20.9.08

DOMESTICANDO

Empieza el nuevo curso cultural con la gymkana de eventos que trae consigo. Y uno se pregunta si es necesaria tanta actividad, tanta exposición, tanta movida. Pero claro, hemos creado infraestructuras culturales y éstas tienen que funcionar, tienen que generar actividades. De la misma forma que no podemos parar una fábrica de coches cuando queremos, no podemos decirles a los centros culturales “ahora no, dennos un respiro, que ya tenemos bastante que digerir”. Y es que uno piensa que si la mejor música puede consistir en unos minutos de silencio, la mejor actividad puede gravitar en unos minutos de inactividad. “Para eso ya está agosto, con la tranquilidad que trae pareja”, dirán. Pero algunos comerciantes, pensando siempre en “llenar hucha”, se quejaron públicamente: ¿por qué nuestras instituciones no programan nada en agosto? A parte de la fiestas de La Blanca de rigor, claro. La respuesta es clara: porque también éstas se toman vacaciones. Por otra parte: ¿por qué tenemos que esperar a que nuestras instituciones lo organicen siempre todo?
Y es así como uno “flipa” cuando los “Pistols” vienen a Vitoria subvencionados. No es lo mismo. Es como ir al zoológico a contemplar a los leones: sus rugidos no suenan igual. Dicen los expertos en esos temas que el ser humano renueva todas las células de su cuerpo cada diez años. Eso debe de explicar por qué los gurús del inconformismo, del punk, de la provocación, vienen a nuestra ciudad subvencionados por aquellos que ese grupo “punki” consideraba hace treinta años “chusma trajeada” (cita textual). Porque esos no son ya los “Sex Pistols”. Rotten, líder de “Pistols”, dijo en su día: "Tenemos que luchar contra todo el sistema de las grandes bandas. Ellas nada tienen ya para ofrecer a los chicos." ¿Paradójico no? Está claro que, integrados en el sistema, los “Pistols” no tienen nada que ofrecer ya. Pero sí mucho que recibir: euros.
Y el fin de semana pasado más de lo mismo: los “graffiteros” pagados por el ayuntamiento sacudían sus esprays en la almendra vitoriana y acompañados por la policía. No para “enchirolarles”, sino para que ayudarles en su actividad. Participaba en la iniciativa la Asociación Pro Síndrome de Down de Álava, presentando ésta como una actividad alternativa, atractiva, sana y motivadora, con contenido participativo y social, mostrando así la cara más solidaria e integradora del arte urbano. Que sí. Que me parece muy loable. Pero eso no es “graffiti”, sino un evento cultural en el que participan “graffiteros” en la decoración de las calles. El “graffiti” tiene un componente imprescindible para ser considerado como tal: es un arte clandestino, ilegal. De la misma forma que si a un ladrón le permites que se lleve tu cartera a ese acto no le puedes llamar robo (aunque lo efectúa un ladrón), a un graffitero si le dejas que pinte en tu pared, a ese acto no le puedes llamar “graffiti”.
En conclusión: el inconformismo domesticado ya no es inconformismo
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