9.12.07

SERÉ "GIRI"

He leído “Los Pilares de la Tierra”. Tengo la debilidad de leer libros de evasión cuando debo de permanecer sentado o postrado durante muchas horas sin nada mejor que hacer. Así, con los años, he leído multitud de “best sellers” en hospitales, aviones y aeropuertos. Y he llegado a la conclusión de que tildar como “mal libro” a cualquier cosa que se venda es, claramente, un menosprecio infundado. Porque he encontrado páginas de buena literatura entre autores tan denostados por la crítica como Stephen King o Morris West. Y cuando hablo de buena literatura me refiero a obras que consiguen conmoverme, o que me hacen reflexionar, mientras me divierto. Obras que, por alguna razón, perduran en mi memoria. No es el caso de “Los Pilares de la Tierra”. Mientras leía ese folletín interminable me formulaba a mí mismo la recurrente pregunta: ¿será posible que en mil y pico páginas no encuentre ni una sola frase dotada de fuerza, ni una sola idea inteligente o bella? “Los Pilares de la Tierra” es un melodrama barato con personajes arquetípicos y acartonados –los malos son malísimos; y los buenos, unos santos- condimentado con algo de arquitectura medieval. Y lo más irritante es la falsa erudición de su autor, Kent Follet: cientos de páginas describiendo con pésimo estilo la construcción de una catedral que parecen extraídas de un manual de arquitectura: nombres técnicos por doquier, ausencia de metáforas inteligentes… Pero su autor ha vendido millones de ejemplares. A millones de lectores que creen que una novela es tanto más buena cuantos más datos presumiblemente cultos contenga. Pues bien: la segunda parte de esa novela la presenta ahora en nuestra ciudad. No es de extrañar: la Fundación Santa María cedió a su autor todos los estudios realizados sobre nuestra catedral durante estos años de restauración. Material que Kent Follet ha utilizado muy gustoso para ambientar su nueva novela. Se ha ahorrado así la contratación de “negros” para esa labor. “El proyecto de la Fundación ya es conocido en muchos lugares, pero esto va a multiplicar por mucho la repercusión de Santa María y, por lo tanto, de la capital alavesa”, dice el gerente de la recuperación del templo. Y en ese sentido, en un acto que rallará la horterada, un escultor ha realizado una estatua de Ken Follet que será colocada en la plaza de la Brullería. Esperemos que los próximos años no vengan más famosos a nuestra ciudad. Porque en su tiempo ya le dedicamos una estatua al músico Wynton Marsalis. Y ahora a Follet. La próxima estatua puede ser de Bisbal, cuidado.

El artista Wharlol dijo hace décadas que en el futuro todos tendríamos derecho a nuestros 15 minutos de fama. Yo añadiría: en el presente todas las ciudades que aspiran a ser globales tienen derecho a sus 15 minutos de fama. Aún a costa de hacer el payaso. Eso sí: durante esos minutos yo reniego de mi ciudad. Durante esos minutos “follerianos” yo me declaro “giri”.