10.11.08

CRISIS

La palabra “Crisis” está, estos últimos meses, en boca de todos. A fuerza de repetirla, podemos componer ya una balada. Y no quiero dar ideas. No sea que algún cantante avispado me acepte el envite y se forre a cuenta de poner notas al trance económico. Y, digo “económico” porque monetario es, en apariencia, el fuerte apuro que estamos pasando. Apuro que oculta otros a los que nadie presta atención y que son de naturaleza cultural, moral, intelectual… Pero esos apuros no hacen vender periódicos.
Y hablo de esto porque algunas personas próximas me han preguntado: ¿afecta la crisis económica a la cultura? Pues bien: la respuesta depende de lo que entendamos por cultura. Porque si al contestar tenemos en mente la acepción industrial del término, la respuesta sería “sí”. Pues obvio es que si la gente tiene menos dinero dejará de ir al cine, o de viajar para visitar tal o cual museo. Con lo que la cultura, entendida como recurso económico, pasará malos momentos. Por otra parte si las instituciones públicas tienen que apretarse el cinturón, tirarán de tijera en lo referente a cuestiones culturales. Pues se entiende que éstas son aderezos, asuntos unidos al ocio.
Retomando la pregunta de líneas anteriores (¿Ha afectado la crisis a la cultura?), pero esta vez pensando en la cultura entendida como conocimiento, la respuesta sería “no”. O más bien la respuesta sería: “Ha sido la incultura la que ha producido esta crisis”. Porque si reflexionamos un poco nos daremos cuenta de que este trance es producto de la falta de conocimiento, de la ignorancia de una sociedad cimentada sobre meros valores económicos. Desde el banquero enloquecido por aumentar las ganancias de su empresa, hasta el burgués medio que se ha endeudado hasta las cejas viviendo por encima de sus posibilidades –y especulando dentro de ellas- todo el mundo ha propiciado esta crisis. Globalizados en el pensamiento simple de “tanto tienes, tanto vales”. Pues bien: el globo ha estallado.Vivimos en un mundo en el que uno se cree muy listo por poder costearse a golpe de crédito un BMW de lujo, cuando realmente no sabe cómo funciona esa máquina que le transporta a velocidad de vértigo. Pues bien: el BMW ha cascado. Se ha estropeado. Gran crisis. Pero lo preocupante es que todavía nos alarmamos por saber qué ha pasado con el BMW. Qué pieza ha fallado del motor. Cuando la pieza que ha fallado está en nuestra mente. Lo que ha sucedido es que no nos hemos dado cuenta de que se viaja mejor a pie y mirando el paisaje. Que quizá sea mejor irse a la biblioteca a leer libros antes que comprarse a crédito una pantalla de plasma de cuarenta pulgadas. Porque, señores, no hay crisis económica que me impida disfrutar de la lectura de un buen libro. Preocúpense, ergo, de invertir más dinero en cultura. De la real. No dela festivalizada. Y esto no volverá a pasar. “Tanto sabes, tanto vales”, esa máxima es la que hay que transmitir.