14.10.09

El VUELO

El otro día, debajo del brazo, en una inauguración de arte, llevaba un cómic. Rodeado de gente supuestamente culta, mi cómic debajo del brazo desató cierta inquietud: la mayoría no se habían leído un cómic en los últimos veinte años. Y es que en eventos de ese tipo, en los que los parloteos giran sobre arte, cine, literatura, el cómic es un medio exiliado, nunca objeto de interés. Y así, no es raro que un artista, un crítico de arte… te reconozcan que no leen cómics. Para mí este hecho es un sacrilegio, pues no hay más que ponerse a leer ciertos cómics -de autor, fundamentalmente- para percatarse de que este medio está aportando a la cultura sus obras más maduras. Sobre todos estos últimos años. Y un servidor, que lee literatura, ensayo, cómics, y visiona películas o asiste a múltiples movidas artísticas, compara lo que se está haciendo en esos campos y no puede dejar de llegar a una conclusión: el nivel medio de las obras que surgen del campo historietístico sobrepasa en calidad al de otros medios artísticos.
Pero volvamos a ese cómic de “debajo del brazo”, porque ejemplifica lo que acabo de comentar en líneas anteriores. Era “El arte de volar”, del escritor Antonio Altarriba y del dibujante Kim. Si no sonara a tópico, simplemente lo tildaría de obra maestra.
“El arte de volar” narra la vida del padre del coautor del título: Antonio Altarriba. La historia arranca con un hecho trágico: el 4 de mayo de 2001 su padre, con noventa años, se arroja al vacío desde la cuarta planta de la residencia de Lardero (La Rioja). Sólo después de leernos la novela entenderemos esta frase escrita, casi grabada con tinta, en sus primeras páginas: “mi padre tardó noventa años en caer de la cuarta planta…” Porque “El arte de volar” reconstruye la dura vida de un idealista frustrado, desengañado. De una persona que luchó toda su vida por ser libre pero que no pudo conseguirlo, pues sus circunstancias -sociales, económicas, históricas…- parecían aliarse siempre para impedirle alcanzar ese sueño.
Y Antonio utiliza un recurso narrativo perturbador y efectivo: se introduce en el papel de su padre, relatando su vida en primera persona. “Mi padre, que ahora soy yo, no conserva buenos recuerdos de su infancia”, dice al comienzo el autor. Y así, página a página, en plena simbiosis con el excelente dibujo de Kim, Antonio reconstruye la biografía de su padre, mutada ahora en autobiografía. Una vida de un español medio que vivió lo que le tocó vivir, siempre arrastrado por los sucesos de la historia: infancia en un pueblo de la España profunda, guerra civil del lado “rojo”, exilio en Francia, vuelta a la España de Franco para crear una familia… y en ese largo camino le van arrancando sus ideales. “El arte de volar” es una obra grande y honda, madura, con múltiples niveles de lectura. Una obra sentida, pero no trágica. Una obra que más que biografiar a una persona, nos hace vivir la historia de un país, de sus gentes. Y de sus sueños y anhelos arrancados por la historia.