29.10.08

ASAMBLEA

Tres espacios (Sala Amárica, Archivo Provincial y Casa de Cultura) dedicados a la exhibición de obras contemporáneas se gestionarán por una asamblea. El departamento de Cultura de nuestra Diputación ha sido audaz al apostar por este modelo. De funcionar, va a ser todo un referente. Y es que implicar a los creadores en las políticas culturales de una forma activa, con posibilidad de programar, mojarse... es, cuando menos, una decisión digna de encomio. Espacios gestionados por artistas, existen en otros lares. Pero son iniciativas surgidas del seno de los colectivos de creadores. En este caso la idea brota de arriba: ha sido la propia institución la que ha llamado a una serie de artistas para encomendarles la gestión de un presupuesto y de unos espacios. Por ahora, el grupo inicial de creadores invitados por la “Dipu” ha pergeñado un proyecto que ya ha sido aceptado por la institución. Y posteriormente han convocado a todo posible interesado a una cita asamblearia con el propósito de elegir, entre todos y de entre ellos, a un pequeño equipo. Equipo que tomará las riendas del proyecto. Es decir: gestionará. A bote pronto esa decisión, la de abrir la puerta de la Asamblea a todo quisqui, puede parecer acertada. Pero a mí me parece un error. Un error que se puede enmendar. ¿Alguien vería como un logro la aventura de un hospital gobernado por una asamblea abierta? No creo que un presupuesto destinado a la creación contemporánea tenga que ser gestionado por cualquiera. Nadie viajaría en un avión en el que el piloto ha sido elegido por y de entre los viajeros. Aún teniendo el mejor avión y la mejor hoja de ruta trazada. Se elige a un buen piloto vía oposición, con su currículo encima de la mesa y unos expertos examinándolo. Lo que quiero decir con estos ejemplos es que el dinero público debe ser gestionado por gente capaz. Y repartir una responsabilidad entre más gente (Asamblea abierta) no significa que la gestión vaya a ser más acertada, sino todo lo contrario. Pero el problema de esta ciudad es que el colectivo de artistas no es tal colectivo. Aún no tienen bagaje asociativo. No deberían de haber aplicado una política tan populista como “que el que quiera venga a la Asamblea”. Sino que ese grupo inicial de treinta personas, capaces de elaborar un Proyecto de gestión –digno, porque lo conozco- y en un tiempo record (tres meses) debería de haber asumido la responsabilidad de llevarlo a buen puerto. Abriendo la Asamblea sí, por supuesto. Pero en base a unos criterios: gente con bagaje, jóvenes con potencial, artistas validados por el medio… algo. Pero todos aprendemos a base de caer y levantarnos.
Si queremos una gestión eficaz, que pueda ser, por lo menos, equiparable a las de otros espacios foráneos dedicados a las prácticas artísticas contemporáneas, en esa Asamblea tienen que estar las personas más validas del arte actual local. Y no todo aquel que quiera. Calidad y no cantidad, por favor. Rectifiquen, señores asamblearios. Es de sabios.