21.2.09

CHASCO

De muy chaval solía ir al museo del Prado. Desde Vitoria, por aquel entonces, ocasiones sobraban para visitar el gran museo: me sumaba a alguna excursión organizada por la institución de turno. Me gustaba deambular por los pasillos del Prado, perdiéndome entre las salas, para reencontrarme con esas míticas obras. Obras mil veces reproducidas. Me quedaba absorto, cual papamomas, delante de “Las hilanderas”, escudriñando el cuadro hasta que veía girar la rueca de la hilandera. O arrimaba mi nariz a un palmo de “Los fusilamientos…” saboreando los “brochazos” de Goya para distanciarme al rato, remirarlo y pensar: “con cuatro pinceladas, ya está”. Con el tiempo fui espaciando esas visitas. Quizá porque el Prado cambió. Ahora es más mediático. Bueno, actualmente todo, absolutamente todo, es “más mediático”. Y, poco encanto, poco misterio, encierra lo mediático. Ahora, si te quedas mirando un buen rato “Las hilanderas” lo único que giran son los enjambres de turistas en tu cogote. Por otra parte, yo ya no soy ese mozalbete que aprendía a pintar en la escuela de artes de manos del acuarelista Carmelo Basterra, primero, y del artista Rafael Lafuente, después. Al poco mis excursiones al Prado dejaron paso a las visitas a la Feria de Arco o al Reina Sofía.
Pero estos días me están dando ganas de regresar al Prado. Porque uno de mis precoces mitos artísticos se ha ido al carajo. Porque la conservadora del Prado ha declarado que “El Coloso” de Goya no es de Goya. Durante años yo regando con mis babas el suelo situado debajo del susodicho cuadro, y ahora me entero de que ese Goya no es de Goya. ¡Cuánta baba desperdiciada! Se me ha quedado el mismo regusto que cuando de niño me enteré de que los Reyes Magos eran los padres. “El informe sobre el cuadro El Coloso, firmado por un equipo de investigadores del Museo del Prado, capitaneados por Manuela Mena, que argumentará que el lienzo no es obra de Goya, sino de su único discípulo reconocido, Asensio Juliá, ya está listo y terminado”, podíamos leer el otro día en la prensa. Y el director de la pinacoteca declaraba también que el Museo tiene la autoridad para decidir sobre la autenticidad o no de sus fondos. Ahí queda la cosa. Porque, como ya supondrán ustedes estimados lectores, también hay unas cuantas autoridades en la materia que declaran que el cuadro es auténtico. Pero sea un Goya o sea un remedo, el encanto se ha roto: que si la anatomía del coloso es chunga, que si uno de los jinetes que se cae de un caballo se desploma torcido, que si los toros pintados en la lejanía aparecen gibados… Han diseccionado el cuadro y le han sacado todas las posibles faltas. Lo que antes era una obra maestra, ahora es una cagarruta. Han derribado al coloso. La conservadora, emulando a David, le ha arreado a “Goliat” entre ceja y ceja. Y nosotros nos quedamos cual papamoscas asistiendo a este nuevo y mediático espectáculo.