22.4.08

"REPTÁNGULO"

"El rectángulo áureo se divide en un cuadrado, cuyo lado es el menor de los del rectángulo y otro rectángulo áureo. Hay un orden establecido", me dice Gerardo mientras conduce. Yo no le contesto, pero me siento bien escuchándole. Porque pensar que existe un orden allá fuera me reconforta aquí dentro. O más bien: pensar que alguien piensa que ese orden existe, aunque sea dentro de un rectángulo, me reconforta. Y le escucho hablar de rectángulos, mientras mentalmente doy vueltas al vocablo “rectángulo”, girándolo, dividiéndolo en sílabas, buscando su orden interno. Escucho a Gerardo, sí, pero en un segundo plano mental sigo jugando con el concepto “rectángulo”. Hasta que empieza a sonarme así: “rep-tán-gu-lo” Entonces me parece ver a Gerardo “reptar”, caminar, por los ángulos de esa figura geométrica, pacífica, callada, inmutable, ordenada. Reptando por sus cuatro ángulos, recorriéndolos, perdiéndose en ellos, intentando trasladar la quietud de éstos a sus obras. Que son un camino intermedio. Porque lo que realmente le interesa a Gerardo es trasladar esa quietud, ese orden, a su realidad y a la nuestra.
Gerardo es un constructor. Pero no “de edificios”. Es constructor a secas. En estado puro. Mientras el mundo que nos rodea acaba por superarnos y nos desborda, él confía en el orden de un rectángulo. Un rectángulo desde el que construir. Porque construir es una forma de asir una parte –una pequeña parte- del mundo, en un vano afán por controlarlo en su globalidad. Construimos porque somos capaces de dominar la materia. O dominamos la materia porque somos capaces de construir.
Y hoy se inaugura en Zuloa Espacio la exposición “El orden debajo de la herida” de Gerardo Armesto. Y Gerardo conduce a mi lado. Estamos llevando las obras al local dónde serán expuestas. Obras en principio pictóricas. Y digo “en principio” porque ellas la pintura acabó perdiéndose por el camino. En ellas la estructura geométrica, los rectángulos acaban por dominar a la pintura. Y al final los “reptángulos” toman volumen, reptan por los planos, como su autor, y se convierten en objetos escultóricos.
Gerardo Armesto comenzó en su juventud la carrera de arquitectura y la abandonó al poco por la de Bellas Artes. Desde 1981 comparte la cátedra de dibujo del Instituto Los Herrán en Vitoria. Labor que siempre ha simultaneado con su dedicación a la práctica audiovisual y a la plástica. De sus trabajos en vídeo y en cine hay que destacar las obras “La elección del soporte” (1981), “Disfraces para un cubo II” (1985) y “Concierto para una escalera” (1984) En 1990 abandona este trabajo relacionado con la imagen en movimiento. Aunque labor en ese campo dio sus frutos: está presente en algunas videotecas y filmotecas nacionales (Circulo de Bellas Artes de Madrid, Filmoteca Vasca, Filmoteca Española y Centro de Arte Reina Sofía. Y ahora su último proyecto puede ser visto en Zuloa.