28.11.08

LA DIFERENCIA

Al mundo de la cultura le atrae la diferencia, lo que se sale de la norma. No cree que lo habitual, por el simple hecho de serlo, sea preferible a lo “no normal”. Recuerdo una cita de Nietzsche que decía algo así: “cuando la locura es generalizada, cuando es compartida por todos, pasa por norma”. Así que no podemos fiarnos de que lo “normal” sea lo adecuado. Los defensores de la norma pueden equivocarse. Pero el estado no piensa así. Por eso intenta normalizarnos. Sólo perdona la diferencia cuando la necesita: en las ciencias, en la artes. Aunque, eso sí, intenta controlarla. Pero en el terreno educativo no perdona, es curioso. Y hablo esto porque estos días podemos hemos podido leer varias noticias que versan sobre educaciones “no normales”, no regladas. Por una parte en Donostia dos padres profesores, católicos, estuvieron a punto de ir a juicio por elegir educar a sus hijos en casa. Se les imputaba delito de desobediencia a la autoridad y delito de abandono de familia. En España, como en la mayoría de los países, la constitución otorga el derecho de los padres a elegir la educación que consideren adecuada para sus hijos. Pero la ley, paradójicamente, no reconoce expresamente otras opciones educativas que no sean las oficiales. A pesar de que, obviamente, los padres pueden decidir no delegar la educación en otras personas si lo consideran adecuado, Por lo tanto, existe un vacío legal: la educación en casa no está regulada. Hay que tener en cuenta que las familias que optan por la educación en el hogar lo hacen por razones religiosas o ideológicas. Otras consideran esta alternativa la más adecuada para la adquisición de conocimientos para sus hijos. En cualquier caso, los tutores legales de estos niños y niñas, eligen esta opción porque creen que pueden ofrecer una educación mejor si no la delegan a las instituciones escolares. En EEUU, por ejemplo, esta opción es reconocida por el estado.
Y en el pueblo de Troconiz cerca de 65 niños permanecen escolarizados en un centro sin autorización, anunciaba pirotécnicamente la prensa el otro día. Más de lo mismo: unos cuantos padres han elegido otro formato educativo para sus hijos y a las autoridades ese modelo les parece “anormal”. Aunque se trate de un modelo centenario: una escuela Waldorf, laica, basada en la gestión compartida entre padres y profesores. Un modelo cimentado sobre en la divergencia y la creatividad, que no fomenta la competencia sino la superación de cada uno frente a sí mismo en beneficio de todos. Los niños de todos los grados tejen y fabrican muchas de sus ropas. Desde primer grado aprenden alemán e inglés, tocan la flauta, desde 3º el violín. Y realizan actividades de escultura, pintura, tallado de madera y carpintería. Quizá a algunos ese sistema educativo les parezca extraño, sectario. A mí, por el contrario, me parece más extraño el modelo oficial, en el que yo, todos, hemos sido educados.