15.1.09

TÓPICOS

Los tópicos, los lugares comunes, tienen su relevancia, pues no dejan de ser resultado de un consenso, de una especie de saber compartido por todos. Los tópicos forman el armazón de nuestra cultura. Un armazón un tanto endeble, pensamos. Porque los tópicos parecen brotar solos. Quizá por eso los menospreciamos, pues solemos considerar que lo que surge sin esfuerzo no es relevante. Pero la realidad es que nuestra vida se asienta sobre tópicos. Algunos biológicos: respirar, caminar... Y otros culturales. Por cierto: sobre la índole de estos últimos versan estas columnas mías.
No deberíamos, en definitiva, tomar tan a la ligera lo tópico, lo obvio. Porque detrás de su máscara se esconde lo trascendente. Y ahora, hoy, tenemos un ejemplo claro: con el año nuevo, durante unos días, nos planteamos –o nos plantean- posibles cambios, mejoras, en nuestras vidas. Como si el año que comienza fuera un camino nuevo que recorrer. Y miramos atrás buscando distancia, perspectiva para analizar el año anterior. Tópico ¿no? Sí, pero lo provechoso en este caso es pasar página en cámara lenta, no saltar sobre ese lugar común tan conocido, y aprovechar su inercia para realizar una siempre necesaria labor de introspección, de revisión, de balance, que posibilite esa mejora. Este síndrome “fin de año” que sufrimos anualmente por estas fechas no deja de ser, en el fondo, una pequeña crisis personal compartida y vivida por todos nosotros. Aprovechémosla. Nos servirá para afrontar otras. Y las ciudades deberían de hacer lo mismo. Pero por contra, es estas fechas, la mayoría de nuestros dirigentes políticos saltan por encima de esos necesarios procesos de revisión y crítica para instalarse en la autocomplacencia. A pesar de ello en la Vitoria cultural el año nuevo arranca esperanzador, casi idóneo, para la creación: nunca antes el dispositivo cultural de nuestra ciudad estaba tan completo y sintonía. Las fichas encajan como un rompecabezas. Las infraestructuras culturales de la ciudad -Montehermoso, Krea, Artium y Amárica- parecen estar destinadas a complementarse. Porque son proyectos disímiles. No hay solapamientos apreciables a priori. Este año lo veremos. Quizá sería fundamental que los gestores de dichos equipamientos se sentaran a dialogar. No uno con otro, y otro con un tercero o cuarto. Sino todos juntos y entre ellos.
También es verdad que no todo son luces en el paisaje. Hay sombras. Y de las negras. Verbigracia: ¿qué pasa con la normativa municipal que exige que el 2% del gasto en obras públicas se invierta en arte? De veras, este asunto sí que es un tópico. Pero de los chungos. Porque se han pasado esta norma por debajo de los sobacos durante muchos años, ya. Y hemos reclamado en mil ocasiones su cumplimiento. Soluciónenlo este año, por favor. Es su obligación. Y, si no, elimínenla de una vez por todas. Porque su quebranto continuado y persistente es un insulto para la ciudad.