12.8.08

MENOS ES MÁS

Y van dos... El segundo "gran mural" del Casco Viejo está tomando forma. Si el primero (el de la Plaza de la Burullería o Brullería) no se integraba con el entorno, este segundo, reincide en ese mismo gran error. En ese gran error de base. Es una lástima. Las intervenciones en los espacios públicos, sobre todo si éstos tienen un claro valor histórico, arquitectónico... tienen que proyectarse minuciosamente, bajo unos mínimos requisitos de contemporaniedad y calidad. Y sobre unas coordenadas: inteligencia, sutilidad, elegancia... e integración en el entorno. Porque toda obra que se precie tiene que establecer un diálogo con el espacio en el que ésta se sitúa. Ese el quid de cualquier intervención pública acertada. Y, desde ese diálogo, aportar algo. No tiene sentido una intervención que eclipse, invada el espacio que ocupa si éste es de interés. Si es un espacio de especial relevancia, que funciona bien tal como fue ideado. En el caso de la Plaza de la Burullería (una fachada de un edificio) una mano de pintura hubiera sido suficiente para que ese bello plano arquitectónico recuperase el esplendor perdido.

En estos dos murales sus autores han pecado de exceso de "maquillaje". ¿Alguien se acuerda de la máxima "Menos es más” del arquitecto alemán Ludwig Mies Van Der Rohe, uno de los arquitectos más importantes del siglo XX? Van Der Rohe ejerció la dirección de la Escuela de Arte y Diseño de la Bauhaus, en Alemania en donde se materializaron sus primeas ideas respecto a la pureza de las formas. Adoptar el principio de “menos es más” supone decidir qué necesitamos tener alrededor y qué no. Porque los espacios simples y despejados satisfacen la necesidad de calma, de belleza. Aunque muchos artistas -la mayoría hoy en día diría ya- apuestan por el ruido, por el "más es más", por la acumulación, por el exceso. Lo vemos en el cine, en la arquitectura, en la gastronomía...

Y a pesar de la máxima de Van Der Rohe este proceso (no voy a hablar ahora de otros), el de de los murales "populistas" en el Casco Viejo de Vitoria, es imparable. Y pagado por nuestro Ayuntamiento:
"Profesionales, vecinos, alumnos y profesores de la escuela infantil Haurtzaro, en el Casco Viejo, pintarán un mural en la fachada del centro, similar al que existe en la plaza de la Burullería. El Ayuntamiento aporta 18.000 euros. En un futuro se llevarán a cabo otras actuaciones similares en la almendra medieval.
El Consistorio tiene previsto firmar un convenio con AMBA -los amigos del Museo de Bellas Artes- para, en el plazo de tres años, «pintar siete u ocho murales, según las prioridades. Se trata de una experiencia que ha tenido gran éxito», señaló Gonzalo Arroita, director de la Agencia de Renovación Urbana.
Arroita también anunció que se colocarán unos indicadores en la calle Nueva Dentro con los hitos históricos de la que antaño fue la calle de la Judería, como han demandado los vecinos. En un futuro se convocará un concurso de ideas para extender esta experiencia a todas las calles del Casco Viejo."

Me gusta el muralismo como fórmula de intervención en espacios públicos. Cuando está bien proyectado. Porque no todo vale. Cualquier mural, cualquier graffiti, cualquier dispositivo de "street art" no es válido "per se". Ni siquiera cuando se ampara en coartadas populistas como las que esgrimen los autores de estos dos cromos agigantados. No voy a poner ejemplos aquí de atropellos hitóricos cometidos con la ayuda de las masas, porque llenaría miles de páginas.


Conseguir llevar el arte a la calle, y conseguir que la gente colabore en el proceso artístico, no es suficiente para que una obra sea valida. La calle es de todos, de artistas, ciudadanos en general, críticos... así que toda intervención en un espacio público que se presenta como tal no está libre de crítica. Y yo critico: estos murales, señores, no se integran, no realzan el excelente entorno en el que se insertan, no aportan nada positivo. Adolecen, por lo tanto, de interés. Y eso que no los juzgo bajo claves artísticas (porque no es el caso) sino como elementos decorativos fallidos.
Cada vez que paso por la Plaza de la Burullería mi alma artística se me cae a los pies. Ese mural excesivo, sin medida, junto a unas farolas "de diseño", junto a una estatua de Ken Follet, junto a la improvisada entrada a la Catedral... todo improvisado. Nada se articula entre sí. No hay diálogo. Sólo imposiciones. Se trata de conseguir "levantar la voz" más que el vecino. Que se vea, que se escuche, lo que estoy haciendo. El "ande o no ande, caballo grande" está a la orden del día en el urbanismo actual. Porque es más fácil chillar que dialogar.

Si estos muralistas querían rendir un homenaje a esa actividad ancestral de la plaza pintando trapos en una pared(parece ser que en ese espacio se teñían hace siglos telas) ¿por qué no "colgar" de las ventanas de esa fachada unos paños pintados, por ejemplo? Con esa sencilla (pero no simple) intervención pictórica el homenaje estaría hecho. Pero parece ser que es necesario hacerse notar, realizando obras que invadan los espacios en base a litros de pintura usados, metros cuadrados rellenados y decenas de manos trabajando. ¿Estos profesionales no conocen la técnica del "trampantojo"? Tener que explicar a estas alturas que en arte la técnica tiene que estar al servicio de una buena idea es muy triste. Esos dos murales no son inteligentes, ni siquiera cumplen una función decorativa: carecen de buen gusto, de medida. Porque son exagerados, manieristas, recargados... Es una lástima. A mí me toca verlos todos los días. Si la idea era "hacerse notar", lo han conseguido. ¿Por qué no conservamos lo que es de valor y mejoramos lo que adolece de ello?