como muchos otros. Durante esos años he participado en un montón de aventuras. Y de desventuras. Muchas de ellas compartidas. Muchas de ellas emprendidas con el ingenuo propósito de intentar cambiar un poco, para mejor, el panorama cultural próximo. Para hacerlo más participativo, más divertido. Y el otro día le comentaba a un compañero de esas aventuras y desventuras que después de veinte años dando el turre, me daba la impresión de que no habíamos conseguido cambiar nada. Nunca tantos habíamos trabajado tanto por tan poco y para conseguir… nada. “Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria”, diría Groucho Marx. Porque con la creación del colectivo Plataforma Amárica no logramos que la sala Amárica no cerrase sus puertas. Y con la participación en el Consejo Social de la Ciudad, después de elaborar informes, reunirnos un montón de veces -y todo por la patilla- no conseguimos que los propios políticos que nos convocaron nos hicieran el más mínimo caso. A mí se me quedó cara de tonto. Y a otros, a los que nos llamaron, de listos.

Conclusión: las instituciones son impermeables a lo que los agentes culturales y sociales de la ciudad puedan querer aportar. Cuando te convocan es para tirarse el moco de lo abiertos que son. Se sacan la foto contigo y a correr. Parece ser que para cambiar algo tienes que forma parte de la propia estructura institucional. Opositar, obtener un contrato, un salario para tener voz y voto. No existe la democracia participativa. Puedes llevar veinte años en la carretera –en la de la cultura- que llega un nuevo concejal, diputado o gestor cultural, recién salido de fábrica, y pasará en moto de lo que le puedas sugerir. A los cinco minutos de ocupar su sillón ergonómico ya piensa que lo sabe todo. Aunque dirá públicamente que escucha a los artistas. Y que, por lo tanto, permite que éstos participen. Palabras y titulares.

Si quieren hablar de participación real, señores y señoras, compartan la gestión de recursos e infraestructuras. Porque participar es construir en común. Participar en hacer y gestionar entre todos. Que se creen en Artium (Diputación), Krea (Caja Vital) y Montehermoso (Ayuntamiento) sendos consejos en los que estén presentes las fuerzas vivas de la ciudad. Con su voz y con su voto. Incluso que en dichos consejos esté presente el propio público, el propio usuario. Porque si tanto piensan en el público dejen que éste participe. Eso sí es hablar, escuchar, dialogar. Lo demás… está de más y rima. Si quieren centros culturales contemporáneos y participativos sean contemporáneos y participativos en la gestión de éstos.

Y hablo de todo esto porque estos días hemos visto en la prensa a los directores de Krea, Artium y Montehermoso. La foto: tres cabezas para tres proyectos. Cuando deberían de ser trescientas cabezas para tres proyectos. Esa sí es una buena foto