28.11.08

HUELLAS

La ciudad es un espacio ocupado por el arte. Pocos son conscientes de ello. Paseamos por las calles con prisa, sin mirar, sin ver. Creemos que el arte sólo está en los museos, o en las salas de exposiciones. O en las estaturas que nos colocan en las plazas. Y no es así: graffitis, carteles, pintadas, pegatinas, plantillas… inundan –o más bien, calan- nuestra urbe. La mayoría pasan desapercibidas, porque se integran en la ciudad, se mimetizan con ella, como camaleones. No quieren competir con otros elementos, sino buscar un hueco, pasar desapercibidas, buscando la complicidad de los transeúntes más observadores. De esta forma -en las paredes, en los suelos, en los escaparates y entre el mobiliario urbano- podemos encontrarnos con pequeñas, pero inteligentes, joyas. Merece la pena hacer un día un esfuerzo por salir a su encuentro. Porque algunas de ellas nos incitan a la reflexión. ¿Acaso no es ese el fin de toda práctica artística que se precie?
Y estos días el foráneo artista Juan Aizpitarte ha visitado Vitoria para “contaminar” con sus pegatinas diversos espacios de nuestra ciudad. Ha impartido un curso: “Signos sobre signos". Unas jornadas con formato de taller que han versado sobre las relaciones entre urbanismo, creación contemporánea, diseño y graffiti. Como base de trabajo se ha utilizado en el taller su libro "Brote". Un libro de pegatinas, de adhesivos, que en su versión digital ha permitido a los alumnos reeditar sus contenidos –esas pegatinas- para componer con ellas nuevos significados. Los ejercicios prácticos se hicieron con ordenadores, manualmente y los resultados –algunos de ellos- han salpicado algunos puntos urbanos de Vitoria. Y, por otra parte, el proyecto de este artista también ha adoptado un formato expositivo, pero huyendo de lo institucional. Y es así como podemos visitar tres espacios alternativos de Vitoria en los que “brota” el proyecto “Brote”: Zuloa Espacio, el bar Gora y la cafetería Plaza. Tres espacios que por segunda vez aúnan esfuerzos para coordinarse entre sí y crear un pequeño entramado alternativo que sirva para acoger propuestas relacionadas con el arte y la cultura, en cierta manera, disidentes.El ser humano necesita dejar su huella en todo aquello que quiere, que necesita, controlar. De la misma forma que el hombre prehistórico usaba un primitivo espray –una caña, o la propia boca, con la que pulverizada sangre- para imprimir el negativo de su mano sobre las piedras de las cuevas en las que habitaba, el hombre contemporáneo sigue necesitando dejar su sello sobre la “gran cueva” que es la ciudad. Dejar tu huella sobre la dureza de la materia que te rodea para que aquella perdure unos días, unos años quizá, es una forma de vencer simbólicamente a todo aquello que nos supera. “No eres tan importante, porque te puedo marcar con algo mío”, parece decir tanto el graffitero prehistórico como el actual al imprimir su marca en las paredes urbanas.