18.9.09

PASO ATRÁS

Sinopsis del primer episodio de “Sin tetas no hay paraíso”: unas menores asisten a las fiestas de "el duque" -“macizo" traficante de drogas que habla como si acabara de beberse un bote de lejía- para animar con sus cuerpos a señores forrados y muy “salidos”. El objetivo de las chavalas es convertirse en fulanas de postín para darse así la gran vida. Pero la “prota” del culebrón conoce al tal "duque" -tío al que le da igual matar, extorsionar... aunque ¡oh! ¡tiene su corazón!- y se enamora locamente de él. En resumen: un folletín que las púberes devoran sin apenas masticar babeando por “el duque”. No es de extrañar que muchas pidan después a sus papis unas tetas “talla noventa”, pues sin ellas –según la serie- es difícil llegar a ser algo en la vida.

Y más de 1.000 “fans”, la mayoría quinceañeras, acudieron al FesTVal de Gasteiz para recibir a los “protas” del culebrón que vinieron a promocionar el primer capítulo de la nueva temporada. Nada que objetar a la movida si nuestro Ayuntamiento, nuestra Diputación y la televisión pública ETB, no la hubieran apoyado. Es obvio que desde el FesTVal también se han realizado actividades de interés, pues no sólo se ha difundido un culebrón machista y frívolo, se ha traído a participantes del “Gran Hermano”, se ha homenajeado al “inventor” de “Operación triunfo” o se ha dado cuerda a grupos de niñas “fanáticas” (“fan” es el apócope de fanático-a). Pero, señora concejala y diputada de cultura, no se puede servir en el mismo menú cultura e idiocia. Esa mezcla despista al ciudadano. Pues no es de recibo, por una parte, apoyar una cultura de igualdad, una cultura que genere reflexión y pensamiento crítico para, al mismo tiempo, apoyar algunos subproductos descerebrados de las industrias del entretenimiento por mucho que les guste ver a miles de posibles votantes acudiendo a un evento apoyado con ese dinero público que ustedes gestionan.

Y es que no es de rigor que desde la cultura pública se apoye a las macro televisiones privadas: sus fines son únicamente conseguir un gran público al que poder inculcar nuevos -y viejos- hábitos de consumo. Pero si se empeñan en programar cultura tal como se programa televisión, intenten al menos difundir la escasa televisión de calidad y no legitimar la que promueve alevosamente el meretricio gratificado a base de silicona, carrazos de lujo, copas, rayas y bolsos de marca. Eso es un paso atrás para nuestra ciudad.
Leonardo Baltanás, director de contenidos de Telecinco, argumentaba hace días que los festivales de televisión como el de Valladolid, León, Vitoria, Isla Antilla y Barcelona son necesarios porque pueden ayudar «a limpiar la mala imagen que la televisión tiene». Ana Rivas, directora de programas de Antena 3 decía también al respecto: «En televisión tenemos el problema de que a veces nos avergonzamos de nosotros mismos y de lo que hacemos». Pues bien: parece ser que nuestros departamentos de cultura no son tan puntillosos como los que fabrican “telebasura
”.