14.10.09

RUIDO Y HUMOR

Cada uno sufre la actual crisis económica a su manera. En mi caso -que no es el peor, obviamente- la crisis me ataca cual ruido infernal. Me explico: trabajo en la calle Pintorería, así que llevo cuatro meses aguantando las hormigoneras, los martillos hidráulicos, las amoladoras… Es ésta una obra, la de adecuar el pavimento del suelo de la Pinto, bastante surrealista: va a ritmo de caracol. Lo lógico, lo habitual, sería ventilarse una cosa así en un mes, pero no: en esta época de crisis hay que alargar las obras para dar trabajo a la gente. Y todos los ciudadanos tenemos que ser solidarios con estas medidas. Pero tengo un problema: soy un descreído. Es más: observando esta obra uno piensa que este país está acabado. Porque no puede ser que la mejor fórmula que tengamos para sortear esta crisis consista en dar trabajo así: realizando obras por doquier y a ralentí.
Mientras escribo esto, unos tapones de oídos cubren mis orejas, y por encima de éstas y aquellos, llevo unos aparatosos cascos. Unos cascos contra el ruido que compré hace meses. Y la cómica escena se recorta sobre la pantalla temblorosa de mi ordenador, que tiembla, no porque tenga miedo de mi aspecto, sino a causa de las vibraciones de las obras. Y mientras, un servidor se siente un mártir. Pero un mártir gratuito, estúpido, pues no le veo utilidad a esta sobredosis de contaminación acústica. Y me resulta complicado concentrarme. Por mi cabeza pasan idean absurdas. Como que parte de ese dinero que se están gastando en estas obras -cada uno de los cartelitos anunciadores del “Plan Ñ” ha costado la friolera de 6.000 euros- se inviertan en la realización de una estatua en homenaje al vecino sufridor. Sufridor por los ruidos de las obras. Y así daríamos trabajo a los escultores. Que también son trabajadores.
Sí: lo único que mantiene mi sesera sana en estos ruidosos momentos es el humor. Porque me siento ridículo escribiendo con tapones de oídos y cascos. Pero me río de ello. Y de la crisis. Y pienso que es una lástima tener tan poco humor en nuestras vidas. Es una lástima que la cultura, el arte, los museos, la música… casi no nos aporten humor hoy en día. Porque lo necesitamos. El humor es cosa seria.
Pero, afortunadamente, estos días podemos visitar una muestra salpicada de humor: los hermanos Roscubas exponen en la galería Trayecto. Mucho humor y mucho erotismo. La exposición se titula “Punto ciego (secret sex)” y se divide en tres partes bien diferenciadas: la primera muestra imágenes de seducción reconstruidas a partir de pequeños segmentos de imágenes eróticas de los años 50 y 60. Imágenes que invitan a pensar en el secreto del deseo, pues estas imágenes no muestran sexo, sino cuerpos. La segunda parte se compone de dos objetos que mezclan la obscenidad de la marca y la publicidad. Y en la tercera se funden ilusión, fantasía y juego: una serie de espejos y objetos de cosmética sirven de reclamo para la transformación más allá de las identidades y el género.