11.1.08

CASA FRÍA

Un nuevo año. Y una vez más miramos hacia delante intentando preverlo. En ese sentido hoy me han llamado de la radio. Querían saber cómo veía yo el nuevo año vitoriano en el plano cultural. La verdad: en esta ocasión me hubiera gustado contestar de una forma optimista. Pero mi réplica ha sido la siguiente: lo veo negro. Porque aquí cultura e institución son dos palabras que cada año se confunden más. Empiezan a significar lo mismo. Cuando lo importante es que la cultura esté en la calle, no en los Centros de Arte. La cultura no es sólo algo que haya que consumir en los Museos, sino que –y eso es cardinal- es algo que hay que producir entre todos. Y para ello desde la institución se tiene que apoyar a los ciudadanos que quieren generar cultura en todas sus dimensiones: obras de arte, eventos, actividades, exposiciones, conciertos… E incentivarlos. Cosa que aquí cada vez se hace menos. “Muy interesante” me ha respondido el tío de la radio. Pero creo que no me ha escuchado. Porque la siguiente pregunta ha sido: ¿crees que en esta ciudad el ciudadano tiene suficiente oferta cultural? Así que he tenido contestar lo mismo pero con otras palabras. Que una ciudad es rica culturalmente cuando produce cultura. Y cuando esa producción se integra en nuestra vida cotidiana: fanzines, libros, conciertos en bares, exposiciones, apertura de espacios de arte privados… “Muy interesante” me ha vuelto a responder el tío sordo. Porque la última pregunta que me ha formulado ha sido la siguiente: “ Y qué te parece la creación del nuevo auditorio?” Yo ahí he perdido la paciencia. Y he respondido que si hablamos de consumo lo mejor que puede hacer un vitoriano es irse a Madrid a disfrutar de un buen espectáculo en uno de sus excelsos teatros. Y que nuestro ayuntamiento lo que tendría que hacer es subvencionar autobuses gratuitos que nos lleven para allá. Así nos airearnos un poco de nuestro síndrome de enano con miras de superioridad.

Porque crear una infraestructura nueva, de lujo, está al alcance de muchas ciudades de provincias. Pero mantenerla… eso es otra cosa. Para eso hace falta vender miles de entradas. Y en Vitoria no hay tanto público: somos una ciudad mediana. Traer una gran orquesta a nuestro auditorio, por ejemplo, costará mucho dinero. Por lo que al final ese nuevo equipamiento va acoger dos grandes saraos al año. Y a cuenta de que el ayuntamiento afloje mucho el bolsillo.

Todo esto me recuerda a un amigo mío que se ha comprado una casa de doscientos metros cuadrados. Gran casa para fardar. Pero que luego se pasa los largos inviernos muerto de frío porque no le llega la pasta para calentarla. Ni siquiera para cuando llegan las visitas.

Así que la mejor propuesta cultural hoy en día en nuestra ciudad nos la ofrece el Corte Inglés: nos vende entradas para irnos a Barcelona o Madrid para disfrutar ahí de los grandes eventos culturales.