18.1.08

EL CANTANTE

Vitoria es ya un parque temático: sólo importa cuánta pasta o cuanto público mueve la industria cultural. Y es que estos días el asunto de Follet, incluyendo en él la estatua esta premoderna que le van a erigir, me hastía. Si no fuera por esta patológica vagancia mía hace días que habría elaborado un texto de protesta buscando las firmas de los que todavía por estos lares no han perdido el norte. El otro día salgo a comprar un libro y me topo con decenas de libreros enfebrecidos vendiendo el best seller de Follet como churros. Los tenían ya envueltos en papel de regalo. Para no perder tiempo. Después conecto la radio y escucho a una tía poniendo a parir a Follet. Diciendo que no se merece esa estatua. Yo en eso discrepo: la ciudad, la pobre, es la que no se merece que la llenen de rancias estatuas. Porque yo pensaba que eso de llenar de estatuas las ciudades era una cosa que puso de moda el PP. Como es el caso de esa Woody Allen en Oviedo. Pero no: éstos que se dicen que son de izquierdas también están en lo mismo. A este paso van a tener que montar una fundición municipal de bronce para que salgan más baratas al contribuyente. Estos tíos son tan carcas que creen que la única forma de rendir un homenaje a alguien o a algo es erigiéndole una estatua. Pero no voy a entrar en eso: la tía en cuestión lo que quería decir realmente es que ese mercenario de las letras que es Follet no se merece un homenaje en esta ciudad. Que los homenajes se deben de rendir a la gente que habiendo vivido en su ciudad ha llegado a formar parte de su historia. Y que lo de la estatua de Follet es un agravio para todos ellos. Y al poco nuestro alcalde –de izquierdas- respondía a sus palabras. Al escucharle tengo que reconocer que mis esquemas se han roto cual cristal. Todo lo que yo pensaba sobre la gente de afiliación izquierdista se ha esfumado. Porque yo creía que esta gente era progresista, solidaria, culta. Pues no. No ponen una estatua de Follet porque es famoso y vende millones de libros. Y, por ende, ha elegido esta ciudad para presentar su best seller. Y ya está. Hemos adoptado a un tío famoso para ver si algo de esa fama se le pega a nuestra ciudad. Y punto pelota. “Las catedrales son una especie de símbolo de todas las contribuciones de la Edad Media. Son hermosas y están llenas de riqueza y complejidad, pero se edificaron en una época que tendremos que recordar por la pobreza e ignorancia de la gente, comparada con tiempos posteriores", dijo el otro día Follet. Es un pozo de cultura el tío. Lo que aprende uno escuchándole… Tópicos y más tópicos.

Menos mal que después ha caído en mis manos una revista en la que se entrevistaba al cantante Mikel Urdangarin. Él y su grupo viven desde hace años en el Casco Viejo de Vitoria. Urdangarin hablaba de sus vivencias, de su trayectoria, de su amor por la música, de sus sueños, de su vida en esta ciudad, de sus luchas. .. Y leyendo eso pensaba: “este tipo sí que se merece un homenaje”.