24.4.09

VIVA BIBAT

Al fin se ha abierto el Bibat. Un museo inicialmente proyectado para ser estrenado en 2006. Como soy vecino del lugar -vivo a pocos metros de él- he visto crecer a la criatura. Y cuando uno ve crecer algo, y que además crece con reveses, aunque sea un edificio, se le coge cierto cariño. Cuando robaron veintitantas toneladas de bronce, la sisada me fastidió. Fue como si me alguien me hubiese mangado la cartera en mi propio barrio. Después, el edificio sufrió inundaciones. Y por esa empatía vecinal sus humedades casi me producen reuma. En definitiva: retrasos y más retrasos. Pero por fin el niño problemático se ha hecho grande, parece listo y tiene buena planta. Y hace buena pareja con el Museo de Naipes. No voy a entrar en detalles si la pareja es homo o hetero. Que opinen los expertos.
Por otra parte el edificio viene con plazoleta incorporada. Así que ahora tenemos –por fin- una plaza en la Cuchi. Se agradece. Son los beneficios colaterales que generan a veces estas infraestructuras. Y es que el Bibat pone también sobre la mesa los fuertes contrastes existentes entre los espacios públicos y privados en el Casco Viejo: desde varios de sus ventanales podemos ver las destartaladas ventanas, patios interiores y balconadas de los edificios que lo rodean. Y si miramos hacia dentro vemos la impresionante arquitectura interna del edifico. Es como contemplar el día y a la noche con un mero giro de cabeza. Pero claro, es más fácil poner en pie una nueva infraestructura cultural, que conseguir que todos los habitantes del barrio vivan en condiciones.
Pero volviendo al tema: lo que no yo conocía era el interior del edificio. Y la verdad es que me ha sorprendido positivamente. Del exterior puedo decir que me parece inteligente. Esos muros recubiertos de placas dobladas de ese bronce traído de Alemania impiden a cualquiera realizar pintadas o pegar carteles sobre ellos. Porque no hay hijo de vecino que pueda colocar o pintar nada en unas paredes que tienen una superficie tan endiablada. Podemos afirmar que va a ser el único edificio de la Cuchi con las paredes exteriores limpias. Ahí el arquitecto se ha apuntado unos cuantos puntos. Por otra parte el uso de materiales pre-actuales, como la madera y, sobre todo, el bronce –algo poco habitual en la arquitectura de hoy en día- es un acierto. Porque son materiales que conviven en armonía con los utilizados en las arquitecturas del entorno.
Y sé que suele ser más pertinente hablar de los contenidos de un museo antes que del continente. Pero en este caso el continente me parece relevante. Porque en esta ciudad es muy difícil ver un edificio construido con gusto e inteligencia. De verdad que dan ganas de sentarse en una de sus salas y pedir a un maître inexistente que te habilite una mesa para ponerte a comer ahí mismo un menú estilo Adriá. Que un espacio sea amable, agradable y que te den ganas de usarlo, no son tareas fáciles de conseguir, hoy en día. Y Patxi Mangano lo ha conseguido.