30.9.08

DOBLETE

Es un lujo hoy en día poder contemplar el trabajo de los artistas locales ocupando alguna de nuestras numerosas salas expositivas. Como ya he repetido en algunas ocasiones en este espacio, llevamos tiempo invirtiendo muchos de nuestros recursos (incluyendo los destinados a la cultura) en atraer turistas, en situar a Vitoria en el mapa, en convertir a esta mediana ciudad en una urbe global y acorde con los tiempos. En una ciudad como mandan los neoliberales cánones del mundialismo consumista, vamos. Ante ese panorama los artistas locales son los extras de esa nueva película: si les dejan asomar su cara ante la cámara, pueden considerarse afortunados. Y no te digo si les permiten decir una frase. Pero las cifras hablan, son elocuentes: a pesar de las grandes cantidades de dinero público invertidas en eventos mediáticos y en captar foráneos para que visiten Artium, la Catedral, el Azkena Rock, etcétera, el turismo ha descendido en picado este año en nuestra provincia. Un 25%. Una caída mucho más pronunciada que la de nuestras ciudades vecinas: más del doble. Algunos, por lo tanto, están haciendo mal su curro. Ojo, yo no creo que haya que medir la cultura en base a criterios económicos, pero si están empeñados en hacer balance así, sean coherentes señores. Reconozcan que la cuenta no cuadra. Aquellos que les han vendido una Vitoria de la releche bendita, diciendo que Ken Follet traería el vellocino de oro y que patatín y patatán, simple y llanamente les han engañado. Reflexionen, señores mandamases. Y tengan cuidado: ahora esos asesores les dirán que para salir de este bache ustedes tienen que inyectar al enfermo el doble de pasta. Con lo que al final gastaremos más dinero que el generado por esos consumidores de cultura foráneos. Si es que no estamos ya en esa tesitura.
Dicen los eruditos que a medida que uno asciende en la escala de poder (por llamarla de alguna forma) para llegar a convertirse en mandón, aumenta exponencialmente su incapacidad para reconocer un error. Algo así ocurre en esta ciudad.
Y así nos encontramos con programaciones culturales fragmentadas, sin imbricación con los protagonistas de la cultura. Y, lo que es más importante, sin el respaldo del público potencial. Programaciones destinadas a llenar agendas, folletos, carteles, catálogos, pero apartadas de los sectores de población que podrían estar interesados por la cultura. Porque hay una falta de conexión con el público, al que se le trata desde la típica fórmula de "cultura de masas". En una ciudad en la que "la masa" resulta ser el vecino de al lado.
Y a lo que iba: ver una exposición de un artista afincado en esta ciudad es un lujo. Y ver dos, doble esplendidez. Pero estos días pueden darse ese doble lujazo. Aprovechen, porque este insólito hecho no volverá repetirse hasta que Plutón se alinee con Marte sobre el cielo de la llanada alavesa. Vayan a ver la doble exposición de Juncal Ballestín. En Montehermoso y la galería Trayecto.