12.3.08

SIN CASA

En cultura, aquí, caminamos cual cangrejos. En vez de andar, desandamos. En vez de construir, destruimos. Y mira que llegué a dudar… “Será cosa mía”, llegué a pensar. Porque me he visto incapaz de escribir en este diario dos columnas seguidas de buen rollo ¡Qué más me gustaría a mí que lanzar cohetes por lo bien que nos va culturalmente en esta ciudad! Ciento y pico columnas ya. Y entre ellas no más de diez optimistas. Me siento sobrepasado por la cantidad de asuntos malogrados, o mal llevados, que veo a mi alrededor cada vez que salgo a la calle y sobre los que creo que debo de escribir. Se me acumulan los temas. Porque uno se entera de repente –por poner un ejemplo- que esa estatua del Celedón puesta en la balconada de San Miguel se pagó en su día con dinero del 2%. Ya saben: ese 2 % de los gastos de las obras municipales en materia de urbanismo que, se supone, tienen que ir destinadas a compra de arte. Un dinero, mucho dinero, que nadie se ha preocupado de recaudar, según confirmó el otro día nuestra concejala. Y uno se entera de que en diez años la única inversión que ha salido de ese 2% ha sido esa: un Celedón. Así que un servidor se lleva las manos a la cabeza y se echa a temblar… Y es que, después de que esa noticia llegara a mis oídos, ya no sé si es mejor que no se gasten un euro más del 2%. Porque si van a comprar más estatuas similares con un dinero que se podría destinar a dar meneo al triste panorama cultural nuestro, lo mejor es, señoras y señores del ayuntamiento, quemar ese dinero la noche de San Juan. Dejen las calles vacías de estatuas, por favor. Y coloquen esas figuritas, si tanto les molan -pero en pequeño formato claro- encima de sus televisores. O adornen de enanitos los jardines de su casa de campo. Porque, digan lo que digan, ni la estatua de Ken Follet, ni la del Celedón, ni otras similares, acabarán nunca en un museo. Son trabajos alimenticios para el artista, lo sabemos todos. El arte es algo más que un bulto de bronce de corte realista situado en la calle para hacer el chiste de que simula un viandante. Ese chiste lo podemos ver por doquier. Ya no tiene gracia. Está más gastado que un tebeo. Sacarse una foto al lado de un torero, o de un Woody Allen, de bronce no es ingenioso ni original. Es una horterada.
A lo que iba al comenzar esta columna… Últimamente se me está quitando el complejo de cascarrabias: las voces críticas en esta ciudad empiezan a ser legión. Eso sí: totalmente desestructuradas, a su bola. Pero ahí están. Ayer, por ejemplo, me llegó un mensaje por correo electrónico. Comenzaba así: “Ante el cierre del programa de exposiciones fotográficas de la casa de Cultura de Vitoria-Gasteiz y la falta de explicaciones de la institución gestora, la Diputación Foral de Álava, los abajo firmantes, fotógrafos, críticos, comisarios, historiadores y especialistas en el mundo de la fotografía, quieren hacer constar…” De este asunto hablaremos la semana que viene.