24.5.08

RELEVO

Escribo estas líneas el pasado miércoles -el pasado de ustedes, claro; y el actual mío- desde el aeropuerto de Barcelona. Esto es una de las cosas buenas anejas a las nuevas tecnologías: uno puede escribir cualquier cosa desde cualquier sitio a cualquier hora y mandarlo a cualquier lugar. Y es que el avión que vuela a Vitoria lleva retraso, y aprovecho esa circunstancia para teclear un rato. Pero no piensen que no me tomo en serio esta sección, no. No piensen que aprovecho los tiempos muertos para escribirla. En esta ocasión tenía una columna escrita desde hacía días. La dejé preparada antes de venir a Barcelona por asuntos de curro creativo. Pero hace un ratito me han llamado de un periódico de la “compe”, otra cosa positiva de la tecnología, para preguntarme qué me parecía la dimisión del actual director de nuestro Artium. He estado ha punto de arrugar mi ordenador, y con él mi columna escrita hace días, y tirarlo a la papelera. ¿No podría haber dimitido la semana que viene? Y ahora… ¿cómo no voy a escribir sobre asunto de tal relevancia? ¡La dimisión del director de nuestro Museo!
Y la chica de la “compe” me ha pedido, reitero, mi opinión sobre la renuncia del actual director de Artium. Yo le he contestado que ponderar su gestión ahora, y públicamente, es algo primordial. Es preciso saber en qué se ha fallado y en qué se ha acertado para lograr que la próxima gestión sea más eficaz. Por lo demás un servidor lleva siete años mostrándose sumamente crítico con el enfoque, con la filosofía, con el plan director de Artium. A columnas mías anteriores me remito. Resumiendo: podríamos decir que Artium ha sido un museo que, y sobre todo en sus comienzos, ha elegido vivir a espaldas de la ciudad que lo ha creado. Ha buscado más proyectar su imagen hacia el exterior que ante los alaveses. Por otra parte tampoco ha sabido, o más bien no ha querido, servir de plataforma de los agentes culturales locales. Es más: no me parece que nuestra ciudad se haya enriquecido culturalmente con la puesta en marcha de lo que hace siete años era nuestra más nueva y cara infraestructura museística. También es verdad que no todo han sido desaciertos en Artium: el área didáctica, la bibliotecaria, y la relativa a la Colección Permanente ha funcionado con rigor y eficacia, cumpliendo sobradamente sus funciones.
Y me pregunta la chica del periódico de “la compe” si me gustaría que el próximo director fuera alavés. Yo le contesto que mi padre, por ejemplo, es alavés, pero que no creo que sea la persona adecuada para ese puesto. Porque ser alavés no es un valor. Pero tampoco haber nacido, o vivir, en esta ciudad puede ser motivo de discriminación. Me parece fundamental que el próximo director conozca la realidad de nuestro entorno. Y que se muestre sensible ante ella. Y a nuestro actual director de Artium le deseo un futuro próspero en Tenerife. Por otra parte, siempre le he valorado una cosa: no haber llenado Artium de banalidad y espectáculo.