28.11.07

PERISCOPIO

No suelo hablar de exposiciones. Porque me interesa más escribir sobre lo que se cuece tras las bambalinas del gran teatro de la cultura. En ese sentido creo más relevante valorar las actuaciones en materia cultural generadas por las instituciones, que hablar sobre el propio y concreto arte en sí. Porque esta columna quiere ser de crítica cultural. Entendiendo la cultura como las formas de vida, y sus expresiones, producidas por una sociedad. Por lo tanto, si tengo que elegir entre valorar públicamente lo generado por una institución -por sus políticas- y lo generado por un artista, me parece más urgente hablar de lo primero. Porque hoy en día es en el seno de las instituciones donde la producción cultural se convierte en socialmente representativa. Ellos tienen la sartén por el mango. Ellos son la cultura. Y me interesa hablar sobre ello porque, además, en el seno de la institución y desde la institución, nunca se ejerce crítica alguna.
Pero hay excepciones. De vez en cuando uno asiste a una exposición que le deja con la boca abierta. Es el caso de la muestra del fotógrafo Elliot Erwit. Exposición ubicada en la sala de la Fundación Caja Vital y que se enmarca dentro de la iniciativa “Periscopio”. Estos días pueden, y deben, visitarla.
Podríamos enmarcar la obra de Elliot Erwit dentro del ámbito de la fotografía documental. O del fotoperiodismo. Aunque últimamente éste no atraviesa buenos momentos. La fotografía como documento está inmersa en una profunda crisis de ideas, de conceptos, de contenidos. Ejemplos que corroboren este hecho los tenemos ahora mismo delante de nuestras narices. Los tenemos en nuestra ciudad, enmarcados también dentro de la iniciativa “Periscopio”. Estoy hablando de esas fotografías pretendidamente documentales que, paradójicamente, si rascamos un poco, se nos muestran sensacionalistas, publicitarias. Fotografías realizadas con magníficas cámaras, con excelentes composiciones, con ostentosas facturas. Pero que, bajo la excusa de reflejar crudamente la realidad, lo que hacen es recrearla embelleciéndola. Porque ¿es posible que una fotografía de un asesinado rodeado de escombros tenga una estética de spot publicitario? Sí ¿Y que se premie ese trabajo? También. ¿Y por qué? Porque hay que vestir bien al muerto para que quede presentable, para poder mostrarlo al público. Así se venden más periódicos y más revistas.
Muchos fotógrafos deberían de visitar la exposición de Elliot Erwit. Para constatar que la fuerza de una imagen no reside en un encuadre bello. Ni en una composición bella. Sino en plasmar una idea inteligente de una forma inteligente. Y sin artificios. Reside en saber ver la ocasión. En ser consciente de la realidad que te rodea. En saber unir elementos distintos, incluso contradictorios, para comunicar algo al espectador. Para comunicar una verdad oculta por su evidencia. El artista Elliot Erwit sí es como un periscopio.