7.7.09

AMARICA

No me cabe la menor duda: lo más interesante que está sucediendo últimamente en el ámbito cultural cercano, el de Vitoria, surge del entorno de la Asamblea de agentes culturales locales denominada Amárica. Una asamblea abierta, constituida en un principio para gestionar las tres salas expositivas de nuestra Diputación. Con esto no quiero decir que su programación sea la más interesante de la saturada parrilla cultural local. No. En ese sentido quizá sea más sugestivo lo que nos pueden ofrecer desde Artium, Montehermoso o Krea. Los tiros van por otros derroteros: el principal interés del Programa Amárica radica en su inusual fórmula de gestión. Porque una gestión colectiva, desde la ciudadanía, de unos equipamientos públicos dedicados a la cultura -como son la sala Amárica, la sala de la Casa de la Cultura y del Archivo Provincial- es, cuando menos… inaudita. Y eso, en cultura, ya es decir mucho. Quizá a algunos ese modelo de gestión colectiva, activista y centrada en lo local les pueda parecer “demodé”, trasnochada. Supongo que serán los mismos que opinan que una gestión vertical, personalista, basada en el “director-a” estrella es la repanocha de lo “in”. Cuando el “modus operandi” más gastado es precisamente el que tiene por protagonista al gestor carismático, individualista, de turno. Protagonista que apostará por el proyecto “emblemático” de rigor que nunca veremos cumplido. ¿Y por qué todavía en el ámbito cultural se apuesta por los modelos personalistas en detrimento de los colectivos? Posiblemente porque la fórmula del “gestor estrella” es más productiva, más ágil, más mediática... y más fácil de controlar –en la acepción menos positiva del término- por los poderes públicos.

Está bien que un poco de “pensamiento colectivo” sea el que gestione parte de los presupuestos destinados a la cultura. “No deja de ser un experimento”, dirán otros. Pues sí. Y bienvenido sea. Si en el ámbito de la cultura no se experimenta, que es el terreno de la creación… ¿dónde si no? Por eso la gestión de la Asamblea Amárica (a través del Consejo Amárica) es un soplo de aire fresco dentro de un ámbito cada vez más invadido por los genios de las finanzas. Pues las lógicas económicas son, hoy en día, las que configuran los entornos culturales. Nos prometen “situar a la ciudad en el mapa”, cuando lo que realmente hacen es generar beneficios, privilegios, para cuatro. Así que un poco de hiperrealidad, de personas que trabajan a pie de calle, de “riqueza cultural” no medida en euros, de arte atravesado por lo social y por lo cercano, nos levanta el ánimo a algunos. Pues no es necesario que las salas de exposiciones acojan todos los meses la exposición de turno, ni es imprescindible editar siempre lujosas publicaciones que ilustren dichas muestras. Y tampoco pasa nada si en vez de mostrar el trabajo de un artista neoyorkino mostrarnos el de uno de Bilbao. Se puede producir y difundir la cultura de una forma diferente. Lo estamos viendo.