12.1.09

SIN FLOR

Allá en el año 1942, Don Sebastián Ocón abrió una cantina en la calle Chiquita número 1 de Vitoria. Según consta en los archivos municipales en la hoja número 2 de la Sección de Contribuyentes, Industria y Comercio, figuraba como gremio de cafetines, con la tarifa primera, clase 5ª, número 3, y con una cuota contributiva anual de 673 pesetas y 15 céntimos. Don Sebastián era natural del pueblo riojano de El Redal y estaba casado con Esperanza, asturiana ella.El cafetín, en aquello años, no tenía calificativo: se le conocía como “Casa Sebastián”. Sebastián solía indicar que no era preciso ponerle nombre “con tener uno un buen carácter, ser amable, y sobre todo vender buen vino, lo demás lo harán los clientes”, explicaba. Años después el cafetín es traspasado a Valentín Díaz, que estaba casado con Florencia Bretón López (“la Flor”), también natural de El Redal. Es entonces cuando Valentín lo bautiza, en deferencia a su esposa, como “La Flor de la Rioja”.Encima del mostrador de la “Flor”, sobre unas baldas, unos muñequitos de madera pintados con los colores del equipo de fútbol al que representaban, quedaban ordenados según quedaban clasificados en cada jornada futbolística. Y después de más de cincuenta años, todavía Miguel Vivas el “tasquero” seguía con esa tradición. Pues aunque el bar cambió con los años varias veces de dueño, todos siguieron manteniendo ese entrañable ordenamiento futbolístico. Y la vieja, pero fiel clientela, hasta hace cuatro días realizaba su diaria visita a “la Flor”, obligada por la tácita ley no escrita del chiquiteo o del porroncillo. Fácil era ver en la clásica tasca a miembros de la antigua plantilla del Alavés: Iturrospe, Coque, Ayerbe o Fernando Montero. Y digo “hasta hace cuatro días” porque el pasado sábado la “Flor” murió enterrada entre escombros tras ser derruido, por orden municipal, el edificio ubicado en el número 5 del cantón de Santa María. Así es: uno de los bares más antiguos de Vitoria ha sido derribado. Un espacio que ser conservaba tal como era hace sesenta años. Un espacio que formaba parte de la biografía de la ciudad. Pero no importa: desaparecido una parte de la memoria viva de Vitoria la perspectiva para admirar la trasera de la catedral Santa María ha mejorado. Suponemos que en el espacio que antes ocupaba la “Flor” ahora se construirá una plaza para que los turistas puedan extasiarse contemplando la bella trasera de nuestro templo por excelencia. Mala suerte, “flor de la… memoria”. Brotaste en mal sitio. Si hubieras echado tus raíces unas calles más abajo, te hubieras salvado. Pero no pensemos mal: desde la Agencia de Renovación Urbana de Vitoria se insistía en la necesidad de derruir el bloque por el «peligro existente para la seguridad pública», aclaraba su gerente. «La reforma no era viable económicamente. Según la normativa urbanística no se justificaban los elevados costes», insistía. Muy razonable, muy lógico. Regar “la Flor” de la memoria no es rentable… económicamente.