8.3.09

CAMBIOS

Se empieza a notar, máxime de puertas a dentro, la presencia del nuevo director de Artium. Por una parte ha transformado su despacho en una amplia e improvisada sala de reuniones; por otra, está incentivando en el seno de su equipo la creación de grupos de trabajo que empiezan a actuar sobre métodos de trabajo no jerarquizados. Es decir: Artium está abandonando esa fórmula de gestión premoderna mercada por la anterior dirección. Fórmula idónea para un Museo de Armas, pero completamente inadmisible al aplicarse al buque insignia de la contemporaneidad cultural y pública de nuestra provincia. Porque gestionar sobre modelos decimonónicos un centro que quiere ser rabiosamente actual es una absurdo imposible de digerir.
Y, ahora, el hecho de que la infraestructura cultural de nuestra ciudad con mayor recursos humanos y económicos empiece a replantearse su funcionamiento, buscando otras maneras de gestión, investigando sobre otros modelos de trabajo, quizás, más horizontales, no deja de ser una luz que se enciende en el horizonte. Esperemos que esta luz crezca, se afiance y se convierta en faro que nos señale a todos una ruta a seguir.
Porque el mundo de la cultura ha sufrido en los últimos años una serie de alteraciones que es necesario tratar desde los espacios dedicados a la producción y difusión del arte y de la cultura. Esto es: los Centros de Arte y Museos. ¿Y cuales son esas alteraciones que necesitan urgente atención? Resumiendo muchísimo podríamos decir que el foco infeccioso se centra en el uso por parte de los poderes políticos de la cultura como mero medio, como mero recurso, en aras de obtener rentabilidad electoral y económica. En el primer caso estamos hablando de la resonancia mediática que obtienen gracias a los grandes eventos culturales. Y en el segundo caso nos referimos al turismo cultural: se trata de utilizar el patrimonio histórico, urbanístico, social de una comunidad con el fin de atraer a consumidores culturales foráneos. Que venga mucha gente, que gaste mucho dinero y que se vaya contenta, sería la máxima a aplicar en estos casos. Las tiendas de los Museos se convierten en bazares de souvenirs, el turismo de sol y playa es sustituido por el turismo cultural. La cultura se democratiza, sí. Pero también se banaliza. Esa es la perversión. Hay que “entretener” al turista, y para ello hay que convertir el patrimonio cultural en un producto atractivo. Los museos "piensan mucho en sí mismos, pero no sobre sí mismos, decía el otro día el director de Artium. Y tiene razón: es necesario que todos y cada uno de los museos y centros culturales del estado, que son muchos, abran procesos de reflexión internos sobre su propia esencia, sobre los fines de su existencia. De la misma forma que los creadores, y creo que cualquiera que trabaja en el terreno de la cultura, se tiene que replantear continuamente cual es la finalidad de su trabajo. Por eso es interesante el nuevo giro que ha dado Artium con la llegada de su nuevo director.