8.2.08

PANDORA

El otro día me llegó un mail: “SE BUSCAN CONSEJEROS PARA CAJA VITAL. Hola a tod@s, esto no es una broma, es una posibilidad real. La Obra Social de la Caja Vital Kutxa ha dispuesto este año de 26 millones de euros para las diferentes partidas de Fundaciones, Cultura y Tiempo libre, Asistencia Social y Sanitaria, Educación e Investigación, Patrimonio Histórico y Medio Ambiente y, sobre todo, inversiones -8 millones de euros. (…) A cuántos de vosotros, que gestionáis asociaciones, actividades públicas y festivales varios, os han dicho aquello de no hay dinero para apoyaros? La Caja Vital, como otras instituciones y partidos políticos, se está alejando progresivamente de los ciudadanos a los que, teóricamente, deberían dedicar sus esfuerzos y sus beneficios. El futuro se presenta negro para todos l@s que realizamos actividades sociales ya que estamos asistiendo a un aumento de los recursos invertidos en inmuebles -nueva sede en Salburua, KREA… y a una disminución de los dedicados a contenidos (…) Además, con la probable fusión a medio plazo de las tres cajas vascas, se prevee que el destino de esos recursos sea aún mayor para megaproyectos, y todas las asociaciones tengamos que poner txoznas en La Blanca para sobrevivir (…) el 17 de febrero de 2008 hay elecciones para renovar a la mitad de los Consejeros Generales de la Caja Vital, que son 100, y controlan y proponen a los órganos directivos de la entidad (…) Necesitamos 83 personas para incluir en la lista” Bien: han conseguido llenar esa lista en dos semanas. Se presentan, por lo tanto, a las elecciones, compitiendo con otras seis candidaturas. Lo que me llama la atención de este nuevo grupo es que quieren representar al mundo de la cultura local. Un mundo invertebrado, insolidario, autista. En el año 2000 se crea el colectivo Plataforma Amárica. Es el año que se cierra la emblemática sala Amárica. Ese era el momento en el que la esfera de la cultura local debería de haberse unido en bloque, coincidiendo con ese momento de fractura entre institución y contexto local. Las instituciones rompen ese tácito contrato con la creación local y apuestan por modelos de carácter espectacular: ladrillo y grandes saraos.
Es sintomático que ni uno sólo de los miembros de la extinta Plataforma esté presente en esta candidatura. Las experiencias pasadas, lo trabajado, se pierde. Y ahora, hoy, parece que se actúa desde el rencor. Un colectivo de gente de la cultura unido, consolidado en el tiempo, es más eficaz que cuarenta consejeros descasados en la Vital reclamando “más pelas” para lo local. Esto último es comenzar el edificio por el tejado. Lo primordial es conseguir un consenso, articular un colectivo que ejerza de interlocutor ante la institución, elaborar un programa… Ahí está el quid. No se puede actuar desde el enfado o la decepción. Porque podemos fracturar más el maltratado ecosistema local. Una vez más, en esta ciudad, todo se hace de forma precipitada.